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Señoras y señores:
En la inmersión que tenemos
todos en el tiempo, los procesos históricos los vivimos
en etapas, que empujan los caminos de la nación.
El primero de enero fue para
nuestro país un parteaguas histórico que ha favorecido
el desfile de "muchos México" vividos en corto
tiempo; nos encaminamos ahora a nuevos momentos para nuestro
país que marcarán nuestro futuro por largos años.
Nunca hemos tenido tanta conciencia
como al presente de nuestra corresponsabilidad en los acontecimientos
históricos de nuestro país.
Como mediador en este proceso
de diálogo por la reconciliación y la paz, además
de agradecer acompañamiento que todas las fuerzas políticas
y sociales han dado a este caminar, debo reconocer la responsabilidad
con que el EZLN tomó los diálogos emprendidos,
la apertura y sinceridad que el comisionado para la Paz se impuso,
la seriedad que ante el país ha mostrado el Ejército
Mexicano, así como el esfuerzo emprendido por el gobierno
local, para que hayamos llegado a la actual situación
de no guerra.
Pero es claro que un corrimiento
en los tiempos, lamentablemente empañados por otros acontecimientos,
nos hacen percibir que la paz no se configura únicamente
con documentos cuya importancia no se puede negar, sino que requiere
del esfuerzo perseverante y corresponsable de todas las fuerzas
sociales, para avanzar hacia una anhelada transformación
de la sociedad, encaminada a una estabilidad garantizada por
la justicia.
Esta es la vía que nos
conducirá a la fraternidad y a la paz; dice la Escritura:
"La justicia y la paz se dan un beso".
Todo lo acontecido, mirado desde
el aspecto positivo que contiene, funda nuestra confianza en
que todas las fuerzas políticas y sociales, que en un
momento dado se manifestaron explosivamente por la paz, sigan
actuando para lograr el México que todos anhelamos.
En este compromiso por la paz
me mantendré, con todas las fuerzas del corazón,
en el seno de mi Iglesia y en acompañamiento a los cristianos
y personas de buena voluntad, por encima de las dificultades,
poniendo mi grano de arena para que se escriba la página
de la historia que todos deseamos vivir.
Samuel Ruiz García,
obispo de San Cristóbal de las Casas
México, Distrito Federal,
1o.
de junio de 1994
Texto íntegro del discurso
pronunciado por Samuel Ruiz García, obispo de San Cristóbal
de las Casas, en las oficinas del comisionado para la Paz y la
Reconciliación en Chiapas, Manuel Camacho Solís,
el primero de junio de 1994. |