Al C. General Félix Díaz.
México, D. F.
El gobierno del general Huerta que acaba
de constituirse con el apoyo de la defección del Ejército,
no puede en manera alguna representar la legalidad de la Revolución
general del país; ni satisfacer sus principios sellados con
la sangre del pueblo que, por un lapso prolongado de tiempo no ha
omitido sacrificio para ir a la reconquista de tierras y libertades,
e implantar un régimen de gobierno democrático que esté
fuera del duro cartabón de las dictaduras.
Acaba de hundirse una dictadura y sobre
las cenizas de ella se levanta otra que, creada por los fieles defensores
de una legalidad inconcebible, fueron los primeros en asestarle el
furibundo golpe que la relegó a la historia; mas no para laborar
por la patria ni para establecer la confraternidad general de la Revolución
que encarna en el corazón del pueblo, sino para cosechar los
frutos de su instantáneo cuartelazo en pro de un grupo privilegiado
de sedientos de oro y de poder, que sin vacilación han hollado
los sacrosantos principios revolucionarios inscritos en nuestra bandera.
Nosotros no podemos conformarnos con
ver burladas las promesas por las cuales el pueblo ha tenido un calvario
de sangre; nosotros no podemos conformarnos con el triste resurgimiento
de un gobierno cobijado en el negror de los pliegues de una traición;
y por tal circunstancia, la junta Revolucionaria que dirige los movimientos
del Sur y Centro de la República, protesta contra la imposición
del gobierno ilegal del general Huerta, por no estar de acuerdo con
las bases establecidas en el Plan de Ayala, y porque el movimiento
que usted encabezó con el Ejército, al constituir el
nuevo gobierno de que se trata, dejó sin voz ni voto a la Revolución
de todo el país, rompiendo por completo los lazos de orden,
de concordia y de principios que hubieran debido servir de norma al
movimiento armado iniciado por usted.
Por las razones expuestas, el gobierno
Provisional del general Huerta, repetimos, no personifica ni puede
representar a la positiva Revolución del pueblo mexicano, sino
a la defección del Ejército y al cuartelazo que hábilmente
preparó y llevó a su término; y por lo mismo,
la corriente revolucionaria sigue su curso hasta derrocarlo y conseguir
el establecimiento de un nuevo gobierno que esté de acuerdo
con la bandera de los movimientos revolucionarios de todo el país.
Si usted desea evitar un nuevo conflicto
entre la Revolución y el Gobierno del general Huerta, creado
por el cuartelazo del Ejército, debe sujetar sus procedimientos
al artículo doce del Plan de Ayala, que dice: "Una vez
triunfante la Revolución que hemos llevado a la vía
de la realidad, una junta de los principales jefes revolucionarios
de los diferentes Estados, nombrará o designará un Presidente
Interino de la República, que convocará a elecciones
para la formación del Congreso de la Unión y éste,
a la vez, convocará a elecciones para la organización
de los demás poderes federales".
Pues de no ser así y de llegar
a este acuerdo, la Revolución se verá en la imperiosa
necesidad de establecer un gobierna legal, frente al gobierno ilegal
del general Huerta; y entonces usted y los demás que le secundan,
serán responsables de la sangre que se derrame, ante la Nación
y el mundo civilizado.
Al dirigir a usted la presente nota,
no nos guía otro fin que el de laborar por el bien de la patria
y no por el bienestar de un grupo o de una personalidad, pues nuestras
convicciones no tienen credo personalista, y nos causa profunda decepción
observar qúe nuestros revolucionarios en México, después
de la Reforma y el Imperio, no han tenido otro objeto que conquistar
la Presidencia de la República para determinada personalidad;
no han tenido otro fin que servirse de la sangre del pueblo para llegar
al poder y no se ha conseguido otra cosa que hacer descender a un
déspota para cambiarlo por otro, hacer descender a un tirano
para cambiarlo por otro, hacer descender a un tirano para cambiar
de tirano, amo, dueño y señor.
Si usted se aleja de aquel viejo molde
de las dictaduras y se inspira en el más puro patriotismo,
haciendo a un lado a los traidores de las instituciones, escuchando
la voz de la Revolución, que es la voz del pueblo, entonces
habrá conquistado la estimación y aplauso de sus compatriotas.
Reflexione usted: ahora más que
nunca debe contribuir a la reforma política y agraria que hemos
proclamado desde 1910, y que no descansaremos hasta obtenerla, aun
cuando para ello se necesiten mayores sacrificios.
Estamos dispuestos a luchar sin tregua
ni descanso hasta conseguir la verdadera redención del pueblo
mexicano. Si usted tiene en cuenta las aspiraciones e ideales de la
Revolución, debe unirse a ella para cimentar con fuerzas vivas
y conscientes, el verdadero gobierno que merezca el nombre de legalmente
constituído; pues de otra manera no hará otra cosa que
prolongar una era de sacrificios y de sangre para México.
Esperamos de su patriotismo que así
lo hará y le protestamos nuestra atención y respeto.
Reforma, Libertad, justicia y Ley.
Campamento revolucionario en Morelos,
marzo 4 de 1913.
El General en Jefe del Ejército
del Sur y Centro, EMILIANO ZAPATA.- General Otilio E. Montaño.-
General Felipe Neri.- General Lorenzo Vázquez.- General Francisco
Mendoza.- General Genovevo de la O.- General Eufemio Zapata.- General
Francisco V. Pacheco.- General Amador Salazar.- General julio A Gómez.-
Coronel Francisco Alarcón.- Coronel Francisco García.-
Secretario, M. Palafox.