Con su venia, señor Presidente;
Compañeras y compañeros diputados:
He pedido se me permita hacer uso
de la palabra, para hacer algunas reflexiones sobre el contenido
del dictamen que nos proponemos analizar y discutir ante esta
honorable soberanía. Es también como el propósito
de sintetizar aspectos medulares del dictamen y dejar constancia
de los retos, de las inercias y de los rezagos que todavía
prevalecen.
A nadie escapa, compañeros
diputados, el importante y trascendencial significado que tiene
el documento aquí analizado en esta Cámara de Diputados.
Contrario a lo que algunos piensan, son estos los momentos que
nuestra actividad como legisladores se fortalece: son estos los
momentos en que nuestro papel de interlocutor se robustece.
El análisis de esta Cuenta
Pública cobra aún mayor significado cuando lo ubicamos
como el ejercicio fiscal de un año en que la sociedad mexicana
demanda que se realice el gasto con transparencia, con eficiencia,
con honestidad, cuando la sociedad demanda incrementos en productividad
y que ante la restricción de recursos financieros exige
se haga más con menos.
Un año en el que se ratifica
la voluntad popular de que siga el Estado siendo rector de la
economía, a través de su participación en
áreas estratégicas de producción y de servicios;
un año en el que se realiza el reclamo popular porque nuestro
federalismo se fortalezca impulsando el dinamismo de nuestras
regiones, explotando nuestros recursos de forma racional y fortaleciendo
el desarrollo de nuestros municipios con autonomía, con
participación y con decisiones vinculadas más con
sus necesidades reales.
La Cuenta de la Hacienda Pública
Federal es un documento complejo, como complejo es este país,
como compleja es su economía, como compleja es su administración.
Es en última instancia el resultado de la evolución
de la economía de población y de su conducción
política.
Sin embargo, esta complejidad en
vez de aminorar los esfuerzos y el ahínco de esta legislatura
por entender y enfrentar los problemas del país, ha sido
acicate por esmerarnos en el análisis, en el entendimiento,
en la profundización de lo que este importante documento
nos dice a nosotros y al pueblo de México.
Y así lo hemos entendido
en esta Legislatura y es por eso que nuestro dictamen contiene
un capítulo específico de conclusiones y recomendaciones
a nuestro órgano técnico que es la Contaduría
Mayor de Hacienda, y por medio de ella al Ejecutivo Federal.
Con esta discusión que hoy
iniciamos, culmina una parte del proceso de la revisión
de la Cuenta Pública; para llegar a esta fecha tuvimos
un intenso periodo de trabajo, trece reuniones con servidores
públicos lo atestiguan.
Queremos dejar constancia aquí,
de la responsabilidad de la mayoría de los integrantes
de la comisión, que pusieron de manifiesto a lo largo de
estos arduos meses de trabajo, con su actitud demostraron compromiso,
honorabilidad, intención clara de solucionar los problemas
de nuestro país y con ello, en síntesis, amor por
México.
Pero ¿cuál es concretamente
la obligación de esta Cámara de Diputados ante la
soberanía popular en el análisis de la Cuenta Pública?;
la Constitución es clara al respecto.
Nuestra obligación es de
revisar la Cuenta Pública con el objeto de conocer los
resultados de la gestión financiera, comprobar si se ha
ajustado a los criterios señalados en el presupuesto y
el cumplimiento de los objetivos contenidos en los programas.
Estamos por lo tanto, compañeros
diputados, ante la oportunidad de evaluar los avances y los logros
en materia económica presupuestal. Pero también
estamos obligados a dar testimonio de lo mucho que nos queda por
hacer, de los rezagos y la marginación que nos quedan por
vencer, de los cambios que debemos impulsar y las acciones que
no debemos repetir, que debemos evitar.
El contexto global en que se desenvolvió
nuestra economía durante 1984 fue particularmente difícil;
por eso fue alentador constatar los avances en materia de reducción
del déficit financiero, tendencia a la baja en el proceso
inflacionario, incremento en el ahorro interno, incremento en
el producto interno bruto, mantenimiento de los niveles de empleo,
incremento de las exportaciones y protección de las reservas
de divisas.
Ante la posibilidad de que México
entrara después de 1982 a ritmos de inflación superiores
al 100% y tasas de desempleo superiores al 15% como sucede desafortunadamente
en varios países de nuestro continente, constatamos que
en nuestro país se consolidó en 1984 la reversión
de dichas tendencias tal como lo revelan las siguientes cifras.
Inflación alrededor del
60% menor en 20 puntos porcentuales a la de 1983; reducción
del déficit presupuestal en relación al producto
interno bruto del 15% en 1982 a 7.8 en 1983 y a 5.0 en 1984; incrementos
en el producto interno bruto de 3.7 en 1984 frente a una reducción
de menos 5.3 en 1983; superávit comercial de la balanza
de pagos por más de 12 mil millones de dólares;
incremento en la captación bancaria por más de 3
millones de pesos, cifra superior en casi dos billones registrados
en el año anterior, crecimiento de empleo que permitió
reducir las tasas de desocupación a niveles menores que
los registrados durante 1983 con cifras inferiores al 6% en las
principales zonas metropolitanas.
Durante el año de 1984, México
se esforzó por segundo año consecutivo en combatir
la crisis y su manifestación más dañina al
bienestar social, como lo constituye la inflación. El
saneamiento de las finanzas públicas, el ajuste del gasto
sin descuidar las prioridades sociales, así como importantes
instrumentos contra la inflación
En este sentido, nos pronunciamos
por una vigencia del criterio de equidad en la distribución
de los costos del ajuste económico, por lo que apoyamos
la decisión de preservar y profundizar el programa de protección
al salario y al consumo obrero, cuyas principales medidas consisten
en el abastecimiento de productos básicos a precios reducidos
en las tiendas de consumo popular, el otorgamiento de becas a
hijos de trabajadores, el fortalecimiento de la seguridad y la
justicia laboral, la desgravación fiscal a los asalariados,
la exención del IVA a los productos de la canasta básica,
y el mantenimiento de subsidios a los principales productos básicos
y el transporte público.
Así, compañeros diputados,
dentro de esta circunstancia, ¿cuál fue correctamente
la gestión financiera del gasto federal presupuestal? Por
el lado de los ingresos, el comportamiento de la recaudación
de los impuestos y otros ingresos, así como los esfuerzos
del Gobierno Federal para combatir la evasión fiscal, hicieron
posible que los ingresos presupuestales ascendieran a 9 billones
de pesos, monto superior en 7% al presupuestado originalmente,
y 60% mayor al recaudado en el año precedente. Algo que
es importante resaltar es que los ingresos adicionales hicieron
posible que el 63% del gasto en 1984 se financiara con recursos
ordinarios abatiendo el uso del crédito.
Por el lado del gasto, tenemos que
diferenciar el gasto programable, que es con el cual se cubren
los gastos de operación, gasto corriente, adquisiciones
y de inversión. Este guardó un estricto apego a
lo presupuestado originalmente, ascendiendo a un poco más
de 6 billones de pesos.
El otro componente del gasto constituyen
las participaciones a estados o municipios, los intereses, las
comisiones de la deuda y las amortizaciones, ascendida a 6 billones
159 mil millones de pesos, incrementándose en un 19% por
arriba de lo presupuestado originalmente.
Lo anterior es producto del elevado
nivel al que se mantuvieron las tasas de interés internacionales,
lo que asociado a mayor ritmo inflacionario sostuvo las tasas
internas de interés por encima de lo previsto, originando
que los intereses y los gastos de la deuda se basaran en el monto
presupuestado.
En consecuencia, el gasto total
ejercido se elevó a cerca de 8% por arriba de lo presupuestado
originalmente. Esto podría considerarse como avance dentro
de las dificultades que padecemos, si tomamos en consideración
que el sobregiro en 1982 llegó a ser el 12% en 1983.
Como resultado de la favorable evolución
de los ingresos y de la menor modificación observada en
el gasto, déficit presupuestal del sector público,
como proporción del producto, disminuyó de 15% en
1982, al 55 en 1984, ascendiendo en este ultimo año a un
billón y medio de pesos que fue cubierto con un endeudamiento
neto de un billón 536 mil millones de pesos. La diferencia
se destinó a incrementar las disponibilidades del Banco
de México.
El saldo de la deuda total del sector
público presupuestario ascendió en 1984 a un monto
poco más de los 18 billones de pesos, correspondiendo el
42.3% a deuda interna y el 57.7% a la deuda externa.
Digno de hacerse notar en el transcurso
del año pasado es la realización de negociaciones
con la comunidad financiera internacional, que permitieron la
reprogramación de pagos de capital, del orden de 48 mil
700 millones de dólares, con vencimientos entre 1985 y
1990, y que representa el 70% de la deuda pública externa.
Con la reestructuración se
mejoraron las condiciones de contratación de nuevos empréstitos,
y se lograron importantes ahorros por conceptos de pagos de intereses,
al cambiar la tasa preferencial de los Estados Unidos por la interbancaria
de Londres como tasa de referencia.
En el marco de la reestructuración
del gasto público, se establecieron como prioritarios los
sectores de desarrollo social, comunicaciones y trasportes, desarrollo
rural, abasto y desarrollo regional.
En materia de desarrollo social,
la Comisión pudo constatar el esfuerzo que estuvo a ampliar
la cobertura nacional de los servicios de la salud y de educación;
los recursos destinados a la atención de la demanda de
estos servicios ascendió a 1 mil 661 millones de pesos,
que representa un crecimiento de un 64% en relación al
año anterior, y 14.5% mayor al presupuesto original.
De este modo el 51% fue ejercido
por el subsector educación, y el 49% se destinó
a la salud y la seguridad social de los mexicanos.
Los sectores prioritarios ejercieron
en total cerca de los 4 billones de pesos que representa el 56%
del total erogado en 1984, aumentando su participación
en 1.4 puntos porcentuales respecto a lo previsto originalmente.
En síntesis, compañeras
y compañeros diputados, revisar la Cuenta Pública
implica cumplir con una obligación constitucional, la forma
en que lo hagamos es lo que va a dar contenido a nuestra función
legislativa en materia hacendaría.
Tenemos varia maneras de enfrentar
nuestra obligación. Cada una de ellas deriva en diferentes
formas de entender la acción legislativa y la naturaleza
de una Cuenta Pública.
Podemos, si los distintos partidos
así lo consideran ponernos en el papel del contable, escudriñar
lo que se aprobó y confrontar con lo que se gastó.
Decirle al Ejecutivo que gastó más por aquí
y menos por allá, que los recursos que esta Honorable Cámara
de Diputados aprobó para que fuesen ejercidos cumplen,
no cumplen o lo hacen a medias con racionalidad económica
propia de contabilidades de empresas.
Nosotros creemos, señores
diputados, que éste no es el papel que nos corresponde.
Una cuenta pública tiene que ser más que eso. Estamos
hablando de los recursos de la nación, su análisis
nos debe conducir a una idea clara y cabal de cuál es el
rumbo, de cómo se va concretando en cada área y
en cada momento la política del Gobierno Federal. La Cuenta
Pública nos da la película de cómo los momentos
de la acción van constituyendo el rumbo de la nación.
Otra posibilidad es que sobrevaloremos
la idea de fiscalización, que acentuemos nuestras funciones
de controladores y atendamos sólo aquellas que consideremos
desviadas o deshonestas.
Es cierto, tenemos que tener un
juicio de las desviaciones de los recursos. Desviación
que no necesariamente significa sustracción, negligencia
o desidia, sino muchas veces también significa la presencia
de imponderables. Pero no convirtamos ello en un juicio terminante
sobre la eficacia y la honestidad de las dependencias del Ejecutivo.
Evaluemos razones y situaciones;
si las explicaciones nos resultan insuficientes pidamos aclaraciones.
No podemos hacer un juicio de la Cuenta Pública, comparando
solamente aspiraciones con resultados. No podemos olvidar que
la traducción de propósitos en acciones exige múltiples
mediaciones, que la realidad para dominarla requiere que las acciones
se adecúen, que se den rodeos y, a veces para avanzar con
firmeza, aparentes retrocesos.
La Cuenta Pública es el reflejo
de la política real del país; hagamos un juicio
que sirva para evaluar el rumbo, para recomendar acciones, para
proponer medidas que mejoren la acción pública;
nuestra función es clara: revisar la Cuenta Pública,
ser ante la nación los responsables de evaluar las razones
de la acción, vigilar el ejercicio honesto de los recursos,
recomendar y sugerir medidas que mejor conduzcan a las metas que
nuestro pueblo demanda.
Ejerzamos la función legislativa
con compromiso, con conciencia y con responsabilidad, busquemos
ejercer nuestra función, respetuosamente de los demás
poderes, de la misma manera que queremos el respeto de ellos;
recomendemos medidas y acciones para que quien esté al
tanto de la historia legislativa de nuestro país podrá
darse cuenta de que éstas no caen en el saco roto de las
cosas inservibles, así lo demuestra el cumplimiento de
las 46 recomendaciones que la Cámara ha formulado en los
diferentes decretos de revisión de la Cuenta Pública
de 1979 a 1983.
Revisemos el comportamiento del
Ejecutivo, hagámoslo dentro de la óptica amplia
que concibe a la política económica inscrita en
un proyecto global y moviéndose en un mundo de circunstancias
y de hechos mutables de un momento a otro.
Ahí está el nudo que
debemos desamarrar, razonarlo en su conjunto y en sus detalles,
no con mentalidad de inquisidores, con juicios previamente elaborados
y que no admiten la razón derivada del análisis
juicioso.
Tengamos frente a la Cuenta Pública
un debate de altura, defendamos nuestras razones y entendamos
las de los otros, recomendemos asuntos y medidas, manifestemos
nuestro juicio político sobre la marcha de los asuntos
públicos.
Muchas gracias.