Polyforum Cultural Siqueiros,
Martes 10 de febrero del 2004.
Amigos:
Melchor de los Santos Ordóñez
Alfonso Durazo Montaño
Juan Francisco Ealy Ortiz
Fernando Gamboa
Guillermo Hopkins Gamez
Enrique Jackson Ramírez
María Angélica
Luna Parra
Cesáreo Morales García
Armando Pacheco
Víctor Samuel Palma
César
José Luis Soberanes
Reyes
Francisco Soto
Muchas gracias por estar aquí.
Gracias porque en estos 10 años su presencia fue constante.
Con ustedes viví momentos
difíciles, los de la ausencia, la tristeza, los días
aciagos, reuniones largas para discernir qué hacer, cómo
reclamar, exigir justicia y honrar de forma digna la memoria de
Luis Donaldo.
Con ustedes construí lazos
que perduran, sentimientos que llegan a la entraña y que
habrán de permanecer por siempre.
No puedo olvidar. Nunca olvidaré
que nos consolamos unos a otros, que nos hicimos fuertes en el
dolor y que su afecto hizo más llevadero la indignación,
la frustración y el coraje.
Señores Gobernadores;
Compañeros legisladores que me honran con su presencia;
Señoras y señores:
Agradezco a todos ustedes que respondieran
a la invitación que les formularan para recordar a Donaldo.
El testimonio de su presencia deja constancia de la gran riqueza
humana que se formó en torno a la figura de Luis Donaldo.
Valoro de forma muy sentida su participación.
Gracias al recuerdo de todos ustedes
es posible evitar la indiferencia y el olvido, que son la verdadera
muerte.
Quiero distinguir, también,
la participación de Arturo Martínez Nateras que
con su entusiasmo impulsó la celebración de un homenaje
nacional a Donaldo, que con esta reunión se detona en el
país.
Saludo con afecto a muchos que no
están presentes, pero que a lo largo del país recuerdan
permanentemente a Donaldo, se identifican con su legado y propuestas
y cultivan su memoria.
Debo decirles que cada vez que me
toca hablar sobre Luis Donaldo, vivo momentos de emociones encontradas,
pues acude a mi mente la indignación que siento, como su
padre, por el artero asesinato que le cometieran; pero también
vienen a mi memoria los momentos felices, muchos de los cuales
ustedes detonan; pasajes en la vida de Luis Donaldo llenos de
intensidad, de afanes, de lucha y de emoción.
Con ustedes se recrea una parte
muy importante de su vida, de las anécdotas que él
vivió. Con ustedes parecen llegar al presente momentos
en los que se formaba un proyecto que convocó a millones
de mexicanos.
Muchos no están aquí
por muy diversas razones, pero sé que comparten el motivo
de nuestra reunión. Mi reconocimiento, también,
a quienes en distintos rincones de nuestra geografía con
insistencia recuerdan a Donaldo y, en torno de él, suman
afectos.
Evoco a quien decidió abrirse
paso en la vida con la bandera del esfuerzo, con entrega, responsabilidad
y dedicación. Recuerdo al muchacho que se perfilaba a la
política, no sin preocupaciones de parte mía.
Debo comentarles que vengo de un
proceso de remembranza epistolar con Luis Donaldo.
Hace un año aproximadamente
que decidí trabajar sobre mis memorias en compañía
de Samuel Palma, a efecto de que para el décimo aniversario
de su ausencia, pudiera publicarse un libro en el que se dejara
testimonio de su presencia, su formación, los antecedentes
y la herencia que asimiló, la cultura que lo impulsó
y, también, el balance, el recuento a 10 años de
distancia de aquel artero crimen del 23 de marzo de 1994.
Les digo esto porque tengo fresca
la relectura de muchas de las cartas de Luis Donaldo. De ahí,
de ese ejercicio, me surgió la idea, que espero ustedes
consideren afortunada, de leer una de esas cartas que seleccioné
para esta ocasión.
"Querido papá y dilecto
amigo:
Para no perder la costumbre te envío
esta pequeña nota esperando te encuentres bien en todos
sentidos, en compañía de todos en la casa.
Como te comenté en mi pasada,
estoy un poco atareado tratando de terminar un reporte con resultados
tentativos de mi modelo. A propósito de resultados, la
semana pasada se realizó en el instituto una conferencia
sobre periodismo internacional en la cual el instituto sólo
jugó el papel de huésped.
El caso es que a la mencionada conferencia
asistió el Ing. Martín Casillas, colaborador de
Edmundo Flores y encargado de la publicación de la revista
Ciencia y Desarrollo, que seguramente la habrás visto en
las librerías. Dicha revista tiene una sección llamada
gentes y sucesos en la cual aparecerá un artículo
sobre mi trabajo y hasta una fotografía, así que
"estate" pendiente para el número de julio.
La semana pasada fui con unos amigos
a un pueblo que queda como a 200 kms. de Viena. El nombre del
pueblo es Mouthousen y la atracción (tristemente célebre
por cierto) es la existencia de lo que fuera un campo de concentración
alemán; el gobierno Austriaco lo conserva como un monumento
a los ahí asesinados (más de 500,000 personas) y
como un recordatorio a la humanidad de la crueldad del hombre
para con sus semejantes.
Es la esperanza de muchos en esta
parte del mundo de que éste suceso no se repita jamás.
Lo que presencié, es indescriptible;
los métodos de tortura que nunca hubiera yo imaginado;
las cámaras de gas, los hornos crematorios, las dietas
a pan y agua, los trabajos forzados a que eran sometidos los prisioneros,
etc.
Y sin embargo, me digo a mí
mismo cuán paradójico es el hecho de que las naciones
que lucharon contra esta pesadilla de la humanidad, están
actualmente directa o indirectamente llevando a cabo políticas
que afectan a ciudadanos de estos países o de países
que quedan dentro de sus esferas de acción.
Piensa por ejemplo lo que pasó
en Chile con la venida del gobierno militar: E.U., quien jugó
un papel decisivo en el derrocamiento de Hitler y su locura, jugó
también un papel primordial en la instauración de
Pinochet, cuyo régimen represivo es no menos cruel en el
uso del poder y la fuerza que la que usaran las fuerzas hitlerianas.
Piensa también lo que Somoza
hace (y deshace) en Nicaragua; lo que Videla en Argentina; lo
que Geisel en Brasil; etc. Y todos con la ayuda oportuna e interesada
de nuestros "queridos" primos del norte.
Estoy cada vez más convencido
que la política de los Derechos Humanos avanzada por el
Presidente Carter es totalmente incompatible con los intereses
económicos de su país.
Para subsistir, E.U. necesita de
las materias primas extraídas de nuestros países
a la vez que necesita también del mercado que nuestros
países representan para sus productos.
Desafortunadamente la expansión
económica norteamericana se ha llevado concomitantemente
con el uso de la fuerza y el respaldo de ciertas clases privilegiadas
en los países periféricos. Y no hablo (escribo)
a lo loco, la historia de Latinoamérica respalda mis palabras.
Y en la otra "mitad" del
mundo sucede algo similar. Alguien me decía que la represión
ejercida por la Unión Soviética sobre algunos miembros
de la sociedad rusa se justificaba porque era una reacción
en contra de las fuerzas del "capitalismo" por penetrar
y debilitar el "socialismo".
Todo sistema que haga uso de la
fuerza y métodos represivos para subsistir no merece mis
respetos. Estoy y estaré siempre en contra de todo sistema
donde las ideas, por equivocadas que sean, no encuentren medio
de difusión.
Estaré en contra de la idea
misma y trataré de refutarla pero con argumentos razonados,
no con un fusil, en esto soy quizá muy volteriano: "Estoy
en contra de lo que dices, pero lucharé hasta el día
de mi muerte por el derecho que tienes de decirlo".
En fin papá no quise extenderme
mucho pero es éste un tema ante el cual no puedo ser estoico,
especialmente después de lo que vivencié la semana
pasada. Espero no haberte aburrido y si por el contrario te interesa
el tema, ya tendré el gusto de platicarte con más
detalles no sólo lo que vi, sino lo que pienso al respecto.
Mientras tanto recibe un fuerte
abrazo en compañía de mi mamá y hermanos
de tu hijo que los quiere entrañablemente.
Donaldo".
Hasta ahí la carta escrita
el 18 de mayo de 1979 desde el Instituto Internacional de Sistemas
de Análisis Aplicados de Austria, Viena, donde culminara
Donaldo sus estudios de Doctorado.
Quise leerles esa misiva con el
afán de acercarme a un ejercicio de objetividad que seguramente
a mí me falla, por ser su papá el que habla. Reconozco
que el cariño filial lo puede llevar a uno por rutas equívocas
y, aún sin pretenderlo, faltar a la verdad.
Pero al recurrir a la cita, no hay
lugar a falsificaciones. Donaldo se alejaba con persistencia,
y pudiera decir hasta coraje, tanto del autoritarismo de izquierda
como del capitalismo salvaje, que tiende a convertir todo en mercancía,
que vulnera identidades y deshace los lazos sociales.
Desde entonces marcaba su preocupación
por los sistemas políticos, se declaraba convencido por
las libertades, por llevar al ser humano a la soberanía
de su destino.
De ahí su cita de Voltaire
a favor de las libertades para que expresen el pensamiento y la
opinión, aún de aquellos con los que se difiere,
o se podría decir que especialmente para quienes disienten.
Donaldo enfocaría sus estudios
de postgrado en la materia del desarrollo regional. Puedo decir
que uno de sus grandes esfuerzos fue por la congruencia y por
la lealtad a sí mismo. Por eso, no nos debe sorprender
que después hablara de un desarrollo regional, social y
sustentable.
Como lo dijo en sus discursos, para
él la Nación no era mera abstracción; creía
que la Nación debiera expresarse en cada comunidad, en
las oportunidades de cada familia, en la colonia, en el campo,
en las regiones. Por eso decía: pasemos de las buenas finanzas
nacionales a las buenas finanzas familiares.
La idea de una Nación que
se hace fuerte desde las capacidades, desde la libertad y el desarrollo
de cada mexicano era la preocupación de Donaldo.
Pensaba en una Nación que
se fortaleciera de la diversidad y de la pluralidad que tenemos;
una Nación democrática que abre el futuro y que
genera alternativas de progreso en cada rincón de su geografía.
Por eso su insistencia en el desarrollo
regional, pues deberían encontrarse mecanismos y fórmulas
que ofrecieran respuestas distintas a problemas distintos.
Para Donaldo había que convertir
la lucha por la Nación en una que fuera por las regiones
de la Nación.
Los sentimientos de aquél
Donaldo que escribió esa carta en 1979, se mantenían
en esencia, 14 años después, cuando en 1993, en
su discurso de aceptación de la candidatura del PRI a la
Presidencia de la República, señalara:
"Soy heredero de una cultura
del esfuerzo, no del privilegio. Por ese camino se me han abierto
oportunidades: las de estudiar; las de especializarme, las de
participar en la política, como Diputado y Senador; las
de servir en el gobierno, desde niveles modestos hasta llegar
a encabezar la Secretaría de Desarrollo Social. Ese es
el esfuerzo que me permitió llegar también a la
Presidencia de mi Partido".
Una línea constante asocia,
desde sus tiempos de estudio, a Donaldo con lo que él era
cuando lo asesinaran hace 10 años.
Se preocupó de forma consciente
y deliberada por mantener esa línea de vinculación
con sus principios porque creía en la palabra; pero creía
más en el ejemplo.
Decía que sin ejemplo las
palabras se vuelven huecas, son retórica; señalaba
que cualquiera puede leer bien un discurso, y puede tener quién
se los escriba; pero enfatizaba que cuando la palabra corresponde
a la conducta, a los compromisos, a la acción, los discursos
cobran vida, se vuelven instrumento de comunicación política,
enlazan sentimientos y suman voluntades.
Por eso, Donaldo fue un hombre que
comunicaba. Algunos dicen que tenía carisma, otros señalan
que era buen orador. Yo digo que hablaba con verdad y con los
hechos. El decía: cala más el ejemplo que la palabra.
Por eso señalaba en su discurso
del 6 de marzo, cito: "Como mis padres, como mis abuelos,
soy un hombre de trabajo, que confía más en los
hechos que en las palabras. Pero, por eso mismo, soy un hombre
de palabra, y la empeño ahora mismo".
La palabra, para Donaldo, no era
un instrumento sólo de propaganda o de publicidad, la entendía
como un medio invaluable de estrategia política por el
que podían construirse caminos para los acuerdos, para
hacer posibles los ideales y los caminos de transformación.
Ese compromiso Donaldo lo mantuvo
hasta el momento en que las balas del odio, del rencor y de la
cobardía interrumpieran su vida, como bien lo dijera Diana
Laura en el día de su sepelio, el 25 de marzo de 1994.
Donaldo mantuvo ese compromiso,
lo mantuvo hasta el fin, lo mantuvo con su partido, lo mantuvo
ante la sociedad, pero no todos le correspondieron.
Muchos cayeron en olvido, en el
recuerdo de ocasión, en la retórica fácil
para levantar aplausos. Yo creo que esos homenajes sólo
de salón, sólo de auditorio y de grandes vacíos,
no le sirven y creo que hasta le ofenden.
A 10 años de distancia del
asesinato de Donaldo encontramos, lamentablemente, que la práctica
que en ese marzo de 1994 se estableció desde el gobierno,
consistente en un gran afecto a la figura de Donaldo en los discursos,
pero en mezquindad ante el reclamo de justicia y de culto a su
legado, se volvió costumbre.
Recordar a Donaldo es un grito y
es un clamor por la justicia incumplida, es un reclamo por la
congruencia, es comprometer todo por ejercer una política
de ideas, de propuestas, de grandes exigencias; una política,
no de la comodidad; una política no del privilegio; que
rechace el halago fácil, que se comprometa en los resultados,
con la autenticidad.
Recordar hoy a Luis Donaldo es traer
a nuestros días lo que él decía y hacía:
pensar lo que se dice, decir lo que se hace. Es no admitir que
los privilegios sean el medio por excelencia para arribar a la
política, es reconocer que se tiene que retomar el talento
y el esfuerzo, la verticalidad y el ejemplo como divisas de la
política.
Amigas y amigos:
Quien hoy les habla está
en el último tramo de su vida. Mis pensamientos, reflexiones
y juicios sobre lo que hice y sobre lo que fue la vida de mi hijo
están por aparecer.
No me deslindo, por eso decidí
que se vertiera en un libro mis sentimientos, mis satisfacciones
y también mis frustraciones.
A muchos de ustedes les tocará
continuar el compromiso por rescatar la figura de Donaldo en la
vida política.
Decidí aceptar la candidatura
que me ofreciera el PRI al Senado de la República, precisamente
para tener voz y tribuna, precisamente para tener presencia en
la vida de la República y contribuir y reclamar justicia
para Donaldo.
Aquí lo hago, en el Foro
que generosamente ustedes me brindan. Reconozco cada una de sus
contribuciones porque a través de ellas Donaldo vive y
Donaldo vivirá para influir, como él lo quiso, en
los destinos del país.
Creo que si de algo sirve la vida
es para dejar ejemplo; para contribuir con legados culturales,
científicos, deportivos, políticos, sociales, a
generaciones, de manera que ellas empiecen desde un escalón
más alto del que nosotros comenzamos.
Todo lo demás es pasajero.
Todos estamos de paso por los cargos, en las jerarquías
y en los foros. Lo que habrá de quedar son las palabras
que hayan sido respaldadas por el ejemplo y los ejemplos que hayan
sido llevados a las palabras.
Quedo agradecido con todos ustedes
por su generosidad. Nos convoca el recuerdo y el afecto a Donaldo.
Con este acto damos inicio a un Homenaje Nacional que responde
a las inquietudes de muchos ciudadanos de distintos credos políticos
y formaciones, personas que se sienten representadas o alentadas
en la figura de Donaldo.
Qué bueno que se hace este
Foro. Estoy seguro que Donaldo se sentiría muy satisfecho
de esta reunión en torno de su recuerdo, de su figura,
de su ejemplo.
Pero yo no puedo faltar a la convocatoria
de lucha que Luis Donaldo siempre representó; por eso les
pido que esta jornada nacional, lo sea por el recuerdo de Luis
Donaldo y lo sea también por una demanda de justicia.
Sí, justicia que no ha llegado,
y que parece negársele a un hombre que se brindó
con generosidad para luchar por un mejor destino para el país.
Justicia que es el elemento que
cohesiona a las sociedades, porque en torno de ella se forja la
cultura, se escribe la historia, se identifica a los actores,
se repudian los actos que nos avergüenzan y se reconocen
los hechos que nos engrandecen.
A Donaldo no lo podemos revivir,
pero sí le podemos hacer justicia. Ese es el medio que
tenemos para evitar que actos como ese no se repitan, pues en
la medida que impera la impunidad se impulsa la comisión
de delitos.
Con Donaldo se cometió un
crimen que se supone estaba desechado de nuestra historia y cuya
comisión no debería repetirse en el escenario de
la lucha por el poder, como sucedía, lamentablemente, al
principio del siglo del pasado.
A través de los hechos acuñamos
la práctica de resolver el relevo de los gobiernos en medio
de condiciones de acuerdo, de motivar que la etapa de dominio
del PRI en la Presidencia de la República, lo fuera de
respaldo consistente al que fuese nominado como su candidato,
para que llegara al poder con fuerza y en condiciones de realizar
su programa de gobierno.
Durante décadas así
fue. Esa era una de las reglas del presidencialismo mexicano,
práctica que dejó de aplicarse con Donaldo, tal
y como quedara consignado en artículos y reflexiones cuando
apareciera publicada, hasta octubre de 1995, la carta que le enviara
Ernesto Zedillo a Donaldo el 19 de marzo de 1994, justo unos días
antes de su muerte.
Es común que en los eventos
donde se recuerda a Donaldo se omitan aspectos que pudieran considerase
controversiales o incómodos para una historia que terminó,
aparentemente, en el acto ruin de un asesino solitario.
Pero cómo olvidar esa carta
donde Zedillo reportaba que en torno del Presidente Salinas existía
una influencia muy tenaz para desacreditar la capacidad de Colosio
y, a manera de solución, recomendaba celebrar un pacto
político con el entonces Presidente de la República.
Acaso no fue un reconocimiento de
que en el área cercana de Salinas se conspiraba y se deterioraba
el respaldo hacia el candidato del PRI.
Acaso la designación de un
comisionado para la paz "ad honorem", a favor de la
misma persona que había sido el principal contendiente
de Donaldo por la candidatura del PRI, no significó abrir
de forma inédita la posibilidad de sustitución del
candidato.
Por primera ocasión un Presidente
que postulara a un candidato presidencial por su partido, tomó
la decisión de que quien le disputara la candidatura, quedara
habilitado constitucionalmente para abrir la posibilidad de ser
relevado.
Nunca antes se había actuado
así. A Donaldo le tocó enfrentar las condiciones
más adversas que candidato alguno del PRI enfrentara en
su etapa de hegemonía.
Así fue. Se rompieron reglas.
Se mandaron señales encontradas. Donaldo fue desalentado,
en los hechos, a mantener su candidatura. Pero él quiso
remontar adversidades, creía que el espacio político
para ello aún existía.
Todo terminó en un asesinato.
Dicen que los ambientes de campaña no matan, que un contexto
no asesina; eso es cierto en el sentido literal, porque finalmente
los asesinatos los cometen personas. Pero ni duda cabe que Donaldo
fue ultimado en un clima profundo de deterioro de sus relaciones
con el Presidente Salinas.
Después se realizaron sucesivas
investigaciones, entre ellas contradictorias respecto de sus conclusiones,
dictámenes y peritajes.
¿Cuál es la verdad?
¿A quien creer? Cada uno puede tener su conclusión
favorita y, en torno de ella, disponer de elementos para respaldarla
de acuerdo a alguna fase de investigación de las Fiscalías
Especiales ¡Por favor!
La justicia le ha sido negada a
Donaldo. Reclamar justicia no significa demandar un ajuste se
cuentas o actos de venganza. De ninguna manera.
Al exigir justicia se aspira a escribir
la historia con verdad. Significa un reclamo por transparentar
hechos que nos marcaron, acontecimientos cuyo conocimiento cierto
es el medio que tenemos para construir nuestra cultura.
La justicia nos permitirá
reconocernos en la historia y, a través de ella, aprender,
superar obstáculos y errores, insuficiencias y abusos.
Por el contrario, el desconocimiento
o falsificación de los sucesos siempre significarán
un riesgo, porque implica la amenaza de que repitan errores, circunstancias
adversas, agravios y deterioros que a todos nos afectan.
Señoras y Señores.
Recordar a Donaldo es traer al presente
las infinitas posibilidades que se abren para el país a
través de la política.
Donaldo fue un hombre que promovió
el debate de las ideas, que se comprometió con un discurso
de propuestas, que creía en la posibilidad de construir
un mejor futuro al alcance de las manos de nuestros hijos.
Con él muchos nos entusiasmamos
con la posibilidad de realizar las reformas que el país
requería para un desarrollo como proponía: social,
regional y sustentable, comprometido con un mundo que no heredamos
de nuestros padres, sino un mundo que nos fue prestado por nuestros
hijos.
Donaldo como hombre de provincia
y que a edad temprana abandonara su casa para estudiar y especializarse,
fue proclive a la comunicación epistolar.
En algunas de sus cartas le gustaba
citar un pensamiento de Max Weber que ahora quisiera traer a colación:
Cito: "La política consiste
en una dura y prolongada penetración a través de
tenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo,
pasión y mesura. Es completamente cierto y así lo
prueba la historia, que en este mundo no se consigue nunca lo
posible si no se intenta lo imposible una y otra vez.
Pero para ser capaz de hacer esto
no sólo hay que ser un caudillo, sino también un
héroe en el sentido más sencillo de la palabra.
Incluso aquellos que no son ni lo uno ni lo otro han de armarse
desde ahora de esa fortaleza de ánimo que permite soportar
la destrucción de todas las esperanzas, si no quieren resultar
incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible.
Sólo quien está seguro
de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra
demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él
le ofrece, sólo quien frente a todo esto es capaz de responder
con un sin embargo; sólo un hombre de esta forma construido
tiene vocación para la política". Fin de la
cita.
Animados en esas reflexiones, enriquecidos
con el recuerdo de Donaldo acudamos al engrandecimiento de la
política. Vayamos a la edificación de una cultura
política a la altura de los retos que enfrentamos.
Evitemos las disputas animadas por
los conflictos personales, por la mezquindad de propósitos.
Vayamos a la verdadera lucha que es por el debate de ideas, de
proyectos, de soluciones a nuestros más urgentes problemas.
Mientras nos entrampamos en discusiones
estériles que dejan sin abrir nuestro destino, muchos viven
limitaciones, tienen que emigrar del país por falta de
oportunidades; tenemos que resignarnos a ver como gran parte de
nuestros talentos se desperdician, otros con grandes destrezas
y capacidades ni siquiera los detectamos, se mantiene el gran
abismo entre la riqueza y la pobreza en medio de contrastes que
nos ofenden y debilitan.
Está presente el México
con hambre y sed de justicia al que Donaldo se refiriera aquel
6 de marzo de 1994, hace casi 10 años. Es el México
que espera nuestras respuestas a través de la política,
de los acuerdos, de las transformaciones que el país requiere.
Como decía Donaldo: es la
hora de las respuestas, es la hora de la Nación. ¡Cumplamos!
Muchas gracias.
