A los Habitantes del Estado de México y del Distrito Federal.
En nuestro afán decidido de libertar
al Pueblo, arrancándolo de la miserable condición en
que vive y restituyéndole sus perdidos derechos, y completamente
resueltos a no cejar ni un instante en la lucha, hasta alcanzar la
victoria, no hemos escatimado un solo sacrificio para lograr nuestro
fin, evitando atropellos y derramamientos inútiles de sangre,
hasta donde ha sido posible, dada la malignidad y encarnizamiento
con que proceden los enemigos de la Patria y los medios vergonzosos
y abominables con que nos persiguen y combaten, pretendiendo aniquilarnos
con el asesinato y el incendio e intentando desprestigiarnos con la
calumnia y el insulto.
No conseguirán, sin embargo,
hacernos desistir de nuestros propósitos, porque no se trata
de una labor que nos favorezca e interese solamente a nosotros ni
siquiera a un grupo, ni hemos pensado jamás en favorecer determinados
intereses, sino que, por el contrario, esta bien demostrado con los
hechos, que luchamos por el bienestar nacional y que únicamente
nos preocupa, al sacrificarnos en la contienda, los intereses de la
mayoría y los derechos de nuestros compatriotas, arrebatados
por los enemigos de la justicia y explotadores de nuestros hermanos
que constituyeron la raza india y los honrados y dignos mexicanos.
Es indiscutible que nuestro triunfo
se acerca, que nuestros ideales están próximos a realizarse
y que nuestros derechos al fin se salvarán, teniendo que ser
respetados por las clases privilegiadas, refractarias a toda idea
redentora, de las que han sido burla sangrienta en las orgías
del Poder que ignominiosamente han usurpado.
La República entera, expoleada
por la necesidad y empujada por los tiranos, ha resuelto secundar
nuestra obra, comprendiendo la justicia de nuestras demandas y la
nobleza de nuestra causa, cuyos principios se hallan consignados en
el PLAN DE AYALA, que sirve de bandera a la Revolución.
Sabemos muy bien y tenemos en cuenta
que, mientras más se prolongue la lucha, más sangre
hermana se derramará en los campos de batalla, más sufrirán
los habitantes pacíficos y más se sacrificará
el Comercio, hechos que por su naturaleza deben hacer fijar concienzudamente
la atención a quienes siendo revolucionarios amen sinceramente
la causa, para ser corregidos cuanto antes, pues si los ya consumados
no han logrado evitarse es debido a que son consecuencias ineludibles
de todo movimiento revolucionario en sus principios y que se corrigen
únicamente a fuerza de un constante trabajo intelectual y de
una energía bien comprendida y mejor utilizada.
Es natural que no lográsemos
garantizar completamente los intereses de los particulares y comerciantes
que continúen proporcionando elementos para combatirnos o que
se mantengan neutrales en esta lucha tan justa como terrible, en que
se juega el porvenir nacional y cuya principal tendencia, lo repetimos,
es el bien de las mayorías aún a costa del sacrificio
de las castas privilegiadas; pero ofrecemos hacer cuantos esfuerzos
nos sean dables para alejar todo peligro de vidas e intereses de los
que por engaño, obstinación o apatía, hayan contribuido
a prolongar la existencia del gobierno ilegal y atentatorio presidido
por Huerta, que tanto amenaza nuestro progreso y nos deshonra ante
el mundo civilizado.
La prensa asalariada de la capital ha
querido arrojar sobre nosotros su venenosa ponzoña, haciéndonos
culpables de todos los atentados que cometen los réprobos,
agregando a tan burda impostura, un verdadero cúmulo de inexactitudes
monstruosas, que nos hacen aparecer como enemigos del orden y de la
Humanidad.
Pero, a medida que la Revolución
del Sur y Centro va extendiendo sus dominios en todo el país,
los ciudadanos honrados que vivieron por mucho tiempo engañados,
creyendo que sólo éramos una enorme cuadrilla de bandoleros,
se han convencido de lo contrario; dándonos el lugar que nos
corresponde como defensores y libertadores del pueblo mexicano; es
más, muchos de ellos se han lanzado a la lucha para cumplir
un deber combatiendo, por medio de la idea o con las armas en la mano,
a los impostores que nos gobiernan y a los verdugos del indio y el
proletario.
Siendo pues, nuestro ideal más
hermoso, la justicia y nuestro más ardiente deseo el respeto
a los derechos legales, y siendo noble y levantada la causa que defendemos,
puesto que reasume las más legítimas aspiraciones populares,
exitamos a todos los compatriotas, que hasta hoy hayan permanecido
contrarios o indiferentes a esta gran lucha, así como a los
comerciantes de aquellos pueblos, o ciudades que permanezcan bajo
el dominio del gobierno ilegal, a que tomen las armas o por los medios
que estén a su alcance, contribuyan a fomentar la Revolución,
sostenida y propagada con tantos y tan grandes sacrificios, y cooperen
a realizar la felicidad nacional, con la caída de la oprobiosa
dictadura militar, que tratan de imponer los eternos enemigos del
Pueblo, acaudillados por Huerta y que es una bofetada en el rostro
para los mexicanos que se precien de honrados y dignos.
De antemano sabemos que muchos individuos
encontrarán pretextos para eximirse momentáneamente
de la ayuda que todo buen ciudadano debe prestar a los defensores
de la soberanía popular; pero esos pueden estar perfectamente
seguros de que, llegado el momento sabremos hacer la más estricta
justicia, obligando a prestar servicios y a proporcionar elementos
a todos aquellos que por refinado egoismo no faciliten el contingente
debido para el más inmediato triunfo de la Revolución,
teniendo en cuenta que nuestra exclusiva tendencia es la salvación
del país, mediante la resolución de los más tracedentales
problemas económicos y sociales.
En este caso no podremos hacernos responsables
de los perjuicios y atropellos que sufran quienes no se interesen
en definir su actitud, esperando engañar a la Revolución
o al gobierno huertista, para salvar mezquinos intereses o comodidades
aviesamente concedidas por la Canalla del Poder, con lo que únicamente
prolongarían esta lucha, entablada, por nuestra parte, para
beneficiar a las clases desheredadas.
Conciudadanos: es preciso hacer todo
género de esfuerzos y sacrificios, cada cual en su esfera,
para ayudar a la Revolución, que indudablemente os dará
muy en breve la recompensa debida, y con esto habreis logrado dos
fines principales: cumplir con vuestro deber como buenos mexicanos
y garantizar por si mismos vuestra vida y vuestros intereses legítimos,
que de los bastardos, nada, ni nadie, podrá impedir que tornen
al dominio de los que sean sus dueños verdaderos.
Comerciantes honrados y patriotas: tomad
participio en esta lucha, secundad nuestra labor, poniendo al servicio
de la causa todos los elementos que se hallen a vuestro alcance y
los tendremos en cuenta, para evitar que las Fuerzas Revolucionarias,
constituidas por un pueblo indignado, cometan atentados contra lo
vuestro, lo que irremisiblemente sucederá si no hay una razón
poderosa que las detenga al entrar en dominio de las regiones ocupadas
por tropas huertistas, que han procurado engañaros, asegurando
que somos bandoleros y ofreciendo una paz, que de realizarse, sería
el más negro baldón para la Patria.
Meditad un momento, analizad serena
y concienzudamente los actos de la Revolución y los actos del
Gobierno y encontrareis que, mientras mayor número de conciudadanos
permanezcan indiferentes o proporcionen elementos para combatirnos,
más larga será la lucha, más peligros correrán
vuestra vida e intereses y más se prolongará este estado
de cosas que directa o indirectamente os perjudica, mientras nosotros
estaremos seguros siempre del triunfo, porque es el triunfo de todo
un pueblo que ha sabido cumplir con sus deberes, teniendo ya la más
perfecta conciencia de sus derechos.
REFORMA, LIBERTAD, JUSTICIA Y LEY.
Campamento Revolucionario en el Edo.
de México, agosto de 1913.
Ing. Angel Barrios.- Diputado Luis T.
Navarro.- Estudiantes de Leyes: Rafael Cal y Mayor, José A.
Inclán, Luis Iñigas .- Gral. Francisco V. Pacheco.-
Gral. Genovevo de la O.- Gral. Ireneo L. Albarrán Ayala.- Cor.
Juan de Dios Díaz.- Mayor Luciano Romero.- Cap. l/o Bonifacio
Castañeda.- Cor. Jesús García.- Mayor Adalberto
Dorantes Pérez.- Cap. l/o Juan Robledo.- Cor. Porfirio Leppe
.- Cor. José Zamora.- Cap. l/o Leopoldo Acevedo.- Ten. Cor.
Fernando Martínez Almaraz .- Cap. l/o Isabel Linares.- Cor.
José Vides Barona.- Mayor Isidro López.- Cor. Felipe
Alarcón.- Ten. Cor. Agustín Coroy.- Cap. l/o Cándido
García.- Cor. Facundo Torres.- Cap. l/o Julián Gallegos.-
Cor. Salvador Herrera.- Cap. l/o Manuel Castro.- Cor. Román
Silva.- Ten. Cor. Jesús Cáceres.- Cap. 2/o Marcelino
Pulido.- Cor. Porfirio Galicia Arroyo:- Cap. 2/o Rafael Cueto.- Cor.
Everardo González.- Ten. Cor. Bonifacio Hinojosa.- Cor. Amado
Leguisamo.- El Tesorero del Partido Nacionalista Democrático,
Albino Ortíz.- Rúbricas. [Siguen más firmas]
Secretario: Santiago Orozco [Rúbrica)