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Selva Lacandona, Chis., 17 de
junio.- Intempestivamente, una partida de combatientes zapatistas
aparece en el cruce del camino por donde va la Caravana de Caravanas
para entregar casi 200 toneladas de víveres a las poblaciones
selváticas de Chiapas que están padeciendo de la
enfermedad más grave de todas, el hambre.
Los vehículos delanteros
se detienen. Los integrantes de la Caravana no salen del asombro.
Han pasado tantos retenes en el largo camino, pero estos son
de soldados del Ejército Federal. Y ahora se encuentran
con el primer retén del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN), que el Año Nuevo le declaró la
guerra al gobierno federal.
Pero la sorpresa es aún
mayor, cuando del monte, en una curva de la brecha, aparece un
guerrillero diferente a los demás --los demás son
indios tzotziles, tzeltales, choles, etcétera-- de estatura
regular, piel blanca, manos afiladas, ojos color de miel, pasamontañas
negro de paño, paliacate al cuello, barba negra, canana
al pecho y botas de campaña. Es el mítico subcomandante
Marcos.
Ningún integrante de
la Caravana había imaginado encontrarse con los zapatistas,
y menos con el "sup", como le dicen los indios porque
no pueden decir "sub", en su aventura por llevar ayuda
alimentaria a los 20 mil indios diseminados en los poblados de
esta parte de la selva, que desde hace cinco meses padecen hambre,
porque no pueden salir a comprar ni vender, debido al cerco que
mantienen las fuerzas regulares a la zona zapatista desde que
el gobierno decretó la tregua unilateral en las primeras
semanas de enero.
Los camiones de carga, los autobuses,
van llegando lentamente al retén zapatista, después
de que algunos han tenido problemas serios con los motores, con
los vados, con la estrechez del camino. Los primeros, los automóviles,
lo hacen alrededor de las seis de la tarde, después de
casi tres días de haber salido del Zócalo de la
ciudad de México, y van entrando a la selva, luego de
que el propio Marcos averigua, detalladamente, quiénes
son sus ocupantes.
"Váyanse con cuidado
porque el camino es malo. Se va a ir con ustedes un combatiente",
dice Marcos al reportero de EL FINANCIERO, y se emprende la marcha
hacia el destino de la Caravana, unos 14 kilómetros más
adentro de la selva, ya cayendo las sombras de la noche, en medio
de un concierto de voces que emanan de entre los árboles.
El teniente Eduardo, con una
ametralladora FKF en las manos, argumenta que es la milpa y los
madereros los que han acabado con la selva. Hace preguntas: ¿Cómo
está la situación del país? ¿Qué
candidato tiene más posibilidades de ganar?
Los 14 kilómetros de
selva son los más largos, interminables y peligrosos del
camino de más de mil 200 kilómetros desde la ciudad
de México. Por ahí tiene que pasar una treintena
de vehículos, ocho pesados camiones de carga con alimentos
recolectados en la ciudad de México y en otras partes
del país para los indígenas cercados por el hambre.
Pasada la sorpresa, al ritmo
de los tumbos que da el vehículo por la que los zapatistas
llaman burlonamente "la autopista", que es en realidad
una brecha infame, se calienta la conversación con el
teniente Eduardo, un indio tzeltal que estuvo en la toma sangrienta
de Ocosingo, de donde milagrosamente logró salir vivo.
Su primera gran experiencia bélica luego de cuatro años
de haberse dado de alta en las filas del EZLN.
En el pueblo, la gente espera
con música y con baile, y la espera de la mayoría
de los vehículos de la Caravana se hace desesperante,
sólo mitigada por la alegría de los pobladores,
unas 50 familias de indios tzotziles que viven en la más
profunda tranquilidad en medio de la selva, a pesar de que los
fusiles esperan el fragor de posibles batallas.
Entre tanto, las estrellas centellean
en una noche espesa, las estrellas fugaces atraviesan el firmamento,
en medio de una noche profunda, de selva, y los perros ladran.
Los jovencitos y los niños
tzotziles bailotean al ritmo de una música que emite un
tocadiscos movido por un acumulador. Las llamas de una hoguera
crepitan y los integrantes de la Caravana continúan hallando
sorpresas. Campesinos entusiasmados por la visita, niños
extrovertidos, mujeres silenciosas, con la miseria a cuestas,
con los intestinos poblados de amibas.
Un comando de combatientes organiza
una velada televisiva, gracias a un acumulador, para entretener
a la gente. Desde una casetera el CANAL 6 DE JULIO "transmite"
"La Guerra de Chiapas, la otra guerra", la visita de
Cárdenas, entre otros temas.
Los adultos se sientan en las
bancas de la escuela frente al televisor. Los niños pequeños
se duermen en los brazos de su madre o en el suelo de cemento
de la cancha de basketbol, y la función se alarga.
A las 11 de la noche empiezan
a verse por los montes los primeros reflejos de la Caravana y
a las 12 terminan de arribar todos los vehículos.
Se arma la convivencia entre
unos 400 visitantes, los indios del pueblo y los combatientes
zapatistas. Se hacen los preparativos para pasar la noche. Muchos
medio duermen en los vehículos o duermen solazmente sobre
el pasto mojado por el sereno de la noche, enfundados en bolsas
térmicas.
Un grupo de universitarios decide
apostarse alrededor de la fogata para pasar la noche en vela,
cantando y conversando.
El subcomandante no duerme y
sus ojeras se hacen más pronunciadas. Se la pasa conviviendo
con los trasnochados, haciendo chistes, escuchando canciones,
estrechando la mano de muchos, hombres y mujeres --sobre todo
mujeres--, porque el tipo atrae con un magnetismo que no se había
visto desde aquellos ídolos como Pedro Infante.
Transcurren las lentas horas
de la noche selvática y empiezan a aparecer los primeros
resplandores de la mañana. Marcos se despide porque tiene
que ir a dar instrucciones para que los integrantes del Comité
Clandestino Revolucionario Indígena sean transportados
al pueblo, donde unas horas más tarde va a presidir la
bienvenida a la Caravana.
Antes, Marcos platica con un
grupo y les dice que la Caravana es muy oportuna porque vienen
las lluvias más fuertes y se enlodan los caminos, y la
gente de la selva no puede salir porque la detienen los federales
y desaparecen.
Ahora en la selva no hay comida.
La cosecha aún no se da. Con la carga que trae la Caravana,
la gente puede aguantar un mes porque el maíz se da hasta
agosto. "El maíz es el alma del pueblo. Cuando falta,
aprieta el alma", dice Marcos.
Unas mujeres le solicitan a
Marcos una olla para cocer agua para 'Nescafé'. y se inicia
una nueva aventura ya con el sol esplendoroso en una mañana
de cantos de gallos, ladridos, ajetreo de mujeres "torteando"
las tortillas; combatientes escogiendo el frijol, y por un "rastro"
escondido matando una res para dar a comer a 400 personas.
Ya con el sol encima, el pueblo
se llena de hombres y mujeres, niñas y niños; se
prepara el "desayuno", se toma café alrededor
de la ya casi apagada hoguera.
La muchachada universitaria
se prepara para descargar los camiones. Lo hacen en cadena cantando
canciones y aplaudiendo al ritmo de la música. En una
hora y media quedan vacíos los transportes y llenos hasta
reventar tres salones de la escuela y la misma Iglesia.
Costales de maíz, frijol,
arroz, azúcar, latería, medicamentos, juguetes,
ropa, se atiborran en las improvisadas bodegas, mientras combatientes
zapatistas preparan la ceremonia de recepción que presidirá
el Comité en la misma cancha de basquetbol.
Los combatientes zapatistas
van y vienen por todo el pueblo. Preparan un entarimado para
la ceremonia de bienvenida, se unen a los universitarios y organizan
partidos de basquetbol pistola al cinto. Ganan los zapatistas
por marcadores abultados. El sol va calentando el ambiente.
Aparece por la "autopista"
un batallón de combatientes marchando rifle en mano, ante
la mirada sorprendida de los visitantes. A la cabeza, Marcos,
con su pipa de siempre. El batallón llega a la cancha
de basquetbol, pero Marcos ordena empezar de nuevo porque muchos
no pudieron tomarles la foto.
Marcos platica con el enviado
de EL FINANCIERO, en la propia cancha, junto al batallón,
y habla del papel de la sociedad civil organizada para que se
dé la transición pacífica a la democracia.
Un Marcos sereno, de profunda
paz interior, explica las razones de los indios y advierte que
el problema de la democratización no es sólo del
EZLN, ni de Chiapas, sino de todo el país.
Marcos da un mensaje a los visitantes
de la Caravana, en una ceremonia privada, y luego se organiza
la fiesta. Transcurre otra noche en la selva, selva de murmullos,
de estrellas, de grillos, de pájaros, de ladridos. Transcurre
otra noche de mal dormir. Luego, un nuevo amanecer. Y la caravana
se despide de los indios, retomando el camino de regreso.
A las puertas de una cañada
sólo se ve una manta que dice: "Bienvenidos a la
Selva Lacandona. Guarida de Transgresores. Cuna del EZLN y Rincón
Digno de la Patria. Ojo. Pelones. Campo Minado".
Periódico EL FINANCIERO
18 de junio de 1994
Comentarios del subcomandante Marcos
a integrantes de la Caravana de Caravanas
Por Francisco Gómez Maza, enviado |