|
Selva Lacandona, Chis., 9 de
julio.- Sólo un gran movimiento social que vaya a las
urnas el 21 de agosto y manifieste su desacuerdo con el partido
de Estado, podrá evitar que estalle la guerra, tal vez
generalizada, quizás escalonada o dispersa, si no se da
un cambio democrático y profundo, advierte el subcomandante
Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
(EZLN).
Marcos precisa: "El gobierno
nunca va a dar nada que no le obligues a dar". El problema
de las elecciones no es un problema de buena voluntad del gobierno
o de un personaje que esté en la Secretaría de
Gobernación. El problema del cambio democrático
es que la gente obligue al gobierno a no hacer fraude.
En entrevista con EL FINANCIERO,
Marcos dice: Es tan sencillo el asunto. Cuando los ciudadanos
vean que tienen un espacio para manifestarse, ya no es necesario
levantarse en armas; pero si les cierras todas las puertas, pues
se van a alzar, y ya no sólo los indígenas sino
también otros sectores.
"Porque ya no es posible
seguir diciéndole a la gente: vamos a seguir con el mismo
proyecto económico, pero ahora nos llamamos de otra forma,
o es otro partido, y eso ya no se va a aceptar", dice Marcos.
Tiene que haber un cambio en los tres sentidos, en el rumbo económico,
en cuanto a la justicia y en lo político, a democracia
y libertad.
En medio de la experiencia inquietante
y la sensación agradable que resulta encontrarse sentada
al lado (aunque esto ha ocurrido en varias ocasiones) del personaje
de pasamontañas de mirada apacible y clara de sus ojos
color miel, el jefe militar habla pausado pero con seguridad:
"Nosotros insistimos mucho
en un cambio profundo, no de un viraje que en nada va a dejar
satisfecha a la sociedad". O de una alternancia del poder,
porque seguirá el mismo partido de Estado. El cambio debe
de ser democrático, que se acabe la dictadura, 'esa forma
de hacer política' y se empiece una forma nueva".
Bueno... eso es lo que nosotros
vemos. Pero el problema no somos nosotros los zapatistas. Porque
luego dicen: "los zapatistas se quieren erigir como los
jueces de las elecciones y que si no sale el que les gusta entonces
se van a alzar en armas". No, estamos señalando lo
que está pasando en otros estados, las cartas que nos
llegan dicen que esa paciencia ya se acabó.
Estamos viendo en muchos sectores
del país lo que a nosotros nos pasó en diciembre
de 1993. Cuando vimos que ya no se podía, tuvimos que
hacerlo y lo hicimos, y ése es el mismo razonamiento que
se está dando no sólo en los sectores más
empobrecidos como el indígena, sino también en
los acomodados que están inconformes por la falta de libertad
política, económica, que los está afectando,
orillando y arrinconando en muchos sentidos, afirma.
Aunque Marcos reconoce: "Nosotros
en términos militares no somos problema. Entonces qué
amenaza podemos dar. No somos problema en términos militares
porque estamos cercados. El Ejército sabe que en 'términos
militares' puede cuando menos sacarnos de la cañada en
un movimiento rápido".
Entonces --agrega--, eso que
nosotros los zapatistas, fuerzas militares que están en
la Selva, amenacen la estabilidad del país, no es cierto.
Lo que estamos diciendo es que hay otras fuerzas en otras partes
que pueden levantarse legítimamente y pueden degenerar
una situación de guerra civil, fuerzas que estarán
fuera de control, que pueden agarrar objetivos civiles, se vayan
por el vandalismo, por el terrorismo, por el bandidaje, y ya
no por la lucha como la de los zapatistas.
Que después de todo,
pues son violentos, son los transgresores de la ley, pero tienen
palabra. Se puede hablar con ellos y pues, cuando dicen algo
lo cumplen y de eso no hay duda --dice el Sub--, ya lo demostramos.
Por eso insistimos, puntualiza
el jefe militar del EZLN, que para que se puedan dar transformaciones
en nuestro país sólo puede ser un gobierno de transición,
que se comprometa a mantener una cosa mientras se abre ese espacio
democrático, se crea una nueva Constitución, una
nueva regla de hacer política, de tal forma que los grupos
políticos, los indígenas, todos los ciudadanos
tengan un espacio para manifestarse y ya no sea necesario levantarse
en armas.
La conversación transcurre
en medio de un verde valle de la Lacandona. Bajo la sombra de
un árbol y el verde tapiz del pasto. Al subcomandante
Marcos parece no preocuparle la gran carga de responsabilidad
que pesa sobre sus espaldas. Bromea, ríe, coquetea con
las reporteras.
Insiste: el gobierno ahorita
está viendo cómo le hace para preparar el fraude,
para hacerlo menos escandaloso, porque ahora tiene dificultades
y busca cómo darle un maquillaje. No quiere entender que
la sociedad quiere el cambio. Que ya no es posible seguirle diciendo
a la gente, "espérate, acepta unas cuantas concesiones,
a ver si la próxima vez un poquito más", y
así.
Otra posibilidad, plantea Marcos,
es: "ahora está viendo a quién se le ocurre
asesinar, como lo hizo con (Luis Donaldo) Colosio para darle
un balde (cubeta) de agua fría a la gente, para meterle
miedo y tratar de convencerla de que es mejor quedarse como están".
Llegan las elecciones y la gente
por miedo no va a votar, por lo que sea, seguramente hay fraude,
se impone al candidato y entonces empieza el descontento en muchas
formas.
Pero si por el contrario, los
comicios se dan claros, la lucha armada no tendrá efectividad,
no tendrá respuesta social, se pierde todo sentido de
ésta, haces un desarme natural sin pedir las armas y las
cosas se empiezan a desactivar hasta que pasa a ser un conflicto
muy lejano.
Con seguridad asienta Marcos:
"De veras, aunque tengas un ejército de millones
no tendrá efecto pues el golpe militar y la gente ya no
verá con esperanza a un hombre armado, ni encapuchado,
que está diciendo lo mismo que ellos quieren decir. Que
tiene una arma en la mano, que si no le cumplen va a pelear".
Pero ahora no es el momento
de tirar tiros, es el momento de hacer lucha política
y una de las cuales es la electoral, la defensa de la voluntad,
no por quién vas a votar, sino evitar que haya fraude,
es hora de defender lo que sea, defender el resultado.
Marcos, el hombre que actúa
como piensa, se encuentra muy ocupado en los preparativos de
la Convención Nacional Democrática que tendrá
lugar en Aguascalientes, Chiapas. Con modestia y sencillez responde
a las curiosidades de las mujeres.
Ríe, "no tengo tiempo
para deprimirme", pero cuando estoy triste voy y me escondo,
se cierran los retenes. Con sensibilidad innata agrega: "Creo
en nuestra lucha, amo a mi gente. Me preocupo mucho por ella,
por lo que le pueda pasar, por lo que no le pueda pasar, por
lo que pueda lograr y que valga la pena lo que logre. Como tu
familia, ¿tú te preocupas por tu familia? Bueno,
pues igualmente ellos son mi familia. Nada más que son
un chingo. Varios miles".
"¿De la Convención?
Mira, en un principio fue un desmadre. Aunque en la Segunda Declaración
de guerra se aclaró para qué era la Convención,
pero se han ido aclarando las cosas. Ahorita ya contamos con
varios grupos civiles importantes, tenemos contacto con estudiantes,
obreros, campesinos, colonos; los intelectuales como siempre
están llegando tarde.
"Pero ya tenemos representatividad
en todas las regiones del país que componen los sentidos
sociales. De manera que la medida a la que se está llamado
de buscar una lucha y ejercerla, va a tener éxito, fuerza
en la sociedad civil y que se insista en la lucha pacífica
electoral".
Marcos aclaró que la
Convención no es para promover el abstencionismo o la
lucha armada, sino que se insista en demandas mínimas
de convocatoria como es la demanda de un Congreso Constituyente
y la defensa de la elección popular que es por lo que
se va a trabajar.
Periódico EL FINANCIERO
10 de julio de 1994
Entrevista al Subcomandante Marcos
Por Gabriela Coutiño, corresponsal |