Ejército Zapatista
de Liberación Nacional
México
30 de diciembre
de 1994
Al semanario nacional PROCESO:
Al periódico nacional EL FINANCIERO:
Al periódico nacional LA JORNADA:
Al periódico local de SCLC: TIEMPO
Señores:
Van comunicados varios. ¿Me
extranábais? ¿Qué ocurre? Crímenes,
crisis económica, crisis política, peligro de guerra,
falta de credibilidad, devaluaciones, fuga de capitales, desconfianza.
¿No era eso lo que iba
a ocurrir si un partido de oposición llegaba al poder?
Con estupor recibí la "objetiva" noticia de
que el supremo gobierno nos culpa de la devaluación nueva
del nuevo peso.
Prometo solemnemente reducir
mi cuenta bancaria no en dólares, sino, por aquello del
"mesianismo", en "marcos".
Además, dada mi popularidad
en los mercados financieros internacionales, haré una
campaña de "¡Viva la emoción del riesgo
y la incertidumbre! ¡Compre nuevos pesos! Informes en la
oemecé".
Por lo demás estamos
bien. Además de sortear helicópteros, aviones y
tanquetas, ahora tenemos que vérnoslas con perros.
Como antes a los esclavos que
luchaban por su libertad, el Gobierno persigue con perros de
caza a los zapatistas.
Eso no es lo más triste,
lo más indignante es que esos perros están mejor
alimentados que los hombres y mujeres a quienes persiguen. "Diferencias
dietéticas", dicen los especialistas en promesas
inútiles y útiles devaluaciones.
Vale. Salud y muuuuy feliz año
nuevo (a partir de ahora el 1o. de enero tiene otro significado
para todos. ¿No?).
Desde las montañas
del sureste mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos
México, Diciembre de 1994
(Suscribe) Subcomandante Marcos
P.D. Que, comisionada por el
"Sup", le responde al "patriótico"
sector empresarial.-
Si yo fuera el principal promotor
del desempleo en Chiapas, sería presidente de la Coparmex
y no un "profesional de la violencia".
P.D. Especuladora y Saca-Dólares.-
Me comunico de urgencia con
el Comité. "Nos acusan de la devaluación del
peso frente al dólar", les digo mirando a los ojos
a cada uno de ellos, tratando de encontrar al culpable del desorden
financiero en el país.
Nadie responde, todos se miran
entre sí. El Beto interrumpe y pregunta: "¿Y
qué quiere decir 'dólar' ?" El sonido de las
aspas de los helicópteros artillados es la única
respuesta...
P.D. Que, aguzando la vista
por la niebla, ve y oye lo que a continuación platica.-
Un señor ilustre y banquero,
destacado miembro del sector social más poderoso, criminal
y cínico de la historia de la humanidad, es decir del
capital financiero, dejó escapar las palabras como escupiéndolas:
"El problema de la economía mexicana se llama subcomandante
Marcos".
La sentencia de muerte está
dictada. Los dineros empiezan a buscar el precio de la bala que
elimine ese "problema". A la misma hora en que el señor
banquero pronuncia el dictamen, Antonio hijo tirita bajo la lluvia
y el frío en las montañas del sureste mexicano.
Tiembla Antonio hijo, pero no
de miedo, tiembla porque no hay un fuego esa noche para espantar
el frío, para tapar el agua, para alumbrar la noche. Marcos
se acerca a Antonio hijo y se sienta junto a él:
-- Hace frío --dice.
Antonio hijo asiente en silencio.
Bajo el plástico negro que hace otro techo nocturno bajo
el techo de lluvia y frío, están los dos hombres
que son el mismo. No hay fuego, es cierto. Pero ya está
el viejo Antonio acercándose con otro calor en las manos:
la palabra.
El viejo Antonio pone la palabra
en el suelo, en medio de los tres, y empieza a hablar, empieza
a dar calor y consuelo con palabras que abrazan como amigas,
como compañeras. La tibieza llega al pecho y a los ojos,
Antonio hijo y Marcos dormitan bajo la noche y el frío
del diciembre chiapaneco.
El viejo Antonio habla para
guiar y velar su sueño. Lleva su voz, de la mano, a Antonio
hijo y a Marcos a un tiempo anterior. Vuela la historia para
atrás, hasta llegar 10 años antes de este frío,
esta noche y este domingo. Regresa el tiempo hasta llegar a...
La historia de las
palabras
Los agarró la noche platicando.
"Mi focador no tiene pilas", dice, desesperanzado,
Antonio hijo. "Yo lo olvidé en la mochila",
dice Marcos mirando el reloj. El viejo Antonio sale y regresa
con hojas de watapil.
Sin decir una palabra empieza
a construir una champita. Antonio hijo y Marcos ayudan. Con bejuco
y palos con punta en horqueta toma forma, poco a poco, un cobertizo.
Después a buscar leña.
Tiene rato que la lluvia y la noche se hermanan, de entre las
manos expertas del viejo Antonio surge, al fin, una llamita que
se convierte en hoguera.
Marcos y Antonio hijo se acomodan
como pueden, recostados junto a la hoguera. En cuclillas, el
viejo Antonio habla y arrulla la noche y el sueño con
esta historia, con esta herencia...
"La lengua verdadera se
nació junto con los dioses primeros, los que hicieron
el mundo. De la primera palabra, del fuego primero, otras palabras
verdaderas se fueron formando y de ellas se fueron desgranando,
como el maíz en las manos del campesino, otras palabras.
Tres fueron las palabras primeras,
tres mil veces tres se nacieron otras tres, y de ellas otras
y así se llenó el mundo de palabras.
Una gran piedra fue caminada
por todos los pasos de los dioses primeros, los que nacieron
el mundo. Con tanta caminadera encima, la piedra bien lisita
que se quedó, como un espejo.
Contra ese espejo aventaron
los dioses primeros las primeras tres palabras. El espejo no
regresaba las mismas palabras que recibía, sino que devolvía
otras tres veces tres palabras diferentes.
Un rato pasaron así los
dioses aventando las palabras al espejo para que salieran más,
hasta que se aburrieron.
Entonces tuvieron un gran pensamiento
en su cabeza y se dieron en su caminadera sobre otra gran piedra
y otro gran espejo se pulieron y lo pusieron frente al primer
espejo y aventaron las primeras tres palabras al primer espejo
y ése regresó tres veces tres palabras diferentes
que se aventaron, con la pura fuerza que traían, contra
el segundo espejo y éste regresó, al primer espejo,
tres veces tres el número de palabras que recibió
y así se fueron aventando más y más palabras
diferentes que se aventaron, con la pura fuerza que traían
contra el segundo espejo y éste regresó, al primer
espejo, tres veces tres el número de palabras que recibió
y así se fueron aventando más y más palabras
diferentes los dos espejos. Así nació la lengua
verdadera. De los espejos nació.
Las tres primeras de todas las
palabras y de todas las lenguas son Democracia, Libertad, Justicia.
"Justicia" no es dar
castigo, es reponerle a cada cual lo que merece y cada cual merece
lo que el espejo le devuelve: él mismo. El que dio muerte,
miseria, explotación, altivez, soberbia, tiene como merecimiento
un buen tanto de pena y tristeza para su caminar. El que dio
trabajo, vida, lucha, el que fue hermano, tiene como merecimiento
una lucecita que le alumbre siempre el rostro, el pecho y el
andar.
"Libertad" no es que
cada uno haga lo que quiere, es poder escoger cualquier camino
que te guste para encontrar el espejo, para caminar la palabra
verdadera. Pero cualquier camino que no te haga perder el espejo.
Que no te lleve a traicionarte a tí mismo, a los tuyos,
a los otros.
"Democracia" es que
los pensamientos lleguen a un buen acuerdo. No que todos piensen
igual, sino que todos los pensamientos o la mayoría de
los pensamientos busquen y lleguen a un acuerdo común,
que sea bueno para la mayoría, sin eliminar a los que
son los menos. Que la palabra de mando obedezca la palabra de
la mayoría, que el bastón de mando tenga palabra
colectiva y no una sola voluntad. Que el espejo refleje todo,
caminantes y camino, y sea, así, motivo de pensamiento
para dentro de uno mismo y para afuera del mundo.
De estas tres palabras vienen
todas las palabras, a estas tres se encadenan las vidas y muertes
de los hombres y mujeres verdaderos. Esa es la herencia que dieron
los dioses primeros, los que nacieron el mundo, a los hombres
y mujeres verdaderos. Más que herencia es una carga pesada,
una carga que hay quienes abandonan en mitad del camino y la
dejan botada nada más, como si cualquier cosa.
Los que abandonan esta herencia
rompen su espejo y caminan ciegos por siempre, sin saber nunca
más lo que son, de dónde vienen y a dónde
van. Pero hay quienes la llevan siempre la herencia de las tres
palabras primeras, caminan siempre como encorvados por el peso
de la espalda, como cuando el maíz, el café o la
leña ponen la mirada en el suelo.
Pequeños siempre por
tanta carga viendo siempre para abajo por tanto peso, los hombres
y mujeres verdaderos son grandes y miran para arriba. Con dignidad
miran y caminan los hombres y mujeres verdaderos, dicen.
Pero, para que la lengua verdadera
no se perdiera, los dioses primeros, los que hicieron el mundo,
dijeron que había que cuidar las tres primeras palabras.
Los espejos de la lengua podían romperse algún
día y entonces las palabras que parieron se romperían
igual que los espejos y quedaría el mundo sin palabras
que hablar o callar.
Así, antes de morirse
para vivir, los dioses primeros entregaron esas tres primeras
palabras a los hombres y mujeres del maíz para que las
cuidaran. Desde entonces, los hombres y mujeres verdaderos custodian
como herencia esas tres palabras. Para que no se olviden nunca,
las caminan, las luchan, las viven..."
Cuando se despertaron, el viejo
Antonio aliñaba un tepescuintle. En la fogata la leña
ardía y se secaba al mismo tiempo, mojada antes por la
lluvia y el sudor de la espalda del viejo Antonio.
Amanecía y, al levantarse,
Antonio hijo y Marcos sintieron que algo les pesaba sobre los
hombros. Desde entonces buscan cómo aliviar esa carga...
Todavía lo hacen...
Antonio hijo se despierta y
despereza. Sacude a Marcos que, sentado al pie de un ocote, se
durmió con la pipa entre los labios.
Los helicópteros y el
ladrido de los perros de caza espantan la mañana y el
sueño. Hay que seguir caminando... Hay que seguir soñando...
(Suscribe) Subcomandante
Marcos |