Agosto 12: Regresa a la ciudad
de México el señor Madero, después de una celada
que le tendió el general Huerta, quien creyó seguiría
a Cuautla y en el camino preparó unas maniobras que hicieron
sospechar al coronel Eduardo Hay, a quien anoche, dando vueltas en
el parquecillo de Cuernavaca, el taimado federal confesó que
él tiene una norma de vida que dice: "Yo nunca siento
lo que digo ni nunca digo lo que siento".
Le recomendó la siguiese siempre,
y al despedirse Hay, que calculó que ya el señor Madero
estaba fuera del alcance del mílite, insistió: "Coronel:
no olvide lo que le dice este viejo". El día anterior,
Huerta se había acercado a Hay y Raúl Madero, a quienes
rogó dijeran al señor Madero que él era un hombre
honrado, siempre leal, y que el jefe de la Revolución podía
contar con su disciplina y su pundonor.
Quería ser presentado al señor
Madero, pues juraba por sus hijos --y señalaba con la mano
las diversas estatuas de cada uno de éstos-- que tendría
siempre en él a un amigo fiel y a un servidor hasta la muerte.
Y aparentó conmoverse hasta las lágrimas. En la casa
del gobernador Carreón, de Morelos, tuvo oportunidad de ser
presentado al señor Madero, que creyó con su alma sin
doblez, en la sinceridad de Huerta.