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OBISPO SAMUEL RUIZ:
Buenas tardes o quizá
más bien buenas noches a todos ustedes. Estimados amigos
de los medios de comunicación, en el ámbito nacional
como en el ámbito internacional:
Hoy, a partir de las 9:00 horas,
el Ejército Zapatista de Liberación Nacional presentó
su pliego de peticiones sobre puntos nacionales, aspectos relacionados
con etnias y asuntos referentes a las regiones de Chiapas.
Por su parte, el comisionado
para la Paz, licenciado Manuel Camacho Solís, presentó
una respuesta general al pliego de peticiones.
A partir de esta respuesta global,
se organiza el trabajo subsiguiente para preparar concreciones
en función de acuerdos futuros.
El trabajo avanza con gran responsabilidad
de ambas partes. Todo nos permite augurar resultados positivos.
Este es mi informe como mediador, ante ustedes.
SUBCOMANDANTE MARCOS:
Buenas noches. Va a tardar un
poco, así que cambien los cassettes; los censores que
preparen las tijeras, que el Comité Clandestino Revolucionario
Indígena - Comandancia General del Ejército Zapatista
de Liberación Nacional quiere decir algunas cosas antes
de decir en su palabra, en general sobre lo que está ocurriendo
en esta mesa de diálogo, aprovechando que aquí
están presentes los principales medios de comunicación.
Primero nos hemos enterado que
hay alguien que se dice miembro de nuestro Ejército, que
está en los Estados Unidos de Norteamérica haciéndose
portavoz como combatiente de nuestro Ejército. Esto es
falso. No tenemos combatientes en otros países haciendo
este tipo de trabajo.
El segundo punto es que el veto
que había acordado nuestro Ejército a los autodenominados
noticiarios de una cadena televisiva se mantienen, no sabemos
cómo está llegando la señal ahí.
Nada más les recuerdo que digan: ¡No a la Piratería!.
No podemos hacer nada, nosotros no tenemos satélites para
intervenir esa señal, pero sí que quede claro que
no es con aprobación nuestra.
Queremos dirigirnos otra vez
a todo México y a los pueblos hermanos del mundo, aprovechando
que están ustedes aquí, la prensa nacional e internacional,
con estas palabras:
Por mi voz habla la voz del
Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Cuando
bajamos de las montañas cargando a nuestras mochilas,
a nuestros muertos y a nuestra historia, venimos a la ciudad
a buscar la Patria. La Patria que nos había olvidado en
el último rincón del país; el rincón
más solitario, el más pobre, el más sucio,
el peor.
Venimos a preguntarle a la Patria,
a nuestra Patria, ¿por qué nos dejó ahí
tantos y tantos años? ¿Por qué nos dejó
ahí con tantas muertes? Y queremos preguntarle otra vez,
a través de ustedes, ¿por qué es necesario
matar y morir para que ustedes, y a través de ustedes
todo el mundo, escuchen a Ramona --que está aquí--
decir cosas tan terribles como que las mujeres indígenas
quieren vivir, quieren estudiar, quieren hospitales, quieren
medicinas, quieren escuelas, quieren alimento, quieren respeto,
quieren justicia, quieren dignidad?
¿Por qué es necesario
matar y morir para que pueda venir Ramona y puedan ustedes poner
atención a lo que ella dice? ¿Por qué es
necesario que Laura, Ana María, Irma, Elisa, Silvia y
tantas y tantas mujeres indígenas hayan tenido que agarrar
un arma, hacerse soldados, en lugar de hacerse doctoras, licenciadas,
ingenieros, maestras?
¿Por qué es necesario
que mueran los que murieron? ¿Por qué es necesario
matar y morir? ¿Qué ocurre en este país?
Y hablamos a todos: a los gobernantes y a los gobernados. ¿Qué
ocurre en este país que es necesario matar y morir para
decir unas palabras pequeñas y verdaderas sin que se pierdan
en el olvido?
Venimos a la ciudad armados
de verdad y fuego, para hablar con la violencia el día
primero de este año. Hoy volvemos a la ciudad para hablar
otra vez, pero no con fuego; quedaron en silencio nuestras armas
de fuego y muerte, y se abrió el camino para que la palabra
volviera a reinar en el lugar donde nunca debió de irse:
nuestro suelo.
Venimos a la ciudad y encontramos
esta bandera, nuestra bandera. Eso encontramos; no encontramos
dinero, no encontramos riquezas, no encontramos nadie que nos
escuchara otra vez. Encontramos la ciudad vacía y sólo
encontramos esta bandera.
Venimos a la ciudad y encontramos
esta bandera y vimos que bajo esta bandera vive la Patria; no
la Patria que ha quedado olvidada en los libros y en los museos,
sino la que vive, la única, la dolorosa, la de la esperanza.
Esta es la bandera de México,
nuestra bandera. Bajo esta bandera vive y muere una parte del
país, cuya existencia era ignorada y despreciada por los
poderosos; muertes y muertes se iban sumando bajo el cielo de
esta bandera, sin que otros mexicanos voltearan: ustedes.
¿Por qué tenemos
que dormir con las botas puestas y el alma en un hilo cuidando
esta bandera? ¿Por qué brincamos selva, montañas,
valles, cañadas, caminos reales y carreteras cargando
y cuidando esta bandera? ¿Por qué la traemos con
nosotros como la única esperanza de democracia, libertad
y justicia? ¿Por qué las armas acompañan
y velan día y noche esta bandera, nuestra bandera? ¿Por
qué?
Y nosotros queremos preguntarles
si hay otra forma de vivir bajo esta bandera, otra forma de vivir
con dignidad y justicia bajo esta bandera. Ustedes nos han dicho
que sí; nos han hablado con palabras de verdad, nos hablan
al corazón diciendo: denle una oportunidad a la paz.
Nosotros hemos recibido su mensaje
y hemos venido aquí con ánimo verdadero y honesto.
No traemos dos corazones, no hay fuerzas oscuras detrás
nuestro ni venimos aquí buscando otra cosa que no sea
hablar y escuchar sin armas.
Cuando nosotros nos sentamos
a la mesa del diálogo con el mediador, el obispo don Samuel
Ruiz, y el comisionado para la Paz, licenciado Manuel Camacho
Solís, nos desarmamos, dejamos nuestras armas a un lado
y entramos y hablamos de hombre a hombre, sin armas de por medio,
sin amenazas ni presiones.
Si traemos armas ahorita o cuando
no estamos en la mesa del diálogo, son armas personales
únicamente para defendernos en caso de que haya una agresión
de alguna gente que se sienta agredida u ofendida por nuestra
palabra de verdad y de justicia.
Ustedes nos han dicho que le
demos una oportunidad a la paz y nosotros hemos venido aquí
con ánimo verdadero y honesto. Si hay otro camino al mismo
sitio, al lugar donde esta bandera ondeé con democracia,
libertad y justicia, muéstrenlo.
No jugaremos con la sangre de
los nuestros. Si es posible lograr que esta bandera, nuestra
bandera, su bandera de ustedes, se eleve con dignidad, sin que
sea necesaria la muerte que abona el suelo en que se planta,
sea.
Abriremos esa puerta y seguiremos
caminando con otros pasos. Si es posible que no sean ya necesarias
ni las armas ni los Ejércitos, sin que haya sangre y fuego
para lavar la historia, sea.
Pero si no. ¿Y si nos
vuelven a cerrar todas las puertas? ¿Y si la palabra no
logra saltar los muros de la soberbia y de la incomprensión?
¿Y si la paz no es digna
y verdadera, quién --preguntamos-- nos negará el
sagrado derecho de vivir y morir como hombres y mujeres dignos
y verdaderos? ¿Quién nos impedirá entonces
vestirnos otra vez de guerra y muerte para caminar la historia?
¿Quién?
Ustedes tienen la palabra: los
que gobiernan y los gobernados, los pueblos todos de este mundo.
Respondan ustedes, sabremos escuchar. Les pedimos que den un
lugar en su corazón de ustedes para nuestro pensamiento;
no nos dejen solos. Con ustedes, todo somos. Sin ustedes, somos
otra vez ese rincón sucio y olvidado de la patria.
Nosotros, el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional, hemos venido con la
misma esperanza con la que venimos el día primero de este
año; no la esperanza del poder, no la esperanza del beneficio
para unos cuantos, sino la esperanza de una paz con justicia,
dignidad, democracia y libertad.
Por eso nos hicimos soldados,
para que un día no sean necesarios los soldados. Escogimos
este camino suicida de una profesión cuyo objetivo es
desaparecer: soldados que son soldados para que un día
ya nadie tenga que ser soldado.
Y es por esta bandera que nosotros
nos hicimos soldados. Pero si ahora nuestro pueblo, nuestra gente,
ustedes, nos dicen que es posible hacer esto sin que haya muerte
y sangre, nosotros venimos a escuchar y a aprender también
de ustedes.
La Patria, no esa idea que está
entre letras y libros; la Patria que queremos todos, tiene que
nacer otra vez. En nuestros despojos, en nuestros cuerpos rotos,
en nuestros muertos y en nuestra esperanza tendrá que
levantarse otra vez esta bandera.
Pase lo que pase, nosotros sabemos
que en este largo y doloroso parto de la historia, algo y todo
pusimos. No hay dolor que no sólo riman, sino que se hermanan
y juntos marchan.
Por eso somos soldados que quieren
dejar de ser soldados, porque los muertos de antes y de mañana,
los vivos de hoy y de siempre, los de todos que llamamos pueblo
y Patria, los sin nada, los perdedores de siempre antes de mañana,
nosotros, los sin nombre, los sin rostro, podamos cultivar el
poderoso árbol del amor que es viento que limpia y sana;
no el amor pequeño y egoísta, el gran decir, el
que mejora y que engrandece.
Cultivar entre nosotros el árbol
del amor, el árbol del deber, en este cultivo poner la
vida toda, cuerpo y alma, aliento y esperanza. Ustedes nos han
dicho que es posible llegar a esto sin la guerra, que es posible
que la paz abra la puerta de la esperanza para nuestros pueblos;
los escuchamos a todos, los gobernantes y los gobernados.
Estamos dispuestos a ver si
otra puerta se abre, y si es verdadera la seguiremos. Así
venimos aquí, con ese ánimo, y con ese ánimo
hemos hablado y le hemos dicho al gobierno nuestras demandas:
democracia, libertad y justicia. Vemos en él la disposición
de escuchar y la disposición de buscar un camino. Y ese
es el que estamos buscando ahorita.
Queremos decirle al pueblo de
México, y a los pueblos y gobiernos del mundo, a ustedes,
representantes de la prensa nacional e internacional, que el
diálogo va por buen camino. Hemos encontrado oídos
que nos escuchan y ánimo verdadero de buscar una solución.
Quería referirme yo a
la preocupación que existe por nuestros rostros y nuestras
armas. No entendemos por qué se preocupan tanto de nuestros
rostros si antes del primero de enero no existían para
ustedes: ni Ramona, ni Felipe, ni David, ni Eduardo, ni Ana María,
ni nadie existía para este país el día primero
de enero.
Pero si quieren saber qué
rostro hay detrás del pasamontañas, es muy sencillo:
tomen un espejo y véanlo. Nosotros queremos decirles a
ustedes, a los que han dicho la verdad, no a los que han seguido
el camino de la mentira, que si la muerte se detuvo el día
que se detuvo, fue gracias a ustedes y a la gente que hay detrás
de ustedes.
Pedimos, como hermanos, que
sigan diciendo la verdad, los que dicen la verdad; y si es posible,
que los que dicen la mentira, no pongan tanto énfasis
en la mentira. Queremos que apoyen este diálogo que se
da, queremos que hablen claramente lo que decimos nosotros. Lo
que estamos diciendo es la verdad, no es bueno buscar dobleces
donde no los hay, porque eso puede traer más problemas
por otros lados.
Las armas que tenemos, ya les
expliqué, ni siquiera es por desconfianza al gobierno,
más bien es por otras fuerzas que se han visto tocadas
en sus intereses con nuestro movimiento. Pero pensamos que en
este segundo día y expuestas nuestras demandas principales,
que han sido sopesadas y analizadas por el Comisionado, avanzamos
ya en buscar los caminos de resolución, y en base a ello,
llegar a acuerdos concretos, si es que éstos son posibles.
Lo que me pide el Comité
que diga, que diga claro en todas estas palabras, es su disposición
verdadera a buscar otro camino, si es que lo hay. Y a recibir
de todos ustedes su opinión y su apoyo en esta búsqueda
por la paz con dignidad que nosotros esperamos.
En mi silencio, calla la voz
del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
En mi voz, habla Marcos, otra vez.
Queríamos aprovechar
estos momentos porque nos han criticado mucho que por qué
hablamos con unos y hablamos con otro, o con unos sí y
con otros sí. Y queremos decirles de corazón que
sí queremos hablar con todos y lo vamos a hacer; nada
más que dennos "chance", pues acabamos de llegar
y estamos batallando con la traducción de las propuestas,
porque hay cuatro dialectos en el Comité Clandestino ahorita.
Cualquier iniciativa que se
toma o se demanda, o respuesta del Comisionado, tarda mucho porque
tenemos que estarla traduciendo. Pero nosotros les prometemos,
de corazón, puesto que les debemos mucho a todos ustedes,
hablar a pasamontaña quitado todo lo que quieran saber
sobre nosotros.
Es todo, muchas gracias.
LIC. MANUEL CAMACHO
SOLÍS:
Buenas noches a todos. Después
de haber escuchado las palabras de la Comandancia General del
EZLN, a través del Subcomandante Marcos, a mí me
queda muy claro que el esfuerzo que se ha venido haciendo para
llegar a una paz digna es la decisión más importante
que se podría tomar para evitar todos los costos de la
guerra.
Todos los que hemos vivido aquí
esta semana, estamos hoy conscientes de cuáles hubieran
sido las consecuencias del despertar del Chiapas violento. A
mí, después de todas estas semanas, me quedan claro
cuáles son los problemas que llevaron a la violencia en
este estado.
Pero hoy, lo importante ya no
es seguir en esta tradición, en estas historias que se
han acumulado a lo largo de la historia de Chiapas, en donde
a cada acción viene una reacción, en donde a cada
odio viene un resentimiento. Hoy, lo importante es ver hacia
delante y construir una paz digna.
A lo largo de las reuniones
que hemos tenido con los miembros del EZLN, se han presentado
dos procesos, dos procesos que nos han llevado a una reflexión
profunda. Uno es la relación de los problemas generales
y otro la recisión de esos problemas, con ejemplos de
las comunidades indígenas y campesinas del estado de Chiapas.
Este proceso ha sido difícil. Es difícil reconocer
los problemas. Es difícil ver cómo, al juicio general
se acompañan los ejemplos.
Pero en este proceso hemos aclarado
con fuerza nuestra propuesta; en este proceso es que hemos ganado
confianza sobre la necesidad de seguir avanzando en una estrategia
de paz. En este proceso me ha quedado muy claro que la única
manera de sacar adelante los problemas de Chiapas, con toda su
repercusión para el país, es fortaleciendo las
instituciones republicanas.
Y eso quiere decir que las instituciones
vean lo que está pasando y respondan a esos problemas,
porque las instituciones son fuertes en la medida en que escuchan
a la sociedad y dan respuestas nuevas a la sociedad. Este es
el proceso en el que estamos trabajando. Este es el proceso que
va a sacar adelante la paz en el estado de Chiapas.
Muchos queremos cambios en el
país, muchos queremos más democracia, queremos
libertades y queremos avanzar en la justicia. Lo complejo y lo
difícil, es construir eso a partir de nuestras realidades
y del conjunto nacional e internacional. Pero ese es el gran
reto que nos ha planteado Chiapas y ese es el gran reto que estaremos
en posibilidad de responder.
Después de hacer una
primera evaluación a las propuestas del EZLN, después
de hacer una primera respuesta general, creo que la salida a
la paz en Chiapas, estará en nuevas respuestas para el
Estado. No sólo para el EZLN, sino para toda la sociedad.
La salida estará en un nuevo trato para las comunidades
indígenas de todo el país y la salida estará
en un compromiso con la democracia.
Esta es mi apreciación,
esta es la motivación que tengo; esos son los puntos que
estoy defendiendo en la mesa y es en esta situación tan
compleja donde habremos de plantear las propuestas y encontrar
las nuevas salidas.
Muchas gracias y buenas noches
a todos.
Versión estenográfica
de la Declaración Conjunta de los integrantes de las Jornadas
por la Paz y la Reconciliación de Chiapas, efectuada en
la Catedral de esta ciudad.
San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
A 22 de febrero de 1994. |