HAY LÍNEA CLARA DEL
GOBIERNO
A FAVOR DE UNA SALIDA POLÍTICA
Hace tres semanas se inició
el conflicto en Chiapas. Los hechos han ocurrido con tal velocidad
que no es sencillo para nadie interpretar lo ocurrido.
Hasta este momento y sólo
con el propósito de seguir dando cauce al esfuerzo de
paz, podría decirse que ha habido dos etapas.
La primera, la de la aparición
sorpresiva del EZLN en el terreno político y militar.
De parte del Estado mexicano la acción se concentró
en detener la ofensiva militar y resguardar las instalaciones
estratégicas, en los términos que establece la
Constitución.
La segunda etapa, igualmente
veloz, es la de una nueva orientación en las políticas
del gobierno para responder a la situación en Chiapas.
En esta segunda etapa ha habido
cambios en posiciones centrales para la conducción de
la política interior en el gobierno federal; una línea
clara para buscar una salida política; el inicio de una
estrategia de negociación basada en hechos, como mensajes
de concordia; el cese a toda iniciativa de fuego; los cambios
ocurridos en el gobierno de Chiapas; el principio de una redefinición
en la relación de las comunidades indígenas con
el gobierno, con la creación de una Comisión para
el Desarrollo y la Justicia de los Pueblos Indígenas.
La formación de consensos
entre las organizaciones sociales de productores en Chiapas;
la actividad de la Comisión Especial Autónoma;
la presencia en la zona del conflicto de la Comisión Plural
del Congreso de la Unión; la unificación de los
esfuerzos de los obispos de la Iglesia católica en favor
de la paz; la participación de las distintas iglesias
a través del Consejo Interreligioso de México.
Todo este conjunto de iniciativas
políticas ha estado acompañado de una verdadera
movilización cívica que se ha expresado en un gran
compromiso de los líderes de opinión y de los intelectuales
del país para con la situación de Chiapas, en importantes
movilizaciones ciudadanas a través de las más diversas
iniciativas de organizaciones no gubernamentales, de personalidades,
de artistas, universitarios, de trabajadores, todos en favor
de la paz.
Los grupos de derechos humanos
han tenido una destacada presencia en la zona. Chiapas ha estado
en el centro de atención de la opinión pública
nacional e internacional.
En unos cuantos días
hemos tenido cambios fuertes, reacción y modificaciones
en el estado de ánimo que varían entre el temor
a los riesgos que esta situación significa y la esperanza
respecto a una solución política en Chiapas, si
se comprende el mensaje que puede tener para el país como
punto de partida para una mayor concentración en los temas
de fondo y como principio de la posibilidad de avances democráticos
que mejoren la convivencia.
La posición que ha fijado
el Presidente de la República en esta etapa, el apoyo
del Congreso de la Unión a la pacificación, la
responsabilidad de todos los candidatos a la Presidencia de la
República y el compromiso con las comunidades de quienes
se han preocupado verdaderamente por los indígenas, ha
coadyuvado a que el cese a las iniciativas de fuego se haya podido
prolongar, y a que se eleve hoy el costo de reiniciar cualquier
otra acción armada. Ha habido una presencia política
del Estado y de la sociedad para resolver el conflicto por vías
políticas.
No obstante todos estos avances,
el dilema fundamental en Chiapas sigue siendo la facilidad como
se puede llegar a la violencia y la enorme dificultad que representa
construir un proceso de paz duradera. Sólo la política
y el compromiso moral de corresponsabilidad pueden deshacer el
nudo y ser el punto de confluencia de los nuevos amarres de la
democracia.
Hemos venido informando a la
opinión pública de cada uno de los avances. Sin
embargo, el día de ayer percibí ya signos de agotamiento
de esta estrategia que se reflejan en un exceso de atención
al detalle nuevo y no a la sustancia ni a la dirección.
Este principio de empantanamiento
de un proceso hacia la paz se refleja en tres inquietudes, de
cuya acertada respuesta dependerán el mantenimiento de
la confianza en la estrategia y los nuevos avances.
1. No obstante el alto nivel
de consenso que tiene la Ley de Amnistía existe una preocupación
seria respecto a si el procedimiento que se ha adoptado pudiera
convertirse en una camisa de fuerza que dificultara el proceso
mismo de la negociación.
Este es el punto medular de
los factores duros del conflicto, que de no aclararse, llevaría
a perder la gran oportunidad que representa la amnistía
y sus efectos benéficos inmediatos para facilitar el regreso
de los habitantes, que no militan en el EZLN, a sus comunidades
sin un clima de represalia.
2. ¿Cuál es la
agenda, pero sobre todo, cómo se puede dar salida a los
asuntos nacionales sin trastocar el orden legal y fortaleciendo
a las instituciones de la República?
3. Aunque es un asunto meramente
circunstancial, por el interés que los medios le dan a
este tema, se exige que este Comisionado aclare la relación
de su actividad con la política.
I. La amnistía es una
expresión clara de voluntad política para ir por
un rumbo político distinto al de la confrontación;
es un mensaje y una definición política fundamental
para frenar la guerra, disminuir los conflictos políticos
en las comunidades.
La amnistía contiene
garantías para el Estado, para quienes se verán
beneficiados y para la sociedad. Por eso es que se condiciona
su otorgamiento al cese de las hostilidades. Esto, que responde
a la voluntad de la representación nacional, tendrá
que contar con una instrumentación imaginativa y ágil
para cumplir con los requisitos de su otorgamiento.
He venido escuchando distintas
propuestas que enriquecerán enormemente el funcionamiento
de la Comisión, de las cuales informaré a su presidente,
el Secretario de Gobernación.
Estas propuestas deben llevar
a convertir a esta definición de fondo en un proceso en
donde lo que se necesita es que en vez de someter todo a la negociación,
máxima última, se diseñe el procedimiento
mediante el cual se establezcan las instancias generadoras de
confianza que valoren los planteamientos que se hagan y lleven
en la dirección que ambas partes persiguen.
Para tal propósito, la
participación de don Samuel Ruiz coadyuvará a que,
por su mediación, el EZLN aporte propuestas que faciliten
la aplicación de la Ley de Amnistía.
II) Agenda. El EZLN inició
su lucha pública con unos puntos programáticos
que el propio desarrollo de los hechos ha ido transformando.
Seguramente en su momento ellos harán su propia evaluación
y definirán su propuesta.
Sin embargo, lo que queda claro
es que estos hechos, independientemente de quién los haya
propuesto, sacaron a la luz pública dos agendas de cuyo
cumplimiento dependerá la consolidación del proceso
de paz. Hay una agenda regional y hay una agenda nacional.
La agenda chiapaneca contiene
aspiraciones relacionadas con la solución al problema
agrario; una verdadera reducción del problema de marginación;
mejores condiciones de salud y educación; derechos de
las mujeres; proyectos productivos; infraestructura en las zonas
indígenas; participación de las comunidades en
la definición de sus prioridades y proyectos; cambio en
las prioridades de la acción pública para dar una
mayor importancia a las regiones indígenas; respeto a
su identidad; mejoramiento en la procuración e impartición
de justicia; sometimiento de grupos locales de poder a la ley;
avance democrático.
La realización de estos
cambios, ciertamente será una tarea muy compleja que habrá
de redefinir, en buena medida, la relación entre las comunidades
y las instituciones en Chiapas. En la medida que estos cambios
resulten del consenso y se traduzcan en una cadena de hechos,
se irá paulatinamente creando una nueva convivencia en
Chiapas.
Cada uno de estos cambios será
difícil. Sin embargo, hay un clima nacional favorable
para que se lleven a cabo cambios en Chiapas. Se les considera
necesarios.
En cambio, en lo que se refiere
a la agenda nacional, es necesario aclarar la conexión
de ésta con la agenda de Chiapas para no cancelar posibilidades
de cambio en la nación y avances de la paz en Chiapas.
Asociar el cambio nacional a la dinámica de un movimiento
armado es inaceptable para una idea democrática de gobierno.
Para todas las fuerzas políticas
del país está claro que bajo la presión
de una fuerza armada, un régimen político no se
democratiza. Pero al mismo tiempo, hay un consenso generalizado
respecto a la necesidad de que el país realice cambios
sociopolíticos, que cree nuevos espacios de legitimidad
y participación con cuya realización pierden sentido
los enfrentamientos violentos.
La lógica de la República
hoy es tener sensibilidad para reconocer los estímulos
del cambio y confundir el cambio a través de las reformas.
Estoy seguro que la agenda nacional
irá fluyendo como resultado de las iniciativas de una
sociedad civil activa y movilizada, de una opinión pública
muy aguda, de las iniciativas de los partidos políticos
y del papel que estarán desempeñando las instituciones
republicanas.
Si la República escuchó
un ¡Ya basta! desde Chiapas, tendrá que enviar --la
República-- de regreso, un mensaje de cambio sociopolítico
responsable. Así el restablecimiento de la paz y la reconciliación
en Chiapas, las nuevas respuestas de justicia para Chiapas y
para las comunidades indígenas del país podrán
ser compartidas con el mantenimiento de un clima de confianza
en la economía nacional y la construcción de la
legitimación democrática de los poderes públicos.
Aunque desde luego seguirá
persistiendo el riesgo de la confrontación violenta en
Chiapas mientras no se concluyan acuerdos definitivos, es claro
que de continuarse la acción política por todas
estas vías, avanzarán la paz y la reconciliación.
III) El Comisionado. Aunque
como dije, éste es sólo un asunto circunstancial,
cada vez que regreso a la ciudad de México alentado por
los avances en el proceso de pacificación de Chiapas,
me encuentro con una ola de las más diversas interpretaciones
sobre las consecuencias políticas nacionales de mi acción
en este estado.
Entiendo cuáles pudieran
ser las preocupaciones. Pienso sin embargo, que contribuir a
una salida política de este conflicto es indispensable
para contar con un clima político favorable durante 1994.
No he querido opinar sobre asuntos
políticos partidistas ni sobre el proceso electoral, porque
he considerado que cualquier declaración arreciaría
los comentarios y reduciría mi efectividad como Comisionado
para la Paz. Me veo ahora obligado a hacerlo porque el tema está
terminando por complicar una tarea importante para todos.
Por estas inquietudes, se ha
generado una contradicción que está separando las
preocupaciones de la gente en favor de la paz, de la preocupación
explicable de quienes evalúan los efectos políticos
que ello puede tener.
La gente quiere compromisos
personales en favor de la paz, que se le dé la cara, se
corran riesgos si es necesario, que se le informe con regularidad,
que se presente la información y también su contexto,
todo ello para apoyar mejor el proceso de paz.
Eso es lo que quiere la sociedad.
Eso es una necesidad en la construcción de un proceso
tan complejo de paz como el de Chiapas.
Entiendo la preocupación
de quienes analizan la política. Pero estamos ante uno
de los fenómenos más visibles e impactantes de
la vida política de los últimos años. Sería
imposible ayudar a su conducción sin estar presentes en
las preocupaciones de la opinión pública; tenemos
que jugar papeles distintos, nuevos, cada uno hacer la parte
que le toca. Así es la política que nos tocó
en estos momentos de la historia de México.
Hagamos cada uno la política
que nos tocó, no por nosotros, sino por el país.
Hagámosla bien.
Estoy dedicado por completo
a esta tarea. Sólo a ella me dedicaré mientras
pueda ser verdaderamente útil.
Muchas gracias.
Manuel Camacho Solís.
Conferencia de prensa concedida
por el Comisionado Manuel Camacho Solís, el 23 de enero
de 1994. |