COMUNICADO DE PRENSA
DEL SUBCOMANDANTE
MARCOS
Noviembre 2, 1994
Ejército Zapatista
de Liberación Nacional
México
2 de noviembre de
1994
Al semanario nacional PROCESO:
Al periódico nacional EL FINANCIERO:
Al periódico nacional LA JORNADA:
Al periódico local de SCLC: TIEMPO
Señores:
Va comunicado para la CND y
otro anunciando vacante de asesoría jurídica. Acá,
como es ley, los muertos de ayer, hoy y siempre, bailaron y rieron,
que es una forma muy noble de llorar.
Vale. Salud y que el baile con
la muerte sea como debe ser: sonriendo.
Desde las montañas
del sureste mexicano
Subcomandante Insurgente Marcos
México, Noviembre de 1994
(Suscribe) Subcomandante Marcos
P.D. que cuenta un cuento en
Noche de Muertos.
"Ya no matamos la guajolota",
me dice la Eva mientras reviso el video que estamos haciendo
para celebrar el primer aniversario del ezetaelene: "Los
transgresores de la ley contra los 'dinosaurios' de Atlacomulco".
Tiene un gran reparto: en el
papel del Heriberto, el propio Heriberto; en el papel de El Beto,
el susodicho; en el papel estelar de "Toñita",
la autodenominada. Hay además una cantidad discreta de
transgresores (varios miles).
La Eva pide que repita la parte
de las piñatas cuando llega, chillando, el Heriberto.
Entre pucheros y mocos alcanzo a interpretar que al Heriberto
le decomisaron, en el retén, seis condones.
Le digo al Moy que investigue
antes de que la Ana María nos ponga una demanda en el
Tribunal de La Haya. El Moy regresa cuando estamos viendo, por
cuarentaicincoava vez, la escena de una piñata que se
desgaja como árbol besado por un rayo.
El resultado de la investigación
es que al Heriberto lo habían engañado diciéndole
que los preservativos eran vejigas; el oficial del retén
tenía plan para esa noche pero no impermeables para la
lluvia y el Heriberto se atravesó.
En fin, le dije al Moy que ya
no continuara la investigación porque, seguro, nos iba
a llevar hasta Tamaulipas y de ahí al gabinete.
Mientras tanto el Heriberto,
que no tiene trazas de recordar el incidente, se dedica a "cariciar"
hormigas arrieras con un envase de conocido refresco de cola.
A mí me parece que las
está apachurrando, pero ¿qué le vamos a
hacer? Uno aprende de errores anteriores y entonces lo llamo
para distraerlo con un dibujo que hice de un poderoso portaviones
con muchos cañones, rayos infrarrojos, "smart bombs"
y todos los avances tecnológicos.
El Heriberto dibuja un patito
y declara, sin pena alguna, que su patito no necesita baterías
y, es seguro, navegará sin problemas en los charcos de
la Realidad.
"En la Realidad su barcote
de usté no va a servir", dice el Heriberto viendo
una caja de chocolates que clarito dice "Colación
de Navidad", y agrega "en la Realidad no hay pilas".
Yo miro desconsolado mi dibujo
y trato de agregarle varias celdas solares de las que el gobierno
proporciona a los habitantes de las tierras que dan el 55 por
ciento de la energía hidroeléctrica del país.
El Heriberto ha considerado
que diciembre está muuuuy lejos y que la Navidad nunca
ha llegado a la realidad Chiapaneca, y ya está rompiendo
el envoltorio y haciendo cómplice a la Eva.
Cuando le enseño el portaviones
solar, el Heriberto trae hasta el cabello embarrado de chocolate
y dice, con desprecio, "Mi patito navega de noche y no necesita
el sol" y me regresa el dibujo pegosteado por el chocolate.
Yo empiezo a dibujarle al portaviones
unos acumuladores grandes, grandes, cuando la Eva propone una
tregua entre tanta guerra enchocolatada, y pide un cuento.
Yo trato de limpiarme el chocolate
que tengo en las manos y lapicero, enciendo la pipa y el Heriberto
y la Eva escuchan, en cuclillas la historia que, por mi boca,
cuenta el viejo Antonio y que por nombre lleva...
La historia de las nubes y
la lluvia:
Un aire caliente y repentino
nos aventó al suelo. Un rayo cayó en un árbol
cercano. El negro garabato empezó a arder y, con esa luz,
empecé a buscar al viejo Antonio para ver si estaba bien.
El viejo Antonio estaba, como
yo, batido de lodo y se apresuraba a extender el nylon para intentar
protegernos de una lluvia que, a mi entender de novato, no pararía
nunca, me acerqué a ayudarle y, después, nos sentamos
a esperar a que dejara de llover.
El viejo Antonio deja, por un
momento, el techo de plástico y se pierde entre los árboles.
Regresa luego con pedazos de rama del árbol desgajado
por el rayo, algunos con fuego todavía.
Rápidamente forma una
hoguera y hace lo que, en la montaña, se hace en esos
casos, cuando uno tiene mojado hasta el corazón, es decir,
poner a secar lo más importante: el tabaco.
Yo he aprendido ya a llevar
pipa y tabaco en una bolsita de plástico, pero espero
a que el tabaco del viejo Antonio se seca, a que forja con doblador,
a que encienda el ritual de la palabra, a que, en el calor que
nos acaricia manos y mejillas, crezca, como el humo en los labios
del viejo Antonio, una húmeda y conflictiva historia:
"Los dioses primeros, los
que nacieron el mundo, se dieron en morirse para que la tierra
tuviera luz y caminaran la verdad y el amor en los pasos de los
hombres y mujeres murciélago.
Pero, antes de eso, los dioses
primeros, que eran siete, se dieron en soñarse a sí
mismos para no morirse cuando se murieran. Los sueños
de los siete dioses primeros, los que nacieron el mundo, quedaron
flotando como trapos rotos.
Blancos flotaban 'onde quiera'
estos sueños y se ensuciaron de tierra y grises y un poco
cafés se pusieron esas 'nubes', que así les pusieron
los hombres y mujeres verdaderos al recuerdo que los dioses primeros,
los que nacieron el mundo, dejaron para no morirse cuando se
murieran.
Cuando los siete dioses primeros
se murieron para vivir, vino un gran dolor a dolerse en los pasos
del mundo todo. Doliendo dolía el dolor de no tener ya
a los primeros padres, los dioses que nacieron el mundo.
Tanto se dolía el agua
que a un lado se hacía y se dolía pa' dentro y
chiquita se hacía. De dolor la tierra se secaba y doliendo
se secaba el vientre y las ganas de los hombres y mujeres verdaderos.
Dolían las plantas de
los pies en el paso, el día dolía, dolía
la noche, gritaba el dolor o en las noches de grillos y cocuyos,
gritaba el dolor o en las cigarras y en los escarabajos del día.
Todo era dolor, las piedras eran dolor y dolía la esperanza.
El dolor se llegó hasta
las montañas, lugar donde se descansaban las nubes, los
sueños de los dioses primeros, los que nacieron el mundo,
los que tuvieron que morir para vivir.
Despertó el dolor a las
nubes. Despacio se despertó el dolor que dolía
a las nubes, porque de tanta tierra y gris como cartón
estaban y no rápido se movían.
Despacio se despertaban, como
cuando el amor o el dolor hacen doler los huesos después
de mucho amor o dolor en las noches de las montañas.
Hablaron entonces los sueños
de los dioses primeros. Las nubes empezaron a ver el gran dolor
que secaba el mundo y se dieron en doblar de cómo van
a resolver la problema del dolido dolor que dolía a los
hombres y mujeres verdaderos.
Pero rápido llegó
en su palabra de seis nubes el enojo y feo se hablaban y se criticaban
y fuerte se hablaban y tronaba el cielo cuando se regañaban
las nubes, los sueños de los dioses primeros.
Y ya luego no nomás se
peleaban de palabra, a los golpes se dieron y duro se pegaban
las nubes en su coraje de no ganar su pensamiento que peleaba
de ser el más grande, y fuego sacaban los golpes y en
lo más arriba de la montaña relámpagos se
veían.
Y los hombres y mujeres verdaderos
con miedo miraban los relámpagos y escuchaban los truenos
de la dura pelea que en la montaña había.
Mientras peleaban tres contra
tres, una de las nubes, uno de los sueños de los dioses
primeros, se recordó de dónde venían y cómo
habían hecho los dioses que nacieron el mundo.
El dolor se le hizo agua y una
lágrima se lloró la nube séptima, porque
siete fueron los dioses primeros y siete sus sueños.
Y ese dolor que lágrima
era habló fuerte entre la gran disputa de las nubes peleoneras
y dijo: 'Mientras ustedes pelean yo me voy a aliviar con mi dolor
el dolor de la tierra'.
'Sos muy pequeña', le
dijeron las nubes otras, 'no alcanza tan poco alivio para tanto
dolor como duele en la tierra. Nada podrás tú sola'.
Pero la lágrima dolor
que dolía en el sueño séptimo repitió:
'Me voy a aliviar con mi dolor el dolor de la tierra'. y se aventó
montaña abajo, para que su húmedo dolor besara
con alivio el dolor de la tierra.
Otro dolor lágrima se
hizo en la nube séptima, y otro más, y muchos dolores
muchas lágrimas se hicieron y se iban cayendo detrás
de la primera lágrima, del dolor primero.
"Voy también', decían
las lágrimas dolores que se dejaban ir así nomás
para besar y aliviar la tierra.
Y viendo que la nube séptima
flaca se ponía de tanto dolor que dolían las lágrimas
que echaba, las otras seis dejaron pendiente su peleadero y se
pusieron también a doler y a lloverse sobre el seco dolor
de la tierra.
Empezó así a llover
y grande fue el dolor que, hecho lágrimas, alivió
el dolor que doliendo se dolía en la tierra. Y alivio
encontró la tierra en esa lluvia y se curó de tanto
dolor, dicen, por la lágrima primera.
Los hombres y mujeres verdaderos
vieron esto y tomaron en cuenta en su corazón que las
peleas que no duelen aliviando, no sirven entre hermanos y, desde
entonces, tres veces es el dolor y tres veces tres el alivio.
Tres meses el calor duele en
las tierras de los hombres y mujeres verdaderos, y tres veces,
tres meses, nueve meses, llueve el alivio en las montañas,
en la casa de siempre de los hombres y mujeres verdaderos...
en el reposo de los sueños de los dioses primeros, los
que nacieron el mundo.
Así enseñaron
los dioses primeros, los que nacieron el mundo, los que ya muertos
vivieron y en su dolor y en su sueño aliviaron el dolido
dolor de la tierra. Así es de por sí.
Para recordarles a los hombres
y mujeres verdaderos que la pelea que no se llueve para aliviar
la tierra es inútil, truena y relampaguea en lo más
arriba de la montaña.
Fuerte pelean las nubes y se
cansan, pero no lloverá hasta que entiendan, como cuando
se nació el mundo, que la pelea es por morirse aliviando,
en un beso, la tierra.
Sin nombre, sin rostro, peleando
el privilegio de ser alivio siempre del doliente y dolido dolor
de la tierra".
Cuando acabo el cuento me percato
de que mi dibujo ya no está. El Heriberto señala,
riendo, la larga hilera de hormigas arrieras que, confundiendo
el dibujo con envoltura de chocolate, lo llevan hacia no sé
dónde pero, lo intuyo, no al mar.
Yo me quedo muuuuy triste al
ver mi flamante portaviones hundirse en el hormiguero. El Heriberto
se apiada de mí y me regala su dibujo del patito.
"Tome usté un patito,
pa' cuando viva en la Realidad", me dice el Heriberto con
la voz llena de chocolate.