COMUNICADO DE PRENSA
DEL SUBCOMANDANTE
MARCOS
Mayo 28, 1994
Ejército Zapatista
de Liberación Nacional
México
28 de mayo de 1994
Al semanario nacional PROCESO:
Al periódico nacional EL FINANCIERO:
Al periódico nacional LA JORNADA:
Al periódico local de SCLC, TIEMPO:
Señores:
Va comunicado sobre el fin,
al fin, de las consultas. Además cartas varias con destinatarios
diversos.
Nosotros bien... cercados. Resistiendo
"heroicamente" el vendaval de reacciones después
del evento del 15 de mayo. A los vigilantes aciones ahora se
suman, desde hace 3 días, helicópteros.
Los cocineros se quejan de que
no habrá ollas suficientes si se caen todos al mismo tiempo.
El superintendente argumenta
que hay suficiente leña para un asado, que por qué
no invitamos a algún periodista argentino, que ésos
saben hacer asados.
Reviso mentalmente y es inútil:
los mejores argentinos son guerrilleros (por ejemplo, el Che),
o poetas (Juan Gelman, por ejemplo), o escritores (por ejemplo,
Borges), o artistas (Maradona, por ejemplo), o cronopios (por
siempre, Cortázar), no hay argentinos asadores de duraluminio.
Algún ingenuo propone
que esperemos las hamburguesas improbables del CEU. Ayer nos
comimos la "consola" y dos micrófonos de la
XEOCH, tenían un sabor rancio, como de algo podrido.
Las sanitarias reparten hojas
con chistes en lugar de analgésicos, dicen que la risa
también cura.
El otro día sorprendí
a Tacho y a Moi llorando... de risa. "¿Por qué
se ríen?", pregunté. No podían contestar
porque las carcajadas les quitaban el aire.
Una sanitaria explica apenada:
"Es que les duele mucho la cabeza". Día 136
del cerco... (Suspiro)...
Para colmo Toñita me pide un cuento.
Le cuento el cuento como me lo contó el viejo Antonio, el
padre de aquel Antonio del viento que se levanta en "Chiapas:
el Sureste en dos vientos, una tormenta y una profecía":
"Cuando el mundo dormía
y no se quería despertar, los grandes dioses hicieron
su asamblea para tomar los acuerdos de los trabajos y entonces
tomaron acuerdo de hacer el mundo y hacer los hombres y mujeres.
Y llegó en la mayoría
del pensamiento de los dioses de hacer el mundo y las personas.
Y entonces pensaron de hacer las gentes y pensaron de hacerlas
que fueran muy bonitas y que duraran mucho y entonces hicieron
a las primeras gentes de oro y quedaron contentos los dioses
porque las gentes que hicieron eran brillantes y fuertes.
Pero entonces los dioses se
dieron cuenta que las gentes de oro no se movían, estaban
siempre sin caminar ni trabajar, porque estaban muy pesadas.
Y entonces se reunió
la comunidad de los dioses para sacar acuerdo de cómo
van a resolver ese problema y entonces sacaron acuerdo de hacer
otras gentes y las hicieron de madera y esas gentes tenían
el color de la madera y trabajaban mucho y mucho caminaban y
estaban otra vez contentos porque el hombre ya trabajaba y caminaba
y ya se estaban de ir para echar alegría cuando se dieron
cuenta que las gentes de oro estaban obligando a las gentes de
madera a que las cargaran y les trabajaran.
Y entonces los dioses vieron
que estaba mal lo que hicieron y entonces buscaron un buen acuerdo
para remediar la situación y entonces tomaron acuerdo
de hacer las gentes de maíz, las gentes buenas, los hombres
y mujeres verdaderos, y se fueron a dormir y quedaron las gentes
de maíz, los hombres y mujeres verdaderos, viendo de remediar
las cosas porque los dioses se fueron a dormir.
Y las gentes de maíz
hablaron la lengua verdadera para hacer acuerdo entre ellas y
se fueron a la montaña para ver de hacer un buen camino
para todas las gentes".
Me contó el viejo Antonio
que las gentes de oro eran los ricos, los de piel blanca, y que
las gentes de madera eran los pobres, los de piel morena, que
trabajaban para los ricos y los cargaban siempre y que las gentes
de oro y las gentes de madera esperan la llegada de las gentes
de maíz, las primeras con miedo y las segundas con esperanza.
Le pregunté al viejo
Antonio de qué color era la piel de las gentes de maíz
y me enseñó varios tipos de maíz, de colores
diversos, y me dijo que eran de todas las pieles pero nadie sabía
bien, porque las gentes de maíz, los hombres y mujeres
verdaderos, no tenían rostro...
Se murió el viejo Antonio.
Lo conocí hace 10 años, en una comunidad muy adentro
de la selva. Fumaba como nadie y, cuando se acababan los cigarros,
me pedía tabaco y se hacía cigarrillos con "doblador".
Veía mi pipa con curiosidad
y, cuando alguna vez intenté prestársela, me mostró
el cigarrillo de "doblador" en su mano, diciéndome
sin palabras que prefería su método de fumar.
Hace unos dos años, en
1992, cuando recorría comunidades haciendo las reuniones
para ver si se empezaba la guerra o no, me llegué hasta
el pueblo del viejo Antonio.
Me llegó a alcanzar Antonio
hijo y atravesamos potreros y cafetales. Mientras la comunidad
discutía lo de la guerra, el viejo Antonio me tomó
del brazo y me condujo hasta el río, unos 100 metros más
abajo del centro del poblado.
Era mayo y el río era
verde y de discreto cauce. El viejo Antonio se sentó en
un tronco y nada dijo. Después de un rato habló:
"¿Lo ves? Todo está tranquilo y claro, parece
que no pasa nada..."
"Mmmh", le dije, sabiendo
que no esperaba ni un sí ni un no. Después me señaló
la punta de la montaña más cercana.
Las nubes se acostaban, grises,
en la cúspide y los relámpagos quebraban el azul
difuso de las lomas.
Una tormenta de las de deveras,
pero se veía tan lejana e inofensiva que el viejo Antonio
empezó a liar un cigarrillo y a buscar inútilmente
un encendedor que no tenía, sólo el tiempo suficiente
para que yo le acercara el mío.
"Cuando todo está
en calma abajo, en la montaña hay tormenta, los arroyos
empiezan a tomar fuerza y toman rumbo hacia la cañada",
dijo después de una bocanada.
En la época de lluvias
este río es fiero, un látigo marrón, un
temblor fuera de cauce, es todo fuerza.
No viene su poder de la lluvia
que cae en sus riberas, son los arroyos que bajan de la montaña
los que lo alimentan.
Destruyendo, el río reconstruye
la tierra, sus aguas serán maíz, frijol y panela
en las mesas de la selva.
"Así es la lucha
nuestra", me dice y se dice el viejo Antonio. "En la
montaña nace la fuerza, pero no se ve hasta que llega
abajo".
Y respondiendo mi pregunta de
si él cree que ya es tiempo de empezar, agrega: "Ya
es el tiempo de que el río cambie color..."
El viejo Antonio calla y se
incorpora apoyándose en mi hombro. Regresamos despacio.
Él me dice: "Ustedes son los arroyos y nosotros el
río... tienen que bajar ya..."
Sigue el silencio y llegamos
a la champa cuando ya oscurecía. Antonio hijo regresa
al rato con el acta de acuerdo que decía, palabras más
o menos:
"Los hombres y las mujeres
y los niños se reunieron en la escuela de la comunidad
para ver en su corazón si es la hora de empezar la guerra
para la libertad y se separaron los 3 grupos o sea las mujeres,
los niños y los hombres para discutir y ya luego nos reunimos
otra vez en la escuelita y llegó su pensamiento en la
mayoría de que ya se empiece la guerra porque México
ya se está vendiendo con los extranjeros y el hambre pasa
pero no pasa que ya no somos mexicanos y en el acuerdo llegaron
12 hombres y 23 mujeres y 8 niños que ya tienen bueno
su pensamiento y firmaron los que saben y los que no ponen su
dedo".
Salí en la madrugada,
el viejo Antonio no estaba, temprano se fue al río.
Volví a ver al viejo
Antonio hace unos dos meses. Nada dijo cuando me vio y me senté
a su lado y, con él, me puse a desgranar mazorcas de maíz.
"Se creció el río",
me dijo después de un rato. "Sí", le
dije.
Le expliqué a Antonio
hijo lo de la consulta y le entregué los documentos donde
vienen nuestras demandas y las respuestas del gobierno. Hablamos
de cómo le había ido en Ocosingo y, de nuevo en
la madrugada, salí de regreso.
En un recodo del camino real
me estaba esperando el viejo Antonio, me detuve a su lado y báje
la mochila buscando el tabaco para ofrecerle. "Ahora no",
me dijo rechazando la bolsa que le tendía. Me apartó
de la columna y me llevó al pie de una ceiba.
"¿Te acuerdas de
lo que te conté de los arroyos en la montaña y
el río?", me preguntó. "Sí",
respondí con el mismo murmullo con el que me preguntaba.
"Me faltó decirte
algo", agrega él mirándose la punta de los
pies descalzos. Respondí en silencio. "Los arroyos...",
se detiene por la tos que domina el cuerpo, toma un poco de aire
y continúa:
"Los arroyos... cuando
bajan...", un nuevo acceso de tos que me hace llamar al
sanitario de la columna; él rechaza al compañero
de la cruz roja en el hombro; el insurgente me mira y le hago
una seña para que se retire.
El viejo Antonio espera a que
se aleje la mochila de medicinas y, en la penumbra, sigue: "Los
arroyos... cuando bajan... ya no tienen regreso... más
que bajo tierra". Me abraza rápido y rápido
se va.
Yo me quedo viendo cómo
se aleja su sombra, enciendo la pipa y cargo la mochila. Ya en
el caballo recuerdo la escena. No sé por qué, estaba
muy oscuro, pero el viejo Antonio... me pareció que lloraba...
Ahora me llega la carta de Antonio
hijo con el acta del poblado con su respuesta a las propuestas
del gobierno.
Me dice Antonio hijo que el
viejo Antonio se puso muy grave de pronto, que ya no quiso que
me avisaran y que esa noche se murió.
Dice Antonio hijo que, cuando
le insistían en que me avisarían, el viejo Antonio
sólo dijo: "No, ya le dije lo que tenía que
decirle... Déjenlo, ahora tiene mucho trabajo..."
Al terminar el cuento, Toñita,
de 6 años y dientes picados, me ha dicho, con gran solemnidad,
que sí me quiere pero que ya no me va a dar besos porque
"mucho pica".
Rolando dice que, cuando tiene
que ir al puesto de Sanidad, Toñita pregunta si está
el Sup. Si le dicen que sí está, entonces no va
a la enfermería.
"Porque ese Sup puros besos
quiere y mucho pica", dice la inapelable lógica de
los 6 años y dientes picados que, del lado de acá
del cerco, lleva el nombre de "Toñita".
Acá empiezan a insinuarse
las primeras lluvias. Menos mal, pensábamos que tendríamos
que esperar los camiones antimotines para tener agua.
Ana María cuenta que
la lluvia viene de las nubes que se pelean en lo alto de las
montañas. Lo hacen así para que los hombres y mujeres
no vean esas disputas.
Las nubes inician su fiero combate,
con eso que llamamos truenos o relámpagos, en la cumbre.
Armadas de infinidad de ingenios, las nubes pelean por el privilegio
de morirse en lluvia para alimentar la tierra.
Así somos nosotros, sin
rostro como las nubes, como ellas sin nombre, sin pago alguno...
como ellas peleamos por el privilegio de ser semilla en la tierra...
Vale. Salud y un impermeable
(para las lluvias y para los motines).
Desde las montañas
del sureste mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos
Mayo de 1994
(Suscribe) Subcomandante
Marcos
P.D. Mayoritaria que se disfraza
de minoría intolerada.
A todo esto de que si Marcos
es homosexual: Marcos es gay en San Francisco, negro en Sudáfrica,
asiático en Europa, chicano en San Isidro, anarquista
en España, palestino en Israel, indígena en las
calles de San Cristóbal, chavo banda en Neza, rockero
en CU, judío en Alemania, ombudsman en la Sedena, feminista
en los partidos políticos, comunista en la post guerra
fría, preso en Cintalapa, pacifista en Bosnia, mapuche
en los Andes, maestro en la CNTE, artista sin galería
ni portafolios, ama de casa un sábado por la noche en
cualquier colonia de cualquier ciudad de cualquier México,
guerrillero en el México de fin del siglo XX, huelguista
en la CTM, reportero de nota de relleno en interiores, machista
en el movimiento feminista, mujer sola en el metro a las 10 P.M.,
jubilado en el plantón en el Zócalo, campesino
sin tierra, editor marginal, obrero desempleado, médico
sin plaza, estudiante inconforme, disidente en el neoliberalismo,
escritor sin libros ni lectores, y, es seguro, zapatista en el
sureste mexicano.
En fin, Marcos es un ser humano,
cualquiera, en este mundo. Marcos es todas las minorías
intoleradas, oprimidas, resistiendo, explotando, diciendo "¡Ya
basta!". Todas las minorías a la hora de hablar y
mayorías a la hora de callar y aguantar. Todos los intolerados
buscando una palabra, su palabra, lo que devuelva la mayoría
a los eternos fragmentados, nosotros. Todo lo que incomoda al
poder y a las buenas conciencias, eso es Marcos.
De nada señores de la
PGR, estoy para servirles... con plomo.
P.D. para el PRD.
Sobre la lógica de los
muertos. Los compañeros leyeron lo de "tenemos más
bajas que el EZLN" e inmediatamente se pusieron a hacer
cuentas. Suman, multiplican, desde que, hace ya más de
10 años, empezaron a de noche andar por veredas y caminos
reales sorteando emboscadas "contra los bandidos",
para llevar las cuatro letras.
Dicen los compañeros
que a contar muertos nadie les gana. "De eso sí estamos
muy entrenados", dice Gabino. La discusión entre
las tendencias" del EZLN se agudiza: los más radicales
quieren contar desde que los españoles iniciaron el violento
aventarlos hacia la selva y las montañas, los más
discretos y prudentes dicen que sólo desde que se formó
el EZLN.
Algunos mandan preguntar si
meten en la cuenta a los muertos en los 136 días y noches
de cerco, preguntan si cuenta Amalia, 25 años y 7 hijos,
que se empezó a poner "un poco mal a las 6 de la
tarde 125 del cerco, que comenzó con fiebre, diarrea,
vómitos y a desangrarse por entre las piernas, que la
ambulancia dijo que no podía, que a las 4 de la mañana
nosotros conseguimos gasolina y fuimos por ella en un maltrecho
camión de tres toneladas, que la trajimos a nuestro puesto
de sanidad, que 100 metros antes de llegar con Teniente Elena
dijo: "Me voy a morir", que cumplió su palabra
y 98 metros antes de la morena cara de Elena se murió,
que la sangre y la vida se le fueron por la entrepierna, que
pregunté si seguro estaba muerta, que Elena dijo que sí,
que se murió "de una vez", que en la mañana
126 del cerco, la hija segunda de Amalia miró la muerte
en la camilla de palo y bejuco y le dijo a su papá que
iba a pedir pozol en alguna casa, "porque mi mamá
ya no va a poder".
Preguntan si la niña
de Ibarra, que murió "así nomás, como
que se murió de toser", cuenta. Todos están
haciendo cuentas, alguno usa una calculadora recuperada del palacio
municipal de Ocosingo. En eso están cuando llega Juana
a pedir que cuenten al viejo Antonio, "que se murió
de pena". Luego viene Lorenzo a exigir que cuenten a Lorenzo
hijo, "que se murió de noche". Por radio transmiten
nombres y muertes, muertos "de una vez". De pronto
todos se detienen, calculadora-lápiz-lapicero-gis-varita-uña
en mano se miran unos a otros, están confundidos, no saben
si están sumando... o restando...
De pontífices o pontificados.
Magnífico, la autocrítica es siempre oportuna.
Finalmente, podrán acusarnos
de inoportunos, de no tomar en cuenta la correlación de
fuerzas, la torpeza política, de no tener satélite
para ver el debate en directo, de no tener suscripciones en los
principales diarios y revistas para enterarnos de las valoraciones
post debate, de no ser amables, de ser descorteses, de padecer
"el mal de montaña", de no reconocer posibles
aliados, de sectarios, de intransigentes, de ser regañones.
Se puede acusarnos de todo, menos de no ser consecuentes...
Vale, recordad que lo único
que hemos hecho nosotros es ponerle un gatillo a la esperanza.