Señor Presidente:
En la histórica Conferencia
de Río de Janeiro, la comunidad internacional forjó
un nuevo consenso; el desarrollo sostenible, nueva medida para
preservar y consolidar el progreso y la convivencia de la humanidad.
Los compromisos alcanzados en Río
representan el inicio de un proceso que reclama toda nuestra energía
y la más amplia voluntad política, para convertir
en acción un vasto programa de desarrollo que beneficie
a todos y garantice la satisfacción de nuestras necesidades,
las de nuestros hijos y las de los hijos de nuestros hijos.
En Río, la comunidad de naciones,
representada al más alto nivel político, inició
el camino del futuro: la riqueza de las sociedades no será
tal si se genera como menoscabo del medio ambiente; la convivencia
pacífica no está garantizada, si en aras de un progreso
aparente, se pone en riesgo el equilibrio del planeta.
En este contexto, el papel que la
Organización de las Naciones Unidas debe asumir fue plenamente
reconocido. Ahora debemos fortalecer su acción a través
de mecanismos que garanticen transparencia, eficacia, universalidad
y democracia.
La Comisión de Desarrollo
Sostenible, acordada por la Conferencia de Río, es el instrumento
que permitirá a sus miembros examinar los avances en la
aplicación de la Agenda 21, a través de recomendaciones
orientadas a la acción.
El proceso iniciado desde junio
de este año implica nuevos esquemas de cooperación
internacional, que deberán reflejarse de manera permanente
en las formas de trabajo que adopte la Comisión de Desarrollo
Sostenible. Se trata de sumar esfuerzos y voluntades, no de condenar
o sancionar.
Debemos hablar con claridad y reconocer
que en materia de recursos financieros, nuevos y adicionales,
los resultados de Río han quedado por debajo de las expectativas.
La Comisión ofrece la oportunidad
de subsanar estas carencias, asegurando un vínculo operativo
entre éstas y todas las fuentes de recursos financieros
para la cabal ejecución de la Agenda 21. Sin un compromiso
firme de los países que más tienen, muy poco lograremos.
A nuestro juicio, los esfuerzos
nacionales tienen que encontrar una clara correspondencia internacional.
Para los mexicanos, las prioridades
son claras: en 1992 destinamos el 1 por ciento del Producto Interno
Bruto a programas de mejoramiento ambiental.
La disponibilidad de recursos financieros,
nacionales e internacionales, es condición insoslayable.
Por ello, es necesario el cumplimiento
del compromiso adquirido por los países más avanzados,
de transferir el 0.7 por ciento de su Producto Nacional Bruto,
al desarrollo.
Reconocemos a los países
que, respondiendo a lo acordado en Río, han anunciado sus
compromisos financieros en esta Asamblea General y hacemos un
llamado para que este ejemplo sea seguido por todas las naciones
a quienes corresponde igual compromiso.
Vinculado directamente a la disponibilidad
de recursos financieros, se encuentra la transferencia de tecnología,
misma que debe hacerse en términos más favorables
posibles e incluir, entre otras cuestiones, el acceso oportuno
a la información científica, el fortalecimiento
de la capacidad institucional y la capacitación de los
recursos humanos.
Todos estos elementos son particularmente
significativos en la construcción del desarrollo, sostenible.
La tarea que deberá emprender la Comisión es la
creación de mecanismos que permitan el seguimiento de estos
esfuerzos y alienten la transferencia de tecnología, en
el marco de la Agenda 21.
La desertificación es uno
de los problemas que en la actualidad más resienten las
naciones, independientemente de su nivel de desarrollo. Este fenómeno
afecta cada vez a más sociedades.
Por eso, consideramos de una enorme
importancia que se inicie el proceso de negociación que
lleve a la comunidad internacional a firmar y ratificar una convención
internacional para combatir la desertificación.
México también considera
que esta Asamblea debe otorgar la importancia debida a los acuerdos
relativos a los océanos, a los mares y a la protección
de sus recursos vivos, así como a aquellos relacionados
con el estado de las pequeñas islas.
Desarrollo y responsabilidad ambiental
son principios inseparables; no queremos que una geografía
de culpa nos avasalle; deseamos asumir nuestra responsabilidad
histórica en el desarrollo de hoy y de mañana.
La soberanía de los Estados
está sustentada en una solución justa y duradera
a los problemas del desarrollo, creando un entorno económico
favorable para el crecimiento de las naciones.
Recursos naturales, los tenemos;
tecnología es lo que requerimos para lograr que nuestra
labor sea lo suficientemente creativa, serena y visionaria, para
legar a las generaciones futuras una normatividad eficaz a favor
del ambiente.
México, en pleno ejercicio
de su soberanía, mantiene como objetivo primordial la ordenación
del medio ambiente con la participación de la sociedad
entera.
Durante el proceso de preparación
de la Conferencia de Río se fue despertando un inusitado
interés de amplios sectores de la sociedad, que se transformó
en activa y positiva participación, principalmente a través
de organismos no gubernamentales.
Estos elementos deben ser plenamente
estimulados en el proceso que se inicia, de tal manera que deben
preverse amplios espacios de participación tanto para seguir
el cumplimiento de los acuerdos de Río, como en la formulación
de recomendaciones que coadyuven a alcanzar los objetivos de la
Comisión.
En México estamos consientes
de que un desarrollo fincado en el abuso de los recursos naturales
no es progreso; hemos superado la concepción del desarrollo
que tenía como premisa "vencer" a la naturaleza.
El desarrollo para los mexicanos significa ahora convivir armónicamente
con la naturaleza.
Para esto, el desarrollo debe ser
sostenible, siempre atento al mantenimiento de la armonía
entre las actividades productivas y la protección y mejoramiento
del medio ambiente, como lo establece la Declaración de
Río, de que la protección ecológica es parte
esencial del proceso de desarrollo.
De igual forma, México ha
mantenido que una de las mayores aportaciones que todos los Estados
podemos hacer en la protección y mejoramiento del medio
ambiente es la erradicación de la pobreza extrema; alcanzar
el objetivo del desarrollo sostenible sólo es posible si
enfrentamos y resolvemos este reto.
En nuestro país también
estamos concientes de esta vinculación y hemos tomado los
pasos institucionales necesario para incidir, de manera global,
en los distintos aspectos que afectan el desarrollo.
Así, en mayo de este año,
a iniciativa del Presidente de México, Carlos Salinas de
Gortari, el Congreso de la Unión constituyó la Secretaría
de Desarrollo Social, cuyo objetivo central es el de elevar productivamente
los niveles de bienestar general de la población mexicana,
especialmente de los grupos más necesitados.
Tomando como punto de partida una
concepción integral del desarrollo, se concentraron en
la nueva Secretaría las responsabilidades sobre desarrollo
regional y el combate a la pobreza, el desarrollo urbano, la vivienda
y la protección del medio ambiente.
De esta manera, el gobierno de México
dio forma institucional a la idea del desarrollo sustentable.
El gobierno mexicano también
orienta sus políticas públicas hacia el logro de
un desarrollo social equilibrado.
Detrás de estas acciones
se encuentra la idea fundamental de Solidaridad, la cual demanda
la participación social y activa, y una corresponsabilidad
abierta y decidida entre la sociedad y el gobierno, en la lucha
contra la pobreza y en el desarrollo sostenible.
Con base en estos postulados se
han venido apoyando iniciativas sociales destinadas a romper el
círculo de la pobreza, en sus dos dimensiones fundamentales:
la carencia de servicios básicos y la falta de empleos
productivos. Hasta ahora, los resultados de Solidaridad son altamente
satisfactorios.
Como parte de estos esfuerzos hemos
diseñado y estamos implementando un Programa de Ecología
Productiva, con el que pretendemos aliviar las presiones sobre
los recursos naturales que, por falta de opciones de desarrollo,
muchas veces ejercen los núcleos de población de
las zonas rurales.
Este programa está orientado
a apoyar formas alternativas de producción y empleo que
permitan a estos grupos sociales elevar sus niveles de bienestar,
sin atentar contra los recursos naturales. Con Solidaridad es
como México busca la armonía entre desarrollo económico
y medio ambiente.
México, al estar comprometido
con el presente y un futuro de pleno respeto al medio ambiente,
lo hace apoyado en su pasado, en el que el hombre convivió
en armonía con la naturaleza.
En efecto, los antiguos pobladores
de lo que hoy es México, lograron desarrollar una cultura
que les permitía satisfacer sus necesidades, con respeto
a la naturaleza. Sus deidades, el agua, el sol, las montañas
y el maíz, extendían su manto protector sobre seres
humanos y recursos.
Posteriormente, la revolución
industrial que pretendió satisfacer necesidades de una
población creciente, alentó la apropiación
irrestricta de lo que la naturaleza ofrecía y que se consideraba
inagotable; propició el progreso y generó riqueza,
pero puso en peligro el equilibrio del planeta.
Hoy reconocemos que la naturaleza
tiene límites propios para su regeneración y equilibrio,
y también que el aparente desarrollo de unos pocos no asegura
una convivencia pacífica y estable entre los pueblos.
Hasta hace relativamente poco tiempo,
se tuvo una visión del desarrollo en la que se privilegiaron
los aspectos cuantitativos más que los cualitativos, lo
que estimuló de manera anárquica la instalación
de industrias y la explotación inmoderada de los recursos
naturales.
Hoy tenemos normas adecuadas y la
oportunidad de acceder a tecnologías modernas, posibilidad
que será aún más amplia a partir del futuro
Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos
y Canadá.
Nos inspiramos en el pasado y acogemos
todos los progresos de la ciencia y la tecnología para
lograr un desarrollo sostenible, que asegure la satisfacción
de las necesidades de todos, sin poner en peligro la vida plena
de las generaciones futuras.
Como lo ha señalado el Presidente
de México, ni defensa de la ecología con una economía
estéril, ni industrias ajenas a la responsabilidad de la
conservación del ambiente; ni ecología estéril
ni economía destructiva; el vasto campo de acción
entre dos extremos es en el que estamos ubicados.
Señor Presidente:
La cooperación internacional,
con un espíritu de solidaridad mundial a favor del desarrollo
y de la integridad ecológica de la tierra, es definitiva;
normar el desarrollo económico con desarrollo ecológico
es futuro de lo humano.
El espíritu humano nace de
la entraña misma de la tierra y cuidarla es proteger nuestro
origen mismo y asegurar nuestro destino.
Este es el ánimo con el que
México acude a sumarse al esfuerzo de la Organización
de las Naciones Unidas por el Desarrollo Sostenible.
Muchas Gracias.
