Al C. General Otilio E. Montaño.
Su campamento.
Me refiero a la atenta carta de usted
de fecha 4 del corriente y en respuesta,le manifiesto:, que las dos
notas que se sirve mandarme para ser remitidas a la prensa de la Capital,
he acordado que sean suspendidas por no estar sus contenidos ajustados
al modo de pensar y obrar de los revolucionarios de los Estados del
Sur y Centro de la República.
La Revolución no está
en arreglos de paz con nadie absolutamente, y el señor Pascual
Orozco, Sr. y sus acompañantes están encarcelados y
procesados por sospechas que les resultan de que su verdadera misión
al entrevistarme, no era precisamente llegar a un acuerdo de paz sino
darle tiempo al Gobierno a que me sorprendiera con buen número
de fuerzas; para que en la confusión que se originara, alguno
de los agregados del señor Pascual Orozco, Sr., me asegurara
personalmente; pues hay varias cartas que denuncian estos hechos,
y no deseo que aparezcan sus nombres pero como son partidarios de
la causa y expresamente fueron a México a adquirir informes
sobre el particular, y sobre todo, por los movimientos de tropas del
Gobierno el día que llegaron los mencionados señores,
lo mismo que por la actitud de ellos de venir bien armados y con seis
soldados armados igualmente, se robustecen las sospechas.
Sobre todo, a usted lo comisioné
para terminar de hacer las averiguaciones respectivas, y no para tratar
de asuntos de paz, según aparece en los telegramas, pues de
ninguna manera apruebo el contenido de los referidos mensajes, porque
se establecería un mal precedente y especialmente habría
la duda sobre la verdadera actitud que asumiría les Revolución
en los asuntos de la paz, originando esto vacilaciones en algunos
revolucionarios timoratos, con lo cual se aprovecharían los
intrigantes enviados del Gobierno para sugestionar a los jefes revolucionarios;
en el extranjero darían crédito a las falsas noticias
del Gobierno de que la paz es un hecho, basándose naturalmente
en los reportazgos de un corresponsal de guerra que se halla precisamente
en el Cuartel General en el Estado de Morelos, como aparece en las
referidas notas; porque más tarde se sabrá la verdad
de estos acontecimientos por boca de Orozco, Sr. y algunos de sus
acompañantes cuando se hallen en libertad, y entonces yo quedaría
en ridículo ante la opinión pública al saber
que no hubo tales conferencias, sino que los supuestos comisionados
de paz habían sido encarcelados y enjuiciados. Yo quiero que
las cosas se aclaren y que haya justicia en todos los actos, que sean
tan claros como la luz del día.
El señor licenciado Ramos Martínez
no es comisionado de paz por disposición del Gobierno, como
dicen los telegramas, sino que es un elemento perjudicial a la Revolución,
que se ocupaba de sugestionar a los jefes revolucionarios según
consta en los documentos que se le recogieron, y quien no tiene credencial
que lo acredite como comisionado de paz.
Ya repito a usted, yo deseo que se aclare
la verdad de los hechos que menciono antes y que éstos se arreglen
de conformidad con lo que sea de justicia, porque los conceptos de
los mencionados telegramas no van de acuerdo con mi modo de pensar
y obrar, pues sólo es de mi aprobación lo relativo al
asunto de la causa que se instruyó a Simón Beltrán
y a su compañero Morales.
Remito a usted con la presente comunicación
una acta y una cuenta de hotel, de donde se deducen cargos para el
reo Francisco Alamillo, y dos cartas de las que se desprenden cargos
para el reo Blas Sobrino, lo cual se les agregará al proceso
que se les sigue a los encausados mencionados, y pronto enviaré
a usted el acta que se refiere al fusilamiento de Beltrán a
fin de que el señor Ocampo, corresponsal viajero, la mande
a la prensa de la Capital.
Por lo expuesto le recomiendo siga ocupándose
de la causa de los reos, lo mismo que dar las primeras noticias a
la prensa respecto del proceso que se les instruye; pero todas las
noticias ajustadas a la verdad, hasta el último detalle.
Lo que comunico a usted para su inteligencia
y fines consiguientes.
Reforma, Libertad, Justicia y Ley.
Campamento Revolucionario en Morelos,
Abril 5 de 1913.
El General, EMILIANO ZAPATA.
NOTA.- Devuelvo a usted los originales
de los telegramas a que me he referido antes.