Señor Jay Hair,
Señor L.D. DeSimone,
Señoras y señores:
Es para mí un gran honor
el haber sido invitado a hablar ante este grupo tan distinguido
de líderes ecologistas y empresariales.
Quisiera expresar mi reconocimiento
a nuestro mutuo amigo, Jay Hair, y a la National Wildlife Federation
porque, a través de los años, han promovido la protección
del ambiente dentro de un marco de desarrollo social y económico.
Desarrollo sostenible es tanto una
agenda como un fin que no puede ser logrado por el gobierno, por
la sociedad, o por la comunidad empresarial actuando cada uno
de manera aislada.
El desarrollo sostenible requiere
de un compromiso común, de una responsabilidad compartida
y de una acción coordinada.
Las primeras advertencias sobre
los límites del crecimiento fueron de cierto modo opacados
por la fuerza del "honor faber", la revolución
industrial y el impresionante desarrollo tecnológico del
siglo veinte.
Sin embargo, estos logros no evitaron
que hubiera un número creciente de gente atrapada en la
pobreza y forzada a vivir en condiciones que violan los principios
básicos de la dignidad humana.
Muchos de ellos sobreviven en áreas
que tradicionalmente han proveído al resto del mundo con
las materias primas que necesitaba un desarrollo desequilibrado
en el que el desperdicio y la escasez conviven.
Jay Hair expresaba: "la humanidad
debe decidir si la prosperidad del pasado reciente combinada con
las desigualdades y con un crecimiento espectacular de la población,
serán el prólogo de una tragedia ecológica
en el futuro".
Y la señora DeSimone claramente
concibió y entendió los dos lados del problema,
de tal forma que nos señaló y marcó el rumbo
hacia la solución del problema esbozado por Hair con el
concepto de "desarrollo sostenible".
Cuando estuvimos en Río de
Janeiro, México, entre otras 156 naciones, tomó
el concepto y asumió el compromiso de un desarrollo sostenible.
Nuestra generación no tiene
el derecho de impedir ni descartar opciones a las futuras generaciones.
De ahí que la protección del medio ambiente sea
un imperativo ético y moral.
El desarrollo sostenible no puede
ser alcanzado si no entendemos que el medio ambiente no es un
"bien gratuito", y que el uso desmedido y el mal uso
de los recursos contaminan y degradan la naturaleza hasta el límite
en el que llega a perecer.
Ahora sabemos que el medio ambiente
es un activo en el que tenemos que invertir para mantenerlo y
desarrollarlo.
Por muchos años hemos vivido
más "del capital" de nuestro planeta y menos
"de sus intereses". Esto, ciertamente ha sido un mal
negocio.
Para traducir la agenda del desarrollo
sostenible en acciones concretas, los países tienen que
cambiar no sólo sus compromisos, sino sus actitudes hacia
la naturaleza. Desarrollo no significa - ya más - vencer
a la naturaleza, sino convivir con ella.
La degradación del medio
ambiente está vinculada a pobreza, y el desarrollo sostenible
no puede ser alcanzado sin profundos cambios económicos.
En nuestros países, proteger la ecología implica
ante todo combatir la pobreza extrema.
¿Qué está haciendo
México para alcanzar un desarrollo sostenible?
Déjenme remontarme al pasado
reciente. Algunas de las compañías que ustedes representan
tenían plantas industriales en México a principios
de la década de los ochenta.
Probablemente algunos de ustedes
leyeron los estudios y pronósticos que hacían analistas
sobre la difícil situación de la economía
mexicana.
Probablemente ninguno de estos estudios
anticipaba que nuestra economía volvería a crecer;
ni que la enorme deuda externa pudiera ser renegociada y reducida;
ni que nuestro comercio pudiera ser liberalizado; ni que el gobierno
pudiera llegar a tener un superávit presupuestal.
Ni que un número importante
de empresas paraestatales pudieran ser privatizadas; ni que el
gobierno mexicano pudiera ser capaz de crear las circunstancias
de confianza y credibilidad para atraer nueva inversión
extranjera directa.
Hoy ustedes leen casi cotidianamente
artículos y ensayos en los que se relata el éxito
de la política económica del gobierno del Presidente
Salinas.
Hemos llevado a cabo una rápida
transformación de nuestras estructuras económicas
y hemos creado estabilidad macroeconómica y eficiencia
microeconómica para mejorar la productividad y la competitividad.
Todo esto en un marco de libertades
políticas y apoyo popular. Hemos sabido dar coherencia
y continuidad a nuestra política económica.
Además, sabemos que, para
ser efectiva, una reforma económica de esta magnitud tiene
que estar acompañada por una política social decisiva.
En estos últimos cuatro años,
la inflación anual ha declinado de tasas de alrededor del
160 por ciento a menos del 12 por ciento el año pasado,
y nos hemos propuesto bajarla aún más, a un 7 por
ciento en 1993.
El producto nacional está
alcanzando un crecimiento superior al crecimiento demográfico
por cuarto año consecutivo, después de años
de no haber crecido.
El aumento reciente en la actividad
económica ha sido alimentado básicamente por gasto
privado y, especialmente, por inversión privada real, la
cual ha aumentado en 12 por ciento anualmente desde 1989.
En 1988 sufríamos un déficit
presupuestal equivalente a 12 por ciento del PNB; ésta
situación se ha remontado y en 1993 contamos con un superávit
de medio por ciento del producto (esta cifra excluye los ingresos
provenientes de la privatización de las empresas públicas).
Estamos avanzando, y el factor fundamental
de este avance ha radicado en que en todas las reformas hemos
incorporado, al proceso de toma de decisiones, a los grupos sociales.
Les presentaré dos ejemplos:
uno sobre la incorporación de los beneficiarios de la política
social, y otro sobre la incorporación de los empresarios.
En primer lugar, hemos dicho y puesto
en marcha un programa de desburocratización, eje de la
nueva política social en México: "Solidaridad".
Las comunidades se movilizan estableciendo
nuevas reglas claras para asignar recursos y promover la deliberación
pública.
El Programa de Solidaridad ha tenido
un gran impacto social puesto que ha mantenido un vínculo
estrecho con los cambios estructurales de privatización,
desregulación y enfoque del gasto público.
Solidaridad se ha fincado en principios
democráticos básicos, enraizados en las tradiciones
locales de trabajo comunitario, organización al nivel de
los barrios y discusión y deliberación pública
sobre las prioridades y proyectos.
La honestidad y transparencia de
la administración de los recursos federales son garantías
porque los programas son decididos, ejecutados y supervisados
por la propia comunidad, quien asume su responsabilidad, provee
la mano de obra, aporta recursos y algunos materiales. Nada es
gratuito.
A través de Solidaridad se
han construido 67,000 aulas; 70,000 escuelas han sido remodeladas;
y se han otorgado 500 mil becas a estudiantes de primaria, todo
ello en el período 1989 - 1992.
Durante estos mismos años,
7.5 millones de mexicanos se han beneficiado del mejoramiento
en los servicios de salud; hemos llevado agua potable a 11 millones
de mexicanos; drenaje para 8.5 millones y electricidad para 13
millones de mexicanos que no gozaban de estos servicios.
La inversión total de Solidaridad
durante este período alcanzó un total de 7,780 millones
de dólares. En 1993 invertiremos 3,200 millones de dólares
más.
Para que ustedes tengan una idea
más clara de este esfuerzo, quiero recordar que la inversión
del Banco Mundial en programas similares en todo el mundo ha sido
cerca de 1,800 millones de dólares.
Es importante subrayar, pues, el
enorme esfuerzo de organización económica y social
que esto ha implicado.
Solidaridad se ha ejecutado en concordancia
con nuestros objetivos de reducción de la inflación,
de un crecimiento económico que vaya por encima del crecimiento
de la población y finanzas públicas sanas.
La reforma económica ha sido
fundamental para el logro de estas metas. En 1988, por cada peso
que se dedicaba al servicio de la deuda, 36 centavos se dedicaban
a la producción, salud, vivienda y desarrollo urbano.
En comparación, hoy día
por cada peso que se dedica al servicio de la deuda, 3 pesos se
dedican a gasto social.
En 1993, el gasto social representará
el 54 % del presupuesto y el 9.5 % del PNB. Ambas cifras son las
más altas en la historia económica moderna de México.
Entre 1988 y 1993, el gasto en educación
se habrá incrementado en 75% en términos reales;
el gasto en servicios de salud en 78.5%; protección ambiental
en 54%; y vivienda y desarrollo urbano en 27%.
Mi segundo ejemplo tiene que ver
con el TLC. durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio
entre México, Estados Unidos y Canadá, establecimos
un nuevo modelo de cooperación entre el sector privado
mexicano y el gobierno.
Durante ese período se dio
una muy buena comunicación y cooperación que permitió
que el sector privado asesorara a los negociadores mexicanos sobre
los efectos de la liberalización comercial en todas y cada
una de las ramas de la actividad económica.
Las organizaciones del sector privado
mexicano comprendieron el valor de organizarse, y así lo
hicieron, conformando comités y consejos asesores.
Adicionalmente, los empresarios
mexicanos y estadounidenses edificaron nuevos canales de comunicación
durante el proceso de negociación.
Ahora nos toca continuar aprovechando
las ventajas de esta nueva relación entre el gobierno y
el sector privado, y ponerla a trabajar en nuestra importante
tarea de proteger el medio ambiente y en la generación
de un desarrollo sostenible.
El crecimiento económico
es necesario para lograr el bienestar social y generar las condiciones
y recursos necesarios para reforzar la protección del medio
ambiente.
El comercio internacional es un
motor del crecimiento económico y puede asegurar el uso
más eficiente de los recursos.
La apertura de los mercados, el
crecimiento económico y la protección del ambiente
son objetivos complementarios y compatibles entre sí.
Y dentro de este marco, como lo
dijera el Presidente Salinas en Austin hace algunos días,
lo que queremos es comercio y no ayuda ("We want trade, not
aid").
Hubiera sido difícil imaginar,
para el analista de principios de la década de los ochenta,
una economía vigorosa y sólida con estabilidad política
en el México de 1993.
También hubiera sido difícil
imaginar que se llegara a consolidar una verdadera relación
provechosa entre empresarios, trabajadores y gobierno, y que juntos
caminaran hacia el logro de un objetivo común: un México
más próspero.
La preocupación creciente
sobre un desarrollo sostenible ya no está más confiada
tan sólo a los grupos sociales y a las agendas del sector
público.
La "conciencia verde de las
empresas" está tomando una forma más definida.
"Synergy 93" es un ejemplo destacable de esta tendencia.
"Visión 2000" y
"Eco Trend" de Ciba-Geigy; "Pollution Prevention
Pays" de 3m; "Design for the Environment" de AT&T;
los programas de respuesta entre emergencia de DuPont y su compromiso
a reducir las emisiones y desechos peligrosos; la contribución
de Henkel al desarrollo de detergentes y otras sustancias biodegradables.
El compromiso de Monsanto hacia
el objetivo de "cero emisiones"; "Waste Reduction
Always Pays" de Dow Chemical y su manejo de desperdicios
con responsabilidad para remediar los daños causados a
los ecosistemas, todo ello demuestra una radical y nueva forma
de pensar en las prácticas industriales.
Una buena conducta ambiental ya
no es una actividad optativa. Es un reclamo de nuestra sociedad
y de las nuevas generaciones.
Las empresas líderes de México
también han reconocido que los procesos de producción
que cumplen con la protección del ambiente los lleva a
un esquema de mayor competitividad.
Corporaciones como Alfa, Cemex,
Cydsa, Grupo Chihuahua, Herdez, Nestlé México, entre
otros, han lanzado ya sus programas de protección al ambiente
siguiendo los principios y estrategias de la "Carta Empresarial
de Desarrollo Sostenible".
Auditorías ecológicas,
programas de prevención de riesgos y de uso eficiente de
la energía están tomando forma en México.
Una mejor administración
de costos, desarrollada por Holderbank, ha sido puesta en marcha
en las plantas de cemento mexicanas.
Las empresas líderes en la
producción de sustancias químicas han desarrollado
un programa integral de responsabilidad y de apoyo del Centro
del Medio Ambiente Mundial; se ha establecido un centro de información
que está disponible para las industrias en Monterrey, Guadalajara
y la Ciudad de México.
Empresas públicas como Petróleos
Mexicanos también están desarrollando esfuerzos
importantes en la protección del medio ambiente.
Como ustedes pueden advertir, con
el objetivo de restaurar la capacidad de México para crecer,
se han llevado a cabo reformas económicas y sociales.
Todas ellas se han ejecutado con
la idea de que sean duraderas, por ello se contempla en cada medida
un fortalecimiento de los instrumentos para la protección
del medio ambiente, con el objetivo de hacer un uso más
eficiente de los recursos naturales.
A aquéllos que dudan en nuestro
compromiso con la protección del medio ambiente les bastaría
con observar los ejemplos que he descrito.
Hemos definido nuestras prioridades
y vamos en el camino correcto que nos llevará a una mayor
protección del entorno natural.
En nuestro esfuerzo por proteger
el ambiente estamos trabajando con la misma disciplina y creatividad
que ha caracterizado nuestro trabajo al transformar nuestra economía.
Después de todo, sabemos
muy bien que la vitalidad económica de la nación
va de la mano de la protección del medio ambiente.
En México sabemos muy bien
que la contaminación del aire y del agua, el deterioro
de nuestros suelos y la depredación de nuestros bosques
atenta contra la productividad presente y futura.
Ahora bien, una administración
estrictamente reguladora y el empleo de las técnicas de
vigilancia y control no han demostrado ser las únicas formas,
ni siquiera las mejores, para proteger el ambiente.
Por lo tanto, en México estamos
desarrollando nuevas técnicas e instrumentos económicos
que van desde los cargos por emisiones hasta los permisos canjeables
de emisiones.
El objetivo es internalizar en las
decisiones de los agentes económicos los costos externos
que son inherentes a los problemas ambientales.
Al mismo tiempo, necesitamos promover
incentivos o premios para aquellas empresas que desarrollen técnicas
innovadoras para la prevención de la contaminación
y para reciclamiento de desechos.
Hemos iniciado una nueva era de
comunicación entre la Secretaría de Desarrollo Social
y la comunidad empresarial.
También hemos promovido la
comunicación entre los grupos ecologistas y las empresas.
Intentamos evitar que exista una relación de adversarios
entre ellos.
Ambos deben entender las complejidades
de los retos y oportunidades que presenta el cuidado del ambiente
y la promoción de los negocios.
Queremos escuchar cuidadosamente
las preocupaciones de los líderes empresariales y ecologistas
de tal suerte que podamos promover una deliberación pública
que nos permita enfrentar el reto del futuro y avanzar en el diseño
de una nueva generación de tecnología ecológica.
Entendemos que éste debe
ser un esfuerzo global y que es un reto para todos. También
sabemos cómo aprovechar las oportunidades que nos presenta
el mundo interdependiente de hoy de tal forma que podamos cooperar
tanto en el comercio internacional como en la protección
del ambiente.
Necesitamos que todos los interesados:
empresarios, consumidores, autoridades y organizaciones no gubernamentales
nos subamos en el tren de la responsabilidad ecológica.
Damas y Caballeros:
La conciencia ecológica en
México se está traduciendo rápidamente en
lo económico y lo social.
Cada día más, los
mexicanos sabemos que nuestro bienestar no puede ser aumentado
a expensas de un daño ecológico producto de la erosión
de los suelos, la deforestación, la contaminación
del aire y, en general, toda la forma irracional de explotación
de los recursos naturales.
Hay una mayor conciencia en mi país
de los efectos externos que el crecimiento tiene sobre la riqueza
natural y que ello afectará a las generaciones del futuro.
Por lo tanto, la protección
del ambiente y la erradicación de la extrema pobreza son
una parte fundamental de nuestra estrategia y serán mantenidas
como prioridades del gobierno mexicano en nuestra marcha por lograr
un desarrollo sostenible.
