En el campamento revolucionario
del C. general Emiliano Zapata, en el Estado de Morelos, a los treinta
días del mes de marzo de 1913, reunidos por una parte el señor
coronel Pascual Orozco (padre), originario del Distrito de Guerrero,
Estado de Chihuahua, y vecino accidental de la ciudad de México,
de cincuenta y un años de edad, casado, ex jefe revolucionario
defensor del Plan de San Luis reformado en Tacubaya y Villa de Ayala,
y de la otra parte el expresado general Emiliano Zapata, jefe de la
Revolución de los Estados del Sur y Centro de la República,
general Otilio E. Montaño y representantes del núcleo
revolucionario cuyos ideales políticos están basados
en el Plan de Ayala; el señor coronel Orozco expuso: que como
se verá por la carta particular que exhibe, el Presidente provisional
de la República, general Victoriano Huerta, lo ha comisionado
para venir a este campamento para hacer proposiciones de paz fundadas
en las siguientes condiciones, que no figuran ni en parte mínima
de carta poder que le acredita en la misión que trae:
1. Que el jefe de la Revolución,
general Emiliano Zapata, designará gobernador interino en el
Estado de Morelos; que con las fuerzas revolucionarias se formarán
varios cuerpos rurales que estarán a su mando para resguardar
el Estado de Morelos, y
2. Que el problema agrario será
resuelto por el gobierno en la forma que lo crea conveniente, sin
estar de acuerdo, conforme a lo prescrito en el Plan de Ayala; que
el Gobierno está dispuesto a pagar indemnizaciones a los revolucionarios
que no hayan percibido sueldos, pero que no sabe si pagará
el gobierno los demás empréstitos o gastos erogados
por la Revolución; que también, lo que sí está
dispuesto a pagar el referido gobierno es: pensiones a las viudas
de los revolucionarios muertos en campaña.
El jefe de la Revolución, Emiliano
Zapata y el general Otilio E. Montaño, en representación
de la Revolución del Sur y Centro de la República, resuelven,
para conocimiento del pueblo mexicano, compañeros de armas
de toda la República y para conocimiento del gobierno ilegítimo
del general Victoriano Huerta:
Que son y serán fieles a la bandera
que han jurado, que no están dispuestos a desligarse del Evangelio
de redención cristalizado en el Plan de Ayala; que son incapaces
de hacer traición a la causa del pueblo que han defendido,
para hacer causa común con la tiranía y los traidores
a nuestras instituciones; que si algunos malos mexicanos han violado
los principios juramentados, sugestionados por vanas promesas y los
treinta dineros de Pretonio, nosotros no queremos paz de esclavos
ni paz de sepulcro que nos brindan los incondicionales y los científicos;
nosotros queremos la paz basada en la libertad, en la reforma política
y agraria prometida por nuestro credo político; somos incapaces
de traficar con la sangre de nuestros hermanos y no queremos que las
osamentas de las víctimas nos sirvan de peldaños para
ocupar puestos públicos, prebendas o canonjías; sobre
nuestras conciencias de libertarios está el cumplimiento de
las promesas por las cuales nuestros compañeros arrostraron
los sacrificios y la muerte. En los principios que defendemos, está
el bienestar, la paz y la salvación de la República,
de la Patria y de nuestras instituciones. La Historia vendrá
a probarlo.
Que se establezca el gobierno provisional
de la Revolución, por la misma. Revolución, para que
ese gobierno sea una garantía de los intereses y principios
proclamados por la propia Revolución.
Firman el acta de la conferencia: Pascual
Orozco, Francisco Alamillo, A. Hermosillo, Blas Sobrino, J. García
Treviño, E. Nazari y J. Ramos Martínez, General Emiliano
Zapata y general Otilio E. Montaño.