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"La expectativa que tenemos
es que la guerra quede conjurada por la presión que haga
la sociedad civil de todo el país para que se cumplan
los acuerdos. No creo que ello dependa de los resultados de las
políticas de San Cristóbal. El problema surgirá
si la sociedad civil se agota, se cansa, se desinfla; en ese
caso todo quedaría suelto y entonces sí se nos
irían encima por la vía militar. Lo que trato de
explicar es que el problema ya no somos nosotros, sino el país;
que nuestro ciclo ya terminó, por más que sigan
los flashes y las fotos".
El Subcomandante Marcos sostiene
una conversación suelta e informal, después de
las últimas entrevistas que concedió en San Cristóbal
de las Casas. Visiblemente cansado, pero con el habla ágil
que lo caracteriza, revisa la experiencia militar del levantamiento
zapatista. Manifiesta sus primeras impresiones después
del diálogo; reflexiona acerca del periodo de consulta
que ahora debe realizar el EZLN en sus comunidades.
Es el fin de una etapa, sorpresiva
y sorprendente, con la cual los sublevados no contaban. El subcomandante
insurgente evalúa las insuficiencias de la negociación,
tanto por parte del EZLN como de los negociadores del gobierno.
Se muestra escéptico de los compromisos y esboza los escenarios
para un futuro inmediato. ¿Paz o guerra? ¿Recrudecimiento
de la represión y el autoritarismo? ¿O tránsito
efectivo a la democracia?
El hombre de las mil palabras
se despide del foro y antes de retornar a la montaña se
acomoda en una silla para una conversación más,
la del estribo.
PREGUNTA.- ¿Se sienten
más seguros ahora que regresan a la selva?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- Allí
estamos en nuestra cancha. Cuando entramos a la ciudad es cuando
empezamos a cometer errores, pero mientras estemos en las montañas
y en las comunidades es muy difícil que alguien se meta
con nosotros, incluso la fuerza regular del Ejército federal.
PREGUNTA.- Estás invitando
a los periodistas a que se vayan con ustedes a la selva. ¿En
qué consiste dicha invitación? ¿Significa
acaso que sus campamentos ya no serán clandestinos?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- La idea
no es llevarlos a lugares conde la situación es delicada.
Hay un sector, el civil, que es donde se van a realizar las consultas.
Eso sí, se pueden arreglar algunas visitas que impliquen
cierto riesgo, y éstas --como las anteriores-- la haremos
con mucha seguridad, vendando los ojos de los periodistas que
se decidan. Ahorita, ya para nadie es un secreto qué zonas
son zapatistas.
PREGUNTA.- ¿Están
pensando en seguir la guerra, o creen que se negoció bien?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- Nosotros
pensábamos que la guerra era lo que seguía. Lo
que se detuvo el día 12 fue que el Ejército federal
entrara a las comunidades y empezara a arrasar, que nosotros
los fuéramos atrayendo hacia la selva, a la montaña.
Eso fue lo que se detuvo.
Nosotros estábamos preparados
para ese tipo de combate; fue el que ensayamos durante 10 años,
no los ataques de San Cristóbal y de las otras cabeceras
municipales. Los nueve años anteriores nos preparamos
para la defensa, sólo para la defensa.
Pero nuestros cálculos
no estaban ni están en que todo se defina por medio de
las armas. Lo que nosotros pensamos y calculamos es que era más
caro aniquilarnos en términos políticos que decirnos
que nos resolverían todas nuestras demandas.
Porque ahorita sólo eso
están diciendo: qué nos va a dar. Y tal vez sí
haya alguna inversión fuerte, pero más que para
solucionar el problema para quitarle base social al Ejército
Zapatista, y para quitarle base social a la guerra.
El gobierno tendrá que
combatir contra su pasado para convencer a las comunidades de
que ahora sí va a cumplir sus compromisos. ¿Por
qué la gente ahora sí va a creer en sus promesas?
La expectativa que tenemos es
que la guerra queda conjurada por la presión que haga
la sociedad civil de todo el país para que se cumplan
los acuerdos. No creo que ello dependa de los resultados de las
pláticas de San Cristóbal.
El problema surgirá si
la sociedad civil se agota, se cansa, se desinfla; en ese caso
todo quedaría suelto, y entonces sí se nos irán
encima por la vía militar. Lo que trato de explicar es
que el problema ya no somos nosotros, sino el país; que
nuestro ciclo ya terminó, por más que sigan los
flashes y las fotos.
PREGUNTA.- Pero ustedes contaban
con que iba a haber guerra y que ésta iba a ser larga.
¿Pensaban que iba a haber un choque militar fuerte, o
no contaban con ello?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- Sí
contábamos con un choque militar fuerte. Pensábamos
que el más fuerte choque militar iba a ser en San Cristóbal.
Nuestros cálculos eran que la reacción militar
iba a ser inmediata, para evitar que hubiera más revuelo.
Calculamos que ellos no iban a titubear.
Por esa razón fue que
concentramos aquí nuestras mayores fuerzas, con la idea
de aguantar la entrada del Ejército; nuestro núcleo
militar más grande estaba alrededor de Rancho Nuevo, sobre
el camino a Tuxtla.
Con mayor razón creímos
que habría un choque fuerte, cuando vemos que las cabeceras
municipales no caen en forma simultánea. Nosotros tomamos
San Cristóbal y nos damos cuenta de que estamos solos,
de que las demás cabeceras no han caído.
Los ataques en Altamirano y
Ocosingo se dan hasta las siete de la mañana, y se resuelven
en términos militares hasta las cuatro de la tarde.
En Las Margaritas se empieza
a las tres de la mañana y en una hora cae. Nosotros empezamos
a la una de la mañana y a las dos ya tenemos la ciudad.
Decidimos por ello darnos el
tiempo necesario en San Cristóbal para detener y empantanar
al Ejército, y darnos tiempo para una retirada ordenada,
mientras averiguábamos qué estaba pasando y llevábamos
a cabo una acción de propaganda armada.
Después vendría
el ataque a Rancho Nuevo para recuperar armas y parque, y es
allí donde fallamos en forma lamentable. Perdemos gente
y además nos ponen en desbandada. Eso desorganiza toda
una columna, la que confluía de San Cristóbal a
Rancho Nuevo, pero también la que estaba bajando de Altamirano
a San Cristóbal.
Repito pues que no sabíamos
bien lo que estaba pasando. La forma tan rápida en la
que pasamos de la acción armada a la mesa de San Cristóbal
nos tomó por sorpresa. Ya habíamos dicho antes
que nuestra demora relativa en organizarnos para llegar a la
mesa de paz fue precisamente que no la esperábamos tan
pronto.
PREGUNTA.- Si los tomó
por sorpresa la forma en que se dieron los acontecimientos, y
tuvieron que improvisar o discutir el cambio de rumbo sobre la
marcha, ¿están preparados ahora para que en un
plazo tan corto como el anunciado se discutan en la selva los
términos de los acuerdos?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- No hay
ni habrá improvisación en la discusión de
dichos acuerdos, pues eso sí lo sabemos hacer. Así
decidimos la guerra.
Te voy a contar. Primero empezaron
a emerger algunas voces que decían que ya no aguantaban;
luego aparecieron núcleos que empezaron a decir que se
irían a la guerra solos, por su lado.
Entonces la comandancia empieza
a detectar esta situación, la analiza y decide consultar.
Se organiza pues la explicación de los pros y de los contras
de iniciar el levantamiento, tomando en cuenta las circunstancias:
las del Tratado de Libre Comercio, la caída del sistema
socialista, lo que pasó en El Salvador, en Nicaragua,
en Guatemala.
Y del otro estaba la lógica
de la muerte y la miseria: el aumento de la mortalidad infantil,
la cancelación del reparto agrario por la reforma al artículo
27, el choque de comisiones que iban a solicitar recursos y regresaban
sólo con un montón de papeles.
Entonces la Comandancia General
lo explica a los comités de etnia; éstos comités
a los de las regiones y cañadas; éstos a los comités
locales --que están en cada poblado--, y éstos
a su vez lo explican a la comunidad.
Allí se argumenta en
pro y en contra hasta que la misma comunidad dice que ya es tiempo
de votar. Se levantan actas en las que se apunta tantos que sí,
tantos que no, tantos que no saben, sin distinción de
edad, hombres, mujeres y niños.
Luego viene el proceso inverso:
los locales pasan los resolutivos de base a las regionales, las
regionales a la zona, la zona a los comités y estos a
la comandancia.
Fue cuando pareció que
estuviéramos otro canal de televisión: mientras
nosotros pensábamos que no, que parecía que todo
a nivel internacional estaba en contra, que se anularía
en consecuencia la acción militar resultó que la
inmensa mayoría se inclinó por el sí. Sólo
un puñadito de compañeros decían nomás
que aún no era tiempo.
PREGUNTA.- Decías antes
que para ganar los acuerdos de la mesa de San Cristóbal
se requeriría algo más que la voluntad expresa
de las partes. Hablabas de que sólo con el apoyo --o la
suma-- de la sociedad civil sería posible ganar las demandas
zapatistas. ¿Podrías explicar mejor esta idea?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- El gobierno
solo cumplirá si se le obliga, y ello por la fuerza de
los fusiles o por la presión de la sociedad. Apostarle
a que se dé esa presión es el camino.
La única posibilidad
de paz que ahora vemos es que haya otras fuerzas que se comprometan
a obligar al gobierno a que cumpla. Esa es la apuesta de este
proceso de consulta; no depende de lo que vaya para abajo, sino
de lo que va al resto del país.
Nosotros hemos recibido muchas
cartas que sugieren un proceso de transmutación. Primero
nos llegaron cartas de sorpresa, de algunos que decían
que todo estaba muy bonito pero que nos iban a romper la madre;
luego vinieron las cartas que decían que buscáramos
el camino de la paz, de la negociación, para que no nos
dejáramos matar; la tercera etapa fue cuando nos dijeron
--nos dicen-- que no entreguemos las armas, que no nos vayamos
a vender, que no cedamos a lo que piden.
Se están formando comités
de solidaridad ya no con el pueblo chiapaneco sino con el EZLN.
Llegan de muchos lados, sobre todo de grupos indígenas.
Recordarás la carta que nos mandaron los de la marcha
de Guerrero; pero también han llegado de los yaquis, mayos,
tarahumaras, de los mayas de Yucatán y Campeche; de Colima,
Puebla...
Nosotros no nos asumimos al
frente de este movimiento; más bien nos asumimos como
la cola. Ahora cualquier otro movimiento tiene más oportunidad
que nosotros, porque pueden decir: allí están los
radicales, yo quiero lo mismo que ellos, y si no me cumples también
me voy a radicalizar.
Ahora se abre el campo para
eso y nosotros decimos pues ¡órale, sí, éntrenle!
Pero no nos vemos como víctimas propiciatorias, porque
sí vamos a cobrar nuestros muertos, no con otras muertes,
sino con beneficios para los indígenas en general y para
el estado en particular.
Ahorita el peligro es que el
movimiento se quede conforme con lo que se dará en el
nivel local y no aspire a contribuir a un movimiento nacional.
PREGUNTA.- En el documento que
resultó de las discusiones entre ustedes y el comisionado
en San Cristóbal, no tienen respuestas positivas algunas
demandas de nivel federal que el EZLN había venido planteando,
como las reformas al artículo 27 o al cuarto constitucional.
Pero en una primera lectura
da la impresión de que ustedes lograron cuestiones que,
aunque no haya sido aceptado formalmente, presionen hacia una
reforma de partes importantes de la Constitución o, si
se permite la figura, ganaron cuestiones que le quedan grandes
a la estrechez del marco legal e institucional actualmente vigente.
SUBCOMANDANTE MARCOS.- Hay respuestas
que no responden formalmente a algunas de esas demandas nacionales,
pero que sí abren la puerta a que se desarrolle un movimiento
nacional que acabe por romper o modificar el actual marco constitucional.
No responden por ejemplo, a
la demanda de reforma del 27, pero las concesiones establecidas
posibilitan que con la confluencia de otros sectores y movimientos,
con demandas de ese tipo y por otros medios, acaben por reformarlo,
antes de que termine el sexenio o a partir de un nuevo gobierno.
Según lo que analizamos
nosotros y las consultas que hicimos con abogados, necesariamente
San Cristóbal empieza a plantear la necesidad de una mesa
nacional, de un diálogo nacional, donde además
de nosotros participen otras fuerzas.
En todo caso, si no resuelven
tan rápido y en forma clara es por mantener el principio
de autoridad, bajo la idea de que no tienen por qué concederle
a esta gente. El proyecto neoliberal ya no es defendible.
PREGUNTA.- Ustedes tuvieron
mucha suerte al no ser descubiertos. ¿Cuál fue
la fórmula o las condiciones que hicieron eso posible?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- El gobierno
pensó primero que lo nuestro no era una guerrilla. Decían
que si lo fuera, ya estarían atacando, porque no hay guerrilla
que se prepare primero, crezca y hasta después ataque.
Pensaron entonces que éramos
guatemaltecos, bases de apoyo de la URNG, o pensaron otras cosas,
como que se trataba de invasiones de tierras, algunas organizaciones.
La información que tenían
no checa entonces con el esquema de la computadora de la Sedena
o de Gobernación, si es que Gobernación todavía
ocultaba esa información.
Nosotros pensamos desde 1985
que íbamos a ser descubiertos. Entonces todo nuestro esquema
militar era defensivo, esperando ser descubiertos, pues ya estábamos
creciendo demasiado: comunidades enteras hablaban de nosotros,
nos ayudaban con la carga, nos alimentaban.
PREGUNTA.- ¿Qué
pregunta te hubiera gustado escuchar? ¿Qué es lo
que nadie te ha preguntado y quisieras decir?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- Yo preguntaría:
qué van a hacer los zapatistas, en una y otra posibilidad?
¿Qué van a hacer si la gente dice que no a la paz
y sí a la guerra? ¿Qué van a hacer si la
gente dice sí a la paz y no a la guerra? ¿Qué
van a hacer con sus unidades militares y sus profesionales de
la violencia, en un caso y en otro?
En el caso de que la opción
fuera la paz, nosotros no batallaríamos, pues nuestro
ejército es campesino. La incorporación a la vida
civil sería casi natural, aunque no entregaríamos
las armas, para defendernos en caso de amenaza.
De cualquier manera, si se gana
la paz tendríamos que permanecer durante un buen tiempo
como ejército garante del cumplimiento de los acuerdos.
El problema es cómo es
ese tiempo se va a dar la relación con el poder, con el
que te enfrentaste, pues como quiera que sea su objetivo es aniquilarte,
o sea, restarte base social y minar tu prestigio para poder aniquilarte
con el menor costo político.
PREGUNTA.- En caso de que avance
la propuesta de paz y el cumplimiento de las demandas zapatistas,
¿qué va a pasar con los ganaderos?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- Yo creo
que los van a tener que sacrificar. Si el gobierno quiere llegar
a un acuerdo va a tener que sacrificarlos. Puede darse un proceso
de concertación dentro de los ganaderos, en el sentido
de que ellos mismos decidan sacrificar a algunos, lo de estos
territorios, para que no se toque a otros.
Eso va a pasar en Altamirano,
en Ocosingo, en Las Margaritas, donde fue el conflicto. Ocurre
allí un fenómeno parecido al de San Juan Chamula.
El cacicazgo de San Juan Chamula es promovido por el Estado a
cambio de votos.
Por cumplir esta función,
de asegurar los votos, empiezan a darles más poder y ello
provoca la situación que conocemos. A tal punto que ahora
el gobierno no puede tocar a los caciques; van y vienen gobernadores,
y a costos sociales muy altos; no los pueden tocar.
Tal vez no se han dado cuenta
qué monstruo crearon igual con las ganaderas, cuando les
dieron entrenamiento, las armaron --claro, a cambio de dinero--
y las solaparon en los desmadres que hicieron.
Y el gobierno sabía.
Así como en el 93 descubren nuestros campos de entrenamiento,
ellos saben por lo menos desde el 90, que los ganaderos se encuentran
armados y se preparan.
Son sus oficiales los que les
daban instrucciones en campos de entrenamiento de las "guardias
blancas", en los ranchos de los Castellanos, en el auditorio
municipal de Altamirano.
La hipótesis militar
que hemos contemplado es que se hace una plaza de toros que se
llama la Selva Lacandona. En el burladero están el gobierno
federal y el Ejército; arriba la sociedad civil; nosotros
somos el torero, y el toro son los ganaderos. El gobierno dice:
que se hagan pedazos y yo llego a recoger los restos.
Y entonces el Ejército
agresor de derechos humanos se convierte en un ejército
pacificador, que pone el orden. Ese es un probable escenario,
que reproduce en términos militares la detención
de la caravana Ricardo Pozas: el ambiente es de linchamiento
y los militares se cruzan de brazos.
Los ganaderos ya están
fuera de control. Nosotros amenazamos varias veces con romper
las pláticas por lo de Altamirano, y el gobierno no pudo
controlarlos. Los ganaderos estaban jugando a romper las pláticas.
PREGUNTA.- ¿Qué
va a pasar en Altamirano? ¿Va a haber un rompimiento?
¿Qué pasa si este esquema de confrontación
se extiende a otros lugares del país?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- Parece
que esto va a jugarse también en las ganaderas nacionales;
allí se verá qué apoyo tienen. Pero si estos
cuates cuentan con el apoyo de las ganaderas, entonces vale madre,
porque van a pasar de linchadores a mártires de la causa
de la pequeña propiedad.
Si las otras ganaderas empiezan
a hacer ruido sobre esto pues van a crear la "contra".
Pero la responsabilidad es del Estado.
Igual es el responsable de lo
que pasó el primero de enero, porque antes se les dijo
que eso iba a pasar; se les demandó que corrigieran. Ahora
se les dice que va a pasar esto, que dejen abiertas las puertas.
PREGUNTA.- Sí ésta
ha sido la respuesta del gobierno, ¿cómo ven ustedes
ahora la respuesta o la actitud de Camacho?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- El descubrimiento
de Camacho fue que en realidad la dirección de este movimiento
es indígena. Fue una gran sorpresa para ellos tener que
dirigirse a esos interlocutores y no a las fuerzas que supuestamente
estaban atrás.
Allí es cuando se les
abre el mundo, y entonces Camacho dice que esto sí tiene
salida, aunque estén ocultos detrás de un pasamontañas;
que no se trata de fuerzas extranjeras.
PREGUNTA.- Una de las conquistas
de ustedes en la mesa de San Cristóbal es que se creen
condiciones para unas elecciones limpias y democráticas
en Chiapas. Si esto se cumple, ¿participaría el
EZLN de alguna manera como fuerza y candidatos propios en el
proceso electoral?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- No lo
vamos a hacer. No tenemos la estructura organizativa necesaria.
Pero además hay recelo de nuestra gente a que alguno de
nosotros lo haga. Por ejemplo, todos los jefes tienen prohibido
ocupar cargos públicos, bajo amenaza de expulsión.
Tampoco tienen posibilidad de tener propiedades.
Pero además la estructura
del EZLN es estrictamente militar reivindicativa. Necesitaríamos
además cuadros experimentados en la lucha abierta, de
masas.
Nosotros tenemos la capacidad
de organizarnos en las comunidades, de sobrevivir, de mantenernos
allí adentro, pero ya no de salir a la luz pública,
pues no tenemos experiencia. Allí es donde nos pueden
marear y acaballar.
PREGUNTA.- Pero ustedes, con
la simpatía que generaron, ¿no podrían tener
influencia en la nominación de presidentes municipales?
¿No es parte de sus objetivos influir en el nombramiento
de autoridades democráticas?
SUBCOMANDANTE MARCOS.- Ese es
sin duda uno de nuestros objetivos. Definitivamente eso es una
cercana realidad en los medios rurales, pues todo el territorio
rural del estado es nuestro.
Pero eso lo veo más bien
en el sentido de saludar la nominación, la candidatura
de alguien, y no de lanzarlo por nuestra cuenta, pues de otras
forma se pierde prestigio, autoridad moral, base social.
Periódico LA JORNADA
4 de marzo de 1994
Entrevista al Subcomandante Marcos
Por Julio Moguel y Hermann Bellinghausen, enviados |