México, 9 de noviembre de 1914.
Señor General don Emiliano Zapata,
Cuartel General del Ejército Libertador.
Cuernavaca, Mor.
Muy estimado señor General y
amigo mío:
Si usted ha tenido correspondencia suficientemente
detallada con su comisionado en Aguascalientes, señor Paulino
Martínez, seguramente le habrá referido todos los esfuerzos
que hice por servirlo de acuerdo con las indicaciones de usted; pero
me fué imposible, porque se me presentó en hora inoportuna
y yo no disponía en mi caja privada, de la suma de que se trataba.
Tampoco he dispuesto después
de ella, porque el Banco Hipotecario de Crédito Territorial
Mexicano, S. A., ha creído necesario consultar con su Consejo
de Administración de París, una operación en
la que me sacrifica; pero que me urge concluir, pues los enormes perjuicios
y gastos en efectivo que desde tres años a la fecha he erogado
por la CAUSA AGRARIA, los que no bajan de TRESCIENTOS MIL PESOS, han
agotado completamente mis personales recursos pecuniarios.
Esta razón me imposibilita de
momento para satisfacer cualquier demanda de usted en este sentido,
hasta que cierre la operación que he indicado y que se detalla
en los documentos que acompaño, por los cuales verá
usted que se trata de saldar m¡ deuda con el indicado Banco
mediante una operación en que podrían quedar OCHENTA
Y SIETE MIL PESOS, como saldo a mi favor, de no duplicarme ese Banco
el valor de las fincas que me da por dicho saldo; pero como esto es
lo que sucede, en realidad no sé con qué suma contaré;
pero evidentemente que será mucho menor que la calculada por
mí con anterioridad.
Últimamente también hice
gastos cuantiosos por ponerme en contacto con la Revolución
del Norte, en virtud de que yo la creí perfectamente de acuerdo
con la del Sur en lo que se refiere al PROBLEMA AGRARIO; que es el
objeto capital y casi único de todas mis actividades como a
usted consta, pues no he procurado otra cosa en nuestra correspondencia
que persuadir a usted de la conveniencia de adoptar como la Ley de
la Nación el SISTEMA SALA. Lo mismo procuraré con los
Jefes del Norte.
A pesar de mis esfuerzos no he tenido
éxito, pues aun en estos momentos no puedo fijar de una manera
cierta y del todo exacta, las diferencias reales que tal vez existan
entre los procedimientos para la expropiación que yo indico
en mi SISTEMA y los que usted se propone desarrollar, de acuerdo con
la interpretación que se está dando al Plan de Ayala;
interpretación que difiere sin duda de la que yo le di al PRINCIPIO
DE EXPROPIACION que el mismo Plan contiene.
Estas diferencias de interpretación
pueden separarnos sobre los procedimientos de realizar la reforma
agraria del país, finalidad última en la que siempre
estaremos de acuerdo; pero que sólo el tiempo se encargará
de comprobar quién entre usted y yo está en lo cierto.
Esto no quiere decir que disminuya mi
deseo de servir, en cuánto pueda, al buen amigo que en usted
tengo, cualesquiera que sean las incompatibilidades de nuestras miras
agrarias, en cuanto a los procedimientos de realizarlas.
De todos modos en la actualidad, me
veo impedido de prestar a la causa mi modesto contingente pecuniario,
pues aun cuando tengo riqueza territorial así lo exigen las
dificultades que actualmente se presentan aun para las más
fáciles transacciones y el hecho de habérseme agotado
por completo los recursos, como trato de demostrárselo al amigo,
al darle conocimiento de la desastrosa operación a que me veo
obligado, precisamente por falta de dinero, hasta para cubrir compromisos
de poca monta contraídos con anterioridad, en la certeza de
que podía disponer de un buen capital en tierras.
Considero inútil entrar en consideraciones
sobre el PROBLEMA AGRARIO antes de conocer tanto el Decreto de 5 de
abril a que se refiere la Disposición de 8 de septiembre último,
así como el largo estudio que me tiene prometido nuestro amigo
Palafox y que usted se digna ratificar me será enviado.
Al recibir esos documentos, haré
el último esfuerzo por persuadirme de que soy yo quien está
en error y, en caso contrario, aun presentaré a usted mis argumentos
en contra, pues tratándose de la Patria, ninguna diligencia
debe omitirse en pro de sus grandes intereses, como son sin duda,
los vinculados con el PROBLEMA AGRARIO.
Me tomo la libertad de manifestar a
usted, que con gran sorpresa de este su amigo, he notado que le ha
invadido el torbellino político y mucho he de alegrarme dentro
de algún tiempo, que no sea para mal suyo, porque lo juzgo
hombre de buena fe y la política no se hizo para esa clase
de hombres.
Me es grato reiterar a usted las seguridades
de mi más distinguida consideración y verdadera amistad,
siéndome grato quedar como siempre suyo afmo. amigo y S. S.
Antenor Sala (rúbrica).