San Antonio, Texas, E.U.
El pensamiento de la Revolución
actual en su origen o causa, en sus fines y en los medios que desea
poner en ejecución para realizar sus altos propósitos,
puede explicarse y condensarse en los siguientes conceptos.
El espíritu del hombre ha sentido
y manifestado siempre dentro de sí propio, la tendencia natural
de hacer evolucionar a la humanidad hacia un estado de bienestar y
perfeccionamiento superior a aquel en que se encuentra en un momento
dado.
Si esa tendencia de mejoramiento sucesivo
puede moverse en libertad, sin restricciones que le estorben su labor
y su camino, ella acciona de modo gradual y sucesivo, evolutivamente,
es decir, en paz; pero si carece de libertad, o tropieza con obstáculos
que la entorpecen o detienen, entonces, ella, impotente por sí
misma para detenerse como que constituye una fuerza, continúa
desenvolviéndose, pero de hecho detenida, va depositándose
poco a poco en el seno de la sociedad, teniendo por dique el conjunto
de obstáculos que le cierran el paso.
Esta fuerza sucesivamente acumulada,
va en consecuencia aumentando su poder, batalla cada vez más
y en todas direcciones busca una salida que le permita seguir adelante;
viene un momento en que su poder es superior al poder de la fuerza
del dique que la aprisiona y comprime; entonces rompe ese dique, conquistando
con su acción propia la libertad que se le negaba, y con más
o menos violencia se precipita invadiendo el espíritu de los
hombres y de los pueblos, a quienes, levanta, arma, une, organiza
y arroja al campo de la lucha armada.
En esto consiste a juicio nuestro el
proceso moral de toda revolución.
Tendencia de la Revolución Nacional
En la espaciosa extensión territorial
compuesta de montañas y de valles, poseída en su mayor
parte por grandes terratenientes y concesionarios, depositaria toda
ella de riquezas agrícolas y mineras, inmensas, pero estancadas,
perdidas y sin fruto, surcada esa extensión territorial por
innumerables corrientes de agua, permanentes y temporales, cuya enorme
y aún no imaginada fuerza económica se pierde para México,
por millones diaria y constantemente, existe esparcida en grupos más
bien pequeños que grandes, una población que en su mayoría
vive pobre, ignorante, mal alimentada y abandonada a sus esfuerzos
propios.
Dividir esa tierra para llegar a cultivarla
y explotarla toda, almacenar aquellas aguas para asegurar el éxito
del cultivo de la tierra, desentrañar y explotar ampliamente
las riquezas mineras y de toda clase, capacitar a la población
para todos estos grandes trabajos y obtener con todo esto la elevación
intelectual, moral y económica de los mexicanos, la vigorización
de nuestra raza, y con esto el desarrollo verdadero y en todas sus
fases el poder de la República; tal es y ha sido la tendencia
del sano espíritu nacional de México; tales son y han
sido los medios que desea poner en ejecución y los fines a
que ambiciona llegar la tendencia renovadora.
La causa del movimiento de 1910.
En el año de 1910, esa tendencia
se encontraba aprisionada por obstáculos y restricciones que
parecían indestructibles; el caciquismo, es decir, las arbitrariedades
de la autoridad en función constante dominando tiránicamente
a los hombres y a los pueblos, hasta llevarlos en muchas partes al
estado de desesperación; el rutinarismo de las esferas oficiales
con su red inmensa de trabas, el capital desenvolviendo su fuerza
dominadora y aplastante con la tendencia de monopolizar las esferas
de actividad y dividir la población en dominantes y dominados;
la tradición, cuyo poder mantiene a la mayoría del pueblo
en la impotencia; la influencia de las clases burocráticas
en las esferas gubernamentales y el abandono en que unas y otras tienen
a las clases humildes, han influído poderosamente en hacer
más intensos los efectos perjudiciales a la generalidad de
los habitantes.
Tales elementos, unidos a un gobierno
que no evolucionaba, mantenían encarcelada y oprimida la tendencia
renovadora. Esa tendencia batallando para encontrar salida por el
camino de las soluciones políticas que se agitaban entonces,
fue acumulando su fuerza en el seno del pueblo, esta fuerza superó
en un momento dado a los obstáculos y restricciones que sobre
ella pesaban y rompió el dique y asomó esplendorosa
comenzando la Revolución armada en 1910.
Iniciada la lucha en noviembre de aquel
año, en mayo del siguiente obtuvieron el triunfo los heroicos
defensores de la tendencia renovadora; pero desde ese mismo momento,
desde Ciudad Juárez, esa tendencia comenzó a ser burlada
precisamente por el Jefe del movimiento armado; él mismo comenzó
a expulsarla a toda prisa del puesto que había conquistado,
quitándole de sus propias manos el triunfo y arrojándola
al campo de donde había ascendido, produciéndose el
fenómeno, no raro en la historia de los pueblos, de que el
jefe de la tendencia triunfante se desprendiera de ésta y se
pusiera a la cabeza de la fuerza conservadora, para volver como volvió
a detener y encarcelar la tendencia nueva, por medio de una reacción
rápida e irritante, al llegar como ha llegado por ejemplo en
Morelos, a echar fuera de sus hogares a los moradores e incendiando
después los pueblos para dejarlos deshabitados, ha ido mucho
más allá del extremo a que llegó el régimen
anterior.
Causa del nuevo movimiento.
Esa incomprensión hizo que la
tendencia renovadora, incontenible por su propia naturaleza, levantara
de nuevo, uniera, armara y arrojara incontinenti a la lucha armada
a los hombres y a los pueblos, para destruir otra vez los obstáculos
y restricciones que traidoramente han vuelto a detenerla y encarcelarla.
Es ley natural e incontrastable que ella no se detenga hasta llegar
a sus fines, sea cual fuese la voluntad de los gobiernos.
Tal es en el fondo el origen y la causa
de la Revolución actual.
Impotencia del Gobierno para contener
la Revolución.
El gobierno del señor general
Diaz, a pesar de su poder de toda clase, incluso el inmenso de la
tradición, fué impotente para detener la tendencia renovadora
y para satisfacerla volviendo la paz al país; el gobierno del
señor Madero, sin el poder de la tradición de que disfrutaba
el señor general Díaz y a pesar de su loco empeño
en detener ésa tendencia y devolver la paz al país sin
satisfacer aquélla, está visto que es impotente para
lograrlo, tanto o más que lo fué, al fin, el gobierno
del señor general Díaz.
Puede el gobierno hacer hoy que se maten
muchos mexicanos; pero la corriente de la tendencia renovadora permanecerá
viva y seguirá imperturbable su camino hasta lograr su fin
sin que sea posible destruirla, porque las corrientes del espíritu
humano surgidas de evidentes y profundas necesidades de los pueblos,
no pueden extinguirse por cárceles, no pueden matarse ni con
cañones ni con máuseres.
Aquellos dos hechos continuados, uno
tras de otro, la impotencia del gobierno del general Díaz y
la impotencia del gobierno del señor Madero para dominar la
tendencia renovadora, constituyen una prueba irrefutable de que si
el uno no pudo, el otro no podrá volver la paz al país
a pesar de que todos sincera y ardientemente ambicionamos volver a
la paz. Convénzase la Nación toda, convénzase:
la paz no volverá a México sino satisfaciéndose
pronta, franca y resueltamente aquella tendencia de algún modo,
o triunfando la Revolución que la lleva en su seno y en su
bandera. Ésta verdad es indiscutible y los tiempos próximos
se encargarán de probarla ante los ojos de todos.
Hoy el pueblo, en medio de considerables
extensiones territoriales no cultivadas ni explotadas, de enormes
volúmenes de agua aprovechable, pero perdiéndose constantemente
y de otras grandes riquezas estancadas en el seno de la naturaleza,
y sujeto a los obstáculos y restricciones descritas, sigue
lo mismo que antes; pobre, ignorante, débil, mal alimentado
y abandonado a sus esfuerzos propios: tiene hambre y no ve el fin
de este estado de cosas.
En tales condiciones ¿qué
pretende la tendencia renovadora?
Exactamente lo mismo que siempre, exactamente
lo mismo que en 1910, la elevación intelectual, moral y económica
de los mexicanos, la vigorización de nuestra raza y con esto
el engrandecimiento del poder nacional. Tales son sus fines, tales
son los fines perseguidos por la actual Revolución. ¿Son
criminales, son siquiera antipatrióticos estos fines que persigue
la Revolución? Sólo la demencia puede sostenerlo así.
Medios de que se valdrá la Revolución.
¿De qué medios trata de
hacer uso la tendencia renovadora, es decir, la Revolución
actual, para realizar tan altos fines? Dividir la tierra para poder
cultivarla, sin dañar a nadie sino beneficiando a todos; regar
esa tierra para asegurar el éxito de su cultivo, también
sin dañar a nadie sino beneficiando a todos; robustecer y capacitar
al mexicano para todos aquellos trabajos trascendentales, sin dañar
a nadie, vuelvo a repetirlo, sino beneficiando a todos, y sobre todo
a la Patria para la que presagian aquellas soluciones inusitado y
rápido engrandecimiento.
Bajo el imperio de este principio cardinal
y esencialísimo en el pensamiento actual de la Revolución,
paso a exponer las tres fases que a juicio nuestro constituyen la
solución del problema agrario: Tierra, Agua y Población.
Consolidación de la propiedad.
El Estado debe consolidar toda la propiedad
privada raíz de la República, declarando prescritos
todos sus derechos contra cualquiera propiedad poseída por
particulares, acabando con las leyes dictadas en los últimos
tiempos que dan al Fisco facultades para mantener inseguro y en inquietud
constante el derecho de propiedad, a fin de que ésta quede
consolidada y tenga en el comercio toda la confianza que necesita
tener y que debe otorgársele por las leyes de la República.
Sólo se exceptúan de esta regla los despojos de tierras
y aguas de que habla el artículo tercero del Plan de San Luis,
cuyos interesados serán satisfechos como la justicia lo exige.
La Federación comprará
desde luego en cada uno de los veintisiete Estados y tres Territorios
que componen la República, extensiones de tierra no cultivada,
destinadas a la división y adjudicación en lotes, cuya
extensión y precio se fijará previamente. Sólo
se comprará tierra cultivada en aquellos lugares en que no
haya disponible sin cultivar.
El precio de compra de esas extensiones
de tierra será convencional lo mismo que el modo y condiciones
de pago.
La quinta parte de las tierras que se
adquieran se aplicará ya dividida en lotes, separadamente uno
de otro y sin costo alguno, a viudas y huérfanos de revolucionarios,
en compensación de los servicios prestados a la República
en la Revolución, por padres, hijos, marido o hermanos muertos,
así como a todo revolucionario superviviente, también
en compensación de los servicios prestados a la causa regeneradora.
Estas adjudicaciones se harán de tierras existentes en los
lugares en que viven los interesados.
Otra quinta parte de esas tierras se
conservará dividida en lotes. separadamente unos de otros,
en poder del Estado, durante cinco años, después de
los cuales se venderá y su producto será destinado al
pago de la Deuda Nacional, calculada en la actualidad en SEISCIENTOS
MILLONES DE PESOS aproximadamente.
Las tres quintas partes restantes, divididas
en lotes y separadamente uno de otro, serán vendidas por el
Estado a quienes lo soliciten, dando preferencia a mexicanos labradores
u obreros del lugar y a mexicanos que se repatrien. El precio de venta
será pagadero en cuarenta años, con cuarenta anualidades
iguales y con un interés de tres por ciento anual pagadero
también cada año y disminuyendo el monto del interés
en proporción de los pagos hechos a cuenta del precio.
Ningún lote será menor
de cinco hectáreas, ni mayor de cien; pero su extensión
precisa dentro de esos extremos se fijará según la clase
y condiciones de la tierra de que se trata en los diferentes lugares
de la República. Podrá extenderse hasta quinientas hectáreas
respecto de lotes que sólo sirvan para la cría de ganado.
Las leyes que se dicten con este motivo,
establecerán las condiciones y demás pormenores que
sean necesarios.
Los trabajos del Estado en la adquisición
y división de lotes y adjudicación de tierras durará
el tiempo necesario para adquirir, dividir y adjudicar, cuando menos
hasta la tercera parte de las grandes extensiones territoriales, conforme
lo establece el Plan de Ayala.
Irrigación en todas las Entidades.
La Federación procederá
al almacenamiento de las aguas en toda la República, comenzando
desde luego a construir cuando menos una presa en cada uno de los
Estados y Territorios, siguiendo la construcción de presas
sucesiva e indefinidamente, hasta concluir la irrigación de
toda la tierra cultivable en el país, así como la construcción
de depósitos de agua en todos los terrenos que no la tengan
y se destinen a la cría de ganado.
Para llevar a cabo este trabajo, la
Federación podrá ocupar por su cuenta y en cada Estado
y Territorio a todos los presos que lo consientan, ya sea que se encuentren
en las cárceles federales, de los estados o de los Municipios,
otorgando a los que consientan en extinguir su pena de prisión
en los trabajos de irrigación, el derecho de que sea conmutada
dicha pena en la mitad del tiempo.
En estos trabajos de presas y almacenamiento
de agua, será respetado todo derecho preconstituído
conforme a la ley.
Educación agrícola.
Para capacitar a los mexicanos en el
sentido de la reforma económica de que se trata, todas las
escuelas de instrucción primaria que existen y que se establezcan
en lo de adelante, serán convertidas en Escuelas-Granjas, es
decir, con las construcciones y extensión de tierra que sean
necesarias para la enseñanza practica de la agricultura propia
del lugar, de la cría de ganado, de animales domésticos,
artes útiles, milicia, equitación, natación,
gimnasia y ejercicios propios para desarrollar el carácter
y las operaciones del comercio y contabilidad que surjan de los trabajos
y administración de la Escuela-Granja. Todo esto además
de la enseñanza ordinaria. Ninguna Escuela-Granja puede ocupar
una extensión de tierra menor de diez hectáreas, ni
mayor de doscientas.
En las Escuelas-Granjas para el sexo
femenino, se dará la misma enseñanza con excepción
de la milicia que será substituída por la enseñanza
de los trabajos del hogar y alguna industria casera adecuada o propia
de la mujer, pues es forzoso proporcionar porvenir a la mujer mexicana.
Minería; comunicaciones y comercio.
Facilitar la explotación de nuestra
inmensa riqueza minera, abrir a la navegación nuestros ríos
en la parte en que son navegables, poniéndolos en contacto
con nuestros ferrocarriles; abrir en todas partes caminos vecinales
para las estaciones ferrocarrileras; desarrollar la libertad del comercio
interior, quitándole las innumerables trabas y vejaciones a
que hoy está sujeto por pretextos de fiscalización,
y trabajar por el aumento de nuestra exportación hasta lograr
que ella nos traiga y mantenga en nuestra circulación monetaria
el verdadero talón oro, son puntos trascendentales cuya realización
ayudará poderosamente a derramar sobre el suelo mexicano todo
el bien que ansía la tendencia renovadora.
Lo que puede originar la resistencia
de los hacendados.
Es necesario que los mexicanos, en los
actuales momentos, tengamos presentes las enseñanzas de la
Historia. Cuando la Revolución de Ayutla ordenó al Clero
la desamortización de sus capitales y que los echara al movimiento
comercial, no tenía más propósito que desestancar
aquella riqueza acumulada, después de algún tiempo,
y sólo en virtud de haberse resistido el Clero a producir aquella
transformación económica en el país, la Revolución
acordó la nacionalización de aquellos bienes, es decir,
los quitó de manos del Clero para derramarlos y echarlos al
comercio general.
Para esto fué necesaria una guerra
que duró diez años. Pues bien, es necesario que los
grandes terratenientes piensen que hoy la Revolución sólo
exige que se vendan al Estado parte de esas grandes extensiones de
tierra sin cultivo, que constituyen una riqueza estancada sin prestar
servicio a nadie, ni aún a ellos mismos, todo con objeto de
dividirla, es decir, de ponerla al cultivo y en circulación
en el comercio; y que esto quiere hacerlo la Revolución, respetando
como está resuelta a respetar todo derecho de propiedad; que
es necesario por lo mismo que los grandes terratenientes hoy se apresuren
a ayudar a la tendencia renovadora, a verificar esa grandiosa transformación
económica en la que ellos nada pierden, sino que al contrario
se benefician segura y altamente, por el gran valor que con aquella
transformación económica adquieran los terrenos que
les quedan; que piensen que toda idea nueva evoluciona con la prolongación
del sacrificio que la humanidad hace para llegar a realizarla; y que
si no se satisface tal cual es hoy, más tarde, en no lejanos
tiempos, es posible que la tendencia renovadora aun contra la voluntad
del hombre, ya no se conforme con lo que hoy pide, sino que pase lo
que en tiempos de la Reforma, que exigió al Clero la nacionalización
en vista de su resistencia.
Así hoy solicita comprar respetando
el derecho de propiedad, pero si hay larga resistencia, ella puede
llegar hasta la nacionalización de la tierra no cultivada.
Si el señor Madero no hubiera
cometido los trascendentales errores que cometió, todo estaría
en paz y la tendencia renovadora estaría satisfecha ya evolutivamente
por el Gobierno, con el caluroso aplauso y honda satisfacción
de propios y extraños; pero cometidos aquellos errores, ahuyentó
la paz y trajo el estado de guerra.
Piensen serenamente nuestros compatriotas
lo que aquí exponemos; si lo comprenden, estiman y solucionan,
se salvarán ellos, salvaremos a la Patria de riesgos trascendentales;
pero si no lo hacen así, la responsabilidad de una Revolución
que advierte y que señala el modo de conjurar eficazmente aquellos
peligros, queda salvada ante el mundo y ante la historia.
Todo por la Patria y para la Patria.
EMILIO VAZQUEZ.