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A las Organizaciones que forman
la
Coordinadora Nacional de Acción Cívica
para la Liberación Nacional (CONAC-LN)
México, D.F.
De Comité Clandestino
Revolucionario Indígena
Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional
Montañas del sureste mexicano,
Chiapas, México
Hermanos:
Recibimos su carta del 9 de
febrero de 1994. Grande es nuestro honor y nuestras frentes se
inclinan al reconocer las palabras de nuestro General Emiliano
Zapata en la boca de obreros, campesinos, estudiantes, maestros
e intelectuales, hombres y mujeres honestos que forman la Coordinadora
Nacional de Acción Cívica para la Liberación
Nacional (CONAC-LN).
Siguiendo las palabras del jefe
Zapata nosotros llamamos al pueblo de México a que apoyara
la justa causa que anima el canto de nuestros fusiles. Saludamos
con respeto el retorno de este llamado a la unidad que viene
de otras partes de nuestro país.
Hermanos:
Durante años y años
cosechamos la muerte de los nuestros en los campos chiapanecos,
nuestros hijos morían por una fuerza que desconocíamos,
nuestros hombres y mujeres caminaban en la larga noche de la
ignorancia que una sombra tendía sobre nuestros pasos,
nuestros pueblos caminaban sin verdad ni entendimiento. Iban
nuestros pasos sin destino, solos vivíamos y moríamos.
Los más viejos de los
viejos de nuestros pueblos nos hablaron palabras que venían
de muy lejos, de cuando nuestras vidas no eran, de cuando nuestra
voz era callada. Y caminaba la verdad en las palabras de los
más viejos de los viejos de nuestros pueblos.
Y aprendimos en su palabra de
los más viejos de los viejos que la larga noche de dolor
de nuestras gentes venía de las manos y palabras de los
poderosos, que nuestra miseria era riqueza para unos cuantos,
que sobre los huesos y el polvo de nuestros antepasados y de
nuestros hijos se construyó una casa para los poderosos,
y que esa casa no podía entrar nuestro paso, y que la
luz que la iluminaba se alimentaba de la oscuridad de los nuestros,
y que la abundancia de su mesa se llenaba con el vacío
de nuestros estómagos, y que sus lujos eran paridos por
nuestra miseria, y que la fuerza de sus techos y paredes se levantaba
sobre la fragilidad de nuestros cuerpos, y que la salud que llenaba
sus espacios venía de la muerte nuestra, y que la sabiduría
que ahí vivía de nuestra ignorancia se nutría,
que la paz que la cobijaba era guerra para nuestras gentes, que
vocaciones extranjeras la llevaban lejos de nuestra tierra y
nuestra historia.
Pero la verdad que seguía
los pasos de la palabra de los más viejos de los viejos
de nuestros pueblos no era sólo de dolor y muerte. En
su palabra de los más viejos de los viejos venía
también la esperanza para nuestra historia. Y apareció
en su palabra de ellos la imagen de uno como nosotros: Emiliano
Zapata. Y en ella vimos el lugar a donde nuestros pasos debían
caminar para ser verdaderos, y a nuestra sangre volvió
nuestra historia de lucha, y nuestras manos se llenaron de los
gritos de las gentes nuestras, y a nuestras bocas llegó
otra vez la dignidad, y en nuestros ojos vimos un mundo nuevo.
Y entonces nos hicimos soldados,
nuestro suelo se cubrió de guerra, nuestros pasos echaron
a andar de nuevo armados con plomo y fuego, el temor fue enterrado
junto a nuestros muertos de antes, y vimos de llevar nuestra
voz a la tierra de los poderosos, y cargamos nuestra verdad para
sembrarla en medio de la tierra donde gobierna la mentira, a
la ciudad llegamos cargando nuestros muertos para mostrarlos
a los ojos ciegos de nuestros compatriotas, de los buenos y los
malos, de los sabios y de los ignorantes, de los poderosos y
los humildes, de los gobiernos y los gobernados.
Nuestros gritos de guerra abrieron
los sordos oídos del supremo gobierno y sus cómplices.
Antes, por años y años, nuestra voz de paz digna
no pudo bajar de las montañas, los gobiernos levantaron
altas y fuertes paredes para esconderse de nuestra muerte y nuestra
miseria. Nuestra fuerza debió romper esas paredes para
entrar otra vez a nuestra historia, a la que nos habían
arrebatado junto a la dignidad y la razón de nuestros
pueblos.
En ese primer golpe a los muros
sordos de los que todo tienen, la sangre de los nuestros, nuestra
sangre, corrió generosa para lavar la injusticia que vivíamos.
Para vivir morimos. Volvieron nuestros muertos a andar pasos
de verdad. Con lodo y sangre se abonó nuestra esperanza.
Pero la palabra de los más
viejos de los viejos de nuestros pueblos no se detuvo. Habló
la verdad diciendo que nuestros pasos no podían caminar
solos, que en la carne y sangre de hermanos de otras tierras
y cielos nuestra historia de dolor y pena se repetía y
multiplicaba.
"Lleven su voz a otros
oídos desposeídos, lleven su lucha a otras luchas.
Hay otro techo de injusticia sobre el que cubre nuestro dolor",
dijeron así los más viejos de los viejos de nuestros
pueblos. Vimos en estas palabras que si nuestra lucha era sola
otra vez, de nuevo sería inútil. Por eso encauzamos
nuestra sangre y el paso de nuestros muertos a encontrar el camino
de los otros pasos que con verdad camina. Nada somos si solos
caminamos, todo seremos si nuestros pasos caminan junto a otros
pasos dignos.
Hermanos, así llegó
nuestro pensamiento a nuestras manos y a nuestros labios. Y así
empezamos a caminar. Que vengan sus pasos hacia nosotros, hermanos
de la Coordinadora Nacional de Acción Cívica para
la Liberación Nacional, nuestro corazón está
ya abierto a su palabra y a su verdad.
Poco tenemos que ofrecerles
nosotros a ustedes pues sigue siendo muy grande la pobreza de
nuestras tierras y muy pequeño nuestro lugar en la historia
de México. Pero junto a su paso de ustedes y de todas
las personas buenas de este mundo habremos de crecer y encontrar
al fin el lugar que nuestra dignidad y nuestra historia merecen.
Salud hermanos de la CONAC-LN.
¡Libertad!
¡Justicia!
¡Democracia!
Respetuosamente
Desde las montañas del
sureste mexicano.
Comité Clandestino Revolucionario Indígena.
Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional.
México, Febrero
de 1994.
(Suscribe)
Subcomandante Marcos
Comunicado del Comité
Clandestino
Revolucionario Indígena
Comandancia General del
Ejército Zapatista de Liberación Nacional
a 14 de febrero de 1994 |