Doctora Rosemary Stevens;
Señoras y señores:
Muchas gracias por su presentación.
Es un honor para mí estar aquí con ustedes. Aprecio
la invitación que me formularon para intervenir en este
acto y deseo felicitarlos sinceramente por el renovado esfuerzo
que están realizando, a través de la Escuela de
Artes y Ciencias, para fortalecer el prestigio internacional de
la Universidad de Pennsylvania.
Esta reunión me permite contrastar
la situación que vivimos en 1977, cuando terminé
mis estudios en Filadelfia, con la situación actual. No
hay duda que el mundo de hoy es muy diferente y que también
el México de hoy muestra un nuevo perfil.
Quiero decirles que he tenido una
gran fortuna, la de poder combinar mi experiencia académica
en el campo del desarrollo regional y la planeación económica,
con mis responsabilidades en cargos gubernamentales.
Desde que terminé mis estudios,
he estado involucrado en actividades encaminadas a la promoción
del desarrollo social. Como profesor universitario, servidor público,
diputado y senador, ahora como Secretario de Desarrollo Social,
he participado en el diseño y ejecución de políticas
gubernamentales orientadas a elevar el bienestar social.
En estas tareas, he aprendido que
los servidores públicos tienen que enfrentar problemas
complejos y deben tomar decisiones difíciles. Los servidores
públicos requieren de un entrenamiento y de herramientas
analíticas modernas.
Pero, lo más importante es
combinar estas habilidades técnicas con la sensibilidad
social y con habilidad para promover la deliberación pública
y lograr así la participación de los diversos actores
sociales.
Permítanme describir uno
de los retos más fascinantes del campo de las políticas
públicas y que exige al servidor público no sólo
imaginación y creatividad, sino una visión clara,
liderazgo, resolución, firmeza y, sobre todo, la participación
comprometida de la sociedad.
Me refiero al nuevo reto de combinar
efectiva y equitativamente la promoción del desarrollo
social y económico con la protección del medio ambiente
y de los recursos naturales, en un marco de creciente integración
económica.
Cada mexicano quiere y merece un
medio ambiente sano. El desarrollo sustentable es algo en lo que
creemos firmemente y que, por razones de equidad entre generaciones,
los mexicanos del mañana nos exigen.
El desarrollo requiere un compromiso
común, una responsabilidad compartida y una acción
coordinada del gobierno y la sociedad.
Para lograr una protección
efectiva del ambiente y garantizar el desarrollo sustentable es
necesario contar con suficientes recursos económicos.
Investigaciones recientes sostienen
que es en las fases iniciales de la industrialización cuando
la contaminación presenta problemas más agudos,
pero a medida que la economía crece y se consolida la industrialización,
se generan los recursos necesarios para la protección del
medio ambiente.
México está llegando
a este último punto, con una estrategia económica
exitosa que habrá de fortalecer con el TLC.
Al mismo tiempo, no podemos desconocer
que la degradación del medio ambiente está vinculada
a la pobreza.
Por tanto, el desarrollo sustentable
no puede garantizarse sin profundos cambios económicos;
en México, proteger el medio ambiente implica promover
el crecimiento económico y combatir decisivamente las causas
de la pobreza extrema.
El TLC no es un instrumento aislado,
es parte de una estrategia más amplia, que tiene como fin
último elevar el nivel de vida de la población y
promover políticas orientadas a elevar el ingreso per cápita
de los mexicanos.
Quiero exponer más ampliamente
algunos puntos sobre el TLC.
Es importante no perder de vista
que es un instrumento para conformar entre México, Estados
Unidos y Canadá, una región competitiva, frente
a las otras regiones del mundo tales como Europa y el Pacífico.
Actualmente estamos en la etapa
final para convertir el acuerdo en una realidad. El TLC se convertirá
en un motor de prosperidad y crecimiento económico limpio,
precisamente porque ofrece cinco elementos básicos de competitividad:
1. Certidumbre: Con el TLC los inversionistas
y consumidores conocerán con certeza las reglas del juego
comercial actual y del futuro. De esta manera, podrán tomar
las mejores decisiones para lograr la asignación de los
recursos de una manera más efectiva. Como ustedes saben
la permanencia y la continuidad son requisitos básicos
de una vigorosa política económica.
2. Economías de Escala: Con
el TLC, los inversionistas podrán reducir los costos de
producción al proveer bienes y servicios a un gran mercado:
360 millones de consumidores, con un producto regional de 6 billones
de dólares.
3. Especialización: Este
elemento, se refiere a las pequeñas y medianas industrias
que no cuentan con los recursos para aprovechar las economías
de escala. El TLC les ofrece la oportunidad para que se conviertan
en empresas altamente productivas cuando se especializan en servir
a determinados segmentos o nichos de mercado.
En toda la región, precisamente
porque el consumidor mexicano es diferente del típico consumidor
estadounidense o canadiense, aquellas empresas que se especialicen
en proveer bienes o servicios para estos nichos tendrán
un mayor margen de competitividad.
4. Opciones tecnológicas:
el TLC ofrece a las empresas la flexibilidad necesaria para que
puedan escoger entre una amplia gama de tecnologías disponibles
en la región. Si la producción de un bien es intensiva
en mano de obra calificada, una compañía tendrá
acceso a ella. Si por otro lado, la producción es intensiva
en uso de capital, la empresa tendrá acceso a este último.
El resultado final será una mejor asignación de
los recursos y la posibilidad de aumentar los mecanismos de producción
compartida en la región.
5. Más servicios a bajos
costos: Una economía moderna requiere servicios financieros,
transporte, telecomunicaciones, etc. El TLC tendrá un impacto
en la reducción de los costos de estos servicios.
Como ustedes pueden advertir, el
TLC es un instrumento que será de gran utilidad para México
y para la región: así el Tratado está íntimamente
vinculado con la salud de la economía de los tres países.
Por esta razón, antes de que iniciáramos las negociaciones,
en México llevamos a cabo, por decisión propia,
una radical transformación de nuestra economía.
Hubiera sido muy difícil
iniciar una negociación de la magnitud del proceso en que
se concluyó el TLC si no hubiéramos adoptado previamente
una serie de medidas que han fortalecido nuestra economía.
Hemos llevado a cabo una rápida
transformación de las estructuras económicas con
lo que hemos logrado promover una estabilidad macroeconómica
y una mayor eficiencia microeconómica. Con ello, estamos
aumentando la productividad y la competitividad de nuestra planta
industrial.
Pero permítanme decirles
que, a principios de los ochenta, cuando me integré al
equipo del Presidente Carlos Salinas en la SSP, probablemente
muy poca gente, fuera del gobierno, hubiera podido prever que
nuestra economía volvería a crecer; que nuestra
enorme deuda externa pudiera ser renegociada y reducida; que nuestro
comercio pudiera ser liberalizado; y que el sector público
pudiera llegar a presentar un superávit presupuestal.
Con el Presidente Salinas, los mexicanos
vivimos tiempos de gran creatividad en el campo de la formulación
de las políticas gubernamentales. ante los problemas complejos
encontramos soluciones, sin generar mayores burocracias.
Iniciamos la Reforma del Estado
concentrándonos en servir al ciudadano con calidad, responsabilidad
y pleno apego a las normas, impulsando la participación
de la sociedad. Estas son las raíces del nuevo México.
Con disciplina, tenacidad y con
una nueva combinación de políticas gubernamentales
y de mercado hemos logrado resultados muy alentadores: en los
últimos cuatro años, la inflación se redujo
de tasas de alrededor de 160 por ciento, a menos del 12 por ciento,
el año pasado.
Esperamos lograr una inflación
todavía menor para 1993. El producto nacional ha crecido
por encima del crecimiento de la población por cuatro años
consecutivos.
El aumento de la actividad económica
ha sido generado fundamentalmente por la inversión privada,
la cual ha crecido en 12 por ciento anualmente desde 1989.
En 1988 sufríamos un déficit
presupuestal equivalente a 12 por ciento del PNB; ésta
situación se ha remontado y en 1992 contamos con un superávit
de medio por ciento del producto, y ésta cifra excluye
los ingresos provenientes de la privatización de las empresas
públicas.
De igual forma, vivimos ahora un
clima que favorece la inversión y el crecimiento. El saneamiento
de las finanzas públicas, la reducción de la deuda
y la apertura de mayores espacios para iniciativas de los sectores
productivos y sociales nos han permitido destinar mayores recursos
a la satisfacción de las necesidades básicas de
aquellos mexicanos que más lo necesitan. Todo ello en un
marco de pluralismo y participación social.
El objetivo fundamental de nuestra
estrategia de desarrollo es elevar el nivel de vida y elevar el
bienestar de todos los mexicanos. El reto al que se enfrenta la
política social es el de fortalecer la capacidad del gobierno
para satisfacer las necesidades más sentidas de la población,
aumentando los recursos para la inversión social, sin comprometer
la estabilización y el equilibrio presupuestal.
Un aspecto fundamental para el balance
de la política social ha sido la participación de
los grupos y comunidades beneficiados. De esta forma, hemos puesto
en marcha un programa desburocratizado, eje de la nueva política
social en México; "Solidaridad".
Las comunidades se movilizan estableciendo
reglas claras para asignar recursos y promover la deliberación
pública, alcanzando un gran impacto puesto que se ha mantenido
un vínculo estrecho con los cambios estructurales de privatización,
desregulación y enfoque del gasto público. En buena
medida, esto explica nuestra estabilidad.
Solidaridad se ha fincado en principios
democráticos básicos, enraizados en las tradiciones
locales de trabajo comunitario, organización al nivel de
los barrios, discusión y deliberación pública
sobre las prioridades y proyectos.
La honestidad y transparencia de
la administración de los recursos federales están
garantizadas porque los programas son decididos, ejecutados y
supervisados por la propia comunidad, quien asume su responsabilidad,
provee la mano de obra, aporta recursos y algunos materiales.
Nada es gratuito.
El objetivo inicial del programa
solidaridad era el de satisfacer las necesidades básicas
a través de la introducción de servicios de agua
potable, electricidad, drenaje, así como de la construcción
y rehabilitación de viviendas, clínicas, escuelas,
calles y caminos. Esta primera etapa se ha orientado a construir
el piso social básico.
A medida que un mayor número
de comunidades han avanzado en la satisfacción de sus necesidades
básicas, en los últimos años Solidaridad
ha puesto énfasis especial en el impulso a las actividades
productivas, promoviéndose la creación de proyectos
regionales productivos a través del Fondo Nacional para
las Empresas en Solidaridad, que ha apoyado proyectos con demostrada
viabilidad económica.
El objetivo es crear empresas rentables,
con capital inicial que, sin que llegue a convertirse en un subsidio
permanente, ayude a las pequeñas empresas a florecer.
Algunos ejemplos se enmarcan dentro
de los proyectos ecológico-productivos que han permitido
proteger los recursos naturales, los bosques y selvas, la mariposa
Monarca, mientras que generan alternativas de ingreso para las
comunidades y familias que viven en la pobreza.
Permítanme decirles que en
la protección del medio ambiente, estamos haciendo uso
de la misma creatividad que nos ha permitido reestructurar la
economía y proveer infraestructura social.
De esta manera hemos diseñado
y puesto en marcha una política integral de protección
al medio ambiente. Hemos establecido ya un marco legal y normativo
muy avanzado, cuyas normas técnicas han sido producto de
un minucioso análisis de costos y beneficios.
Antes de que termine este año,
contaremos con 151 Normas Oficiales Mexicanas en materia de protección
del ambiente, las cuales cubren las descargas de aguas, el aire,
los desechos peligrosos, los desechos sólidos, la calidad
del agua, el ruido, los riesgos ambientales y los recursos naturales.
Durante un período relativamente corto hemos llevado a
cabo 3,069 análisis de impacto ambiental.
Además a nivel local, casi
todos los estados cuentan ahora con su propia Ley de Equilibrio
Ecológico y Protección del Ambiente.
Dentro de la Secretaría de
Desarrollo Social se han fortalecido, tanto el Instituto Nacional
de Ecología como la Procuraduría Federal de Protección
al Ambiente. Esta última, durante la segunda mitad de 1992
y los primeros meses de 1993, ha llevado a cabo 7,083 inspecciones
y ha clausurado 930 plantas industriales.
El marco normativo que hemos integrado
lo estamos aplicando estrictamente; así hemos cerrado aquellos
establecimientos que no cumplen con las disposiciones ecológicas
vigentes.
Sin embargo, una administración
estrictamente reguladora y el empleo de las técnicas de
vigilancia y control no han demostrado ser las únicas formas
para proteger el ambiente; éstas necesitan ser apoyadas
por herramientas innovadoras para prevenir la contaminación.
Por ello, estamos desarrollando
nuevas técnicas e instrumentos económicos que van
desde los cargos por emisiones y descargas, hasta los permisos
canjeables.
El objetivo es internalizar en las
decisiones de los agentes económicos los costos externos
que son inherentes a los problemas ambientales.
Estamos promoviendo incentivos para
aquellas empresas que desarrollen técnicas innovadoras
para la prevención de la contaminación y para el
reciclamiento de desechos.
Las empresas líderes de México,
también han reconocido que los procesos de producción
que cumplen con la protección del ambiente las lleva a
un esquema de mayor competitividad.
Señoras y señores:
Hoy día, para promover un
mayor bienestar de la sociedad, no basta con establecer prioridades
y objetivos o fortalecer las estructuras gubernamentales.
Es indispensable, también,
aprovechar todas las oportunidades que presenta el nuevo entorno
internacional en el que nos toca actuar y, sobre todo, fomentar
la participación de las comunidades organizadas en el proceso
de decisiones gubernamentales.
Nuestras estrategias económica,
social y de protección del ambiente son precisamente un
producto de esta visión.
México es un país
fuerte y respetado, con un liderazgo resuelto a jugar un papel
de influencia en el mundo. Los mexicanos exigen niveles de excelencia
para cada uno de sus servidores públicos.
Para cumplir con ello, debemos estar
capacitados para negociar acuerdos internacionales, utilizar las
mejoras técnicas para el análisis de los problemas
y, sobre todo, trabajar directamente con las comunidades de tal
manera que logremos su participación en las decisiones
y en las acciones.
Esta ha sido la clave del progreso
de México en la última década: sociedad y
gobierno han asumido su responsabilidad para trabajar juntos compartiendo
una visión del futuro.
Ahora el reto que tenemos ante nosotros
es continuar aprovechando nuestro prestigio internacional y el
nuevo papel que desempeñaremos en el mundo para aumentar
nuestro crecimiento económico, crear más empleos
para los mexicanos y elevar el bienestar de nuestra población.
Muchas gracias.