Respetable concurrencia,
muy buenas noches:
Abril de 2003. A escasos veinte
días de conmemorar el noveno aniversario de la dolorosa
ausencia de mi hijo Luis Donaldo, acuden a mi mente -como una
película borrosa- montón de imágenes de mi
niñez, de mi juventud y de mi edad madura.
Es Semana Santa, época de
fuertes vientos, días de polvo y tradición, y de
nostalgia; de recuerdos y reflexión.
Sentado en el portal de mi casita,
ubicada en un pequeño predio cercano a Magdalena, próximo
también a la serranía, entre la bruma y las hermosas
tonalidades del atardecer, hago una recapitulación del
atardecer de mi existencia.
He recorrido un largo trayecto y
una distancia amplia me separa del inicio, cuando apenas comenzaba
el siglo pasado. Ahora, lo más cercano es el ocaso de mi
existencia.
Ha llegado la hora de hacer un recuento
de mi vida, de todos los sucesos a lo largo de mis ochenta marzos.
Ordenar todas estas vivencias, dándoles una secuencia lógica
en el tiempo y en el espacio, no es fácil.
Cómo hacerlo para no perderme
en los intrincados caminos de la memoria que -a querer o no- ya
no es tan fresca como antes.
Lo primero fue ordenar los archivos,
las notas, los recuerdos. Apuntar la secuencia de ideas para estructurar
un guión.
Pensé en mis antecesores,
en aquellos emigrantes procedentes del norte de Italia, venidos
a tierras americanas para construir un nuevo destino.
Recordé las crónicas
familiares de su instalación en lo que hoy es Sonora. La
lucha para subsistir y darles un futuro.
Vinculé esos antecedentes
con mi propia vida y con la visión que tuve sobre el desarrollo
de Donaldo. Me pareció atractivo.
Comenté la idea con familiares
y amigos cercanos, permitiéndome precisar datos y mejorar
el recuento.
Fue entonces cuando platiqué
con mi buen amigo Samuel Palma, sugiriéndome que escribiera
un libro. La idea me pareció estupenda. Sin embargo, desafortunadamente
no tengo la facilidad de palabra para emprender una tarea de tales
proporciones y así se lo hice saber.
Samuel, con la disposición
que siempre lo ha caracterizado y que ha estado presente en estos
años, se ofreció generosamente a ayudarme en ese
aspecto, apoyo que acepté gustoso, pues además de
que conozco su gran capacidad para correr el lápiz, cuenta
también con la ventaja de una gran amistad y cercanía
con Luis Donaldo, durante sus últimos y más intensos
años en el servicio público, tema medular del presente
libro.
Así nació el proyecto,
culminado ya en estas páginas. En él, se plasma
una reseña de la familia Colosio, inscrita en el contexto
de los acontecimientos nacionales y los propios de Sonora, con
el propósito de producir un buen acercamiento con lo que
fue la vida de Luis Donaldo.
Desde esa perspectiva, entender
sus motivaciones y afanes; su procedencia de la cultura del esfuerzo
y no del privilegio.
Con la publicación de esta
modesta obra, quiero hacer un sincero llamado a la conciencia
de los mexicanos, para recordar el sacrificio de un hombre entregado
por completo al servicio de las mejores causas de la Patria.
A partir del conocimiento y crítica
a un suceso tan abominable como el crimen que planearon y ejecutaron
contra Luis Donaldo, en aras de una lucha enfermiza por el poder,
que sólo nos enfrenta y nos acaba. Sólo pretendo
contribuir a erradicar ese tipo de hechos.
Este libro es un llamado a encontrar
las formas más civilizadas de contender, a lograr una expresión
de la política como la mejor divisa del acuerdo y encaminada
a hacer de nuestras diferencias motivo de fortaleza, razón
de respeto y posibilidad para encontrar conciencias superiores.
Agradezco infinitamente a Samuel
Palma y a todos aquellos que hicieron posible la realización
de esta obra, por haberme brindado la oportunidad de expresar
mi sentir y mi creer.
Largas horas de conversaciones están
aquí consignadas. A través de ellas, se fue tejiendo
la historia aquí novelada, que es una versión que
corresponde a los acontecimientos reales.
Al menos, a la forma como los vi
y a los juicios alcanzados a través de interminables jornadas
de revisión de hechos, comentarios y discusiones.
Gracias, muchas gracias. Su amigo
y servidor.
