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Es el primero de enero en San
Cristóbal de las Casas. Una calle desierta no es de llamar
la atención, aunque luego las barricadas en el acceso
al zócalo dan las primeras pinceladas de algo que parece
un set cinematográfico: campesinos medio uniformados,
medio armados con escopetas y machetes, casi todos jóvenes,
muchísimas mujeres y comentarios aislados: esto es la
guerra, la revolución...
A ambos costados de las arcadas
había un par de combatientes distintos, no era necesario
ser egresado de escuela de periodismo para saber quiénes
eran los dirigentes, que pronto se vieron rodeados por curiosos.
Uno de esos dirigentes, tranquilo y de buen humor, pasó
toda la mañana contestando a los turistas las mismas preguntas.
Cubierto con un pasamontañas negro, protegido por un chaleco
azul (como los de los policías bancarios), una ametralladora
poco voluminosa y cuatro cargadores en las bolsas del chaleco,
respondía.
-- ¿Cuál es tu
rango dentro del EZLN?
-- Creí que no me lo
iban a preguntar (ríe); soy subcomandante... subcomandante
Marcos.
-- ¿Estás a cargo
de la operación?
-- Sólo en este lugar.
--¿Hay otros lugares?
-- Se tomaron varias plazas.
-- ¿Cuántas?
-- Cuatro cabeceras.
-- ¿Qué es lo
que piden?
-- ¿No han leído
los desplegados?
Todos los improvisados reporteros
fuimos a leer las papeletas que estaban pegadas en los muros
de la presidencia municipal y regresamos a buscar nuevamente
al subcomandante, que rodeado de un nuevo grupo respondía
a otras preguntas.
-- ¿Es un movimiento
nacional?
-- Sí.
-- ¿En qué otros
estados se levantaron?
-- En cuatro, y vamos a llegar
a la capital del país.
-- ¿Hubo bajas en la
toma?
-- Aquí no. Cuando llegamos,
los guardias salieron corriendo; en la policía disparamos
al aire y pedimos que se rindieran, pero nadie respondió
y, cuando entramos, estaba desalojado, salvo por los detenidos.
Con los judiciales intercambiamos fuego, pero huyeron.
-- ¿Ha intervenido el
ejército en algún lugar?
-- No, hasta donde sabemos.
-- ¿Cuántos miembros
componen el ejército (EZLN)?
-- Esa información no
la puedo dar.
-- ¿No te parece que
están muy mal armados para una guerra contra el ejército?
-- No.
-- ¿Quién está
detrás de todo esto?
-- El hambre y la injusticia.
-- Estos jóvenes ¿tienen
idea de lo que les espera si interviene el ejército?
-- ¿Por qué no
se los preguntas a ellos?
-- ¿Tienen apoyo de narcotraficantes?
-- No.
-- ¿Tienen entrenamiento
militar? -- refiriéndose a los campesinos.
-- Tenemos muchos años
preparándonos.
-- ¿Están dispuestos
a negociar?
-- Eso no lo decido yo.
-- ¿Quién?
-- Es un comité quien
toma las decisiones.
-- ¿Cuál es su
planteamiento para la comunidad civil?
-- Ustedes lo vieron; ni robamos
ni matamos ni violamos, tenemos claro quién es el enemigo.
-- El ejército ¿aceptó
su declaración de guerra?
-- No lo sabemos.
-- ¿Ha habido intento
de diálogo por parte de las autoridades?
-- Aquí en San Cristóbal
las autoridades huyeron.
-- ¿Existe diálogo
con el ejército?
-- No, no ha habido nada y nosotros
esperamos adhesiones; respetaremos rangos, también ellos
son pueblo y están jodidos.
-- ¿Hay detrás
algún partido político?
-- No.
-- ¿Está Samuel
Ruiz involucrado?
-- No, él no dio las
injusticias ni las armas.
-- ¿Cuánto permanecerán
aquí?
-- No lo sé, dos o tres
días.
-- ¿No han considerado
que probablemente la respuesta del gobierno sea de represión
para las comunidades indígenas?
-- De ser así volveremos
a destruir la ciudad.
-- ¿No es peligroso que
estén aquí tantos civiles?
-- Les hemos pedido que se vayan
porque puede haber enfrentamientos, pero ya ves.
-- ¿Valdrá la
pena el predecible desenlace?
Una de sus compañeras,
también encapuchada, lo llama, pues al parecer tiene una
comunicación por radio en el equipo que transportan en
una combi azul, y antes de cuatro pasos se vuelve con la respuesta.
-- La sangre derramada en busca
de justicia nunca es en vano.
Luego los mirones vamos a interrogar
a los indígenas, pero pocos animan un comentario.
Revista MIRA
17 de enero de 1994
Por Celso Santajuliana
páginas 12 y 13 |