Ejército Zapatista
de Lìberación Nacional
México
30 de junio de 1994
Para: Todas las editoriales
grandes, medianas, pequeñas, marginales, 'piratas', bucaneros
y etcéteras impresos que publican los comunicados y cartas
del EZLN y que han escrito pidiendo una presentación y
prólogo para sus respectivas y que piden la exclusiva
y etcétera.
México
De: Subcomandante Insurgente
Marcos
Ejército Zapatista de Liberación Nacional
Cuartel General
Montañas del sureste mexicano
Chiapas, México
Recibí la solicitud para
una especie de prólogo o presentación del libro
que prepara la editorial ________________ (ojo: rellenar el espacio
vacío con el nombre de la editorial grande, mediana, pequeña,
marginal, 'pirata', bucanera, etcétera, que solicita ésta,
como es evidente, exclusivísima presentación) con
los comunicados, cartas y otros materiales del EZLN.
Según puedo ver, no basta
la fama de disperso que ostento para disuadirlos de mandarme
preguntas y problemas sobre ediciones, prólogos y otras
cosas igualmente absurdas.
Así pues, les voy a contestar
en un tono 'ad hoc' a tales y tan trascendentales problemas.
Y nada mejor para ello que contarles esta pequeña historia
que nos aconteció hace no pocas lunas:
Corría el año
de 1986. Salí con una columna de combatientes a realizar
una exploración a una jornada de nuestro campamento-base.
Todos mis muchachos eran novatos; la mayoría no cumplía
el mes de haber llegado y se debatían todavía entre
la diarrea y la nostalgia que suelen acompañar a los nuevos
en sus primeros días de adaptación. Los más
"viejos" del grupo apenas cumplían 2 y 3 meses,
respectivamente.
Así pues, ahí
iba yo, a ratos arrastrándolos y a ratos empujándolos
en su proceso de formación política y militar.
Nuestra misión consistía en abrir una nueva ruta
para nuestros movimientos y entrenarlos en las tareas de exploración,
marchas y campamentos. El trabajo se dificultaba porque no había
agua y debíamos racionar el consumo de la que llevábamos
de la base.
Así que se agregó
al entrenamiento la práctica de supervivencia, puesto
que la escasa ración de agua nos impedía cocinar.
En total, la exploración duraría 4 días
con aproximadamente 1 litro de agua diario por persona y comiendo
sólo pinole con azúcar.
A una hora de haber salido de
la base nos encontramos con que nuestra ruta atravesaba por unas
lomas emperradas. Las horas pasaban y nosotros ascendíamos
y descendíamos cerros por caminos que espantarían
a las cabras más avezadas. Por fin, después de
7 horas de un continuo sube y baja, llegamos a lo alto de un
cerro dondre decidí montar campamento, pues la tarde empezaba
ya a ceder su paso a las sombras del crepúsculo.
Se distribuyó la ración
de agua y la mayoría, pese a mis advertencias de que guardaran
un poco del líquido para el pinole, "quemó
sus naves" y se empujó la totalidad de su ración
de agua, pues tenían mucha sed y el efecto psicológico
de saber que estaba racionada aumentaba sus ansias.
A la hora de comer el pinole
se vieron las consecuencias de su imprudencia: masticaban y masticaban
su bocado de pinole con azúcar sin poderlo pasar y sin
agua ya para ayudarlo a traspasar la barrera de la garganta.
En fin, fueron 2 horas de un
silencio tal que se escuchaban claramente el crujir de las quijadas
y los sonidos de la garganta cuando lograban tragar un poco del
polvo azucarado.
Al día siguiente, y ya
escarmentados, todos guardaron una parte de su ración
líquida para el pinole matutino. Salíamos a la
exploración a las 09:00 y regresábamos a las 16:00,
así eran 7 horas de caminar y machetear, subiendo y bajando
lomas, sin más agua que la que sudábamos copiosamente.
Así pasaron 3 días;
en el cuarto, la debilidad era ya patente en toda la columna,
y en las comidas (?) aparecieron muestras del sado-masoquismo
que parece caracterizar a los insurgentes: entre bocado de pinole
y traguito de agua se empezaba a platicar de taquitos, tamales,
pasteles, filetes, refrescos y demás cosas que nos hacían
reir porque la falta de agua nos impedía llorar.
El colmo fue cuando, el día
que íbamos a retornar a la base, encontramos un arroyo
y en la noche la montaña se burló de nosotros obsequiándonos
con un fuerte chaparrón que nos empapó antes que
alcanzáramos a ponernos a cubierto. Nosotros no perdimos
nuestro buen humor y maldecimos a discreción a la lluvia,
la selva, los techos y a sus respectivas y húmedas parentelas.
Pero, bueno, todo eso formaba
parte del entrenamiento y no nos sorprendió. Se cumplió
el trabajo, la gente respondió bien en general, aunque
alguno amenazó seriamente con desmayarse cuando subíamos
con carga una loma especialmente perra.
Todo esto no es más que
la "escenografía" de la historia que quería
contarles: uno de esos días de la exploración,
regresamos como siempre, agotados, al campamento. Mientras se
distribuían las raciones de agua y pinole, encendí
el aparato de radio de onda corta para buscar las noticias vespertinas,
pero al prender la radio salió un canto estridente de
loritos y guacamayas.
Recordé entonces un escrito
de Cortázar (¿"Ultimo Round"? ¿"El
Libro de Manuel"? ¿"Historias de Cronopios y
de Famas"?) que hablaba de lo que pasaría si las-cosas-no-estuvieran-en-su-sitio.
Pero yo no me dejé arredrar por tan poca cosa, acostumbrado
a ver en estas montañas cosas tan aparentemente absurdas
como una venadita con un clavel rojo en la boca (probablemente
enamorada, porque si no ¿por qué un clavel rojo?),
una danta con zapatos de baile violetas, y una piara de jabalíes
jugando a la ronda, y llevando el ritmo de "romperemos un
pilar para ver a doña Blanca..." con los dientes
y las pezuñas.
Como les digo, no me dejé
sorprender y moví el dial buscando otra estación
pero nada, todo era canto de loros y guacamayas. Cambié
a la onda media con idénticos resultados. Sin desanimarme,
me dispuse a desarmar el aparato para encontrar la razón
científica de tan desentonado canto.
Cuando abrí la tapa posterior
apareció la causa lógica y dialéctica de
la irregular transmisión: una parvada de loros y guacamayas
salió volando y gritando, satisfechos de recuperar su
libertad. llegué a contar hasta 17 loritos, 8 guacamayas
hembras y 3 machos, todos saliendo atropelladamente.
En una autocrítica tardía
por no haber limpiado el aparato, me apresté a darle el
mantenimiento que requería. Mientras sacaba plumas y cacas
(y hasta el esqueleto de un lorito al que los demás habían
tenido el cuidado de darle cristiana sepultura pues su tumba,
ubicada en un rincón del pequeño aparato, lucía
una cruz cuidadosamente labrada y una losa con una inscripción
en ¿latín? 'Requiescat in Pace'), me encontré
con un pequeño nido con un huevecillo grisáceo
moteado de verde y azul, a un lado había un sobre pequeño,
mismo que me dispuse a abrir con mal disimulada ansia.
Era una carta dirigida ""A
quien corresponda"". En letra muy pequeña, una
lorita contaba su triste y desconsolada historia. Habíase
enamorado profundamente de un joven y apuesto guacamayo (eso
decía la carta) y era correspondida (eso decía
la carta). Pero los loritos, celosos de la pureza de su raza,
no aprobaban tan escandaloso romance y le prohibieron terminantemente
a la lorita que viera al apuesto y joven guacamayo (eso decía
la carta).
Así que el gran amor
que unía a la pareja (eso decía la carta) los obligó
a verse clandestinamente detrás de uno de los transistores
del radio. Como el guacamayo es fuego, la lorita estopa, llega
el diablo y sopla (eso decía la carta) pronto pasaron
a mayores y ese huevecillo que ahora tenía en mis manos
era el fruto prohibido de la irregular relación.
La lorita pedía (eso
decía la carta) a quien lo encontrara que le diera abrigo
y sustento al pequeño ser hasta que pudiera valerse por
sí mismo (eso decía la carta), y terminaba dando
una serie de recomendaciones maternales, además de una
desgarradora lamentación por su cruel destino, etcétera
(eso decía la carta).
Abrumado por tamaña responsabilidad
de convertirme en padre adoptivo y maldiciendo mi ocurrencia
de limpiar el radio, traté de buscar apoyo moral y material
en alguno de mis combatientes, pero ya todos estaban dormidos,
probablemente soñando en manantiales de café con
leche y ríos de 'coca-cola' y limonada.
Siguiendo la multicitada sentencia
de "No hay problema lo suficientemente grande como para
no darle la vuelta", abandoné el huevo a un lado
de mi hamaca y me dispuse a gozar de un merecido descanso. Fue
inútil, los remordimientos no me dejaban dormir y pronto
(en el fondo, muy en el fondo, tengo un alma buena y noble) recogí
el huevecillo y lo acomodé en mi vientre.
A media noche, desgraciada hora,
se empezó a mover. Primero pensé que era mi estómago
que protestaba por falta de alimento, pero no, era el huevecillo
que se movía y empezaba a romperse. Con un inexplicable
instinto maternal me dispuse a presenciar el sagrado momento
en que me convertiría en madre... que diga, en padre.
Cuál no sería
mi sorpresa al ver que del cascarón no salía una
guacamaya ni un lorito, vaya, ni siquiera un pollito o una palomita.
No, lo que salió del huevo fue...¡una pequeña
danta! En serio, era una dantita con plumas verdes y azules.
En un arranque de lucidez (que por cierto cada vez me son más
escasos) comprendí el verdadero trasfondo de la truculenta
historia, el 'quid' - de - la - cuestión - como - dijo
- no - sé - quién.
"¡Eureka!",
grité como - también - gritó - no - me -
acuerdo - quién. Lo que pasó fue que la lorita
"dobleteó", es decir, se "ligó"
con una danta macho, pecaron y le querría cargar el "muertito"
al guacamayo, pero todo se vino abajo puesto que radio y etcétera.
"Todas son iguales", suspiré. Descifrado el
misterio, sólo quedaba ver qué carajos hacer con
la danta bastarda...
Y en eso estoy todavía.
Por lo pronto la llevo oculta en mi mochila y le convido un poco
de mi comida. No niego que simpatizamos, y mi instinto maternal,
perdón, paternal ha ido dando paso a una insana pasión
hacia la danta que me obsequia con ardientes miradas que poco
tienen de agradecimiento y sí mucho de pasión mal
contenida.
Mi problema es grave, pues si
caigo en la tentación cometeré, además de
pecado contra-natura, un incesto porque soy su padre adoptivo.
He pensado en abandonarla, pero no puedo, es superior a mis fuerzas.
En fin, que no sé qué diablos hacer...
Como pueden ver, tengo demasiados
problemas como para poder atender los suyos. Espero que ahora
comprendan mi reiterado silencio en torno a las cuestiones que
insisten en plantearme. Por cierto, el CCRI-CG del EZLN aprobó
su solicitud de publicación de materiales y que redactara
algo como un prólogo o presentación. De nada.
Vale, por demás y como
- dijo - busquen - ustedes - quién, "los libros son
amigos que nunca traicionan".
Salud y mándenme algún
manual veterinario de animales salvajes del trópico (busquen
en la "D" de "Danta" y "Desesperación").
Desde las montañas
del sureste mexicano
Subcomandante Insurgente Marcos
México, Junio de 1994
(Suscribe) Subcomandante Marcos
P.D. OLVIDADIZA. Sí,
ya me olvidaba que el objeto de la presente es la:
Presentación o prólogo
a los comunicados del Libro:
"De la Primera a la Segunda
Declaración de la Selva Lacandona"
o no sé cómo vayan
a titular al mentado libro de la Editorial ..................
(Ojo reiterativo: rellenar el espacio con el nombre de la editorial,
etcétera, etc.) así que, me imagino, algo habrá
que decirle a los lectores. Aprovechando que hay un respiro entre
aviones, dantas y comunicados, escribo esta carta disfrazada
de posdata.
A los lectores de este libro
que a saber cómo se llama:
Del: Supmarcos
Junio de 1994
El presente libro contiene los
comunicados emitidos por el EZLN, desde la primera "Declaración
de la Selva Lacandona" hasta la "Segunda Declaración
de la Selva Lacandona", es decir desde el 31 de diciembre
de 1993 al 10 de junio de 1994. Reúne, además,
una serie de cartas que presentan o reiteran algunas de las principales
posiciones políticas e ideológicas del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional.
Respecto a los comunicados emitidos
por el "Comité Clandestino Revolucionario Indígena
- Comandancia General del EZLN" vale la pena hablar un poco
sobre el mecanismo para producir estos pronunciamientos.
Todos los comunicados firmados
por el CCRI-CG del EZLN son aprobados por miembros del Comité,
a veces por la totalidad de ellos, a veces por representantes
de ellos. La redacción de los textos es uno de mis trabajos,
pero el comunicado en sí se origina de dos caminos:
Uno es que miembros del Comité
o el colectivo del Comité, ven la necesidad de pronunciarse
sobre algo, de "decir su palabra". Entonces se proponen
y discuten los puntos principales de lo que se va a decir y,
con esas indicaciones generales, me ordenan que haga la redacción.
Después les presento el comunicado redactado, ellos lo
revisan, le quitan o le agregan cosas y lo aprueban o rechazan.
El otro camino es que, llegada
información de distintas partes o frente a algún
hecho que lo amerite, y viendo la conveniencia de manifestarnos
al respecto, propongo al Comité que emitamos un comunicado,
redacto y presento la propuesta. Se discute y se aprueba o se
rechaza.
¿He dicho "se rechaza"?
Sí, aunque las circunstancias contribuyan a la apariencia
de que el Subcomandante I. Marcos es el "cabecilla"
o "líder" de la rebelión, y que el CCRI
es sólo "escenografía", la autoridad
del Comité es indiscutible en las comunidades y es imposible
sostener una posición sin el respaldo de este organismo
indígena de dirección.
Varias propuestas de comunicados
que hice fueron rechazadas, algunas de ellas por ser "muy
duras", otras por ser "muy blandas", y algunas
más "porque confunden más que aclaran".
También varios comunicados fueron emitidos a pesar mío.
Los ejemplos no vienen al caso, pero lo correcto de los juicios
de mis compañeros del Comité se demostró
en el transcurso de estos 6 meses de guerra.
Existen también los textos
que suelo redactar para presentar los comunicados que se envían.
En estos textos estoy más "suelto", pero la
vigilancia del Comité se mantiene. Más de una de
las "cartas de presentación" merecieron la reprobación
de miembros del CCRI.
La forma en que los comunicados
llegaban era bastante accidentada y tomaba mucho tiempo. Esta
característica "inoportuna" de nuestros pronunciamientos
es algo que hemos tratado de remediar sin éxito alguno.
La rapidez con la cual algunos
comunicados llegaron a la prensa se debió a circunstancias
afortunadas que, desgraciadamente, nunca fueron parte de nuestros
planes.
Sin embargo, creo que la falta
de "rapidez" en las respuestas zapatistas son comprensibles
para la mayoría de los lectores que enfrentan hoy este
libro.
Lo que sí puede no ser
comprensible es el complicado y anónimo heroísmo
de los enlaces que transportaban, desde nuestras líneas
hasta las ciudades, esas hojas blancas con letras negras que
hablaban nuestro pensamiento.
Hay anécdotas varias
sobre estos zapatistas anónimos que arriesgaban todo para
cruzar las líneas enemigas una y otra vez, reventando
monturas y con los pies destrozados por las lluvias y el frío
en enero y febrero, y por el calor y las espinas en los meses
posteriores.
Las rutas de la miseria y el
olvido, es decir, los caminos reales y las picadas, llevaban,
desde las montañas hasta el asfalto, las palabras de dignidad
y rebeldía de los zapatistas.
No hay, hasta ahora, ni cámaras
ni grabadoras frente a estos "enlaces", no hay cartas
ni entrevistas, no hay calificativos de 'sex appeal' para su
anonimato, no hay reconocimiento alguno para su esfuerzo de hacer
que nuestra palabra, su palabra, llegara a otros oídos.
Valga este lugar para hacer un reconocimiento a su labor callada...
y efectiva.
De las razones que llevaron
a algunos medios a darnos un lugar en sus páginas y en
sus emisiones radiales para decir nuestra palabra, ya hablé
en una carta que viene en este libro. No insistiré en
ello, pero sigue pendiente la palabra de esa otra parte.
La prensa honesta, sobre los
caminos que permitieron al pensamiento zapatista aparecer en
las página de algunos periódicos y revistas, y
en algunas emisiones radiales. Creo que, cualquiera que sea el
desenlace de este anhelo colectivo de dignidad, habrá
en ellos, siempre, la satisfacción del deber cumplido.
Hay otra parte de este afanoso
trasiego de palabras. Algo que no aparece en posdata alguna ni
en ningún comunicado. Es la angustia, la incertidumbre
que, cabalgando en interrogantes, nos asaltaba cada vez que los
enlaces se despedían llevando consigo uno o varios comunicados.
Preguntas y más preguntas
que quedaban poblando nuestras noches, que nos acompañaban
en el rondín para revisar las postas, que se sentaban
junto a nosotros en algún tronco trunco para mirar el
plato de comida y llevaban la mano a apartar el alimento y movían
los pies a caminar de uno a otro lado.
"¿Eran esas palabras
las mejores para decir lo que queríamos decir?" "¿Eran
oportunas?" "¿Eran entendibles?" Nunca
un comunicado nos dejó satisfechos cuando lo enviamos.
En general, nos esforzamos por
diferenciar los comunicados del CCRI-CG del EZLN de las cartas
de presentación. Mientras los primeros eran escritos con
mayúsculas y firmados por el Comité, las segundas
están en mayúsculas y minúsculas y las firma
el "Subcomandante Insurgente Marcos".
Creemos que ambas palabras y
la dualidad de mensajes cumplieron su cometido. Su futuro es
incierto bajo la forma actual, pero siempre caminará la
palabra de los que hablan con verdad, por una u otra vereda.
Hay algo más que decir,
la "línea editorial" zapatista sigue la consigna
de "Ahora o tal vez nunca". Producto de las condiciones
de guerra y aislamiento en que estamos, no "medimos"
lo que decimos y tratamos de "aventar" todo de una
vez... porque puede ser la última.
A esto se debe que, desde los
primeros comunicados, la posición del EZLN se haya definido
y después se reiteren, continuamente, las mismas ideas.
Esta palabra ansiosa que se atropella continuamente viene de
una situación que sólo pueden comprender en su
justo valor quienes se encuentran o se han visto en las mismas
circunstancias.
Por un lado, no podemos darnos
el lujo de mentir. Viviendo en el delgado filo de la guerra uno
se vuelve espontáneo, y hemos descubierto que la mentira
requiere un mínimo de planeación. Por otro lado
no podemos, tampoco, "dosificar" nuestra palabra y
buscar el "momento oportuno" para decirla, ni esperar
taimadamente a que las condiciones sean propicias.
Los ejemplos más fehacientes
de esta "línea editorial zapatista" son las
cartas de presentación fechadas el 18 de enero de 1994
("¿Quién tiene que pedir perdón?")
y el 20 de enero de 1994.
La del 20 de enero de 1994 (que
es la que presenta el resultado del juicio seguido a Absalón
Castellanos Domínguez), vista a la distancia y después
de lo que ha ocurrido, puede parecer exagerada, a mí mismo
me lo parece ahora.
Pero en esos instantes, cuando
frente a la máquina de escribir la ansiedad movía
los dedos, me pareció que no había otra forma de
decirlo. No es que se trate de pesimismo u optimismo, ni siquiera
eso, es algo más... más... más inmediato,
una valoración espontánea y despojada de dramatismos
de lo que ocurría y de lo que podía ocurrir.
Lamento si desilusiono a alguien
con este "horrible" secreto, pero nunca planeamos con
antelación lo que íbamos a decir ni la forma en
que lo íbamos a decir. Teníamos y tenemos claridad
en lo que somos y no somos, en lo que podemos y no podemos hacer,
y en lo que debemos y no debemos hacer.
En este marco general, o con
este fundamento, fueron saliendo las cartas y comunicados como
nuestros pasos en la montaña: uno se preocupa del paso
que está dando y no "planea" los pasos subsiguientes,
uno se conforma con saber que está caminando, después...
después... puede no haber después.
Está también,
en cartas y comunicados, esa reiterada presencia de la muerte.
Sé que esto enfada a más de uno, pero de este lado
de la guerra esas cosas salen así, de la misma forma en
que uno dice "libro", "arma", "amor",
uno dice "muerte" y lo escribe.
Recuerdo que alguna vez me propuse
no insistir más en el tema, pero les recuerdo lo que expliqué
arriba de la "línea editorial zapatista". Después,
cuando releía en el periódico la carta, resultó
una de las más tétricas que haya escrito.
En fin, como no escribimos para
agradar sino para explicar, uno puede prescindir de esas preocupaciones
de escribir lo que uno cree que el respetable quisiera que uno
escribiera.
Vale. Salud y buen provecho,
la lectura es alimento que, afortunadamente, nunca llena.
Ignoro si todo lo que he señalado
sirva para ayudar o para dificultar la relectura de los materiales
que recopila este libro. Traté, en lo posible, de hacer
un "comunicado" sobre los comunicados y una "carta"
sobre las cartas. Veo, con regocijo, que otra vez se impuso la
"línea editorial zapatista" y escribí
lo que ahora se me ocurre decir sobre estos textos.
Por eso, en el improbable caso
de que se necesite una presentación después y si
el azar me señala para hacerlo de nuevo, para este prólogo
señalo fecha, hora y lugar: para que sepan los lectores
que esto lo escribí la madrugada del 28 de junio de 1994,
que mi reloj izquierdo marcaba las 02:30 hrs., que llovía
bastante y que ya tiene rato que Tacho me dijo que se iba a dormir.
El lugar para variar, es,
Desde las montañas
del sureste mexicano
Subcomandante Insurgente Marcos
México, Junio de 1994.
P.D. sobre las P.D.'s.- Por
supuesto que alguna disgreción sobre las posdatas debe
ir en una posdata. Resulta que uno siente que algo se queda entre
los dedos, que algunas palabras andan todavía por ahí
buscando acomodo entre frases, que uno no acabó de vaciar
bien los bolsillos del alma, pero es inútil, no habrá
posdata que abarque tantas pesadillas... y tantos sueños...
(Suscribe) Subcomandante
Marcos |