Ejército Zapatista
de Liberación Nacional
México
24 de agosto de
1994
Al semanario nacional PROCESO:
Al periódico nacional LA JORNADA:
Al periódico nacional EL FINANCIERO:
Al periódico local de SCLC, TIEMPO:
Señores:
Va comunicado post-electoral.
Ese cuento del 50% y el "carro completo" sólo
se lo tragan los gringos (por eso les va como les va en política
internacional). Orale! No se achicopalen!
Su táctica de ellos es
repetir una gran mentira hasta que se convierte en verdad. Se
van a equivocar otra vez, se les va (a) derrumbar todo como en
enero. Sólo se necesita una sopladita.
Vale. Salud y un buen par de
pulmones.
Desde las montañas
del sureste mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Agosto de 1994.
P.D. QUE DICE "NO".-
No le hagan caso a los editorialistas. No le hagan caso a los
moneros. No le hagan caso a la televisión. No le hagan
caso a la radio. No se pasmen. No se vendan. No se rindan. No
se dejen. No tengan miedo. No se callen. No se sienten a descansar.
P.D. Para candidatos con cerca
del 50% de los votos.- En la grabadorcita se escucha aquellos
de: "Que cosas tiene la vida, Mariana. Que cosas tiene la
vida. Mientras más alto volamos, Mariana, nos duele más
la caída".
P.D. Insurgente para Caza-Mapaches.-
Lo del virus de Carpizo es para distraer la atención y
"re-ajustar" las computadoras, así no habrá
nada anormal después del cómputo.
P.D. Que responde a la pregunta
"Y ahora?".- Leed el capítulo XIV (¿o
es el XXIV?) de la segunda parte de "El ingenioso Hidalgo
Don Quijote de la Mancha". Sí, ése de la aventura
con el caballero de los espejos. De nada.
P.D.- Que le cuenta un cuento
a una Toñita que se presume de un conejito de peluche
que le mandaron los convencionistas y "este no pica",
me dice...
Y entonces yo me hago el desentendido
y empiezo a contar, así nomás, una historia de
1985, año de temblores y emergencias civiles (de las que
emergen y de las otras):
"El viejo Antonio cazó
un león de montaña (que viene siendo muy parecido
al puma americano) con su vieja chimba (escopeta de chispa).
Yo me había burlado de
su arma días antes: "De estas armas usaban cuando
Hernán Cortés conquistó México",
le dije. El se defendió: "Sí, pero mira ahora
en manos de quien está".
Ahora estaba sacando los últimos
tirones de carne de la piel, para curtirla. Me muestra orgulloso
la piel. No tiene ningún agujero. "En el mero ojo",
me presume. "Es la única forma de que la piel no
tenga señales de maltrato", agrega.
"¿Y qué va
a hacer con la piel?", pregunto. El viejo Antonio no me
contesta, sigue raspando la piel del león con su machete,
en silencio. Me siento a su lado y, después de llenar
la pipa, trato de prepararle un cigarrillo con "doblador".
Se lo tiendo sin palabras, él
lo examina y lo deshace. "Te falta", me dice mientras
lo vuelve a forjar. Nos sentamos a participar juntos en esa ceremonia
del fumar. Entre chupada y chupada, el viejo Antonio va hilando
la historia:
"El león es fuerte
porque los otros animales son débiles. El león
come la carne de otros porque los otros se dejan comer. El león
no mata con las garras o con los colmillos. El león mata
mirando. Primero se acerca despacio... en silencio, porque tiene
nubes en las patas y le matan el ruido. Después salta
y le da un revolcón a su víctima, un manotazo que
tira, más que por la fuerza, por la sorpresa.
Después la queda viendo.
La mira a su presa. Así... (y el viejo Antonio arruga
el entrecejo y me clava los ojos negros). El pobre animalito
que va a morir se queda viendo nomás, mira al león
que lo mira. El animalito ya no se ve él mismo, mira lo
que el león mira, mira la imagen del animalito en la mirada
del león, mira que, en su mirarlo del león, es
pequeño y débil.
El animalito ni se pensaba si
es pequeño y débil, era pues un animalito, ni grande
ni pequeño, ni fuerte ni débil. Pero ahora mira
el mirarlo del león, mira el miedo. Y, mirando que lo
miran, el animalito se convence, él sólo, de que
es pequeño y débil. Y, en el miedo que mira que
lo mira el león, tiene miedo.
Y entonces el animalito ya no
mira nada, se le entumen los huesos así como cuando nos
agarra el agua en la montaña, en la noche, en el frío.
Y entonces el animalito se rinde así nomás, se
deja, y el león se lo zampa sin pena.
Así mata el león.
Mata mirando. Pero hay un animalito que no hace así, que
cuando lo ataca al león no le hace caso y se sigue como
si nada, y si el león lo manotea, él contesta con
un zarpazo de sus manitas, que son chiquitas pero duele la sangre
que sacan.
Y este animalito no se deja
del león porque no mira que lo miran... es ciego. "Topos",
les dicen a esos animalitos".
Parece que el viejo Antonio
acabó de hablar. Yo aventuro un "sí, pero...".
El viejo Antonio no me deja continuar, sigue contando la historia
mientras se forja otro cigarrillo. Lo hace lentamente, volteando
a verme cada tanto para ver si estoy poniendo atención.
"El topo se quedó ciego
porque, en lugar de ver hacia fuera, se puso a mirarse el corazón,
se trincó en mirar para dentro. Y nadie sabe por qué
llegó en su cabeza del topo eso de mirarse para dentro. Y
ahí está de necio el topo en mirarse el corazón
y entonces no se preocupa de fuertes o débiles, de grandes
o pequeños, porque el corazón es el corazón
y no se mide como se miden las cosas y los animales.
Y eso de mirarse para dentro
sólo lo podían hacer los dioses y entonces los
dioses lo castigaron al topo y ya no lo dejaron mirar pa' fuera
y además lo condenaron a vivir y caminar bajo tierra.
Y por eso el topo vive abajo
de la tierra, porque lo castigaron los dioses. Y el topo ni pena
tuvo porque siguió mirándose por dentro. Y por
eso el topo no le tiene miedo al león. Y tampoco le tiene
miedo al león el hombre que sabe mirarse el corazón.
Porque el hombre que sabe mirarse
el corazón no ve la fuerza del león, ve la fuerza
de su corazón y entonces lo mira al león y el león
lo mira que lo mira el hombre y el león mira, en el mirarlo
del hombre, que es sólo un león y el león
se mira que lo miran y tiene miedo y se corre".
"¿Y usted se miró
el corazón para matar a este león?", interrumpo.
El contesta: "¿Yo? N'ombre, yo miré la puntería
de la chimba y el ojo del león y ahí nomás
disparé... del corazón ni me acordé..."
Yo me rasco la cabeza como,
según aprendí, hacen aquí cada que no entienden
algo.
El viejo Antonio se incorpora
lentamente, toma la piel y la examina con detenimiento. Después
la enrolla y me la entrega.
"Toma", me dice. "Te
la regalo para que nunca olvides que al león y al miedo
se les mata sabiendo a dónde mirar..."
El viejo Antonio da media vuelta
y se mete a su champa. En el lenguaje del viejo Antonio eso quiere
decir: "Ya acabé. Adiós". Yo metí
en una bolsa de nylon la piel del león y me fui...
Toñita hace lo mismo
y se va con el mentado conejillo de peluche "que no pica".
El Beto me dice, para consolarme, que el tiene un tlacuache muerto,
que de por sí su mamá ya le dijo que lo saque y
que él, el Beto, me lo cambia por 5 vejigas.
Yo rechazo amablemente, pero
uno de los cocineros escucha la oferta y le ofrece al Beto 3
vejigas. El Beto duda. El cocinero argumenta que una de las vejigas
es verde y la otra blanca y la otra roja.
El Beto insiste en su oferta
inicial de 5 vejigas. El cocinero ofrece las 3 vejigas y dos
condones. El Beto duda. Yo me fui cuando el regateo no llegaba
a nada todavía.
Esa fue la historia del viejo
Antonio y el león. Yo cargué la piel del León
desde entonces, en ella teníamos envuelta la bandera que
entregamos a la Convención Nacional Democrática.
¿Quieren también
la piel?...
Vale de nuevo. Salud y un cristal
de esos que sirven para asomarse hacia adentro...
Desde las montañas
del sureste mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos
México, Agosto de 1994
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