Licenciada María Elena López
Mateos,
Representante de la Familia López Mateos;
Licenciado Emilio Chuayffet Chemor,
Gobernador Constitucional del Estado de México;
Licenciado Pedro Ojeda Paullada,
Representante de la Comisión Permanente
del H. Congreso de la Unión;
Licenciada María Cristina
Pardo Vizcaíno,
Representante de la H. Suprema Corte
de Justicia de la Nación;
Licenciado Raúl Salinas Lozano;
Licenciado Donato Miranda Fonseca:
Nos hemos dado cita para conmemorar
el XXIV Aniversario Luctuoso de un mexicano visionario. Un hombre
que gobernó cumpliendo el compromiso de entregar totalmente
su vida a México.
Esa entrega explica el valor de
sus convicciones. Adolfo López Mateos llevó los
hechos a la altura de sus palabras. Su biografía es la
de una pasión por la política, de una vocación
al servicio de las causas más generosas de su tiempo.
De él ha dicho el Presidente
Salinas: "La sabiduría popular no se confunde: el
afecto que el pueblo le brinda proviene de reconocer el trabajo
intenso que llevó a cabo para promover los intereses de
la Nación".
Desde el principio hasta el fin,
en su historia parece no haber hechos aislados, todos son parte
de un mismo camino.
López Mateos surge a la vida
con la Revolución, nace en el 10; desde su juventud se
inspira en sus principios y, como gobernante, preside una etapa
decisiva en la consolidación de sus instituciones.
Su presencia imprimía la
huella y el impacto que sólo dejan los grandes hombres
de nuestra historia. Todos los que colaboraron en su gobierno,
quienes lo trataron y quienes lo conocimos, damos testimonio de
su carácter abierto y de gran convocatoria, de su personalidad
firme y decidida, y de su gran sensibilidad social.
En muchos de los hogares mexicanos
está vivo el recuerdo de ese gran hombre; de su sencillez
y franqueza, de su jovialidad y carisma. Yo también comparto
ese sentimiento.
Uno de los momentos más emotivos
de mi vida fue cuando estreché su mano y escuché
sus palabras de aliento. Era el Presidente de la República
reunido con un grupo de estudiantes del sexto año de primaria
de todo el país.
Una mente como la de López
Mateos, humanista, inspirada en principios, y al mismo tiempo
pragmática y de pensamiento estratégico, se propuso
transformar la realidad del país y, al hacerlo, se propuso
construir mejores condiciones para el futuro.
Fue un hombre de su tiempo y fue
un hombre del porvenir; esas cualidades habrían de llevar
a López Mateos a ser reformador del sistema educativo mexicano.
Hoy nos separan casi 35 años
del día en que Adolfo López Mateos inició
su gobierno. Los mexicanos tenemos en ese período un punto
compartido de su referencia. Su legado es parte de los valores
que identifican nuestra cultura política.
Casi tres cuartas partes de la población
actual nació de ese entonces a la fecha; son generaciones
portadoras de su herencia porque crecieron en la cercanía
que otorga el ejemplo vivo de su gestión. Porque nos formamos
inspirados por su talento, Adolfo López Mateos es maestro
de nuestra generación.
Durante su gobierno, acompañado
de colaboradores de excepción, México asistió
a una transformación profunda en paz y con estabilidad.
Se hizo presente con fuerza el perfil
de un país eminentemente urbano, con una base firme para
el crecimiento industrial y una visión del desarrollo fincada
en una mejor educación, en la generación de empleos
e instituciones sólidas para el bienestar social.
Su memoria, aquí presente
con nosotros, es convocatoria a la exigencia, a la tenacidad,
al esfuerzo, al rechazo a la intolerancia, a la superación
de las injusticias, al amor por México.
A 24 años de su fallecimiento,
el legado de su obra sigue vigente. Libertades y su ejercicio
pleno son el centro del pensamiento político de López
Mateos. Esos principios, en el marco de las relaciones internacionales,
significaron la defensa enérgica de soberanía e
independencia.
Libertades que para la Nación
han significado su autodeterminación; libertades que para
la sociedad son compromisos de acción para derribar barreras
y rezagos que frenan el desarrollo del individuo y su comunidad.
Superar la pobreza y marginación
para el despliegue de las capacidades de cada quien fue empeño
de justicia de su acción pública.
Ese sigue siendo, hoy, el fundamento
de la política social de México: ampliar los espacios
para que cada individuo sea cabalmente libre y elija entre opciones
económicas, políticas y culturales.
Al igual que ayer, el hombre y su
bienestar son el centro de nuestros afanes. Como entonces, ahora
nuestro quehacer y compromiso se inscriben en la transformación
del mundo y la sociedad, en su mayor diversidad y exigencia, en
sus más altas aspiraciones y potencialidades.
Hoy, el camino de mejores libertades
transita por el bienestar del hombre, por la justicia, por la
convivencia democrática.
Señoras y Señores:
La de López Mateos fue una
época de afirmación de la Revolución Mexicana.
Fue una etapa plena de creatividad para persistir en sus propósitos.
Tenemos grandes vínculos
entre esa época y la actual, muchos rasgos las unen, el
más fuerte de ellos es la lealtad, lealtad a los principios,
a los valores y la capacidad para dar certidumbre en el rumbo
del país.
Hoy, como entonces, tenemos un Presidente
que con gran talento asume los retos de su tiempo y con entereza
abre nuevos horizontes para México. Hoy como ayer, somos
Nación para un mejor futuro.
Muchas gracias.