1.2 Aspectos económicos y laborales

 

Cuadro de texto: “Aquí en la capital, consideren la desgracia del obrero […] trabaja doce horas o más en una sucia fábrica. ¿Y qué gana? Veinticinco centavos por día, de cincuenta a setenta y cinco si es muy diestro. ¿Y qué del peón de la hacienda? […] trabaja desde que el sol sale hasta que se pone, y más tarde. Recibe doce centavos por día, […] un poco de maíz y un poco de fríjol y el látigo del capataz en la espalda si no trabaja bastante aprisa para agradarle” 
Samuel Kaplan Combatimos la tiranía: un pionero revolucionario cuenta su historia. p. 12.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En este apartado se da un panorama general de los aspectos económicos y laborales del porfiriato, para esto es necesario explorar algunas formas de contratación, pero primero veamos ¿qué es el contrato?

El contrato es la forma de encubrir la explotación en los últimos siglos, pues avala y al mismo tiempo que da legalidad al patrón para gozar del fruto del trabajo sin sufrir los estragos del mismo, es en este sentido que la ciencia jurídica está (o por lo menos estaba) del lado del poderoso.

En el Diccionario Jurídico Laboral la definición de Contrato dice: “Acuerdo de voluntades entre dos o más personas obligándose a dar, hacer, o no hacer alguna cosa. El contrato no es pues el documento que lo recoge, y que constituye únicamente una exigencia de prueba. El contrato existe desde que una o varias persona consienten en obligarse, respecto de otra u otras, a dar alguna cosa o prestar algún servicio”.

Según esta definición es un “acuerdo de voluntades”, como si la “necesidad” fuera una “voluntad”, pues generalmente el trabajador no asiste a la fábrica o la mina por voluntad, sino por la necesidad de satisfacer el hambre. En un sentido estricto el documento es reflejo del contrato, reflejo pues, por un lado de la voluntad de explotar y por el otro la necesidad que obliga a aceptar la voluntad del otro, de esta manera conviven “las voluntades”.

La redacción del contrato, textualmente la vive el trabajador, es decir, si enuncia una u otra cosa es la misma que sufre el obrero, careciendo de condiciones para negarse, pues a fin de cuentas trabaja para vivir, y lo único que obtiene es su salario[1]. Es importante ver de cerca la redacción e intención de los diversos contratos pues allí podemos acercarnos a la calidad de vida que los trabajadores llevan, gracias a este convenio o acuerdo.

Los contratos de esta manera conviven con la esclavitud mexicana del siglo antepasado, la esclavitud asalariada. Los socialistas desde inicios del siglo antepasado han expuesto las condiciones de explotación en México y el mundo, ésta la han clasificado en dos tipos: a) esclavitud negra y b) esclavitud asalariada.[2] ¿Cuál es la diferencia entre ambas? La esclavitud negra es lo que comúnmente se le llama simplemente esclavitud, es decir que un hombre nace, vive y muere como propiedad, el fruto de su trabajo es de su dueño y el esclavo no tiene derechos más que los que el amo decida. La esclavitud asalariada es un poco más compleja, pues el asalariado propiamente no pertenece al amo, nace libre, sin embargo el producto de su trabajo si pertenece al amo. En el México de 1900 los obreros del sur la patria[3] estaban contratados bajo el “servicio forzoso por deudas”, o “servicio por contrato”, es decir se mantenía (y aún en 2007) en una esclavitud asalariada al pueblo mexicano.

La Constitución vigente en 1900 (la de 1857) prohibía en su artículo segundo la esclavitud negra: “En la República todos nacen libres. Los esclavos que pisen el territorio nacional, recobran, por ese solo hecho, su libertad y tienen derecho á la proteccion (sic) de las leyes”.

En el artículo quinto de la Constitución de 1857 dice: “Nadie puede ser obligado á prestar trabajos personales, sin la justa retribucion (sic) y sin su pleno consentimiento. La ley no puede autorizar ningun (sic) contrato que tenga por objeto la perdida irrevocable sacrificio de la libertad del hombre, ya sea por causa de trabajo, de educacion (sic) ó de voto religioso. Tampoco puede autorizar convenios en que el hombre pacte su proscripcion (sic) ó destierro”. (Modificado por la Ley de Septiembre de 1873.)[4] Es en este artículo dan cuenta de que la ley avalaba los contratos en que se perdía la libertad del hombre.

Nos enfrentamos a dos situaciones, primera, las leyes escritas que pueden favorecer a la clase trabajadora caen en el incumplimiento principalmente por ignorancia del trabajador y segunda, muchas de las modificaciones legales sólo benefician a la clase en el poder. Esto lo podemos ver tanto en siglo XIX como en el XX, y continuamos así en el XXI.

Los inicios del Siglo XX en México son un ejemplo claro del desarrollo desigual y combinado, el norte del país estaba en procesos de industrialización, en Yucatán un brutal esclavismo asalariado y en el centro existía cierta prosperidad gracias al capital extranjero.

En las haciendas de Yucatán, con el contrato tenían el derecho de vender o traspasar la deuda (adquirida por herencia) a otro hacendado junto con el deudor. El proceso de la compra era con los papeles, la persona y en ocasiones la fotografía del deudor, las mujeres y niños eran más baratos, su Constitución  física los abarata, si se llegaban a escapar existía el recurso de presentar la queja ante las autoridades locales o estatales presentando los documentos (en ocasiones sin presentarlos pues son de confiar las personas “civilizadas y cultas”) los rurales y la policía local lo buscan y lo regresan[5]. A modo de impuesto de trabajo se tenía que pagar $65 pesos al gobierno por cada trabajador en el momento de la “contratación”. Los hermanos Flores Magón, John K. Turner y otros se dieron a la tarea de denunciar esta terrible situación simplemente como esclavitud.

En el capitalismo la ley de la oferta y la demanda es la que impera, las personas no escapan a esta ley, pues el precio de éstas varía de acuerdo al mercado, por ejemplo: el flujo de “trabajadores” en 1895 era mayor, había más disposición del gobierno federal a cooperar con los inversionistas extranjeros y algunos nacionales, así que las personas fluctuaban entre 200 o 300 pesos, alrededor de 1900 algunas poblaciones del norte de la república estaban armadas (caso del jefe Cájeme Yaqui y su pueblo), así que era más difícil conseguir “trabajadores”, por lo que el precio de éstos varía entre los 1500 y 3000, para 1907 había mas problemas para conseguir “trabajadores” así que el precio se eleva hasta 4000 pesos[6].

Un ejemplo claro de esclavitud asalariada la tenemos en el anexo[7] allí observamos que la figura del patrón esta sustituida por “amo” y no existe la palabra para designar a la contraparte ya sea esclavo, trabajador o empleado (como ya se acostumbra en los nuevos contratos, como por ejemplo en los contratos de las escuelas creadas por el gobierno del Distrito Federal en 2003).

Las condiciones escritas en el “contrata a un maya” son todas las de un esclavo: trabajo por diez años[8], sin horario específico de labores por día, sin especificar la actividad que tiene que realizar, sometiéndose no sólo él sino su familia, incluyendo dignidad de su mujer, pues el contrato asegura que el trabajador no “tendr[á] nada que ver nada que ver con ella”, esto se entiende que si el amo tiene ganas de satisfacer su deseo sexual con la mujer de su trabajador, simplemente la lleva a su casa y el trabajador tendrá que desentenderse de su mujer, pues ella esta “trabajando”. En este mismo documento también podemos observar el trabajo infantil; dice que de los niños menores de nueve años “no están obligados”, pero se entiende que sí pueden hacerlo… pues no especifica ninguna prohibición. De los nueve a los catorce “podrán entrenarse en ligeros trabajos” en ningún lugar menciona la paga de estos[9], tampoco la posibilidad de escoger si trabajar o no, ni mucho menos el tipo de trabajo, pues su contrato es flexible a las condiciones que su “amo” considere. Una característica que no podemos dejar de lado en este contrato es que el Maya llamado Marcelino Puc no sabe leer ni escribir, su firma son dos cruces.

Estas condiciones laborales eran lícitas (de aquí que la ley y la justicia no siempre están del mismo lado) en la época del presidente Díaz no había legislación que mediara las relaciones obrero-patronales, es decir el salario, las horas de trabajo, el tipo de trabajo, descansos, etc., las condiciones en que se trabaja están sujetas únicamente a la voracidad del patrón y al nivel del hambre de la familia trabajadora, la falta de legislación al respecto refleja el poco interés que representaba para el poder Ejecutivo y Legislativo la clase trabajadora, que la materia laboral no era problema para el ejercicio de poder y que a los documentos que les llamaban contratos en realidad eran para regular el esclavismo.

Aunado a estas condiciones de trabajo estaban presentes las “tiendas de raya” que son propiedad del mismo contratante o hacendado, los precios en estas tiendas pueden ser elevados hasta tres veces más que en otras tiendas y el trabajador sólo puede comprar en la de su amo-patrón[10], si se atreve a comprar en otra lo maltratan terriblemente, el límite del maltrato sólo es la conciencia del hacendado.

La idea liberal que sostuvo el presidente Juárez y continuó Díaz es que el gobierno “solamente puede […] contribuir a mejorar la condición del obrero, por medios indirectos, como son la conservación de la paz, el fomento de la industria y de la inversión de capitales, nacionales y extranjeros en el desarrollo de los elementos naturales de la riqueza y del aseguramiento del crédito nacional.[11], es decir, el Estado tiene la postura de ser solamente administrador, dejando el trabajo asalariado a la ley de la oferta y la demanda.[12]

La condición del trabajador mexicano en el siglo XX, podemos compararla con el trabajador del siglo XXI, pues se tiene una deuda acumulada, que es heredada, el monto de la deuda es incierto, de lo que se tiene gran certeza es que hay que pagar… a inicios del siglo XX las deudas eran personales, en el siglo XXI son colectivas (deuda interna y externa), método que ha resultado eficaz para el pago seguro sin la incertidumbre de si se sublevará el trabajador por esa causa. En los inicios del siglo pasado, los trabajadores tenían su deuda directamente con el hacendado, los trabajadores del presente siglo tenemos la deuda pública, tanto interna como externa, ambas deudas nunca fueron por decisión del pueblo (impuestas), además tenemos el famoso ISPT (Impuesto Sobre el Producto del Trabajo), además tenemos descuento del sindicato (cuando hay), tenemos que pagar las campañas políticas presidenciales, sumando a ésta ignominiosa lista tenemos el IPAB (Instituto Para la Protección al Ahorro Bancario), antes FOBAPROA (Fondo Bancario de Protección al Ahorro ).

En las haciendas de Yucatán en el año 1900 era totalmente feudal: a los trabajadores se les sometía al trabajo que el patrón-amo quería, en el horario, condiciones y vejaciones que se le antojaban, el pago era en productos: tortilla, fríjol, atole, etc., nada de dinero, la madre y los hijos trabajaban la tierra en el traspatio de su choza (hecha de palma y consta de una recámara, por la que pagan una renta al patrón -pues es está dentro de su hacienda-), los productos de su traspatio el patrón-amo se los compraba a ¢35 centavos, pero como no alcanzaba, había que pedir prestado a la tienda de raya, de esta manera las mujeres y los niños también estaban ya endeudados con el patrón-amo. Invariablemente la familia terminaba trabajando tierras ajenas y trabajando además para su autoconsumo, -cuando se lo permiten-.

Estas condiciones de vida nadie las acepta por gusto, son “trabajadores” que han contratado de otras regiones del país con engaños, además de tener a los inmigrantes (principalmente chinos). No podemos decir que el gobierno desconociera el tráfico de personas, en 1908, se publicó en periódicos norteamericanos y mexicanos una orden del presidente Díaz disponiendo que todos los Yaquis, dondequiera que se encontrasen, fueran hombres, mujeres o niños, deberían ser apresados por la Secretaría de Guerra y deportados a Yucatán. Era todo un negocio para el mismo gobierno, pues los henequeneros pagaban 65 pesos por cabeza, así que al gobierno también ganaba con el tráfico de gente, que a fin de cuentas no les interesaba si eran Yaquis o no, quien tuviera rasgos indígenas era potencialmente un esclavo.

Situación peor era el Valle Nacional,[13] región tabaquera, la más conocida de México por su prosperidad económica, la producción se obtiene de unas treinta grandes haciendas, casi todas propiedad de españoles. Le contaba un ferroviario a John Kenneth Turner[14] que en cinco años de haber vivido allí “todos los meses veo centenares, a veces millares de hombres, mujeres y niños tomar el camino del Valle; pero nunca los veo regresar”, todos morían allí, por los malos tratos, John Kenneth T. asegura que el Secretario de la Cámara Agrícola, Felipe Cantón dijo que: “es necesario pegarles, muy necesario; porque no hay otro modo de obligarles a hacer lo que uno quiere. ¿Qué otro medio hay para imponer la disciplina en las fincas? Si no los golpeáramos no harían nada”.

Los salarios en general eran malos, por ejemplo en 1906, allá en Sonora en el pueblo de Cananea en las minas de W. C. Greene había trabajadores mexicanos (6,000) que ganaban 3 pesos diarios con una jornada de 12 horas y los estadounidenses (600) ganaban 3 dólares con jornadas de ocho horas[15], cosa por la cual los mexicanos se inconformaron y pedían un alza de salario a cinco diarios, y una jornada de ocho horas, estas inconformidades se dan a pesar de que “obtenían buena paga, para ser  mexicanos…”[16]

Las condiciones de vida del pueblo de México eran realmente malas, por ejemplo: en León Guanajuato se ganaban 75 centavos por día en una fábrica de zapatos (1904), en el ejército no estaban mucho mejor, pues el soldado raso ganaba 25 centavos (1903), en Río Blanco (1906) se le paga 5.25 pesos semanales al hombre (75 centavos diarios), 3 tres pesos semanales a las mujeres (0.43 centavos diarios) y a los niños dos pesos con diez centavos a la semana (30 centavos diarios).

Estas terribles condiciones de vida estaban coronadas con las leyes, que sólo sirven al interés del patrón, por ejemplo en el Código Penal de 1871: artículo 925, en donde se penaliza a todo aquel que se le ocurra manifestarse para mejorar las míseras condiciones de vida del proletariado:

Se impondrán ocho días a tres meses de arresto y multa de veinticinco a quinientos pesos, o una sola de estas dos penas a los que formen un tumulto o motín, o empleen de cualquier otro medio la violencia física o moral con el objeto de hacer que suban o bajen los salarios o jornales de los operarios, o de impedir el libre ejercicio de la industria o trabajo” [17]. (El resaltado es de la fuente)

El patrón podía acusar al pueblo trabajador incluso de “violencia moral”, o impedir el “libre ejercicio del trabajo”, encerrándolos o haciéndolos pagar hasta 500 pesos cuando el jornal como ya se mencionó era de 25 centavos al día, (es decir 84 pesos anuales percibiendo el mismo salario), de tal manera que el multado tendrá que trabajar seis años para poder juntar 504 pesos y pagar el atrevimiento de levantar la cara, mirar de frente y exigir algo de dignidad.

 

 

 



[1] El pago en dinero que se le da al trabajador por su trabajo se le denomina salario. La paga que se les da al personal directivo y empleados se le denomina sueldo. Ésta no es sólo una simple cuestión de sintaxis, ni juego de palabras es la forma moderna en que clasifican a una persona de ser o no un trabajador, y por lo tanto del goce o no de sus derechos estipulados en las leyes.

[2] Marx, Carlos (2000). Trabajo asalariado y capital. Edición de: Marxists Internet Archive, 2000. [en línea] disponible en: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/49-trab2.htm [consultado el 20 de mayo 2006].

[3] Patria: es el término que se le da a la pertenencia territorial de un pueblo por vínculos afectivos, históricos o jurídicos. En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx afirma: “los trabajadores no tienen patria”. El término Estado es diferente, pues implica una organización civilizada de hombres y mujeres que se rigen por leyes.

Nación, se refiere a la sociedad natural de hombres a los que el territorio, origen, historia, cultura, costumbres o idioma, los invita a la comunidad y crea conciencia de destino común. México es una nación multicultural y plurilingüe en donde, con una política social avanzada: “otro mundo es posible” (como lo llama el EZLN).

[4] Constitución Política de la República 1857 (2006). [en línea] No. de Disposición 4888 12 Febrero 1857. disponible en: http://lyncis.dgsca.unam.mx/harvest/cgi-bin/DUBLANYLOZANO/muestraXML.cgi?var1=8-4888.xml&var2=8. [consultado el 2 de mayo 2006].

[5] Kenneth Turner, John  (2005). México Bárbaro. [en línea] Presentación de Chantal López y Omar Cortes. Primera edición cibernética septiembre 2005. Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortes (Biblioteca Virtual Antorcha). disponible en: http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/turner/presentacion.html [consultado el 23 de marzo 2006].

[6] Carabó Margarita y Sánchez Andrea (1983). “México bajo la dictadura porfirina”. En: México un pueblo en la historia. (Vol. 2.).  México: Universidad Autónoma de Puebla; Editorial Nueva Imagen. p. 208.

[7] La importancia de colocar en texto competo el contrato, no sólo es por su carácter histórico (de cómo trataban al trabajador), es mas bien con la intención de provocar a los analistas laborales, para que nos expliquen el desarrollo y la importancia social de éste y sus consecuencias directas en la economía.

[8] Dice John Kenneth en México Bárbaro que generalmente el trabajador muere al poco tiempo de celebrar el “contrato”, gracias al inhumano trato al que es sometido.

[9] La idea de la explotación del joven prevalece, lo pudimos observar en Francia en el año 2006 con la “Ley del Primer Empleo”, sin embargo las conciencias hoy están mucho más despiertas que antaño, esto se confirma con las fuertes movilizaciones que se dieron en ese país en marzo y abril del 2006, las cuales lograron echar atrás esa Ley.

[10] El cerco económico de las tiendas raya que mantenía al trabajador en condiciones de miseria, puede tener ciertas similitudes con las tiendas sindicales, pues los “vales” por comida, por ropa, etc. son intercambiables sólo en tiendas determinadas, en donde se supone que deben otorgar los precios más bajos que en otras tiendas, esto en la práctica no sucede, de esta manera en el siglo XXI los sindicatos conviven con los amos sin llegar a cuestionar de fondo el problema económico, pues continúan favoreciendo a los grupos económicos poderosos.

[11] Romero, Matías (1975). “El pensamiento porfirista sobre las relaciones entre obreros y patrones”. En: México en el siglo XX 1900-1913: textos y documentos. (T. I). México: Universidad Nacional Autónoma de México; Centro de Estudios Latinoamericanos; Facultad de Filosofía y Letras. pp. 83-4.

[12] El trabajo como objeto de mercancía, sujeto a la oferta y demanda, es retomado en el neoliberalismo, entre sus propuestas están: contrato por hora, y para que el patrón pueda obtener más ganancia, se propone la eliminación gradual de Contratos Colectivos de Trabajo, la implementación de la productividad y la polivalencia, etc., es decir la implementación de su “nueva cultura laboral” insistiendo en la la “legalización” y en su “Estado de derecho” de acuerdo a las nuevas condiciones del mundo, y hacen lo posible por modificar leyes para obtener más ganancias como pretenden hacerlo con la Ley Federal del Trabajo (aún vigente en 2007); Ley del ISSTE (modificada en el año 2007), Ley del IMSS (modificada en el año 1995 y 2004). Este proyecto neoliberal lo sostienen en los hechos los gobiernos actuales de los principales partidos políticos: PRD, PRI y PAN.

[13] Valle Nacional se halla a tres horas de viaje de Córdoba y a dos de El Hule, en Oaxaca.

[14] Luis Cabrera sostiene que “Turner tenía razón y los artículos de México Bárbaro son apenas un ligero [...] bosquejo de lo que pasa en todas partes del país, todavía en los momentos actuales”. En: Diario de debates de la Cámara de Diputados, Año I, periodo I, XXVI Legislatura, México, 3 de Diciembre de 1912.

En proceso de digitalización documental para la recuperación de documentos (mayo 2007). http://www.senado.gob.mx/content/sp/memoria/memoria.php?ver=conservacion [consulta el 17 de mayo 2007]

[15] Kaplan, Samuel (1958). Combatimos la tiranía: un pionero revolucionario cuenta su historia. (Tr. Jesús Amaya). México: Talleres Gráficos de la Nación. p.153.

[16] Kenneth Turner, John (1965). “Los acontecimientos según un periodista norteamericano”. En México en el siglo XX 1900-1913: textos  y documentos. (T. I). México: Universidad Nacional Autónoma de México; Centro de Estudios Latinoamericanos; Facultad de Filosofía y Letras. p. 126.

[17] Contreras, Mario y Tamayo, Jesús (1975). “Código Penal de 1871”. En: México en el siglo XX 1900-1913: textos y documentos. (T. I). México: Universidad Nacional Autónoma de México; Centro de Estudios Latinoamericanos; Facultad de Filosofía y Letras. p. 81.