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INFORME DEL PRESIDENTE
DE LA COMISIÓN NACIONAL
DE DERECHOS HUMANOS
Febrero 22, 1994


LIC. JORGE MADRAZO CUÉLLAR:

Señoras y señores:

Presidentes de los Organismos Públicos de
Protección y Defensa de los Derechos
Humanos de la República Mexicana:

Muy distinguidos representantes de los
medios de comunicación social:

Compañeras y compañeros servidores públicos
de la Comisión Nacional de Derechos Humanos:

Sean mis palabras para agradecer a ustedes su presencia en este acto, lo que nos estimula y alienta. Me es muy grato expresarles que, al propio tiempo de presentar este informe a la sociedad, a través de los medios de comunicación, se está remitiendo al titular del Poder Ejecutivo de la Federación y al Presidente en turno de la Comisión Permanente del H. Congreso de la Unión, para los efectos a que haya lugar.

El que este foro esté constituido por los integrantes de la Federación de Organismos Públicos de Protección y Defensa de los Derechos Humanos es, además de un privilegio que mucho agradezco, un signo de reconocimiento a su trabajo actual y a sus grandes potencialidades.

Hoy se cumplen 52 días a partir de que la Comisión Nacional de Derechos Humanos inició sus tareas en el contexto del trastorno interior suscitado en diversos municipios de los Altos y de la Selva de Chiapas.

Como es costumbre natural, el 'Ombudsman' no hace públicos los resultados de su trabajo sino hasta la conclusión definitiva de los casos que son sometidos a su consideración. Sin embargo, dada la naturaleza del conflicto, el tiempo transcurrido desde su irrupción, la velocidad de los cambios y acontecimientos, la atención permanente que a este problema le ha dado la opinión nacional e internacional; en síntesis, su excepcionalidad, se hace necesario presentar un balance de las acciones emprendidas hasta la fecha por esta institución.

Desde luego, no se trata de un informe definitivo ni omnicomprensivo porque, a pesar de que existe un avance sustancial en las investigaciones, aun quedan pendientes diligencias por realizar y aspectos por esclarecer.

La tarea de proteger y defender los Derechos Humanos en situaciones de normalidad y en las diferentes latitudes del mundo, nunca ha resultado sencilla, pero mucho menos lo es cuando esta función debe desplegarse paralelamente al desenvolvimiento de un conflicto armado y de sus efectos inmediatamente posteriores.

Indudablemente, las circunstancias de los combates, el temor, la ansiedad, los desplazamientos de poblaciones y las dificultades de tránsito y comunicación, hacen más complejo el despliegue de las tareas protectoras.

El Estado mexicano determinó enfrentar esta emergencia dentro de la línea de la vigencia de las garantías fundamentales. Descartó los términos del Artículo 29 de la Constitución General de la República, para solicitar a la Comisión Permanente del H. Congreso de la Unión la suspensión de las garantías en esa parte del territorio nacional, lo que hubiera llevado al establecimiento de un estado de sitio o régimen de excepción.

Sólo de esta forma se hizo posible, entre otras cosas, la presencia y participación en la zona del conflicto de innumerables organismos no gubernamentales de Derechos Humanos de México y del extranjero y de la propia CNDH.

Huelga decir que de haberse suspendido las garantías, el papel de los organismos sociales y públicos de Derechos Humanos habría sido, en todo caso, muy limitado y estrecho.

Afortunadamente, sucedió lo contrario. Más de 140 organismos no gubernamentales mexicanos y algunos de los más prestigiados en el orden internacional han estado y aún están en Chiapas. La presencia de la Comisión Nacional data del mismo 2 de enero.

Las condiciones impuestas por el desarrollo del trastorno, ciertamente han provocado limitaciones respecto de algunas garantías, principalmente de tránsito y reunión. Estas limitaciones se deberían tener por acreditadas dentro de un contexto de normalidad y paz, que no es el que ha primado en la zona del conflicto.

Sin embargo, tenemos que convenir en que tales molestias, aunque nos han afectado, no han sido obstáculos insalvables para el desarrollo de nuestras responsabilidades. Los medios de comunicación social han divulgado diariamente esta circunstancia.

A la fecha, no he localizado antecedentes internacionales de que en un conflicto armado similar al de Chiapas, o de muchas mayores proporciones como son la inmensa mayoría de los hechos de armas que se han escenificado y se escenifican actualmente en el mundo, se haya dado una presencia tan nutrida de las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos y de participación del 'Ombudsman', de modo paralelo, o casi paralelo, al desarrollo de los acontecimientos.

La amplia presencia de los organismos de la sociedad para la defensa de los Derechos Humanos en la zona del conflicto, aunada al trabajo del 'Ombudsman' nacional, ha gravitado, de manera importante --quiero pensar--, en el derrotero del trastorno interior. Esta situación también demuestra que en nuestro país ha surgido, dentro del Estado y en la sociedad, una corriente irreversible en favor de los Derechos Humanos. Todos los mexicanos debemos seguir trabajando para extenderla, consolidarla y fortalecerla.

Cuando el 5 de enero pasado tuve la oportunidad de conversar con el Presidente de la República sobre la conveniencia de estar personalmente dirigiendo los equipos de investigación de la CNDH que ya se encontraban en Chiapas, me reiteró que las órdenes que había girado a las fuerzas armadas y de seguridad eran las de conducir sus acciones con estricto respeto a los Derechos Humanos. Me consta que los altos mandos del Ejército, el Ejecutivo local y los Procuradores de Justicia instruyeron a su personal para que procediera en el mismo sentido.

Desde luego, el que estas órdenes hayan sido dadas, no es óbice para considerar que algunos servidores públicos las hayan podido desobedecer, o que por la propia amenaza que a cada momento supone el poder la vida, se haya actuado con exceso o de manera contraria a lo que la Ley y la disciplina indican.

Esclarecer estos casos resulta socialmente indispensable. El titular del Poder Ejecutivo Federal ha expresado públicamente que nada se ocultará y que se hablará con la verdad.

Disciplinar las faltas de individuos que han equivocado conductas y hacer cesar y reparar las violaciones perpetradas, no resta reconocimiento social a las instituciones. Por el contrario, las fortalece, las impulsa para seguir realizando sus importantes funciones, las acerca al aprecio y a la consideración de la sociedad.

Como dije, la Comisión Nacional ha venido desarrollando su trabajo de 'Ombudsman' en la zona del conflicto desde el 2 de enero próximo pasado, cuando se envió personal para colaborar en la evacuación segura de turistas de la ciudad de San Cristóbal de las Casas.

A partir del día 5, se reforzaron los equipos de investigación con más visitadores adjuntos, criminólogos, médicos forenses y personal de comunicación social. Desde entonces, se instalaron oficinas de la CNDH en San Cristóbal y Tuxtla Gutiérrez.

En un principio, la Comisión Nacional desarrolló paralelamente diversas acciones: gestionó la instalación de albergues y su aprovisionamiento, se canalizaron víveres y ayuda médica; se inició el registro de muertos, heridos y desaparecidos y la localización de estos últimos, y se visitó y tomó declaración a los detenidos en diferentes lugares de reclusión y se comenzó a recibir y a investigar las quejas por presuntas violaciones a Derechos Humanos.

Hasta el día de ayer, la CNDH había recibido o iniciado de oficio 218 quejas que involucran a 727 agraviados. En diversos expedientes aparecen como agraviados comunidades o ejidos enteros que no han sido contabilizados individualmente y que, por tanto, no se reflejan en la cifra antes citada.

De la narración de los hechos expuestos por los quejosos, se desprende que en nueve expedientes no se trató de acciones violatorias a Derechos Humanos, sino de peticiones o solicitudes de ayuda humanitaria que, con enorme gusto, atendimos en la medida de nuestras posibilidades y limitaciones.

En el área exclusiva de nuestra competencia, recibimos 20 quejas en contra de actos realizados por el EZLN; 76, contra elementos del Ejército Mexicano; cuatro contra servidores públicos de la Procuraduría General de la República; tres contra empleados y agentes judiciales del Gobierno del Estado; una, contra los Presidentes Municipales de Altamirano, Las Margaritas y Tenejapa; dos, contra el de San Juan Chamula y tres contra el de Oxchuc, entre las principales.

Respecto de las quejas recibidas contra el EZLN es indispensable formular algunas consideraciones: la primera, en el sentido de que algunas de las conductas que a dicho grupo se imputan son idénticas o similares a las que se reprochan a autoridades o servidores públicos; unas y otras tipificaron el mismo delito. Sin embargo, jurídicamente, las acciones violatorias de las garantías fundamentales, sólo pueden referirse a una autoridad o a un servidor público.

En virtud de que los elementos del EZLN son particulares, la Comisión Nacional formulará el desglose correspondiente de sus expedientes para que, de acuerdo con el fuero, las Procuradurías de Justicia tengan la intervención que la Ley les confiere.

En especial, cada vez se documenta más el desplazamiento y abuso sobre indígenas que habitaban en la zona donde opera el EZLN y donde no ha habido presencia del Ejército. Hay ya alrededor de 20 mil desplazados de esa zona, sobre cuya circunstancia la PGR ha iniciado averiguación por tratarse de actos perpetrados por el EZLN.

Entre los diversos hechos violatorios a Derechos Humanos alegados por los quejosos en sus distintos discursos y comparencias, o presumidos por la institución al iniciar oficiosamente las investigaciones, mismos que aparecen en nuestros 218 expedientes, se encuentran: homicidio, 56; lesiones, 30; desapariciones forzosas o involuntarias, 427; abuso de autoridad, 25; tortura, 80; detención ilegal, 42; confiscación de bienes, cuatro; amenazas e intimidación, dos; robo, seis; ataques aéreos, cuatro; limitaciones a la libertad de tránsito, cinco; daño en propiedad ajena, tres; secuestro, dos; falsa acusación, 17 y otros por hechos diversos, 24.

En el renglón relativo a las desapariciones, la CNDH recibió 427 peticiones de ubicación de personas. De todas ellas, han sido esclarecidos 404 casos, y quedan 23 por resolver, es decir, el 5.4%. 371 de las personas reportadas como desaparecidas fueron encontradas vivas en sus domicilios. En la mayoría de estos casos, las personas no habían podido regresar por las condiciones de intercambio de fuego o por la peligrosidad de todo tipo que su retorno implicaba.

En siete casos fueron localizados los cadáveres de los ausentes, iniciándose así la investigación por sus muertes. En una ocasión se encontró herida a la persona y, en 25, los desaparecidos estaban en calidad de detenidos en algunos de los centros de reclusión. Es indudable que no todas las desapariciones han sido denunciadas ante la CNDH.

En otro orden de ideas, la Comisión Nacional ha desarrollado investigaciones acerca de lo que se ha dado en llamar "bombardeos aéreos". Estas diligencias de inspección ocular, recuperación de evidencias y examen criminalístico, se verificaron en las inmediaciones de San Cristóbal de las Casas, concretamente en María Auxiliadora, Corralito y San Antonio de los Baños, así como en Ocosingo y en Altamirano y su periferia.

Por lo que hace a la zona de San Cristóbal, no se localizaron daños en las localidades de María Auxiliadora y Corralito. En San Antonio de los Baños, a 250 metros de distancia del área poblada, fue encontrado un granero deshabitado, recientemente quemado en su totalidad, así como diversos cráteres producidos por proyectiles aéreos, con dimensiones aproximadas de 77 centímetros de diámetro y hasta de 30 centímetros de profundidad, así como una superficie de terreno quemado de alrededor de 250 metros cuadrados.

En el mercado municipal y en el techo de la iglesia de la población de la ciudad de Ocosingo fueron observados impactos de artillería aérea o bien de fuego de morteros.

Finalmente, en Nuevo San Carlos, población ubicada en el perímetro de Altamirano, fue documentada una operación de ataque aéreo, a una distancia de 600 metros del caserío y durante la cual un menor pereció y dos adultos varones resultaron lesionados, los tres pertenecientes a población civil. La práctica de la necropsia realizada por nuestros peritos y la fe de lesiones realizada a uno de los adultos, permitió concluir que la muerte y las lesiones fueron a consecuencia de dichos disparos aéreos.

Pericialmente se ha determinado que los proyectiles utilizados en los sitios en donde la Comisión Nacional realizó sus investigaciones corresponden a los denominados 'rockets' o cohetes, cuya capacidad de destrucción por su onda expansiva y de expulsión de fragmentos es menor a la que podría provocar lo que comúnmente se conoce como bombas.

Otro hecho investigado por la Comisión y que es del dominio público, está relacionado con el incidente del día 4 de enero, en un retén militar ubicado en Rancho Nuevo, donde un vehículo 'Volkswagen', tipo 'Combi', utilizado para el transporte colectivo de pasajeros, no acató el alto que elementos del Ejército le indicaron, el que, al proyectarse sobre el retén, fue impactado por numerosos disparos de diferentes calibres.

De estos hechos resultaron cuatro personas muertas (incluida una menor), y cinco heridos. Tras de recibir los testimonios de los lesionados, se pudo concluir que el dueño y conductor del vehículo fue materialmente obligado por el pasajero que viajaba a su lado a no detenerse en el retén para la revisión correspondiente, y que dicho pasajero incluso accionó el acelerador, proyectándose sobre los elementos que se encontraban en el puesto de revisión.

Aunque tal situación parece esclarecida, está probado que la posición final del pasajero de referencia que resultó muerto, no fue la última y final, como se aprecia en la fotografía que muy ampliamente ha circulado. A esta conclusión se ha llegado por la falta de correspondencia entre las heridas que mostraba el cadáver y la ausencia de manchas de sangre en el respaldo del asiento en que supuestamente fue encontrado y fotografiado; así también, por el hallazgo de pasto en las ropas y en el pelo del occiso. Da la impresión de haber sido intencionalmente colocado en esa posición, que fue analizada por los peritos de la CNDH.

La Comisión Nacional recibió la declaración de los 131 detenidos internados en el Centro de Readaptación Social del Cerro Hueco, en Tuxtla Gutiérrez. Todos ellos fueron videofilmados y su estado psicofísico certificado. En 72 personas se encontraron diversos tipos de lesiones, todas calificadas pericialmente como entre aquellas que no ponen en peligro la vida y tardan menos de quince días en sanar.

En seis casos el tiempo para sanar se consideró mayor a los quince días. Es indiscutible que tales personas fueron objeto de malos tratos, por lo que es imprescindible, ante imputaciones diversas, ubicar a los responsables de entre elementos de las fuerzas armadas, de seguridad pública y de la policía judicial. Estas quejas, que están radicadas en la CNDH, están asociadas a otros hechos violatorios, como detención ilegal, incomunicación, falsa acusación y también, en algunos casos a tortura, sin haberse comprobado esta última. En general, la Comisión Nacional trabaja en la acreditación de las imputaciones.

La CNDH ha tenido conocimiento o localizado diversos cadáveres o restos humanos en las poblaciones de Ocosingo, Altamirano, Las Margaritas, Rancho Nuevo y en el Ejido Morelia. En total los occisos suman 40, de los cuales se ha identificado a 20 como pertenecientes a la población civil; seis como elementos de seguridad pública y catorce como desconocidos no reclamados, que bien podrían ser elementos del EZLN, aunque esto no está verificado.

El número total de fallecimientos reportados a la CNDH es de 145, entre los que se encuentran los de catorce elementos del Ejército Mexicano y 38 agentes de Seguridad Pública.

De todos estos graves casos, el que más preocupa a la Comisión Nacional es el relativo a la fosa común localizada en el panteón municipal de Ocosingo, en la cual fueron localizados once cadáveres de personas adultas del sexo masculino. Este hallazgo está íntimamente vinculado con los hechos del día 3 de enero, acontecidos en la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social de esa población, ubicada a pocos metros del referido cementerio.

A partir de la primera exhumación de los cadáveres realizada el 15 de enero, la CNDH no ha dejado y no dejará de investigar este caso. El día 3 de enero, a las 15:30 horas, elementos del Ejército Mexicano irrumpieron en las instalaciones hospitalarias; sobre lo cual unas versiones sostienen que aparentemente sin justificación alguna, puesto que, según refieren los testigos, la clínica no estaba bajo el control del EZLN, ni elementos de este grupo se encontraban ahí hospitalizados.

Sin embargo, también se ha declarado que elementos del EZLN la ocuparon temporalmente. Pacientes, sus familiares, enfermeras, trabajadores y médicos fueron evacuados del interior de la clínica, siendo objeto de interrogatorios constantes. Después de que se permitió pernoctar a esas cerca de 150 personas todas juntas, en una misma sección del hospital, fueron evacuadas al día siguiente y la instalación clausurada por el Ejército.

Las evidencias con que la CNDH cuenta le permiten considerar, hasta ahora, que de esos once cadáveres, dos eran de personas de la población civil que murieron fuera de la clínica y dentro de la línea de combate de los enfrentados, otros dos corresponden a familiares de enfermos que se encontraban acompañándolos, y uno más a un paciente que fue internado la víspera de los hechos, a causa de haberse golpeado la cabeza, y cuya necropsia reveló, además, una herida penetrante de tórax por proyectil de arma de fuego, que le produjo la muerte.

En adición a las aquí descritas brevemente, la CNDH se encuentra desarrollando investigaciones acerca de otros 81 casos.

La Comisión Nacional se ha sentido alentada por la respuesta que la Procuraduría General de Justicia Militar le ha hecho llegar en la que se establece el compromiso de realizar una averiguación previa para deslindar responsabilidades tanto en el caso de cinco sujetos que el día 3 de enero perdieron la vida en el mercado de Ocosingo, probablemente en maniobras de ejecución sumaria, como por los hechos de la clínica del IMSS en la misma población. En el mismo sentido y sobre los mismos hechos, resulta esperanzadora la respuesta de la Procuraduría General de la República.

Las declaraciones vertidas por las Procuradurías mencionadas y por los altos mandos de las fuerzas armadas, dan seguridad a la Comisión Nacional de que, como en otros casos, en todos los demás reseñados en el presente documento se iniciarán las acciones judiciales correspondientes para esclarecer definitivamente los hechos y ubicar a los presuntos responsables.

Independientemente de que la Comisión Nacional continúe desarrollando sus investigaciones, está en la mejor disposición de auxiliar con sus probanzas periciales a estas instituciones, reservándose escrupulosamente la procedencia de los testimonios.

Los sucesos de Chiapas no pueden ser considerados como accidentes, paréntesis o interrupciones dentro de la política del Estado para proporcionar una más adecuada protección y defensa de los Derechos Humanos en nuestro país. Por el contrario, si hace 43 meses el gobierno del Presidente (Carlos) Salinas no hubiera tomado las acciones que en esta materia emprendió, difícilmente podríamos haber alcanzado las soluciones que hoy se presencian.

Indudablemente, en Chiapas se han presentado violaciones a Derechos Humanos realizadas por diferentes individuos, pero ellas se están investigando con profundidad, imparcialidad y honradez. Se está hablando con la verdad y con la objetividad que la sociedad exige.

La intervención de la Comisión Nacional en el conflicto de Chiapas no cesará al concluir las investigaciones que se encuentran actualmente en curso. El Consejo de la CNDH acordó el establecimiento de un programa permanente para los Altos y la Selva de esa entidad federativa. Nuestra presencia tendrá por objeto atender las secuelas que necesariamente traerá aparejadas el conflicto armado, mismas que deberán ser encaradas con estrategias y procedimientos diferentes a los que se utilizaron en la década de los setenta.

La Comisión Nacional ha detectado a caciques que, además de haberse pronunciado por la salida de la institución del territorio chiapaneco, pueden poner en entredicho el proceso de paz con el fin de proteger sus espurios intereses.

A partir de esta semana, las labores de divulgación y capacitación de la CNDH acompañarán al resto de nuestras tareas. Nos proponemos que cada indígena y campesino chiapaneco cuente con la información indispensable para defender sus derechos; para ello utilizaremos medios impresos y de radiodifusión. Convocamos a los organismos de la sociedad civil para que nos auxilien en esta tarea.

A pesar de lo doloroso, el conflicto de Chiapas nos ha dejado lecciones valiosas. Una de las más importantes está, precisamente, en el área de los Derechos Humanos. Es cierto que en los últimos cuatro años hemos avanzado en la reforma de nuestra Constitución y nuestras leyes; modificado prácticas y superado vicios; creado nuevas instituciones y renovado procedimientos; incidido en el cambio de algunas mentalidades. Pero lo que queda por hacer es mucho más. La larga historia de Chiapas es clara muestra de que tenemos que avanzar más aceleradamente en la protección de los Derechos Humanos.

El Sistema Nacional no Jurisdiccional de Protección a los Derechos Humanos goza del apoyo, la comprensión y la simpatía de múltiples autoridades pero, desafortunadamente, no de todas. 43 meses después de haber iniciado este esfuerzo sin precedente, todavía existen servidores públicos federales, estatales y municipales que no han querido sumarse a esta tarea, a esta convicción, a esta causa.

Desoyendo las indicaciones del Presidente de la República, y muy lejos de imitar las expresiones de su voluntad política, todavía hay quienes no aceptan las Recomendaciones de los 'Ombudsman', o maliciosamente retardan su cumplimiento, o simplemente simulan cumplir. Ellos, con su actitud, se suman a los enemigos de la causa de los Derechos Humanos, que es la del gobierno actual; que es la de México.

Hoy en día, el incumplimiento de la Recomendación de un 'Ombudsman' o el regateo a nivel local para otorgarle el apoyo que requiere, significa un serio dolor de cabeza pero, para quienes así procedan en el futuro más inmediato, cuando en la siguiente generación se consolide definitivamente la cultura de los Derechos Humanos, ello será motivo de vergüenza y legítimo reproche de sus hijos.

La crisis y los conflictos ponen a prueba a los hombres y a las instituciones: provocan que se descubra la intimidad de la materia real de la que están hechas; son actos que desnudan, que exhiben. Los actuales tiempos son de reto y de esperanza, momento que obligan a la reflexión sobre lo alcanzado y lo que falta por hacer, coyunturas de la existencia que fortalecen o aniquilan.

La respuesta de la Nación, ante el reto de Chiapas, muestra su madurez y templanza. Al pronunciamiento de la violencia se ha opuesto la voluntad por la paz, pero no por cualquier paz, sino por aquella que convoque a la unidad, al desarrollo, al humanismo, a la justicia social, a la democracia, a la igualdad ante la Ley, que parte del reconocimiento de nuestra diversidad y nuestras diferencias.

La irrenunciable conquista de estos valores superiores sólo se afirma en una sociedad en la que los Derechos Humanos se reconocen, desarrollan y respetan. Lograr este propósito en plenitud es la tarea que se nos ha confiado. Seguiremos tratando de responder a esa confianza hasta el límite de nuestras fuerzas y capacidades. La causa lo merece.

 

 

Informe especial a la opinión pública sobre las actividades y consideraciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en el caso de los Altos y la Selva de Chiapas, presentado el 22 de febrero de 1994, por el presidente de la CNDH, Lic. Jorge Madrazo Cuéllar. 


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