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CONFERENCIA DE PRENSA DE
MANUEL CAMACHO SOLÍS
Enero 23, 1994


HAY LÍNEA CLARA DEL GOBIERNO
A FAVOR DE UNA SALIDA POLÍTICA

Hace tres semanas se inició el conflicto en Chiapas. Los hechos han ocurrido con tal velocidad que no es sencillo para nadie interpretar lo ocurrido.

Hasta este momento y sólo con el propósito de seguir dando cauce al esfuerzo de paz, podría decirse que ha habido dos etapas.

La primera, la de la aparición sorpresiva del EZLN en el terreno político y militar. De parte del Estado mexicano la acción se concentró en detener la ofensiva militar y resguardar las instalaciones estratégicas, en los términos que establece la Constitución.

La segunda etapa, igualmente veloz, es la de una nueva orientación en las políticas del gobierno para responder a la situación en Chiapas.

En esta segunda etapa ha habido cambios en posiciones centrales para la conducción de la política interior en el gobierno federal; una línea clara para buscar una salida política; el inicio de una estrategia de negociación basada en hechos, como mensajes de concordia; el cese a toda iniciativa de fuego; los cambios ocurridos en el gobierno de Chiapas; el principio de una redefinición en la relación de las comunidades indígenas con el gobierno, con la creación de una Comisión para el Desarrollo y la Justicia de los Pueblos Indígenas.

La formación de consensos entre las organizaciones sociales de productores en Chiapas; la actividad de la Comisión Especial Autónoma; la presencia en la zona del conflicto de la Comisión Plural del Congreso de la Unión; la unificación de los esfuerzos de los obispos de la Iglesia católica en favor de la paz; la participación de las distintas iglesias a través del Consejo Interreligioso de México.

Todo este conjunto de iniciativas políticas ha estado acompañado de una verdadera movilización cívica que se ha expresado en un gran compromiso de los líderes de opinión y de los intelectuales del país para con la situación de Chiapas, en importantes movilizaciones ciudadanas a través de las más diversas iniciativas de organizaciones no gubernamentales, de personalidades, de artistas, universitarios, de trabajadores, todos en favor de la paz.

Los grupos de derechos humanos han tenido una destacada presencia en la zona. Chiapas ha estado en el centro de atención de la opinión pública nacional e internacional.

En unos cuantos días hemos tenido cambios fuertes, reacción y modificaciones en el estado de ánimo que varían entre el temor a los riesgos que esta situación significa y la esperanza respecto a una solución política en Chiapas, si se comprende el mensaje que puede tener para el país como punto de partida para una mayor concentración en los temas de fondo y como principio de la posibilidad de avances democráticos que mejoren la convivencia.

La posición que ha fijado el Presidente de la República en esta etapa, el apoyo del Congreso de la Unión a la pacificación, la responsabilidad de todos los candidatos a la Presidencia de la República y el compromiso con las comunidades de quienes se han preocupado verdaderamente por los indígenas, ha coadyuvado a que el cese a las iniciativas de fuego se haya podido prolongar, y a que se eleve hoy el costo de reiniciar cualquier otra acción armada. Ha habido una presencia política del Estado y de la sociedad para resolver el conflicto por vías políticas.

No obstante todos estos avances, el dilema fundamental en Chiapas sigue siendo la facilidad como se puede llegar a la violencia y la enorme dificultad que representa construir un proceso de paz duradera. Sólo la política y el compromiso moral de corresponsabilidad pueden deshacer el nudo y ser el punto de confluencia de los nuevos amarres de la democracia.

Hemos venido informando a la opinión pública de cada uno de los avances. Sin embargo, el día de ayer percibí ya signos de agotamiento de esta estrategia que se reflejan en un exceso de atención al detalle nuevo y no a la sustancia ni a la dirección.

Este principio de empantanamiento de un proceso hacia la paz se refleja en tres inquietudes, de cuya acertada respuesta dependerán el mantenimiento de la confianza en la estrategia y los nuevos avances.

1. No obstante el alto nivel de consenso que tiene la Ley de Amnistía existe una preocupación seria respecto a si el procedimiento que se ha adoptado pudiera convertirse en una camisa de fuerza que dificultara el proceso mismo de la negociación.

Este es el punto medular de los factores duros del conflicto, que de no aclararse, llevaría a perder la gran oportunidad que representa la amnistía y sus efectos benéficos inmediatos para facilitar el regreso de los habitantes, que no militan en el EZLN, a sus comunidades sin un clima de represalia.

2. ¿Cuál es la agenda, pero sobre todo, cómo se puede dar salida a los asuntos nacionales sin trastocar el orden legal y fortaleciendo a las instituciones de la República?

3. Aunque es un asunto meramente circunstancial, por el interés que los medios le dan a este tema, se exige que este Comisionado aclare la relación de su actividad con la política.

I. La amnistía es una expresión clara de voluntad política para ir por un rumbo político distinto al de la confrontación; es un mensaje y una definición política fundamental para frenar la guerra, disminuir los conflictos políticos en las comunidades.

La amnistía contiene garantías para el Estado, para quienes se verán beneficiados y para la sociedad. Por eso es que se condiciona su otorgamiento al cese de las hostilidades. Esto, que responde a la voluntad de la representación nacional, tendrá que contar con una instrumentación imaginativa y ágil para cumplir con los requisitos de su otorgamiento.

He venido escuchando distintas propuestas que enriquecerán enormemente el funcionamiento de la Comisión, de las cuales informaré a su presidente, el Secretario de Gobernación.

Estas propuestas deben llevar a convertir a esta definición de fondo en un proceso en donde lo que se necesita es que en vez de someter todo a la negociación, máxima última, se diseñe el procedimiento mediante el cual se establezcan las instancias generadoras de confianza que valoren los planteamientos que se hagan y lleven en la dirección que ambas partes persiguen.

Para tal propósito, la participación de don Samuel Ruiz coadyuvará a que, por su mediación, el EZLN aporte propuestas que faciliten la aplicación de la Ley de Amnistía.

II) Agenda. El EZLN inició su lucha pública con unos puntos programáticos que el propio desarrollo de los hechos ha ido transformando. Seguramente en su momento ellos harán su propia evaluación y definirán su propuesta.

Sin embargo, lo que queda claro es que estos hechos, independientemente de quién los haya propuesto, sacaron a la luz pública dos agendas de cuyo cumplimiento dependerá la consolidación del proceso de paz. Hay una agenda regional y hay una agenda nacional.

La agenda chiapaneca contiene aspiraciones relacionadas con la solución al problema agrario; una verdadera reducción del problema de marginación; mejores condiciones de salud y educación; derechos de las mujeres; proyectos productivos; infraestructura en las zonas indígenas; participación de las comunidades en la definición de sus prioridades y proyectos; cambio en las prioridades de la acción pública para dar una mayor importancia a las regiones indígenas; respeto a su identidad; mejoramiento en la procuración e impartición de justicia; sometimiento de grupos locales de poder a la ley; avance democrático.

La realización de estos cambios, ciertamente será una tarea muy compleja que habrá de redefinir, en buena medida, la relación entre las comunidades y las instituciones en Chiapas. En la medida que estos cambios resulten del consenso y se traduzcan en una cadena de hechos, se irá paulatinamente creando una nueva convivencia en Chiapas.

Cada uno de estos cambios será difícil. Sin embargo, hay un clima nacional favorable para que se lleven a cabo cambios en Chiapas. Se les considera necesarios.

En cambio, en lo que se refiere a la agenda nacional, es necesario aclarar la conexión de ésta con la agenda de Chiapas para no cancelar posibilidades de cambio en la nación y avances de la paz en Chiapas. Asociar el cambio nacional a la dinámica de un movimiento armado es inaceptable para una idea democrática de gobierno.

Para todas las fuerzas políticas del país está claro que bajo la presión de una fuerza armada, un régimen político no se democratiza. Pero al mismo tiempo, hay un consenso generalizado respecto a la necesidad de que el país realice cambios sociopolíticos, que cree nuevos espacios de legitimidad y participación con cuya realización pierden sentido los enfrentamientos violentos.

La lógica de la República hoy es tener sensibilidad para reconocer los estímulos del cambio y confundir el cambio a través de las reformas.

Estoy seguro que la agenda nacional irá fluyendo como resultado de las iniciativas de una sociedad civil activa y movilizada, de una opinión pública muy aguda, de las iniciativas de los partidos políticos y del papel que estarán desempeñando las instituciones republicanas.

Si la República escuchó un ¡Ya basta! desde Chiapas, tendrá que enviar --la República-- de regreso, un mensaje de cambio sociopolítico responsable. Así el restablecimiento de la paz y la reconciliación en Chiapas, las nuevas respuestas de justicia para Chiapas y para las comunidades indígenas del país podrán ser compartidas con el mantenimiento de un clima de confianza en la economía nacional y la construcción de la legitimación democrática de los poderes públicos.

Aunque desde luego seguirá persistiendo el riesgo de la confrontación violenta en Chiapas mientras no se concluyan acuerdos definitivos, es claro que de continuarse la acción política por todas estas vías, avanzarán la paz y la reconciliación.

III) El Comisionado. Aunque como dije, éste es sólo un asunto circunstancial, cada vez que regreso a la ciudad de México alentado por los avances en el proceso de pacificación de Chiapas, me encuentro con una ola de las más diversas interpretaciones sobre las consecuencias políticas nacionales de mi acción en este estado.

Entiendo cuáles pudieran ser las preocupaciones. Pienso sin embargo, que contribuir a una salida política de este conflicto es indispensable para contar con un clima político favorable durante 1994.

No he querido opinar sobre asuntos políticos partidistas ni sobre el proceso electoral, porque he considerado que cualquier declaración arreciaría los comentarios y reduciría mi efectividad como Comisionado para la Paz. Me veo ahora obligado a hacerlo porque el tema está terminando por complicar una tarea importante para todos.

Por estas inquietudes, se ha generado una contradicción que está separando las preocupaciones de la gente en favor de la paz, de la preocupación explicable de quienes evalúan los efectos políticos que ello puede tener.

La gente quiere compromisos personales en favor de la paz, que se le dé la cara, se corran riesgos si es necesario, que se le informe con regularidad, que se presente la información y también su contexto, todo ello para apoyar mejor el proceso de paz.

Eso es lo que quiere la sociedad. Eso es una necesidad en la construcción de un proceso tan complejo de paz como el de Chiapas.

Entiendo la preocupación de quienes analizan la política. Pero estamos ante uno de los fenómenos más visibles e impactantes de la vida política de los últimos años. Sería imposible ayudar a su conducción sin estar presentes en las preocupaciones de la opinión pública; tenemos que jugar papeles distintos, nuevos, cada uno hacer la parte que le toca. Así es la política que nos tocó en estos momentos de la historia de México.

Hagamos cada uno la política que nos tocó, no por nosotros, sino por el país. Hagámosla bien.

Estoy dedicado por completo a esta tarea. Sólo a ella me dedicaré mientras pueda ser verdaderamente útil.

Muchas gracias.

Manuel Camacho Solís.

 

 

Conferencia de prensa concedida por el Comisionado Manuel Camacho Solís, el 23 de enero de 1994.  


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