A los CC. Secretarios de la H. Cámara
de Diputados.
Presente.
El Pueblo mexicano, ese pueblo que
tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó
su caudillo durante la guerra de Intervención, que me secundó
patrióticamente en todas las obras emprendidas para impulsar
la industria y el comercio de la República, ese pueblo, señores
diputados, se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando
que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, es causa
de su insurrección.
No conozco hecho alguno imputable a
mí que motivara ese fenómeno social; pero permitiendo,
sin conceder, que pueda ser culpable inconsciente, esa posibilidad
hace de mi persona la menos apropósito para raciocinar y decir
sobre mi propia culpabilidad.
En tal concepto, respetando, como siempre
he respetado la voluntad del pueblo, y de conformidad con el artículo
82 de la Constitución Federal (v)engo ante la Suprema Representación
de la Nación a dimitir sin reserva el encargo de Presidente
Constitucional de la República, con que me honró el
pueblo nacional; y lo hago con tanta más razón, cuando
que para retenerlo sería necesario seguir derramando sangre
mexicana, abatiendo el crédito de la Nación, derrochando
sus riquezas, segando sus fuentes y exponiendo su política
a conflictos internacionales.
Espero, señores diputados, que
calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución,
un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia
nacional, un juicio correcto que me permita morir, llevando en el
fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación
que en toda mi vida he consagrado y consagraré á mis
compatriotas. Con todo respeto.
México, Mayo 25 de 1911.
Porfirio Díaz
(Rúbrica)