En primer término, quiero
decirles que me alienta y emociona el estar aquí, en Oaxaca,
el día de hoy, precisamente en San Pablo Guelatao, en esta
Asamblea con los representantes de las 16 etnias del estado de
Oaxaca.
He escuchado con atención
todos y cada uno de los planteamientos que ustedes han hecho,
la franqueza con que se han expresado y, sobre todo, las lecciones
que el día de hoy nos han dado.
Este es un diálogo directo
y honesto, en el que han surgido compromisos. He venido - como
lo pidió Luisa Ortega - a hablar de frente, a comprometerme
con todos y cada uno de los indígenas oaxaqueños;
pero también, desde aquí, a comprometerme con el
bienestar de las comunidades indígenas del país.
Reconozco en todos y cada uno de
ustedes, a mujeres y hombres que mantienen vivas nuestras raíces,
que nos hacen fuertes por la vigencia de su cultura. Por eso vengo
a comprometerme, a decirles que no debemos seguir admitiendo que
los pueblos sean sinónimo de miseria y de vida amenazada.
El atraso de las comunidades indígenas
no nos es ajeno al resto de las comunidades del país. La
pobreza no solamente perjudica a quien la padece, sino que lastima
a la Nación y divide a nuestra sociedad. No puede haber
libertad cuando existe sometimiento, cuando se carece de oportunidades,
cuando no se cuenta con educación, cuando no se cuenta
con los servicios mínimos; cuando la justicia no existe
o - en el mejor de los casos - es mal impartida.
La nación tiene un compromiso
con los desposeídos; la nación tiene un compromiso
con los que menos tienen.
Debemos reconocer con honestidad
dónde hemos fallado y tomar en cuenta las evidencias que
nos muestra el incumplimiento: ciudades perdidas, cinturones de
miseria en nuestras grandes ciudades, comunidades rurales sin
servicios, niños en la calle, analfabetismo, individuos
para quienes la justicia - en los hechos - es inexistente.
El hombre y su bienestar debe ser
destino y fin de nuestras acciones. En donde más hemos
incumplido esa aspiración es precisamente en las comunidades
indígenas. Por eso es ahí donde tendremos que desplegar
un esfuerzo ejemplar en los próximos años. Donde
nuestros resultados han sido más modestos, tenemos que
concentrar mayores esfuerzos.
No hay duda: con las comunidades
indígenas tenemos el mayor compromiso de la justicia.
Somos - México - el país
con mayor número de indígenas en América
Latina: contamos con 56 etnias en toda la nación, que nos
aportan - sin duda - una gran riqueza cultural. Nada menos aquí,
en Oaxaca, existen 16 etnias. Todas ellas aquí representadas,
en esta Asamblea de San Pablo Guelatao.
Hoy, en México, tenemos 2
mil comunidades - aproximadamente 6 mil ejidos - con predominancia
indígena. Casi el 70 por ciento de la población
indígena en México vive en localidades rurales;
son - como ustedes lo han expresado, como ustedes lo viven en
el Estado de Oaxaca - centro de población rurales sumamente
dispersos en el gran territorio nacional, en su gran mayoría.
Pobreza extrema y población
indígena coinciden y configuran una dolorosa realidad que
no hemos podido superar.
Desde aquí, amigas y amigos
indígenas de Oaxaca, desde San Pablo Guelatao, quiero proponer
un nuevo pacto del Estado de Mexicano con los pueblos indígenas,
que sea instrumento para una nueva etapa de justicia, de democracia
y libertad para quienes son herederos de las primeras culturas
de nuestro país.
Para configurar y enriquecer ese
pacto, necesariamente tenemos que celebrar más asambleas
como la realizada aquí, para recoger el sentir de los pueblos
indios, para incorporar sus iniciativas que nos permitan fortalecer
a la Nación sobre la base del respeto a la dignidad de
cada indígena.
Como sustento de este pacto, propongo
cinco puntos:
Primero.- Poner en marcha un programa
que concentre recursos económicos, para iniciar acciones
que incidan decisivamente en las condiciones de nutrición
y de salud de las comunidades más pobres del país;
pero en especial, la atención deberá de ser para
nuestros niños indígenas.
De llegar a la Presidencia de la
República, me propongo actuar rápidamente para que
nuestros indígenas tengan razones fundadas para abrigar
nuevas esperanzas.
Los pueblos que hayan superado la
indigencia y la miseria, tendrán nuevos motivos para organizarse
y alcanzar condiciones para el progreso.
El segundo punto es el que se refiere
a la reforma de la justicia, tanto en el ámbito federal
como en el de los estados.
La justicia que queremos para nuestras
comunidades indígenas es social, pero también es
administrativa, es jurídica.
Cerraremos el paso a quienes creen
que pueden permanecer impunes cuando abusan del indígena
y a quienes hacen de la Ley un instrumento para perjudicarlo,
un instrumento para someterlo.
La Ley debe servir para fortalecer
nuestra convivencia. No debemos permitir que su aplicación
sea motivo de irritación, de desprecio o de intimidaciones
para nuestros pueblos indígenas.
Todos nos lamentaremos si permanecemos
indiferentes ante los agravios que padecen nuestras comunidades
indígenas.
El tercer punto es el que tiene
que ver con la seguridad en la propiedad indígena, porque
debemos de hacer de la protección a las tierras indígenas
un hecho definitivo y cotidiano. La certeza de la propiedad indígena
es un requisito para la convivencia, para la democracia; es un
requisito indispensable para el respeto indispensable, para el
respeto incondicional que proponemos, para la igualdad efectiva
por la que luchamos.
Y el cuarto punto - como bien se
ha dicho aquí - es el de la educación en las comunidades
indígenas. Propongo que hagamos de la educación
y la capacitación para el trabajo, un elemento decisivo
para romper el círculo vicioso de la pobreza; mejores escuelas,
maestros mejor pagados, más preparados; maestros bilingües,
mejores condiciones de estudio para nuestros niños, con
programas adecuados, respetuosos de la identidad cultural a la
que pertenecen; concertación de recursos para becar a más
niños, y que de esta manera tengan las condiciones indispensables
para poder asistir a la educación básica.
Estos son, amigas y amigos indígenas,
compromisos ineludibles.
Se requiere un esfuerzo extraordinario
de la Nación para atender los rezagos ancestrales.
No podemos permitir que los indígenas
vivan en una situación que reproduzca la pobreza, para
convertirla en destino inalterable.
El quinto punto son municipios fuertes,
en las comunidades indígenas. Las comunidades indígenas
deben tener los gobiernos que mejor respondan a sus necesidades,
a sus anhelos, a sus esperanzas.
No podremos ser una Nación
fuerte en medio de tanta pobreza y de tanta carencia en los municipios
indígenas.
La idea es que el gobierno municipal
esté cerca de sus comunidades y que cuente con mayores
recursos para resolver los problemas de sus habitantes.
Creo firmemente que no podemos alcanzar
metas más ambiciosas como Nación, si no les cumplimos
a nuestros indígenas.
Ante sus carencias no debemos responder
a un aislamiento, con indiferencia, con pasividad. Al contrario,
debemos actuar para que el mundo indígena esté cada
vez más presente en nuestro México; en este México
de fin de siglo; en este México de nuestros días;
en el México de la transformación; en el México
del cambio con raíz popular; en el México de las
nuevas oportunidades para todos.
Amigas y amigos, compañeras
y compañeros indígenas:
Quiero manifestarles que con este
pacto que propongo, habremos de entrar juntos a una nueva etapa
en la que México rescatará la dignidad de sus indígenas.
Cada mujer y cada hombre indígena
deberá ser ciudadano en pleno ejercicio de sus derechos,
iguales ante la Ley y el amor a México, al que por igual
todos nos debemos.
Somos una nación pluriétnica,
pluricultural, así lo reconoce nuestra Constitución.
Si queremos seguir siendo Nación, tenemos que responder
definitivamente a las expectativas de las diferentes comunidades,
no podemos excluir a ninguna de ellas. Por el contrario, tenemos
la obligación de abrirles oportunidades a cada una.
He venido a San Pablo Guelatao,
a esta asamblea de los representantes de las 16 etnias del estado
de Oaxaca, a ganarme su confianza.
Quiero llegar a la Presidencia de
la República. Y quiero que sepan que si llego, en mí
tendrán a un aliado, a un ciudadano que habrá de
trabajar - hasta el máximo de sus posibilidades - con gran
dedicación para que cada indígena sea un hombre
libre, condición sin la cual no se es hombre verdadero.
Mis acciones serán reflejo
de mi palabra empeñada. Porque hablar sin cumplir, es dejar
de ser para convertirse en nada.
Me propongo convocar al esfuerzo
de todos para que México llegue a fin de siglo con nuevos
horizontes para sus comunidades.
Queremos un México que sea
identificado por el progreso y las nuevas oportunidades abiertas
para cada mujer y cada hombre indígena de México.
Queremos cosechas en lugar de violencia.
Queremos diálogo en vez de
enfrentamientos.
Queremos compromisos en lugar de
divisiones.
Queremos vida en lugar de muertes.
Es así como juntos, los invito
a que construyamos nuevas condiciones para la paz y armonía
entre todos los mexicanos.
Quiero decirles que cuentan conmigo;
que sus carencias a todos nos lastiman, que creo en ustedes. Pero,
sobre todo, que reconozco el gran esfuerzo que ustedes realizan
todos los días. He venido a Oaxaca, a San Pablo Guelatao,
a ratificar mi compromiso con las comunidades y pueblos indios
de México.
En esta tierra que vio nacer a Benito
Juárez, vengo a proponer un gobierno en el que ustedes
- los indios de México - tengan un lugar destacado; donde
encuentren nuevos apoyos para salvaguardar su dignidad, decidir
su futuro y participar plenamente en la vida cotidiana de nuestra
patria.
¡Qué
viva San Pablo Guelatao!
¡Qué viva Oaxaca!
¡Qué viva Benito Juárez!
¡Qué viva México!