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Un pueblo no es el mismo después
de la guerra. El indígena, el obrero y el campesino comprenden
que no tienen por qué mirar al piso cuando les habla el
patrón intentando humillarlos, ni por qué sentir
vergüenza por saberse indios. Al contrario, tienen orgullo
de serlo. Un pueblo queda marcado, dice el subcomandante Marcos:
"Por ejemplo, a una mujer
indígena de estos poblados será muy difícil
decirle que vuelva a lo mismo, a desgastarse con trabajos agobiantes
que matan en unos cuantos años o que vuelva a la servidumbre,
la obediencia, la obsesión. Si a los indígenas
no se les ofrece algo mejor, no volverán a estar en calma".
+ NUNCA MAS
Las milicianas del EZLN, aquellas
que portan uniforme y que muchas veces llevan las mejores armas,
no quieren casarse ni soportar a hombres que se emborrachen y
las hagan trabajar el doble que ellos. "No queremos que
nos llenen de hijos", dicen.
No quieren que la vida se les
vaya en un continuo ir y venir de los partos de hijos mal alimentados
a las defunciones prematuras por falta de atención médica,
por pobreza.
No se comparan las jóvenes
insurgentes con las demás mujeres de la Selva Lacandona,
niñas de 14 y 16 años ya casadas, que empiezan
por ser madres para envejecer en un periodo de quince años
y quedar secas, cargadas de sexenas de niños.
Mujeres a las que, aunque lavan
ropa y dan de mamar a sus hijos entre la siembra y la cocina,
les es negado el mínimo derecho de bailar en las fiestas,
por la tradición, por ser madres. Vivir más de
50 años es raro. Pocas ancianas, pocas abuelas se paran
por aquí.
+ LA FORMULA SECRETA
Hay jóvenes casi niños
en la línea de combate. El subcomandante Marcos opina:
"Es difícil reprocharle
a un joven de éstos que traiga un arma. Los jóvenes
aprenden a pelear y a defenderse porque se les ha negado un lugar
en el futuro, donde sus padres tampoco cupieron. El Comité
dice: '¿Por qué ellos no, si están peor
que nosotros?'.
Los jóvenes insurgentes
milicianos están llenos de esperanza. A pesar de que esconden
su rostro tras un pasamontañas, no pueden ocultar la dulzura
por sus ojos, la inocencia, la juventud o el amor por una mujer.
Es difícil mirar en ellos
a 'profesionales de la violencia', como les dicen. Hoy empuñan
un arma y aseguran y creen que es para cambiar el mañana,
para que puedan crecer libres, para que ya no los exploten en
las fincas, como a sus padres, que les pagan una miseria y no
pueden salir al paso con la alimentación de sus hijos,
para que tengan escuela, un techo digno y un espacio en estas
tierras.
Unos cuantos, los que no tomaron
las armas, no creían que se pudiera hacer algo el primero
de enero, que se pudiera triunfar y lograr cambios. Ahora algunos
piden ser como los insurgentes que no tuvieron miedo de morir
durante los enfrentamientos.
Todos estos cambios en el ánimo
de la gente se deben a los diez años de preparación.
El EZLN no surge de una acción militar sino de una acción
social. Fue una larga acumulación en silencio, de pobladores
de los pueblos chiapanecos.
Este es el secreto de que el
Ejército Zapatista contara con más medios, con
más recursos, con más entrenamiento. El largo periodo
de acumulación de fuerzas produce en términos militares,
pero lo más valioso, lo más definitivo, es la base
social que consigue.
Esa complicidad de decenas de
miles hace que frente a las narices mismas del gobierno y de
la sociedad emerja este movimiento y les estalle en las manos
el día primero de enero".
Revista MIRA
16 de mayo de 1994
Entrevista al Subcomandante Marcos
Por Ignacio Núñez Pliego
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