En el campamento revolucionario del
General Emiliano Zapata, en el Estado de Morelos, el día primero
de abril de mil novecientos trece, reunidos por una parte, el licenciado
Jacobo Ramos Martínez, originario de Monterrey, Estado de Nuevo
León, y vecino de Cuernavaca, Estado de Morelos, mayor de edad,
casado y de profesión abogado, y de la otra parte el Jefe de
la Revolución General Emiliano Zapata y el General Otilio E.
Montaño, defensores del Plan de Ayala, con el objeto de celebrar
una conferencia política solicitada por el antes expresado
licenciado Jacobo Ramos Martínez, y habiéndose dado
principio a ella, este último expresó: que viene en
calidad de enviado o comisionado del Ministro de Gobernación
Alberto García Granados, para hacer proposiciones de paz a
los jefes rebeldes de Puebla y Morelos, como se verá por la
nota salvo-conducto que exhibe, y deseando cumplir con el cometido
que se le ha conferido expone: que el señor Ministro de Gobernación
Alberto García Granados, con el fin de que la revolución
cese, hace las siguientes promesas u ofrecimientos al general Emiliano
Zapata:
1.- Que solicite por medio de él,
telegráficamente el cambio del Gobernador de Morelos ingeniero
Patricio Leyva, para verificarlo inmediatamente, substituyéndolo
con la persona del señor Ramón Oliveros, de Cuernavaca;
que como se sabe públicamente es su amigo y en caso de que
no le conviniere el citado Oliveros, la persona que él designase,
concediéndole las mismas facultades al mismo General Zapata
para la designación de los presidentes municipales en todo
el Estado.
2.- Que el mismo general Emiliáno
Zapata quedará con el caracter de Inspector General de las
fuerzas rurales en el Estado, con una fuerza no menor de mil hombres,
escogidos de entre las persoñas que actualmente están
bajo sus órdenes, dependiendo exclusivamente de la Secretaría
de Gobernación, sin tener que ver con la Secretaría
de Guerra.
3.- Que el resto de su gente, para que
no quede desalentada, se reputará como auxiliares del Ejército
Federal, percibiendo sus sueldos desde luego.
4.- Que el Cuartel General del señor
General Emiliano Zapata, se establecerá en Cuernavaca; teniendo
como única obligación con las fuerzas de su mando, la
de vigilar que no se interrumpa el tráfico de la Capital de
la República a Cuernavaca.
5.- Que en cuanto a cuestión
de tierras y aguas, a la presentación de títulos primordiales
por los interesados, serán atendidos de una manera favorable
para la obtención de lo que cada uno demande.
Como final de estas proposiciones a
título de confidenciales, le expresó al declarante el
señor García Granados, lo siguiente:
"Sírvase decirle al General
Zapata que echemos un velo sobre el pasado; que ya no queremos derramamiento
de sangre mexicana y que quedando la,situación de Morelos en
sus manos en los momentos de la lucha de la elección presidencial,
se pondría de acuerdo con él Para que recayera en una
persona del elemento civil, nunca en una persona del elemento militar;
que finalmente apelaba a sus sentimientos de buen mexicano y patriota
para que tomara en consideración todo lo conveniente que era
para el país en las actuales circunstancias por que atraviesa,
trabajar todos los mexicanos unidos para hacer desaparecer el constante
peligro de la intervención norteamericana que nos amenaza".
El jefe de la Revolución, General
Emiliano Zapata, enterado de las promesas que se le hacen por mediación
del licenciado Ramos Martínez, contestó a éste:
Las proposiciones que usted viene a hacerme de una manera privada,
por parte del señor García Granados, no satisfacen a
los ideales de la Revolución General del país, ni tampoco
creo que esté autorizado para hacer semejantes proposiciones;
porque la nota del Ministro que le dió la comisión que
desempeña, ni contiene el acuerdo del Ejecutivo ni le da poder
para tratar con la Revolución a que represento, entienda usted
que los intereses de una Revolución no se pueden tratar de
una manera tan absurda e ilegal. La revolución representa un
poder emanado del pueblo y como tal debe tratársele.
Si el Gobierno de Huerta surgido del
Cuartelazo, no reconoce el poder de la Revolución, la Revolución
no puede reconocer el poder del Gobierno que no tiene más investidura
autoritaria que la que le dió la defección del Ejército.
Me llama profundamente la atención
que siendo usted una persona idónea, haya aceptado el mandato
particular del Ministro de Gobernación, quien ni siquiera toma
el nombre del Gobierno a quien sirve para darle una comisión
que lo coloca en la picota del ridículo, empujándolo
a una aventura que lo pone fuera de la misión diplomática
que pudiera ejercitar; pero como quiera que sea, haga conocer al señor
García Granados, que nuestra Revolución no es local,
sino que está ramificada en sus relaciones y principios en
todo el país, estando condensados sus anhelos en el Plan de
Ayala, qué haga conocer al Gobierno a quien sirve que para
hacer la paz nacional es necesario que Huerta renuncie el poder que
sin derecho alguno usurpó a la Revolución, que todos
nos unamos para que triunfen los principios, no los hombres y que
de conformidad con los principios se establezca el Gobierno Provisional
de la República, el cual garantizará el cumplimiento
de las promesas de la reforma política y agraria que proclamamos;
que si él, Huerta y Félix Díaz, quieren evitar
la efusión de sangre del Ejército y de nuestros hermanos,
que se inclinen ante los principios de la Revolución abdicando
de toda ambición personal, alejándose de la teoría
de los hombres "únicos para gobernar" y del embrión
rutinario creador de los hombres incondicionales.
En cuanto a las proposiciones que se
me hacen, refiriéndome a alguna de ellas como la de que yo
designe Gobernador de este Estado,nunca usurparía esa facultad,
que corresponde según nuestros ideales que defendemos, a la
junta de los principales revolucionarios de esta Entidad, en la que
yo tomaría parte; pero no con el carácter de Dictador,
sino de simple miembro para emitir mi voto y en ese caso creo que
no resultaría designado Ramón Oliveros por ser un autómata
o maniquí de los hacendados y porque ya en otro tiempo pretendió
ese puesto, que siempre ha sido el sueño dorado que le produce
la fiebre de su ambición pero que no ha llegado a él
por ser un impopular y no contar con las simpatías del pueblo.
Yo, en mi carácter de ciudadano y jefe revolucionario, nunca
designaré mandatarios que deben designar los representantes
de una colectívidad.
Por otra parte, no hemos tomado en nuestras
manos la bandera revolucionaria para tener la triste solución
de acaparar puestos públicos, ni de medrar a costa de tantas
víctimas y mártires; nosotros no perseguimos el bienestar
personal ni vamos en pos de satisfacer pasiones, nuestro objeto, me
he cansado de repetirlo, está marcado con resplandores de luz
meridiana en el Plan de Ayala.
Me dice usted que en caso de haber arreglo,
yo y mis fuerzas no dependeríamos del Ministerio de Guerra
sino del de Gobernación y que como único radio de acción
y de obligación tendríamos que cuidar no se interrumpiera
el tráfico de México a Cuernavaca; no comprendo por
qué el señor García Granados, tiene la osadía
de proponerme condiciones que de ser aceptadas, un Gobierno que se
precia de civilizado, iría al desbarajuste y a la bancarrota
de su administración.
Por último, diga usted al Ministro
de Gobernación Alberto García Granados, que no trato
de atizar odios, ni de provocar represalias absurdas; que mis condiciones
para hacer la paz son inalterables y que si pretende que echemos un
velo sobre el pasado, que colabore para que Huerta y Díaz entreguen
el poder a la Revolución y se sometan a sus principios; que
si desgraciadamente surgiera la intervención americana, ellos
serían los responsables por no respetar el derecho de todos
y por el delirio de que el poder no se les escape de sus manos. Si
éstos se encastillan en no respetar los derechos de la Revolución,
haremos la guerra hasta someterlos a los ideales que defendemos; pues
estamos seguros de que ni medio millón de soldados nos vencerán:
México, el Pueblo, está con nosotros.
A continuación el General Otilio
E. Montaña interrogó al licenciado Jacobo Ramos Martínez,
porque antes de venir a este campamento se dirigió a los jefes
subalternos del jefe de la Revolución Emiliano Zapata, procurando
cohecharlos para que se rindieran al Gobierno, a lo cual contestó:
que primeramente se dirigió al General Francisco Mendoza, por
medio de una carta en que le exponía qué el Gobierno
estaba inspirado en las mejores intenciones de que concluyese la guerra;
que para el efecto el declarante traía de parte del Ministro
de Gobernación proposiciones que en su concepto creía
muy pertinentes; que no recuerda exactamente el contenido de esa carta;
pero que sí fué con el exclusivo objeto de aproximarse
a él como uno de los jefes de la Revolución para saber
dónde se encontraba el General Zapata; que a continuacion estuvo
en Tlancualpicán y en ese punto se dirigió con dos o
tres cartas al General Eufemio Zapata, encareciéndole se sirviera
decirle el paradero de su hermano el General Emiliano Zapata, con
quien deseaba conferenciar asunto de Gobierno, que a esto se redujo
la gestión que hizo.
Interrogado por qué durante un
prolongado lapso de tiempo hizo conocer a la prensa de México
que estaba gestionando la paz en este Estado, siendo que el General
Emiliano Zapata, le resolvió con oportunidad no estar dispuesto
a entrar en convenios de paz con ningún Gobierno que rechazara
los principios de la Revolución, contestó: que en octubre
de mil novecientos doce llegó a Tlancualpicán con el
objeto de conferenciar con el General Zapata para exponerle a nombre
del entonces Ministro de Gobernación, Jesús Flores Magón,
que se sirviera hacer la paz en el sentido que entonces se le proponía
bajo el concepto de que lo que se pretendía era que días
después, con el objeto de celebrar la paz se hubiera dado un
banquete en la ciudad de Cuernavaca, a donde hubieran sido invitados
con toda seguridad los entonces Presidente y Vicepresidente de la
República; señores Madero y Pino Suárez, a quienes
convenía eliminarlos del poder público, por medio de
venenos en los alimentos; que en cuanto a las noticias de gestión
de paz, atribuídas a él, que publicó la prensa,
el declarante jamás autorizó ni la menor noticia sobre
el particular; confiado además en el desprestigio en que está
la prensa capitalina, no era necesario hacer ninguna observación
en contrario, puesto que la gente sensata no da ningún crédito
a la vocinglera notíciería de la prensa.
El jefe de la Revolución General
Emiliano Zapata y el General Otilio E. Montaño, en nombre de
los principios contenidos en el Plan de Ayala, resuelven y hacen constar
para conocimiento de los revolucionarios y habitantes de la República
y para conocimiento del enviado del Ministro de Gobernación,
licenciado Jacobo Ramos Martínez: que si nos vemos en el caso
de continuar la guerra es porque Félix Díaz y Huerta
nos señalan ese camino, puesto que de la defección del
Ejército han hecho el escabel de la fortuna para llegar al
poder.
Huerta es el guardián del puesto
que debe ocupar Félix Díaz y este no espera más
que el momento propicio para burlar el sufragio, como ha burlado a
la Revolución para restaurar la dinastía del porfirismo.
Si efectivamente se pretendiera hacer la paz, deberían comenzar
por respetar los derechos y principios de la Revolución y como
preliminar de concordia, debían convocar a una convención
formada por delegados civiles o militares que se hicieran representar
por el núcleo revolucionario de cada Estado y de la idoneidad
de ese conjunto, bien pudiera partir de una manera razonable y deliberada
el Gobierno Provisional de la Revolución que podría
garantizar las promesas que espera ver realizadas la República;
nuestra manera de obrar y de pensar está condensada en este
lema: Cúmplanse los principios de la Revolución y, la
paz sería un hecho.
Terminada la conferencia solicitada
por el licenciado Jacobo Ramos Martínez, se levanta la presente
acta, la cual fué leída, aprobada y firmada por los
conferencistas y testigos presenciales que concurrieron al acto, ordenándose
se expida copia de este documento al licenciado Jacobo Ramos Martínez
y las copias para la prensa de México.
J. Ramos Martínez.- Luis Cajigal.-
P. Orozco.- Francisco Alamillo.- S. Treviño Carranza.- A. Hermosillo.-
Blas Sobrino.- J. García Treviño.- E. Mazari.- Gral.
Otilio E. Montaño.- Gral. Emiliano Zapata.