LOS JESUITAS DE MÉXICO
ANTE
EL CONFLICTO EN EL ESTADO
DE CHIAPAS
Como jesuitas mexicanos, desde
los criterios de nuestra fe en el Dios de la vida, no podemos
permanecer indiferentes ante los acontecimientos recientes en
el estado de Chiapas. La violencia que provoca pérdida
de vidas humanas va en contra de los designios de este Dios en
el que creemos. Sin embargo, la violencia en Chiapas no comienza
con el brote armado del día primero de enero pasado. Una
historia secular de despojos, atropellos, marginación
y asesinatos, ha hecho víctimas a los pobladores pobres
de ese estado, particularmente a los indígenas.
Es, quizá, la razón
desesperada de los grupos indígenas la que ahora se manifiesta
como contraviolencia armada. De manera que nuestro rechazo a
la violencia si ha de ser justo, ha de atender a sus raíces.
La primera y fundamental violencia por condenar es la violencia
estructural --social, económica, política y cultural--
de la que han sido víctimas los grupos étnicos
y los sectores populares de Chiapas y de gran parte del territorio
nacional. No enfatizar esto sería soslayar el estado de
cosas que ha dado origen a la actual confrontación.
El trabajo de la Compañía
de Jesús en la diócesis de San Cristóbal
de las Casas, en comunión con su Pastor, ha buscado a
lo largo de 35 años anunciar la Buena Noticia de Jesús
y atemperar los lacerantes niveles de pobreza y de marginación
de las comunidades indígenas. En este esfuerzo traducimos
la opción central de la Compañía de Jesús:
el servicio de la fe y la promoción de la justicia que
la misma fe exige.
Compartimos este propósito
con la Iglesia local; que ha procurado encauzar las luchas de
los protagonistas indígenas por medios democráticos
y pacíficos, abiertos a la mirada de toda la sociedad.
Sin embargo, estos esfuerzos han sido frecuentemente rechazados
y malinterpretados por los grupos regionales de poder y por algunas
esferas del gobierno. Por eso tememos que en el futuro, personas
y organizaciones no involucradas en el conflicto, puedan sufrir
consecuencias del todo injustificadas, mal intencionadas y muy
dolorosas.
Un primer paso en la solución
del problema es el reconocimiento del enorme rezago que padecen
los indígenas de Chiapas. Durante muchos años y
en muy diversas formas, legales y de manifestación civil
pública, los indígenas han buscado el diálogo
demandando una respuesta eficiente a este rezago. Reconozcamos,
pues, que el problema es esencialmente social y político,
si bien se ha expresado ahora por vías violentas por la
estrechez de los cauces legales.
Por esto mismo, una solución
militar dejaría sin tocar las causas de fondo y no pondría
las bases para avanzar hacia la concordia y la paz duraderas
en ese estado. Es necesario abrir caminos de diálogo y
de real concertación en condiciones aceptables para las
partes involucradas.
Nos parece positivo que el Presidente
Salinas haya expresado su voluntad de garantizar la plena vigencia
del estado de derecho y el respeto a los derechos humanos de
la población civil y de los combatientes, así como
proteger la vida y trabajo de los representantes de los medios
informativos, para que el pueblo de México pueda ejercer
su derecho a estar debidamente informado.
Acciones como bombardeos aéreos,
bloqueo a la información, dificultad de acceso a los organismos
de Derechos Humanos y aislamiento de las comunidades indígenas,
parecen contradecir la voluntad expresada por el Gobierno nacional
para la solución política del conflicto.
Creemos que los acontecimientos
de Chiapas son una llamada de atención a toda la conciencia
nacional y una invitación a reflexionar sobre los riesgos
de continuar con una política modernizadora que beneficia
una élite en el poder, mientras que margina a las mayorías
populares del país. Son también un llamado para
que el gobierno tome en serio el camino de la democracia.
En consecuencia con lo anterior
pedimos:
AL GOBIERNO DE LA REPUBLICA:
que en coherencia con las medidas políticas tomadas recientemente,
establezca un cese al fuego inmediato y levante el estado de
sitio que, de hecho, ha impuesto a cerca de 2,000 comunidades
indígenas de Chiapas.
Consideramos que en este momento
urge una voluntad política que inicie caminos para ir
dejando el Instituto Federal Electoral (IFE) en manos de la sociedad
civil.
AL EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACION
NACIONAL: una posición clara y flexible que favorezca
un diálogo de reconciliación con miras a lograr
los cambios necesarios que lo llevaron a la decisión de
levantarse en armas.
A LOS MEDIOS DE COMUNICACION:
que mantengan informados veraz y completamente a todos los ciudadanos.
Hacemos un llamado especial a los medios televisivos para que,
más allá de sus intereses económicos, comuniquen
al país una imagen objetiva de los hechos.
A TODOS LOS CREYENTES: que como
Iglesias en México realicemos la autocrítica necesaria
de suerte que estemos más atentos a los dolores de nuestro
pueblo, lo sepamos acompañar y encontrar, con él,
caminos eficaces para lograr la justicia que merecen como hijos
de Dios.
A TODOS LOS MEXICANOS: que abramos
nuestra conciencia para superar el racismo que tenemos introyectado
y aceptar a los indígenas como hermanos, hijos de un mismo
Padre y como integrantes de la comunidad nacional, con idéntica
dignidad y derechos.
JOSE MORALES OROZCO,
S.J. Provincial.
Desplegado de los jesuitas de
México sobre el conflicto en Chiapas, publicado por el
periódico EL OCCIDENTAL de Guadalajara, el catorce de
enero de 1994. |