México protagonizó
una de las más grandes revoluciones de nuestro siglo: lucha
de raíces liberales contra el despotismo, movilización
de enormes masas campesinas por la tierra y la defensa de sus
comunidades, batalla común por la libertad y la justicia.
Su sentido social y progresista
habría de quedar plasmado en la Constitución Política
de 1917,que recogió los ideales de democracia, justicia,
libertad y soberanía.
El PNR es el primer partido en el
sentido contemporáneo del término que aparece en
la historia política del país. Su estructura, federación
nacional de partidos locales y regionales y de corrientes de opinión
política revolucionaria, respondió al momento político
y social de México.
Hasta 1929, parecía que México
se perdía en los caminos de conflictos interminables; los
residuos de la violencia revolucionaria y la permanencia de feudos
de poder eran barreras infranqueables para realizar los principios
de justicia, libertad y desarrollo social.
Para lograr la unidad, paz y civilidad
del país surgió el Partido Nacional Revolucionario.
Su rasgo y logro más importante fue la forja de las instituciones
republicanas. La regulación de los conflictos conforme
al derecho y la creación de espacios de acuerdo y compromiso,
que hicieran del partido el instrumento de la política
revolucionaria y de la unidad nacional.
El acuerdo institucional de las
fuerzas políticas creó las condiciones históricas
para elevar las condiciones de vida de una sociedad con profundos
desequilibrios, acosada por intereses externos y rezagada en lo
material.
La entrega de tierras a los campesinos,
el respaldo a los derechos de los trabajadores, las nacionalizaciones,
la defensa de la soberanía y de los recursos estratégicos,
fueron los resultados del nuevo pacto social.
Con el fin de acelerar, ahondar
y canalizar las reformas de la Revolución, el PNR se transformó
en el Partido de la Revolución Mexicana. Las organizaciones
civiles y políticas de la sociedad se encuadraron en el
partido, y el partido fue respaldo activo de la acción
popular del Estado.
Las reformas sociales colocaron
al país en el umbral de la industrialización. Ante
el nuevo reto, las fuerzas del partido tuvieron la visión
de consolidar las instituciones, transformándolo. El Partido
Revolucionario Institucional nació para asentar las bases
de la democracia mexicana y articular el consenso nacional en
torno a la gran tarea del desarrollo.
Hoy los priístas iniciamos
la gran jornada hacia la Décimo Cuarta Asamblea Nacional.
Llegaremos a ella después
de una movilización nacional que recogerá las razones
y las propuestas en los sindicatos, en las fábricas, en
los ejidos, en las escuelas, en las comunidades, en los talleres,
en los centros de trabajo de nuestros sectores, comités
estatales y municipales, y de los seccionales surgirán
las voces que definirán la transformación del partido.
Llegamos aquí, luego de un
año de intensa vida partidaria; hemos enfrentado con una
nueva voluntad los procesos electorales, la reestructuración
democrática, la Reforma Electoral y hemos refrendado nuestra
condición de partido político mayoritario de la
nación.
Los protagonistas de este esfuerzo
han sido los legisladores, los asambleístas, los dirigentes
regionales, los dirigentes sindicales, los líderes campesinos
y populares, nuestros militantes y votantes:
Lo conseguido es obra de todos:
Hoy somos un partido combativo,
más abierto, más incorporado a las circunstancias
políticas, más cohesionado, más involucrado
socialmente. Más conciente de su responsabilidad política
nacional.
Iniciamos este Consejo con el aval
de tres reuniones nacionales previas con los sectores y después
de cinco reuniones regionales, constatamos que existe conciencia
colectiva en favor de la reforma.
Esta conciencia está animada
por el mismo espíritu que presidió las grandes transformaciones
históricas de nuestra Organización.
Como en 1929, 1938 y 1946, la motivación
de fondo hoy es la fidelidad al significado político, social
y moral de la Revolución Mexicana. La reivindicación
permanente de los valores populares y nacionales de la revolución.
Nuestro partido heredó la
naturaleza transformadora de la Revolución, su vocación
por la justicia y su pasión por la libertad.
El PRI está indisolublemente
asociado a la Revolución Mexicana, porta sus insignias
democráticas y cumple su proyecto social. Todo podrá
cambiar menos nuestra identidad con la Revolución Mexicana.
Para el priísmo los principios
revolucionarios están vivos, en los principios ha radicado
nuestra fuerza, unidad nacional, justicia y legalidad democrática,
independencia y soberanía; aquellos nos permiten enfrentar
los desafíos con la seguridad de que somos un partido con
arraigo en la sociedad, con respaldo de nuestros compatriotas.
En nuestra decisión de cambio
hay y habrá rupturas con los mitos y las fórmulas
que bloquean las transformaciones, con los liderazgos sin representatividad
e iniciativa, con las prácticas antidemocráticas,
con las decisiones cupulares, con las formas abyectas de ascenso
político, la simulación ideológica y la componenda
mercantil que tuerce la voluntad.
Pero también hay y habrá
continuidades con el pasado, continuidades de lealtad, unidad
y cohesión en nuestras filas, con el espíritu combativo
y la vocación progresista de las anteriores generaciones,
con el compromiso popular irrestricto de democracia, justicia
y libertad: éste es nuestro patrimonio para el cambio.
Cuántas veces hemos cambiado.
Los cambios han dejado un saldo positivo para el país y
para el partido, hoy estamos en el umbral de una nueva etapa.
El país vive nuevas situaciones y encara nuevos retos.
Una vez más el PRI con la
misma capacidad y voluntad de transformación, deberá
renovarse para estar a la altura de las nuevas condiciones históricas
con todas sus fuerzas, con sus sectores, con sus militantes de
todo el país.
Ustedes serán los protagonistas
de la nueva etapa del partido de la Revolución Mexicana.
El país ha vivido grandes
transformaciones en las últimas décadas. México
dejó de ser un país predominantemente agrícola
y extractivo para entrar en un proceso de acelerada industrialización
y un desarrollo de los servicios, actividades que ocupan ya un
lugar central en la economía.
El capital y el trabajo han mejorado
su capacidad productiva y se revelan como factores de modernización
social.
La economía orientada a la
situación de importaciones y hacia el mercado interno,
cerrada y con una presencia estatal, enfrentó la crisis
que hizo indispensable la apertura al exterior, trajo una reorganización
de las actividades productivas y obligó a redefinir la
intervención estatal; la crisis no sólo modificó
las relaciones económicas sino alteró las relaciones
sociales y políticas.
El entorno mundial del país
también se ha transformado.
La globalización de la economía,
la creciente interdependencia, la formación de bloques,
la rápida distensión, los movimientos en el mundo
socialista, los vientos de democracia en América Latina,
han configurado una situación inédita a la que México
responde con su propio proceso de transformación.
Rápidas y profundas han sido
también las modificaciones en la magnitud, composición
y distribución de la población mexicana.
Hoy, el 70 por ciento de la población
es menor de 30 años; somos también, un país
más escolarizado, más informado y comunicado con
mayor acceso a servicios de salud y con mayores expectativas de
vida, y a pesar del fuerte crecimiento demográfico y de
las desigualdades sociales, que aún persisten, hemos alcanzado
niveles más altos de bienestar que en el pasado.
El desplazamiento hacia una sociedad
urbana, la mayor especialización técnica del trabajo,
la creciente participación de las mujeres en las actividades
económicas, las necesidades de una población activa
mayoritariamente joven, la expansión y diversificación
de las clases medias, la emergencia de regiones con una dinámica
propia, han dado origen a una sociedad de intereses más
diferenciados y, con frecuencia, contrapuestos, hoy México
es una sociedad plural, compleja y diferenciada.
Una nueva cultura política
se desprende de estos hechos fundamentales. La revolución
urbana, a pesar de sus deformaciones; la revolución escolar,
a pesar de sus carencias; la revolución económica,
a pesar de sus crisis, han generado ciudadanos más críticos,
más exigentes, más autónomos y más
participativos; pero aún existen consensos inducidos, disidencias
no expresadas y grandes espacios sociales en que predominan la
indiferencia.
Los cambios han hecho variar los
escenarios para la participación de los mexicanos: surgió
un nuevo sindicalismo, con nuevas fuerzas y nuevas exigencias.
En el campo, han aparecido formas
de organización y acción distintas, han irrumpido
los movimientos sociales con demandas concretas: los intelectuales,
universitarios, periodistas de opinión, han encabezado
y argumentado la validez de numerosas reivindicaciones de grupos
sociales.
A estos cambios sociales y políticos
hay que sumar la configuración de un sistema de partidos
con opciones cada día más diferenciadas, crecientemente
competitivas. Inmersos en el duro aprendizaje del manejo de la
pluralidad y la negociación.
El reclamo democrático, la
creciente independencia de la opinión pública, la
demanda de la participación en la definición y tratamiento
de los problemas sociales, la irrupción de la sociedad
civil y la idea ciudadana, la exigencia de honestidad en la administración
pública, la democratización interna de las organizaciones
sindicales y empresariales, la reivindicación de las autonomías
locales y regionales han sido los formidables signos de la transformación
política de la sociedad.
Las profundas y extensas transformaciones
de la sociedad mexicana no podían dejar inalterada la política,
las relaciones entre la sociedad y el Estado.
En las últimas décadas
han aparecido irresistiblemente nuevas formas de organización
civil y política, formas alternativas de representación
y conciliación de intereses. Nuevas formas de presentar,
argumentar y desahogar conflictos.
En sincronía con la sociedad,
el Estado procede a evaluar sus patrones tradicionales de conducción
política y administrativa. Las relaciones entre sus poderes
y niveles de gobierno, sus relaciones con la densidad organizativa
de la sociedad, planeación nacional, modernización
del sector público, reforma democrática electoral,
son la avanzada promisoria de una serie de modificaciones en el
trato del Estado con la sociedad.
Un Estado soberano, que gobierne
y legisle imparcialmente para todos los mexicanos: un Estado que
exprese y realice todas las potencialidades del pueblo de México.
Un Estado no inhibido ni atemorizado
por fuerza alguna. Un Estado capaz de incorporar con éxito
al país en las transformaciones mundiales de nuestro tiempo.
Un Estado democrático que
mantenga el Estado de derecho y asegure un gobierno de leyes firme
y vigilante. Un Estado fundado en la voluntad popular, no autoritario,
que, lejos de toda concepción patrimonialista, ejercite
el poder como responsabilidad pública: en suma, un Estado
de la libertad y de la democracia.
El PRI quiere también, un
Estado justo que promueve la solidaridad: un gobierno desatento
a la cuestión social no será nunca un gobierno del
PRI
Las tareas de justicia social han
de estar orientadas por el principio de solidaridad, este principio
exige un compromiso del conjunto de la sociedad con los que menos
tienen.
Un Estado redistributivo sin paternalismo
autoritario y que impulse la participación de beneficiarios
y su corresponsabilidad en la reforma; el Estado no ha de abandonar
sus responsabilidades constitucionales estratégicas, sin
por ello inhibir la autonomía y las iniciativas de individuos
y de grupos.
Finalmente, queremos un Estado de
calidad. Un Estado que integre armónicamente democracia,
solidaridad y eficiencia en la gestión pública,
que guarde una actitud crítica permanente en el ejercicio
del poder, que sepa tomar decisiones y jerarquizar demandas; que
concilie los intereses particulares con el interés general,
ésa es la reforma del Estado que quiere el PRI: quiere
un Estado para la nación, no una nación para el
Estado.
Llegó también para
el Partido Revolucionario Institucional el momento de su reforma.
Es el tiempo y así lo han decidido los priístas.
No será una reforma burocrática
ni de cúpula. Será una reforma democrática
y nacional. Será democrática por la participación
de todos los priístas: por la crítica y discusión
abiertas y en toda libertad; por las propuestas audaces e imaginativas;
por la pasión que en ella pone nuestra militancia; será
una reforma nacional porque la llevará a cabo todo el partido
en todo el país y porque lo haremos de cara a la nación.
Nuestra permanencia en el poder
conlleva el riesgo de olvidar a la sociedad; en ocasiones, no
estimulamos sus iniciativas. En los últimos años,
en tiempos de crisis que exigieron grandes sacrificios a la mayoría
de los mexicanos, no estuvimos a la altura de sus exigencias.
Ahora volveremos a la sociedad,
no pretendemos suplantarla, no aspiramos a ser único portavoz,
pero sí su mejor representante, seremos el partido de la
sociedad, para eso nos reformaremos.
Queremos constituir una nueva mediación
política.
La sociedad no cuestiona que el
gobierno se ejerza con compromiso partidario, sino que se ejerza
bien, la sociedad no pide que el PRI se enfrente al Gobierno,
sino que abandone sus actitudes de partido complaciente y decorativo.
Reitero, somos partido en el Gobierno no del Gobierno.
Para ser el partido de la sociedad
hemos de encontrar solución a cuatro grandes retos.
Primero, el de la posición
política del partido. Ante las nuevas condiciones, se ha
vuelto indefinida e insegura nuestra posición en las relaciones
con los gobiernos, administración, los partidos y la ciudadanía.
Como partido en el poder nos convertimos,
por momentos, en voz del Gobierno; ahora la sociedad quiere conocer
la posición del partido frente a sus problemas. Por eso,
desde hoy, nuestro reto es convertir la voz de la sociedad en
acciones de Gobierno, para ello es decisivo tener voz propia.
El segundo reto es el de la representación
política. Se ha debilitado nuestra capacidad para representar
con eficacia y nitidez los intereses de los trabajadores y campesinos,
de los integrantes de los sectores populares y de las clases medias;
de los jóvenes y de las mujeres, e incorporar sus intereses
en el interés general de la nación.
El tercer reto es superar la inercia
de nuestra Organización, nuestra militancia y nuestra acción
política. Las necesidades mínimas que nos imponía
nuestro carácter de partido en el poder y la baja competencia
política nos aletargaron.
Apenas ahora comenzamos a recuperar
nuestra capacidad de movilización, al hacerlo aumentan
nuestros problemas de organización para integrar en las
actividades partidistas a nuestra militancia, para superar el
centralismo y la burocratización para la selección
democrática y postulación de candidatos, para cubrir
nuestras necesidades de financiamiento, para formar nuevos cuadros.
El Cuarto reto es fortalecer la
imagen del partido que se ha deteriorado con el tiempo. Reconozcamos
los errores y debilidades del propio partido y la obsolescencia
de nuestros patrones de comunicación política. No
habrán de pesar más en nuestra contra actitudes
de imposición, arrogancia, manipulación y corrupción
partidista.
El Primero, el criterio de la modernización:
el partido se reforma para impulsar la modernización nacionalista
y popular de México.
Nuestro programa para la modernización
de México consiguió el voto ciudadano mayoritario
y está siendo aplicado por el Gobierno de la República.
El programa requiere un esfuerzo
permanente de la sociedad y del Gobierno en todos sus niveles,
ésta es una razón suficiente para que el partido
proceda a su propia modernización y busque por ese medio
mantenerse en el poder.
La reforma exige la modernización
organizativa de los sectores, la estructura territorial y la militancia
ciudadana. Una forma superior de articulación entre los
órganos deliberativos, consultivos y de operación
del partido. Una más clara precisión en las funciones
y responsabilidades de los diversos niveles deberá ser
capaz de llevar a la representación nacional las aspiraciones
regionales.
Exige la modernización de
nuestra lucha ideológica, actualización de conocimientos,
formación sólida de cuadros, diálogo y razones
entre las corrientes internas, lealtad a los principios, sensibilidad
ante los procesos sociales y políticos de nuestro tiempo:
capacidad de autocrítica.
Exige modernización la política
como acción razonadora y constructiva; como oferta que
tiende puentes para el acuerdo, como ejercicio de la libertad,
como diálogo permanente a partir de las diferencias, como
ejercicio responsable del poder público.
Esto es la política moderna
para el militante priísta: ejercicio de responsabilidad,
iniciativa de la razón, compromiso ético, ciudadanía
cabal, así seremos el partido de la modernidad en México.
El segundo criterio que ha de orientar
la Reforma del Partido es el de la democracia: el Partido deberá
ser en las nuevas condiciones políticas nacionales, la
organización que garantice el Gobierno democrático
de México.
El partido asume la responsabilidad
de defender el estado de derecho. Ha sido y seguirá siendo
el partido de la legalidad. Dentro de la ley mantendrá
la continuidad de las instituciones y velará por la renovación
democrática del Gobierno.
La democracia implica pasar de la
política como negación de adversarios a la política
como acuerdo y respeto a las diferencias. La violencia y la intolerancia
revelan la existencia de grupos sociales desarticulados y manipulables,
el abuso de minorías agresivas que intimidan a la ciudadanía.
Nos proponemos impulsar una nueva
cultura política democrática que, por vía
del debate, el diálogo, la tolerancia y la explicación,
profundice y explore soluciones negociadas.
El tercer criterio es el de la solidaridad:
el partido se reforma para encontrar nuevas vías de satisfacción
al programa de reivindicaciones sociales de la Revolución.
Sus propósitos y compromisos
se fundan en la lucha por una mayor justicia. Hoy el reto de los
pobres y desiguales es nuestro reto. Nos reformamos para responder
a él.
Hemos de lograr una sociedad más
solidaria. El problema de la pobreza requiere de soluciones urgentes
que el gobierno de la República ya enfrenta. Estas soluciones
debemos proponerlas y llevarlas a la realidad, en ellas se deben
vincular los apoyos institucionales y las iniciativas individuales
y colectivas.
Al cumplir con las tareas exigidas
por la justicia y la solidaridad, el partido convierte la pluralidad
de intereses de la sociedad en beneficios para todos, principalmente,
para los que menos tienen. La justicia da sentido a la convivencia
democrática. La lucha por la justicia da sentido a la reforma
del partido. Seremos el partido de la solidaridad.
Plan de Acción para el debate
nacional sobre la reforma del partido.
Hemos señalado los retos
a los que el partido se habrá de enfrentar y también
aquellos criterios que se consideran válidos para lograr
la modernización, como vía para la reforma. Nuestro
método de discusión y análisis nos conduce
a proponer líneas estratégicas centrales del proceso
de reforma.
Producto del nivel de conciencia
política del priísmo, he de señalar que el
punto de primer orden en la discusión de la XIV Asamblea
Nacional, será la revisión exhaustiva, reflexiva
y crítica de nuestros Documentos Básicos.
La esencia, el valor y vigencia
de nuestros principios no están a discusión, modificaremos
anacronismos.
A este honorable Consejo propongo
las siguientes líneas estratégicas.
Para fortalecer nuestra condición
de partido nacional, habremos de llevar a cabo una profunda reorganización
democrática interna.
La reorganización democrática
se inscribe en el marco de los reclamos de una mayor participación
de nuestros militantes, en la definición de las políticas
partidarias.
Hemos de definir la nueva organización
del partido, que nos permita erradicar burocratismos y evitar
la reproducción de estructuras inoperantes.
La militancia exige una organización
moderna, racional, eficiente en la que predominen las relaciones
políticas abiertas, donde el conocimiento y la información
sean las bases de nuestra creatividad política.
La elección democrática
será la norma general para la elección de dirigentes,
candidatos y representantes del partido. Atendiendo las condiciones
políticas sociales de cada región, en la elección
privará el respeto a la carrera del partido, que significa
revisión objetiva de méritos, capacidad, lealtad
y esfuerzos del militante.
No permitiremos que existan divergencias
entre el proyecto social y político del gobierno y del
partido en las cuestiones fundamentales de la democracia, justicia
social y soberanía. Tenemos un proyecto de futuro subordinado
a las causas del pueblo mexicano.
El partido reivindicará su
autonomía e independencia en su quehacer político
concreto.
Precisemos, bajo estos principios,
nuestra relación con el Gobierno, para recuperar sus espacios
de iniciativa política con los gobiernos locales, ayuntamientos
y los relativos a la administración pública; que
quede claro, somos partido nacional, no 32 partidos locales.
Habremos de definir la posición
del PRI ante otros partidos, de nuestra discusión surgirá
nuestra política de alianzas.
Los sectores del partido habrán
de llevar a cabo su propia reforma. Pilares de nuestra organización,
habrán de fortalecerse en el análisis autocrítico,
y en su visión de futuro.
Habrá de surgir un movimiento
campesino moderno con capacidad e iniciativa para recuperar las
mejores tradiciones democráticas en la toma de decisiones
y en la elección de todos sus dirigentes.
Para fortalecer la solidaridad como
mecanismo de democracia y justicia; y para incorporar el progreso,
al bienestar, a la seguridad social, el trabajo y a la educación.
A los indígenas, jornaleros agrícolas y los demandantes
de tierra.
El movimiento campesino ha de reafirmar
su convicción social e histórica en el ejido y habrá
de confirmarse la compatibilidad de los derechos históricos
del campesino con el desarrollo social y la eficiencia productiva.
El movimiento campesino moderno
vinculará a su actividad política con la producción,
transformación y comercialización. Los excedentes
de las organizaciones económicas deberán beneficiar
al conjunto de la sociedad rural.
El sector obrero habrá de
continuar desarrollando nuevas formas de relación política
con los trabajadores y los sindicatos, reforzando los mecanismos
democráticos, esto permitirá un movimiento obrero
moderno capaz de preservar su condición de pilar de la
estabilidad y el progreso de México.
Sin menoscabo de sus reivindicaciones
sociales y derechos laborales, el movimiento obrero es pieza fundamental
para la modernización económica del país,
al impulsar las nuevas tareas productivas, afianzar su alianza
histórica con el Estado y contribuir a la solidaridad social.
El movimiento popular moderno de
nuestro sector habrá de resolver el tránsito de
una política fundada en las organizaciones y los gremios
a una que ponga en primer lugar el trabajo con las organizaciones
territoriales, en las colonias populares y con los ciudadanos,
estableciendo a la colonia como cédula básica y
al municipio como ámbito de concertación política.
La creación de consejos municipales,
donde participen los grupos populares, podrán concebirse
como la superación cualitativa de nuestra forma de organización
tradicional, que también deberán ser renovadas.
Habremos de interpretar y participar
en los movimientos emergentes, en las expresiones políticas
más diversas, para que el partido se proponga orientar
sus demandas.
Digámoslo con precisión:
la reforma del partido presupone la reforma de sus sectores, sin
embargo, el partido camina hacia su propia reforma abandonando
los caducos mecanismos que suponen la discusión sobre parcelas
de poder; los espacios políticos del partido habrán
de ser ocupados por sus militantes con carrera, vocación
y lealtad a sus causas.
Ellos habrán de ser los protagonistas
del cambio y la renovación democrática. En ella
habrán protagonistas del cambio y la renovación
democrática. En ella habrán de tener cabida los
dirigentes naturales más capaces y honestos.
Habremos de fomentar la creación
de una estructura nacional más dinámica y representativa
de las regiones y de sus sectores, dotada de la capacidad y la
flexibilidad suficientes para discutir y aprobar líneas
de acción política de interés general.
La estrategia democrática
ha de adquirir toda su concreción en el municipio. Los
comités municipales del partido deberán ser la instancia
que aliente el quehacer partidario.
En una sociedad de jóvenes,
el partido habrá de lanzar una nueva política atractiva,
que encuentre formas imaginativas de organización, y audaz:
que permitan la expresión libre y espontánea de
los intereses de la juventud mexicana.
La mujer deberá fortalecer
su participación en el partido y en la sociedad. Para ello,
habrá de convocarse a la creación de un amplio y
moderno movimiento de las mujeres que luchan por la solidaridad.
El partido ha de recuperar la iniciativa
en la lucha por las reivindicaciones sociales y políticas.
Recuperar la iniciativa es la estrategia
del partido en su papel de vanguardia en la representación
de los intereses de las mayorías del país. Es, también,
la definición y toma de posición clara y firme ante
los grandes problemas nacionales.
Nuestro partido deberá firmar
una oferta política que responda al interés de nuestros
militantes y que sea convincente para el electorado nacional.
Habremos de luchar para que se establezcan
con sentido de solidaridad, políticas sociales que vinculen
mas y mejor las masas populares con el Gobierno revolucionario
de Carlos Salinas de Gortari.
Así, lo habrá de hacer
la atención a los problemas que más apremian al
conjunto de la sociedad: salarios y precios, distribución
y producción, servicios básicos y captación
de recursos; empleo, educación y capacitación.
El partido frente a organismos representativos
de la sociedad como el sindicalismo y las universidades, abandonará
actitudes de aparente indiferencia. En ningún espacio social
ni político estará ausente.
Ante los movimientos sindicales
que enfrentan abiertamente las posiciones del PRI, habremos de
considerar y orientar una política más activa, decidida
y de disposición a preservar y ampliar nuestros espacios
de influencia.
El PRI no dejará a la irracionalidad
ni a la intolerancia los organismos nacidos de la Revolución
Mexicana.
Un partido más activo en
la defensa de la soberanía y en las relaciones internacionales.
En las nuevas condiciones internacionales,
el PRI tendrá que diseñar una política internacional
en defensa de la soberanía y la autodeterminación
nacional, llevando a cabo una más activa e intensa relación
con organizaciones políticas de todo mundo.
Nuestro espacio natural para la
colaboración y la solidaridad es América Latina
y el Caribe; razones históricas, políticas, culturales
y económicas nos impulsan a desarrollar más los
estrechos vínculos con los países hermanos.
En las relaciones con Estados Unidos
hemos de considerar siempre la mejor satisfacción del interés
nacional, sin mitos ni complejos, pero también sin concesiones.
En aquellos lugares donde la población
de origen mexicano es numerosa y por ende también nuestros
simpatizantes, hemos de incrementar nuestra presencia ofreciendo
información permanente sobre la actualidad política
de México.
Europa es ámbito propicio
para desarrollar nuestra actividad internacional. Hemos de incrementar
los intercambios con los partidos socialdemócratas y socialistas,
reafirmando relaciones y coincidencias.
Con los partidos políticos
afines de Japón y Asia hemos de desarrollar una estrecha
relación, que favorezca el intercambio de experiencias
y puntos de vista sobre causas comunes.
Una nueva comunicación para
la cultura política.
Ante una sociedad más informada
y consciente de las nuevas realidades, el partido deberá
elaborar formas de comunicación política más
idóneas y persuasivas.
Habremos de establecer mecanismos
de comunicación entre los propios militantes, y entre estos
y los dirigentes implementemos una comunicación específica
que permita fortalecer las políticas del partido en las
regiones y comunidades del país.
El partido habrá de modificar
su discurso político. La sociedad reclama un discurso sólido
y comprometido pero sobre todo veraz; serán necesarias
políticas de divulgación ideológica que permitan
afirmar el compromiso de la militancia y su capacidad para enfrentar
el debate con los adversarios.
Nuestras campañas habrán
de ser cada vez más austeras sin ostentaciones ni dispendios,
campañas de diálogo con los ciudadanos y los grupos
sociales, directas, que revelen las nuevas formas de hacer política
del partido.
En las condiciones actuales, el
partido deberá formular una estrategia de comunicación
de cara a la sociedad, a través de acciones que revelen
creatividad, sencillez y autenticidad, que nos permitan recuperar
credibilidad y confianza.
Nueva organización para la
lucha electoral.
Nuestro partido, ha propiciado la
mayor competitividad electoral: vamos a prepararnos para participar
con mayor eficacia en los procesos electorales del futuro.
Ahora, las ofertas políticas
son más diversas; en consecuencia, requerimos definir con
claridad la nuestra, para evitar las confusiones, necesitamos
que los electores conozcan a plenitud la opción que les
ofrecemos.
Habremos de profundizar en el mejoramiento
de nuestra organización y de nuestros mecanismos electorales,
rescatando el valor que estos tienen en nuestra lucha por alcanzar
y mantener el poder. Las prioridades electorales deberán
de ser definidas por la dirigencia del partido.
La coordinación debe hacerse
permanente y sobre la base de programas de acción concretos.
Las expectativas y compromisos deberán establecerse siempre
con claridad, para ello habremos de considerar la creación
de un Consejo Nacional Electoral del Partido.
Planeación para la acción
política.
La planeación política
habrá de ser la herramienta que nos permita prever metas
y ordenar conforme a programas de acción, el uso de los
recursos.
Los procedimientos tácticos,
los tiempos y las actividades. Su uso nos ayudará a poner
fin a la improvisación y tomar decisiones adecuadas.
La planeación política
ha de extenderse a los municipios, las entidades federativas y
los sectores, una gestión cada vez más descentralizada
habrá de fortalecer la actividad del partido que se realiza
junto con la ciudadanía.
Cuarta etapa del partido.
Nuestro partido se ha involucrado
en las grandes transformaciones históricas de la sociedad
mexicana. Hoy, ante nuevas exigencias, nuestro partido va a reformarse
una vez más.
En 1929 estuvimos en la concertación
de las fuerzas revolucionarias, en 1938 en el programa social
de la Revolución Mexicana y el refrendo de la soberanía.
En 1946 en el impulso del desarrollo. En 1990 seremos el partido
de la sociedad que se define por la democracia, por la soberanía
y por la solidaridad.
En el México de hoy se recrea
el espíritu del cambio, en el Partido Revolucionario Institucional,
se hace presente el espíritu en 1929, 1938 y 1946. La voluntad
es por las transformaciones, el consenso es por la decisión
de que sea ahora.
Supremacía política.
El partido se reforma para mantener
la supremacía política, ese propósito no
está animado por la obsesión del poder. Responde
a los mandatos de la Revolución Mexicana. Nacimos de la
Revolución. Hoy tenemos la responsabilidad de actualizar
sus exigencias y hacerlas avanzar.
Así lo demandan los millones
de mexicanos que todavía sufren la pobreza extrema así
lo demandan todos los que padecen alguna forma de desigualdad:
los trabajadores del campo y la ciudad, los productores pobres,
los grupos populares urbanos.
Así lo demandan las clases
medias que piden seguridad para el fruto de sus esfuerzos. Así
lo demandan todos los ciudadanos que quieren libertad y respeto
a su dignidad.
En nombre de ellos, los militantes
priístas optamos por la reforma. Por eso no es una reforma
oportunista, nuestra decisión tiene unan profunda raíz
histórica y una honesta razón social.
El partido se reforma para desplegar
las libertades políticas y las potencialidades de la democracia,
para enfrentar la nueva competencia política.
Por ello, transformaremos nuestra
organización, encontraremos mejores argumentos para convocar
el consenso ciudadano, seremos militantes más comprometidos;
queremos enriquecer la contienda política, convertirla
en diálogo entre iguales, fortalecerla como tribunal ciudadano
que juzga las acciones de los gobiernos y los programas de los
partidos.
El partido se reforma para ganar
el voto. Queremos ganar el voto de la racionalidad, el de la iniciativa
ciudadana, el de todos aquellos que en la pluralidad quieren participar
en las grandes tareas nacionales.
El PRI se reforma para convertir
la supremacía política en proyecto de justicia.
El PRI se reforma para traducir
la supremacía política en práctica de democracia.
El PRI se reforma para hacer de
la supremacía política un ejercicio de solidaridad.
Enfrentemos, así el reto
de ser la organización política, con la visión,
el talento y el coraje, capaz de encabezar la nueva cultura y
el nuevo quehacer político.
Estamos ya en el camino de la reforma.
En la modernización, avanzamos.
En la democracia, avanzamos.
Y en la solidaridad, avanzamos.