Un rasgo común nos identifica:
todos estamos convencidos de la importancia de la participación
del ciudadano.
Me da mucho gusto reunirme con ustedes
para analizar el tema del "poder del ciudadano y la fuerza
de la sociedad civil".
Saludo a los representantes de los
organismos no gubernamentales, a los de las fundaciones que nos
acompañan, a los grupos de personas con discapacidad, que
tanto nos han enseñado en sus actividades de autogestión.
Saludo a los ecologistas, que han
estado a la vanguardia del movimiento para la defensa de nuestros
recursos y de nuestra biodiversidad.
Saludo también a los abogados
y fiscalistas que nos acompañan; a los representantes de
juntas de vecinos; y a todos los asistentes a esta reunión
de análisis.
Aquí se muestra, de forma
fehaciente, que en torno a la causa ciudadana converge un amplio
movimiento que posee un gran potencial para resolver muchos de
nuestros problemas.
Debo decirles que, desde hace mucho
tiempo, me ha llamado poderosamente la atención su forma
de trabajo, y los principios y sentimientos que la inspiran.
Aun debo confesarles algo más.
Cuando pienso en la reforma del gobierno, encuentro una gran inspiración
en la manera como se han venido construyendo las nuevas formas
de organización que la sociedad se ha dado para, con eficacia,
dar respuestas nuevas a situaciones que son del interés
público.
Y más me llama la atención
este fenómeno porque nos pone frente a la realidad de la
lentitud y la pereza con las que el aparato de gobierno da respuesta
a nuevas circunstancias sociales y, en contraparte, la gran agilidad
y rapidez con que la sociedad se organiza y encuentra vías
de solución.
Cuando veo esto, la primera reflexión
que hago es que el gobierno debe aprender de la sociedad y debe
evolucionar en sus formas de gestión, de organización
y de toma de decisiones. Esa es la forma del gobierno.
Yo creo que aquí se aplica
el principio de que en lugar de preocuparse hay que ocuparse;
en lugar de quejarse, hay que organizarse.
Como lo he venido afirmando, el
gobierno debe estar cerca de la gente, de las comunidades, debe
superar la soberbia del centralismo, debe aceptarse también
que la mejor fórmula de respuestas es la que involucra
la participación social.
¿Cuáles son los principios
que veo en esta forma de organización que ustedes han puesto
en marcha, y que debe retomar el gobierno?
1. Organización para causas
concretas. Es necesario desagregar los problemas para atacarlos
con eficiencia. Los esfuerzos institucionales deben aportar soluciones
a los problemas específicos. Cuando las instituciones se
encuentran vinculadas a aspectos concretos, es fácil evaluar
sus resultados y también es fácil que, quienes participan,
se sientan cercanos al propósito que se busca alcanzar.
Así se genera mística, disciplina y dedicación.
Esa es la esencia de lo que hay que hacer en el municipio.
2. Participación para lograr
eficacia en las respuestas. Cuando se ha pensado que las respuestas
en la gestión política sólo deben ser un
resultado de los análisis técnicos, nos hemos topado
con pared. No siempre las respuestas responden a los problemas,
y las comunidades se sienten ajenas a los proyectos y obras realizadas.
Hay muchos ejemplos de obras sin concluir abandonadas.
Por eso, no debemos temer a la participación
social, ella es parte de la solución, no del problema.
Por el contrario, marginar la participación social sí
puede significar un verdadero problema.
3. Vinculación de esfuerzos.
Se trata del principio de asociación. Cuando sumamos voluntades,
es posible alcanzar mejores resultados. Pensar en la vinculación
de esfuerzos, como método de gobierno, es recuperar la
esencia humanista de la gestión pública. Juntos
podemos lograr más.
4. Simplificación y superación
de trabas para resolver efectivamente los problemas. La vieja
escuela de control y de la especialización de los trámites
en la gestión pública ha quedado superada. Llegó
el momento de la desregulación para abrir cauces a las
iniciativas y a la energía social. Es la hora de poner
el gobierno al servicio del ciudadano.
5. El compromiso como método
de trabajo. Uno de los elementos que hay que rescatar de las organizaciones
surgidas de la sociedad es el compromiso de cada quién.
En la burocracia, el compromiso
y la responsabilidad se diluyen; es necesario que nuestras organizaciones
de gobierno rescaten el significado del compromiso de cada quién,
que se tenga vergüenza cuando no se cumpla, que se esté
orgulloso cuando se logra una meta; en suma, que exista un sentido
de misión en cada una de las organizaciones del gobierno.
6. Superación del centralismo.
Ustedes trabajan en donde se encuentran los problemas. Ustedes
se han dado organizaciones para ofrecer soluciones, no para crear
pequeñas o grandes burocracias. Eso lo tenemos que aprender
nosotros.
7. Liderazgo. Hacer bien las cosas
exige liderazgo. En las organizaciones del gobierno requerimos
líderes convencidos, comprometidos, que creen en un proyecto.
Debemos pasar de la burocracia como mero empleo, al trabajo público
como realización personal y cumplimiento de una vocación.
8. Iniciativa. El gran promotor
en las organizaciones sociales son las iniciativas. Ellas son
las que dan cauce, ofrecen respuesta y las que permiten obtener
mejores resultados. Esto es un elemento que tenemos que recoger
en la gestión gubernamental. Tenemos que alentar la creatividad
y las iniciativas de los servidores públicos. Es muy triste
advertir que muchas oficinas públicas se vean paralizadas
ante el temor innovador.
9. Información y comunicación.
Las organizaciones sociales como las que ustedes han integrado
hacen de la información capacidad de convocatoria y método
de trabajo.
En las oficinas de gobierno existe
una gran resistencia a proporcionar información, a mostrar
resultados, a ser evaluadas. Tenemos que superar esa visión
equivocada y hacer de la información un bien público.
La buena comunicación es fuente de certidumbre.
10. Empleo de recursos. Es muy importante
superar, de una vez por todas, una cultura del derroche. Los bienes
públicos deben ser valorados y debe tenerse clara conciencia
de cómo aprovechar los instrumentos con los que se cuentan.
Todos los días, las iniciativas
nos dan ejemplos de cómo se pueden alcanzar resultados,
que redundan en mayor bienestar, sin grandes gastos pero con gran
energía y creatividad.
Entre gobierno y sociedad hay que
construir nuevas relaciones, tender nuevos puentes, nuevos métodos
de trabajo, formas de asociación. Se requieren construir
prácticas diferentes, que generen confianza mutua; es necesario
desarrollar nuevas bases para dejar atrás viejas sospechas.
Quiero decirles que soy un convencido
de la necesidad de apoyar la reforma de gobierno, por un lado,
y, por el otro, a las organizaciones de la sociedad y a las iniciativas
ciudadanas.
Para lograr ese propósito,
es necesario, como lo señalamos en nuestra Plataforma Electoral,
revisar el marco legal en el que operan las organizaciones no
gubernamentales para adecuarlo a su creciente fuerza social y
la capacidad de acción, con criterios de fomento y promoción.
Al mismo tiempo, se deben analizar
y proponer nuevas formas de financiamiento para canalizar recursos
a los proyectos de las organizaciones no gubernamentales, tales
como las dedicadas al desarrollo social, comunitario y de protección
al medio ambiente, entre otros aspectos.
Un aspecto que merece revisarse
es el de la deducibilidad de donativos; sabemos que los trámites
que hoy tienen que realizarse no ofrecen las respuestas que se
requieren para apoyar a las instituciones o asociaciones que reciben
ese tipo de recursos.
Las organizaciones sociales han
demostrado capacidad, solvencia, responsabilidad y disciplina
para contribuir a la solución de problemas importantes.
Considero necesario que como política
de Estado, se les apoye. Como decía antes, tenemos que
construir nuevos puentes. Nos toca a nosotros identificarlos.
Muchas gracias.