Palabras pronunciadas
por miembros del
Ejército Zapatista de Liberación Nacional
durante la primera sesión plenaria de la
Convención Nacional Democrática,
celebrada en Aguascalientes, Chiapas,
el 8 de agosto de 1994.
SUBCOMANDANTE MARCOS.- Buenas tardes. Bienvenidos a bordo.
Lo que vamos a hacer es comenzar ya, vamos a proponer la presidencia
de esta primera sesión de la Convención Nacional
Democrática, queremos que esta propuesta de 100 personas
que presidan esta sesión, se propone dos compañeros
por cada estado de la federación, y 36 personalidades
del medio, pues, político.
El Ejército Zapatista
en voz del comandante Tacho, miembro del Comité Clandestino
Revolucionario Indígena - Comandancia General del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional les va a hacer a ustedes
la propuesta para la presidencia de esta primera sesión
de la Convención Nacional Democrática.
(Lectura de la lista
de los delegados e invitados
propuestos para ocupar la presidencia de la CND,
la cual fue aprobada por la plenaria.)
COMANDANTE TACHO.- Queremos
saludarlos con nuestras bases de apoyo del Ejército Zapatista
de Liberación Nacional, que representa también
a los civiles. Entonces, si nos permiten saludarlos, los vamos
a saludar con las bases de apoyo del EZLN.
(Desfile de las bases
de apoyo del EZLN)
COMANDANTE TACHO.- Estos compañeros
son las bases de apoyo de los pueblos en lucha, son estos compañeros,
estas compañeras, que ven acá, son y fueron y siguen
siendo, el sustento del EZLN; ellos fueron quienes nos alimentaron,
desde las montañas, desde las lomas en que se desarrolló
el EZLN.
Son las bases de apoyo de todos
y representan ahora a todos los pueblos en lucha, son igual que
ustedes. Al centro ustedes ven, llevan sus promotores de salud,
son promotores de las bases de apoyo y son promotores del EZLN.
Todo esto que ven, estos compañeros,
esas compañeras, esas son las bases de apoyo del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional y de la Comandancia General.
Esos compañeros, esas
compañeras, esos niños, esas niñas, son
las que sostuvieron, mantuvieron en la clandestinidad los secretos
más profundos de la historia de México y el EZLN.
Estos compañeros, estas
compañeras, están representando ahora el sostenimiento
del Ejército Zapatista.
Son ellos quienes guardaron
el secreto de la clandestinidad, ellos son civiles, son bases
de apoyo, son los que nos cuidaron cuando andábamos en
las montañas de esta Selva Lacandona, ellos nos llevaron
las tostadas, los frijoles, el pinole y todo lo que nosotros
necesitamos.
Estos compañeros, estas
compañeras y esos niños, todos ellos son los que
verdaderamente guardaron ese secreto tan grande que hoy representa
a México. Son todos estos compañeros que nosotros
llamamos bases de apoyo.
Es la base fundamental del EZLN,
todos los que ustedes están viendo, todos ellos fueron
los que verdaderamente hicieron que el EZLN se desarrollara desde
la Selva Lacandona. Ellos fueron los que nos dieron el alimento,
todo lo que podíamos necesitar.
(Fin del desfile)
COMANDANTE TACHO.- Dirijo estas
palabras a todos ustedes que nos encontramos reunidos acá
en este nuevo lugar de Aguascalientes. Quiero permitirme para
decirles lo siguiente: palabras iniciales para la primera sesión
de la CND. Inicio.
Hermanos de la CND, a nombre
del CCRI-CG del EZLN, queremos darles la bienvenida a este lugar
que ahora se llama Aguascalientes. Queremos que sepan que nos
da mucho gusto tenerlos aquí con nosotros, sabemos que
han sufrido mucho para venir hasta acá y como quiera no
se ha desanimado su corazón y lograron llegar hasta este
lugar que nosotros los zapatistas construimos con mucho cariño
para ustedes.
Hasta hace unas semanas, Aguascalientes
no existía, aquí sólo había una casa,
la que nosotros le llamamos casa de seguridad, después
iniciamos un pequeño campo de entrenamiento en el que
después fue lugar donde se reunían los pueblos
para hacer recordatorios de la fundación de nuestra organización
cada año, cumpleaños de compañeros insurgentes,
donde se reunía el pueblo para prepararse cómo
hacer la seguridad del pueblo y el enemigo, oculto de otros lugares,
no descubrir lo que platicábamos, aquí se mantenía,
en ese casa que está al lado, es la casa más antigua,
esa fue la primera casa de seguridad donde nosotros nos reunimos.
Hace unos días sólo
había monte, sólo había hierbas, sólo
había arbolitos, no existía pues Aguascalientes.
Ahora existe Aguascalientes. Nosotros hemos trabajado mucho y
muy duro todos estos días para que Aguascalientes quedara
un poco bonito, esperamos que nos disculpen si quedó mal,
poco mal, pero lo hicimos con todas nuestras fuerzas y todo nuestro
cariño para ustedes.
Nosotros queremos decirles que
aquí estamos levantados en armas, esto es territorio zapatista,
que quiere decir territorio rebelde contra el mal gobierno. Pero
nosotros no estamos rebeldes contra el pueblo mexicano, nosotros
estamos muy dispuestos a obedecer lo que diga el pueblo mexicano.
Nosotros hemos recibido mucho
apoyo del pueblo mexicano, sobre todo hemos recibido mucha comprensión
del pueblo mexicano. Entonces nosotros queremos decirles, les
queremos pedir las gracias y les queremos dar un regalo de agradecimiento.
A nombre del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional queremos hacer entrega
formal de Aguascalientes a la Convención Nacional Democrática,
siendo las ocho con veinte minutos, hora sur oriental.
A partir de hoy, Aguascalientes
ya no es del EZLN, ahora es de su propiedad de la Convención
Nacional Democrática, pueden hacer aquí lo que
ustedes quieren. Pueden hacer conferencias, obras de teatro,
conciertos de música, juegos deportivos, más convenciones,
todo lo que quieran.
Mientras se organizan para tener
ya Aguascalientes, nosotros les vamos a cuidar, ya después
que estén bien organizados, pues ya es de ustedes, nada
más les pedimos que no vayan a andar metiendo trago o
drogas aquí porque sí no estamos de acuerdo.
Entonces este es su Aguascalientes,
de ustedes, es su casa, la casa de la Convención Nacional
Democrática.
Muchas gracias.
(Posteriormente)
SUBCOMANDANTE MARCOS.- Nadie,
nadie de la Comisión Nacional Organizadora nos ha podido
decir cuántos delegados, invitados, observadores, periodistas,
gorrones, colados, orejas y extranjeros llegaron a este convención.
Así que no sabemos cuántos somos.
Como aquí tenemos prensa
de varias partes de México y del mundo es necesario que
les demos una cifra. La Comisión Nacional Organizadora
se ha hecho pato, así que nosotros hemos resuelto el problema.
Con nuestro moderno sistema de cómputo
hemos hecho la cuenta y llegado a la conclusión de que somos...
un chingo. Entonces para la prensa es oficial, somos un chingo.
Creo que ya no tiene caso que nuestras
postas, las postas zapatistas, pregunten quién vive, creo
sinceramente que uno de los primeros resolutivos de la CND será
declarar, sin pena alguna, que quien vive es la Patria.
En 1985 tomamos por primera
vez un poblado. Por entre milpas y acahuales, algún platanal
y un pequeño cafetal, unas cuantas champitas se erigían
honrosamente con el nombre de ejido. Ese era el poblado del viejo
Antonio.
Cuando el viejo Antonio era
nueve años más joven que la muerte que lo abrazó
en 1994, nos invitó a visitar su ejido. Nosotros hicimos
un plan para tomarlo, para tomar el ejido. Después de
perdernos en un cafetal, logramos tomar el pequeño poblado
del viejo Antonio.
Hicimos un papelón, porque
cuando llegamos la gente ya estaba reunida en medio del poblado.
En el medio del poblado en términos de urbanística
selvática viene quedando entre la iglesia, la escuela,
la cancha de basket y el cafetal.
Llegamos frente a la gente y
el viejo Antonio nos presentó diciendo algo así
como "aquí están los compañeros que
vienen de la montaña". La gente empezó a aplaudir.
Yo pensé "hombre ando mal este año, no he
hablado todavía y ya me están aplaudiendo".
Cuando dejaron de aplaudir,
el viejo Antonio me dijo: "ya acabamos de saludarte, ahora
sí puedes decir tu palabra". Entonces aprendí
que por acá, cuando los pueblos saludan a alguien o a
algo, le aplauden.
Por eso yo quiero iniciar pidiendo
no un aplauso sino un saludo, un saludo para todos esos hombres,
mujeres, niños y ancianos que en este momento, en los
campos y ciudades de México, rezan, piden, ruegan, hacen
changuitos, desean, anhelan, que esta primera sesión de
la Convención Nacional Democrática vaya bien.
Si acá somos un chingo,
allá fuera hay, lo menos, dos chingos.
Pido también un saludo
para la reunión que en estos precisos instantes se realiza
en alguna parte de la República Mexicana para dialogar
sobre los problemas de la nación. Pido un saludo para
la Convención Nacional Democrática que se celebra
actualmente en Aguascalientes, Chiapas, México.
Nuestro EZLN quiere rendir honores
a nustra bandera y a esta CND. Quiero pedir permiso a ustedes
para que las tropas zapatistas que se encargan de la seguridad
de todos nosotros les presenten el saludo zapatista.
En la punta de los fusiles zapatistas
verán una cinta blanca, significa la vocación que
anima su andar, significa que no son armas para enfrentarlas
a la sociedad civil, significa, como todo aquí, una paradoja,
armas que aspiran a ser inútiles.
Voy a pedir autorización
a la presidencia y a la Convención para que desfilen las
tropas de combatientes, porque lo que presentó el comandante
Tacho son las bases de apoyo, el arma secreta de los zapatistas.
No hay tecnología más
alta que haya logrado igualar la tecnología zapatista
que es el pueblo que nos está respaldando. Ahora vamos
a dar el saludo de los militares.
(Desfile de las tropas
insurgentes)
SUBCOMANDANTE MARCOS.-
Honorable Convención
Nacional Democrática:
Presidencia de la Convención Democrática:
Delegados, invitados, observadores:
Hermanos:
Por mi voz habla la voz del
Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Aguascalientes, Chiapas, un
cuartel, un 'bunker', una fábrica de armas, un centro
de adiestramiento militar, una bodega de explosivos.
Aguascalientes, Chiapas, el
Arca de Noé, la Torre de Babel, el barco selvático
de Fitzcarraldo, el delirio del neozapatismo, el navío
pirata. La paradoja anacrónica, la tierna locura de los
sin rostro, el despropósito de un movimiento civil en
diálogo con un movimiento armado.
Aguascalientes, Chiapas, la
esperanza en gradas escalonadas, la esperanza en las palmitas
que presiden la escalera, para mejor alcanzar el cielo, la esperanza
en el caracol marino que desde la selva por el aire llama, la
esperanza de los que no vinieron pero están, la esperanza
de que las flores que en otra tierra mueren, en ésta vivan.
Aguascalientes, Chiapas, para
el EZLN, 28 días de trabajo, 14 horas días, 600
hombres-mujeres por hora, 235 mil 200 hombres-hora de trabajo
en total, 9 mil 800 días de trabajo, 60 millones de viejos
pesos, una biblioteca, un presidium con pinta de puente de trasatlántico,
bancas sencillas para ocho mil convencionistas, 20 casas para
hospedaje, 14 fogones, estacionamiento para cien vehículos
y área para atentados.
Aguascalientes, Chiapas, esfuerzo
común de civiles y militares; esfuerzo común por
un cambio, esfuerzo pacífico de los armados.
Y antes de Aguascalientes, ellos
dijeron que era una locura, que nadie podía, desde el
límite que marcan fusiles y pasamontañas, tener
éxito en convocar a una reunión nacional en vísperas
electorales.
Y antes de Aguascalientes, ellos
dijeron que ninguna persona sensata iba a responder al llamado
de un grupo rebelde, proscrito de la ley, del que poco o mucho
se sabe: la luz que iluminó enero, el lenguaje obsesivo
tratando de recuperar viejas y gastadas palabras: democracia,
libertad, justicia.
Los rostros amordazados, el
paso nocturno, la montaña habilitada como esperanza; la
sola mirada indígena, que desde centurias nos persigue
en nuestro atropellado intento de modernización y el necio
rechazar limosnas para exigir el aparentemente absurdo: para
todos todo, nada para nosotros.
Y antes de Aguascalientes, ellos
dijeron que el miedo, el dulce terror que alimenta desde su nacimiento
a las gentes buenas de este país, acabaría por
imponerse, que la evidencia y comodidad del nada hacer, del sentarse
a esperar, a observar, a aplaudir o abuchear a los actores de
esta comedia amarga que llaman patria, reinaría junto
a otras evidencias, en el renombrado nombre del pueblo de México,
la sociedad civil.
Y antes de Aguascalientes, ellos
dijeron que las insalvables diferencias que nos fragmentan y
enfrentan unos contra los otros, nos impedirían voltear
hacia un mismo punto, que el omnipotente partido de Estado y
las obviedades que a su alrededor se potencian: el presidencialismo,
el sacrificio de la libertad y la democracia en aras de la estabilidad
y la bonanza económica, el fraude y la corrupción
como idiosincracia nacional, la justicia prostituida en limosnas,
la desesperanza y el conformismo elevado al estatus de doctrina
de seguridad nacional.
Y antes de Aguascalientes, ellos
dijeron que no habría problema, que la convocatoria a
un diálogo entre un grupo de transgresores de la ley y
una masa informe, desorganizada y fragmentada hasta el microcosmos
familiar, la llamada sociedad civil, no tendría eco ni
causa común, que la dispersión reunida sólo
puede causar una dispersión potenciada hasta la inmovilidad.
Y antes de Aguascalientes, ellos
dijeron que no había que oponerse a la celebración
de la Convención Nacional Democrática, que abortaría
por sí sola, que no valía la pena sabotearla abiertamente,
que era preferible que reventara desde adentro, que se viera
en México y en el mundo que la inconormidad era incapaz
de ponerse de acuerdo entre sí, que, por lo tanto, sería
incapaz de ofrecer al país un proyecto de nación
mejor que el que la revolución institucionalizada y estabilizada
nos regalaba, junto al orgullo de tener ya 24 próceres
de la patria internacional del dinero, a todos los mexicanos.
A eso apuestan, a eso; por eso
dejaron correr la convocatoria, por eso no impidieron que ustedes
llegaran hasta acá; el previsible fracaso de la CND, dicen,
no debe ser atribuido al poderoso; que sea evidente que el débil
lo es, porque es evidente que es incapaz de dejar de serlo; es
débil porque lo merece, es débil porque lo desea.
Y antes de Aguascalientes, nosotros
dijimos que sí, que era una locura, que desde el horizonte
que abren fusiles y pasamontañas sí se podía
convocar a una reunión nacional en vísperas electorales
y tener éxito: ¿quieren un espejo?
Y antes de Aguascalientes, nosotros
dijimos que la sensatez se sienta hace años a lamentarse
en los quicios dolientes de la historia, que la prudencia permite
hoy el reiterado golpeteo del no hacer nada, del esperar, del
desesperar, que la insensata y tierna furia del para todos todo,
nada para nosotros, encontraría oído en los otros,
en los otros que se trueca falsamente en nosotros y ustedes.
Y antes de Aguacalientes, nosotros
dijimos que tiempo sobraba, que lo que faltaba era vergüenza
por el miedo a probar a ser mejores, que el problema de la Torre
de Babel no estuvo en el proyecto, sino en la falta de un buen
tema de enlace y un equipo de traducción.
El fracaso estaba en el nada
intentar, en el sentarse a ver cómo se levantaba la torre,
cómo se detenía, cómo se derrumbaba. En
sentarse a esperar cómo la historia daría cuenta,
no de la torre, sino de los que se sentaron a esperar un fracaso.
Y antes de Aguacalientes, nosotros
dijimos que el miedo, que el seductor terror que despiden las
cloacas del poder que nos alimentó desde el nacimiento,
puede y debe ser puesto a un lado, no olvidado, no pasado por
alto, sólo puesto a un lado. Que el miedo a permanecer
como espectadores sea mayor al miedo a intentar buscar un punto
común, algo que una, algo que pueda transformar esta comedia
en historia.
Y antes de Aguascalientes, nosotros
dijimos que las diferencias que nos fragmentan y enfrentan unos
contra otros no nos impedirán voltear hacia el mismo punto:
el sistema de obviedades que castran, de evidencias que oprimen,
de lugares comunes que asesinan. El sistema de partido de Estado
y los absurdos que en él cobran validez e institucionalidad.
La dictadura hereditaria, el
arrinconar la lucha por la democracia, la libertad y la justicia
en el lugar de los imposibles, de las utopías. La burla
electoral elevada en la imagen de la alquimia computacional,
al estatus de monumento nacional, la miseria y la ignorancia
como vocación histórica de los desposeídos,
la democracia lavada con detergente de importación y agua
de tanques antimotines.
Y antes de Aguascalientes, nosotros
dijimos que no habría problema, que la convocatoria a
un diálogo entre los que están sin rostro y armados
y el desarmado estar sin rostro de la sociedad civil encontraría
causa común; que la dispersión reunida y dialogando
bien puede provocar un movimiento que dé por fin vuelta
a esta página de vergüenza, a esta página
en la historia mexicana.
Y antes de Aguascalientes, nosotros
dijimos que no había que oponerse a la celebración
de la CND, que sería precisamente eso; ni más ni
menos que una celebración, la celebración del miedo
roto, del primer y titubeante paso, de la posibilidad de ofrecer
a la nación un '¡ya basta!' que no tenga sólo
voz indígena y campesina, un '¡ya basta!' que sume,
que multiplique, que reproduzca, que triunfe, que pueda ser la
celebración de un descubrimiento: el de sabernos no ya
con vocación de derrota, sino de pensarnos con la posibilidad
de la victoria del lado nuestro.
A eso apostamos, por eso la
voluntad anónima y colectica que sólo tiene por
rostro una pequeña estrella roja de cinco puntas, símbolo
de humanidad y lucha, y por nombre cuatro letras, símbolo
de rebeldía, levantó en este lugar olvidado de
la historia, de los estudios gubernamentales, de los tratados
internacionales, de los mapas y rutas de dinero, esta construcción
que llamamos Aguascalientes, en memoria de intentos anteriores
de unir la esperanza.
Por eso miles de hombres y mujeres
con el rostro amordazado, indígenas en su inmena mayoría,
levantamos esta torre, la torre de la esperanza; por eso dejamos
a un lado, por un tiempo, nuestros fusiles, nuestro rencor, nuestro
dolor por los muertos nuestros, nuestra convicción guerrera,
nuestro pasado armado; por eso, construimos este lugar para una
reunión que, si tiene éxito, será el primer
paso para negarnos como alternativa.
Por eso levantamos Aguascalientes,
como sede de una reunión que si fracasa nos obligará
de nuevo a llevar adelante con fuego el derecho de todos a un
lugar en la historia.
Por eso los invitamos, por eso
nos da gusto que hayan llegado hasta acá; por eso esperamos
que la madurez y la sapiencia nos lleven a descubrir que el enemigo
principal, el más poderoso, el más terrible, no
está aquí sentado entre ustedes.
Por eso, nos dirigimos con todo
respeto a esta Convención Nacional Democrática,
para pedir, a nombre de todos los hombres y mujeres, de todos
los niños y ancianos, de todos los vivos y muertos del
EZLN, que no den la razón a los que predicen el fracaso
de esta convención, que busquen, que encuentren lo que
nos une, que hablen la palabra verdadera, que no olviden las
diferencias que los separan y que con más frecuencia de
la deseable los enfrentan unos a otros; que las guarden un momento,
unos días, unas horas, los minutos suficientes para descubrir
al enemigo común.
Esto les pedimos respetuosamente,
no que traicionen sus ideales, sus principios, su historia, no
se traicionen y se nieguen; les pedimos respetuosamente que lleven
adelante sus ideales, sus principios, su historia, que se afirmen,
que sean consecuencia, que unan sus fuerzas para decir ¡ya
basta! a la mentira que hoy gobierna nuestra historia.
El EZLN participa en esta CND
con 20 delegados con un voto cada uno; queremos así dejar
claras dos cosas: la una es nuestro compromiso con la CND, la
otra es nuestra decisión de no imponer nuestro punto de
vista.
Hemos rechazado también
toda posibilidad de participar en la presidencia de la CND; ésta
es la convención de la búsqueda pacífica
del cambio; no debe de manera alguna ser presidida por gente
armada. Agradecemos que nos den un lugar, uno más entre
todos ustedes para decir nuestra palabra.
Queremos decir que nos dejan
inamovibles las acusaciones de ser sacerdotes del martirologio,
de ser belicistas, que no nos atraen los cantos de sirenas y
ángeles para darnos acceso a un mundo que nos mira con
desprecio y desconfianza, que escatima el valor de nuestra sangre
y ofrece fama a cambio de dignidad; no nos interesa vivir como
ahora se vive.
Mucho se ha preguntado --con
la perversidad inquisitiva del que busca confirmar supuestos--
qué es lo que pretenden los zapatistas de esta CND; qué
es lo que esperan los zapatistas de esta convención, se
preguntan.
Un brazo civil, responden unos.
Las ocho columnas de la prensa nacional e internacional, argumentan
otros. Una nueva justificación para su afán belicista,
dicen algunos; un aval civil a la guerra, aventuran en otro lado.
La plataforma de resurrección
para el mundo olvidado del sistema, temen en algún partido
oficial, mientras ponen precio a la cabeza zapatista. Un espacio
para disfrutar el liderazgo de una izquierda sin líder
aparente, murmuran en la oposición.
El aval para una claudicación,
sentencian en la ultratumba conspirativa de la que puede salir
eventualmente la bala que pretenda acallarnos. La plataforma
para que Marcos negocie un puesto en la próxima administración
de la modernidad, deduce alguna brillante columna de algún
analista brillante, eso sí, de opacas intrigas políticas.
Hoy, frente a esta CND, el EZLN
responde a la pregunta ¿qué esperan los zapatistas
de la CND? No un brazo civil que alargue el siniestro brazo de
la guerra hasta todos los rincones de la patria, no la promoción
periodística que reduce la lucha por la dignidad a una
nota esporádica de primera plana, no más argumentos
para adornar nuestro traje de fuego y muerte, no un escalón
para cálculos políticos, de grupos y subgrupos
de poder, no el dudoso honor de ser vanguardia histórica
de múltiples vanguardias que padecemos, no el pretexto
para traicionar ideales y muertes que llevamos con orgullo como
herencia, no un trampolín para lograr un escritorio en
una oficina, en un despacho, en un gobierno, en un país
improbable.
No la autoadjudicada representatividad
de la nación, no la designación de un gobierno
interino, no la redacción de una nueva Constitución,
no la conformación de un nuevo constituyente, no el aval
para un candidato a la Presidencia de la República del
dolor y el conformismo, no la guerra.
Sí al inicio de una construcción
mayor que la de Aguascalientes, la construcción de una
paz con justicia y dignidad; sí al inicio de un esfuerzo
mayor que el que vino a desembocar en Aguascalientes, el esfuerzo
por un cambio democrático que incluya la libertad y la
justicia para los mayoritarios en el olvido.
Sí al inicio del fin
de una larga pesadilla de esto que grotescamente se llama historia
de México; sí al momento para decir a todos que
no queremos ni podemos ocupar el lugar que algunos esperan que
tomemos, el lugar del que emanen todas las opiniones, todas las
rutas, todas las respuestas y todas las verdades; no lo vamos
a hacer.
Esperamos de la CND la oportunidad
de buscar y encontrar alguien a quien entregar esta bandera,
la bandera que encontramos sola y olvidada en los palacios del
poder, la bandera que arrancamos con nuestra sangre de la apenada
prisión de los museos, la bandera que cuidamos día
y noche, que nos acompañó en la guerra y que queremos
tener en la paz; la bandera que hoy entregamos a esta CND, no
para que la retenga y la escatime al resto de la nación,
no para suplantar probables protagonismos armados, comprobados
protagonismos civiles, no para abrogar representatividad o mesianismo,
sí para luchar porque todos lo mexicanos vuelvan a hacerla
suya, para que vuelva a ser la bandera nacional, su bandera.
Esperamos de esta CND la organización
pacífica y legal de una lucha, la lucha por la democracia,
la libertad y la justicia, la lucha que nosotros nos vimos obligados
a caminar amados y con el rostro negado. Esperamos de esta CND
la palabra verdadera, la palabra de paz, pero no la palabra de
claudicación en la lucha democrática; la palabra
de paz, pero no la palabra de renuncia a la lucha por la libertad;
la palabra de paz, pero no la palabra de complicidad pacifista
con la injusticia.
Esperamos de esta CND la capacidad
de entender que el derecho a llamarse representativa de los sentimientos
de la nación no es un resolutivo que se apruebe por votación
o consenso, sino algo que tiene que ganarse todavía en
los barrios, en los ejidos, en la colonias, en las comunidades
indígenas, en las escuelas y universidades, en las fábricas,
en las empresas, en los centros de investigación científica,
en los centros culturales y artísticos, en los rincones
todos de este país.
Esperamos de esta CND la claridad
para darse cuenta de que éste es sólo un paso,
el primero de muchos que habrá que dar, incluso en condiciones
más adversas que las presentes. Esperamos de esta CND
la valentía de asumir el color de la esperanza que le
vemos muchos mexicanos, incluidos nosotros, de demostrarnos que
los mejores hombres y mujeres de este país ponen sus medios
y fuerzas para la transformación, que es la única
posibilidad de supervivencia de este pueblo: la transformación
a la democracia, la libertad y la justicia.
Esperamos de esta CND la madurez
para no convertir este espacio en un ajuste de cuentas interno,
estéril y castrante. Esperamos de esta CND, finalmente,
un llamado colectivo a luchar por lo que nos pertenece, por lo
que es razón y derecho de la gente buena, únicamente
por nuestro lugar en la historia. No es nuestro tiempo, no es
la hora de las armas; nos hacemos a un lado, pero no nos vamos.
Esperaremos hasta que se abra el horizonte o hasta que ya no
seamos necesarios, hasta que ya no seamos posibles.
Nosotros, los muertos de siempre,
los que tenemos que morir de nuevo para vivir, esperamos de esta
CND una oportunidad, la oportunidad que nos negaron los que mal
gobiernan este país, la oportunidad de regresar con dignidad
después del deber cumplido a nuestro estar bajo tierra;
la oportunidad de volver otra vez al silencio que callamos, a
la noche de la que salimos, a la muerte que habitamos; la oportunidad
de desaparecer de la misma forma en que aparecimos, de madrugada,
sin rostro, sin futuro; la oportunidad de volver al fondo de
la historia, del sueño, de la montaña.
Se ha dicho erróneamente
que los zapatistas han puesto un plazo para reiniciar la guerra;
que si el 21 de agosto no salen las cosas como quieren los zapatistas,
la guerra va a empezar. Mienten.
Al pueblo mexicano, nadie, ni
siquiera el Ejército Zapatista de Liberación Naciconal,
puede imponer plazos y dar ultimátum.
Para el Ejército Zapatista
de Liberación Nacional, no hay más plazos que el
que las movilizaciones civiles y pacíficas determinen.
A ellas nos subordinamos, incluso hasta desaparecernos como alternativa.
No vendrá de nosotros
el reinicio de la guerra, no hay ultimátum zapatista para
la sociedad civil. Esperaremos, resistiremos; somos expertos
en eso.
Luchen. Luchen sin descanso.
Luchen y derroten a la guerra. Luchen y derrótennos.
Nunca será tan dulce
la derrota, como si el tránsito pacífico a la democracia,
la libertad y la justicia resulta vencedor.
El Comité Clandestino
Revolucionario Indígena - Comandancia General del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional les ha hecho entrega
de Aguascalientes, para que se reúnan y para acordar no
la inmovilidad, no el escepticismo estéril, no el intercambio
de reproches y halagos, no la tribuna para la promoción
personal, no el pretexto para el turismo belicista, no el chantaje
pacifista incondicional, no la guerra, pero no la paz a cualquier
precio.
Sí para discutir y acordar
la organización civil, pacífica, popular y nacional
de la lucha por la democracia, la libertad y la justicia.
El Comité Clandestino
Revolucionario Indígena - Comandancia General del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional les entrega ahora la
bandera nacional, para recordarles lo que ella significa: patria,
historia y nación, y comprometerlos en lo que debe significar:
democracia, libertad y justicia.
Salud, hermanos convencionistas.
por ustedes se levantó Aguascalientes. por ustedes se
construyó, en medio de un territorio en armas, este espacio
para una paz con justicia y dignidad.
Muchas gracias.
¡Democracia!
¡Libertad!
¡Justicia!
Montañas del sureste, México
Comité Clandestino Revolucionario Indígena
Comandancia General del Ejército Zapatista
de Liberación Nacional
8 de agosto de 1994
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