13 de septiembre de 1914.
Señor General Don Emiliano Zapata.
Cuartel General del Ejército Libertador.
Morelos.
Muy estimado señor General y
amigo mío:
Un error que momento a momento cuesta
sangre y dolores inmensos y cuya duración puede ser de años,
amerita que sea cuales fueren las circunstancias se haga cuanto es
posible por desvanecerlo; por esto es que a pesar de los combates
que se han sucedido en los Estados de México y Puebla y en
las cercanías de Xochimilco, no juzgue impertinente hacer llegar
hasta usted mi palabra, que creo atendible no por otra cosa, sino
por la buena fe y el profundo desinterés que la dictan.
Yo no busco ni aceptaré puesto
alguno remunerado del Poder Público, cualquiera que sea su
Jefe; yo creo que en una Patria libre y sin cortapisas para nadie
podré satisfacer plenamente mis ambiciones, que consisten en
desarrollar las inmensas riquezas latentes que ya poseo, para beneficio
de los míos y de quienes a mí se acerquen deseosos de
ventura y para dar con ese desarrollo la prueba evidente de lo que
puede hacerse por la riqueza de esta Patria, hundida en horrible miseria
hasta hoy, por la ignorancia egoísta y perversa de quienes
han poseído su suelo privilegiado, como ningún otro,
por la naturaleza.
Abrigando yo estas altas ambiciones
no puedo ser sospechoso para los hombres que como usted, tienen que
integrar el Poder Público, pues tan sólo les pediré,
que en sus alturas, no pierdan de vista al ideal ni al PUEBLO, que
con su sangre inagotable y fuerte brazo, les ha prestado aliento para
desbaratar los obstáculos que hasta hoy, han impedido el engrandecimiento
nacional.
Yo soy el Apóstol de un Sistema
Económico productor de riqueza ,y felicidad, que sólo
puede implantarse en un país libre y democrático, como
los héroes del Norte y del Sur pretenden hacer a México,
los necesito y creo completarlos, porque la libertad y la democracia
son compatibles con la opulencia de las naciones y yo quiero procurar
y tengo la convicción de obtener la opulencia de México,
siempre que sea entendido por ustedes y que ustedes se entiendan a
su vez, lo que considero en extremo fácil con sólo que
atiendan preferentemente al fondo de sus propósitos, dejando
los asuntos de detalle para una resolución posterior ya habiéndose
establecido la paz, siquiera sea por un armisticio.
Lo esencial en la revolución
mexicana ha sido el PROBLEMA AGRARIO; con respecto a éste,
el Plan de Ayala definió perfectamente sus propósitos
y aunque no lo hizo el acta de Guadalupe, tanto el Primer Jefe del
Ejército Constitucionalista como sus más connotados
Generales, han protestado solemnemente y de una manera inequívoca,
que procurarán resolver dicho problema y efectivamente tanto
en Coahuila como en Guanajuato y Puebla se ha procedido a resolverlo
aunque de un modo subsidiario, quiero decir, de ocasión y no
definitivo, pues tal resolución sólo es posible mediante
el SISTEMA SALA, como voy a tratar de demostrárselo a usted,
a fin de que resueltamente se haga el paladín de ese Sistema,
con lo que se conseguirá que los Constitucionalistas también
lo acepten y usted y ellos tengan la adhesión de toda la República
,y la aprobación y hasta el aplauso del mundo civilizado.
El Plan de Ayala quiere con justicia
que los ciudadanos y pueblos que hayan sido despojados, reivindiquen
la propiedad de sus tierras con sólo PRESENTAR LOS TITULOS
que acrediten su propiedad anterior al despojo.
Pues bien, pocos, muy pocos pueblos
y ciudadanos nos podrán presentar esos títulos, pues
hay deseos muy antiguos, tanto que nadie en esta generación
ni en varias anteriores tuvieron o tienen memoria de su fecha; en
consecuencia pocos, muy pocos, serán favorecidos con el reconocimiento
de su derecho y esto no resolverá el inmenso PROBLEMA AGRARIO,
sino el de una familia o si se quiere el de una aldea.
Naturalmente que quien haya sido despojado
y tenga los repetidos títulos, tendrá pleno derecho
a ser atendido por los tribunales especiales que para hacer justicia
se establecerán según los propósitos del Plan
de Ayala y las promesas solemnes de los Jefes Constitucionalistas;
pero casi todos los individuos víctimas de despojos y la inmensa
mayoría de los pueblos saben de ellos por simples tradiciones,
no por documentos fehacientes; mientras que los despojadores o sus
herederos o las personas a quienes por venta hayan traspasado la posesión
de la tierra despojada, sí tienen documentos, títulos
enteramente perfectos desde el punto de vista legal; los Tribunales
especiales tendrían que reconocerlos así, confirmando
a la mayor parte de esos despojadores, sus herederos o sucesores en
la propiedad de la tierra.
Los despojados habrán perdido
el tiempo y toda esperanza, sea cual fuere su justicia, allá
en la remota fecha en que se hizo víctimas a sus antepasados,
por la violencia o el chanchullo de los tinterillos y funcionarios
públicos.
La REIVINDICACION en resumen favorecerá
a pocos y aunque muy útil para resolver las cuestiones entre
familias, es un medio de exiguos resultados cuando se trata de un
pueblo entero, como lo es la Nación Mexicana.
También es justa la CONFISCACION
de las tierras de los ricos que directamente sirvieron a la reacción
que encabezó Huerta; mas dos bienes confiscados no bastarán
para satisfacer a la inmensa multitud de ciudadanos de México,
que quieren vivir con toda justicia vida de hombres y no de bestias
de carga, como ha sucedido desde hace cuatrocientos años hasta
hoy.
Esos bienes cuando más podrán
basar la ventura de unos cuantos soldados que hayan militado a las
órdenes de usted o de los Jefes del Norte, pues es evidente
que no todas esas valientes huestes están constituidas únicamente
por agricultores, por hombres que pueden vivir del trabajo del campo,
porque la guerra ha sido hecha por individuos de todas las profesiones.
Además, las Confiscaciones hasta
hoy no tienen un carácter legal, son tan sólo un hecho,
que exige necesariamente la legalización posterior efectuada
por el Estado, por el Gobierno; habrá que resolver cada caso
ante los tribunales que para el efecto se instituyan y sus resoluciones
definitivas se dilatarán mucho tiempo, tal vez años,
lo que producirá la intranquilidad de los poseedores de tal
o cual fundo y la intranquilidad es una enfermedad mortal para la
agricultura.
Valdría más no poner en
posesión de nadie las haciendas confiscadas, sino hasta que
fueran recayendo las sentencias definitivas sobre cada una de ellas.
Además, esos bienes confiscados,
como he dicho, servirían si son pocos, para premiar a los combatientes
y a los herederos de los que hubiesen sucumbido en la lucha; pero
fuera de este círculo siempre estrecho, se dejaría a
la gran masa del proletariado sin esperanza y sin posibilidad para
llegar nunca a la propiedad.
Habrían cambiado de amos; pero
no de situación, pues sus amos serían en vez de los
herederos de los conquistadores españoles, los guerreros que
al lado de usted o de los Jefes del Norte han luchado, no precisamente
por hacerse ricos ellos, sino por salvar de la miseria y de la abyección
a todos sus compatriotas.
De no ser así, pronto los nuevos
amos tendrían que combatir a las multitudes que con justicia
les reclamarán el cumplimiento de sus promesas.
No queda otro medio verdaderamente nacional,
de general aplicación para cumplir con las promesas de la REVOLUCION,
sino la EXPROPIACION, que puede hacerse hoy, mañana y siempre
de las propiedades rústicas, para dividirlas en lotes pequeños;
pero suficientes para proveer a la vida cómoda y civilizada
de las familias agricultoras de hoy, de mañana y de siempre,
hasta que la población de México sea de cien millones
de habitantes, entre los cuales puede haber treinta y tres o cincuenta
millones de propietarios rurales que vivan de su trabajo en el campo,
como sucede en Francia donde hay un propietario por cada tres habitantes
o en China donde hay uno por cada dos.
Se expropiará lo necesario; pero
existirá el derecho de expropiarlo todo, absolutamente todo,
dentro de los años que se requieran para llegar al máximum
de población agrícola, con relación a la de hombres
destinados a los demás géneros de actividades en naciones
cultas.
El Plan de Ayala proclama que se hará
la Expropiación; pero no dice cómo y es en esto en lo
que precisamente se ocupa EL SISTEMA SALA.
Yo digo cómo se ha de expropiar
la tierra para dividirla y colonizarla entre los agricultores que
la soliciten, sin limitación en el tiempo ni en la cantidad
de solicitudes.
No sólo hago esto, sino que también
proveo a las necesidades del capital que esta gigantesca operación
requiere.
Para eso sirve mi plan Bancario, enteramente
seguro según la ciencia económica y cuyos dineros pueden
fecundar desde las grandes propiedades rurales, hasta las más
pequeñas parcelas.
Sin el Banco, los soldados de la Revolución
agraria, se morirían de hambre en el campo que les haya tocado
en suerte, en ese reparto de las tierras confiscadas o reivindicadas,
para las que no se encontrará capital en ninguna parte del
mundo, si son las únicas que se ofrecen corno garantía
de los préstamos; pero con facilidad se encontrarán
prestamistas con garantía hipotecaria, que recaiga sobre tierras
expropiadas, es decir, compradas, mediante procedimientos del todo
normales y evolutivos.
Hay que levantar los ojos del suelo
de Morelos y dirigirlos hacia la inmensidad del espacio y del tiempo,
para comprender que cualquier solución enteramente posible
y hasta justa en Morelos, no es ni puede ser de aplicación
general en la Nación y que ante los demás países
es la Nación la responsable de los capitales que del extranjero
deben traerse para su civilización y progreso.
El Problema Agrario requiere, pues,
una resolución nacional, que pueda aplicarse en Morelos, lo
mismo que en la Frontera del Norte, en los litorales del Atlántico
y el Pacífico, cerca del Suchiate y en la Mesa Central.
El Plan de Ayala provee a esto al aceptar
la Expropiación; pero esa expropiación verificada conforme
a las Leyes vigentes sería inmensamente cara en primer lugar,
y en segundo, tan dilatada como la REIVINDICACION o la legalización
de las CONFISCACIONES; por esto el procedimiento que yo señalo
para efectuar la repetida Expropiación es político y
no jurídico; debe ser proclamado por los Jefes Revolucionarios
y nada tienen que ver con él los covachuelistas del Palacio
de Justicia, ni de la Federación, ni de los Estados.
El SISTEMA SALA tiene que formar parte
de la Reglamentación de varios artículos Constitucionales,
que se escriben después de las revoluciones triunfantes, no
sólo en las páginas de un folleto, sino en el alma misma
de un PUEBLO.
Creo, que propuesto por usted, el SISTEMA
SALA se aceptaría por el Ejército Constitucionalista
y podría ser la base inquebrantable de otros arreglos de un
carácter puramente político.
Así, no creo que se tropezará
con graves inconvenientes si usted propone que sus huestes quedasen
armadas y dueños del suelo que han ocupado, hasta que se hiciese
la legalización de las confiscaciones y se proveyese a los
habitantes de Morelos no guerreros y aún a los que entre éstos
puedan trabajar los campos, de las tierras que se requieran.
Usted y sus generales, podrían
proponer se les reconociesen sus grados y se les dotase de poder positivo
para garantizar todas y cada una de las cláusulas del arreglo
político de que se trata.
Tenga usted en cuenta que los hombres
del Norte aún no adoptan un sistema determinado para llevar
a cabo la resolución del PROBLEMA AGRARIO; pero aceptan que
ésta es necesaria, que es una promesa de la REVOLUCION y que
tienen el deber de solucionarlo.
Usted sí presenta una manera
en el Plan de Ayala, que se completa y perfecciona con los procedimientos
tanto relativos al suelo como a los capitales que se requieren para
su división, colonización y cultivo, propuestos en el
SISTEMA SALA.
El Poder es digno de la ambición
de un pecho valiente y generoso; pero es más digno aún
de las almas bien templadas, hacer la reforma de todo un PUEBLO, la
dicha de una gran nación con la fuerza de su brazo y la generosidad
y el desprendimiento de su alma.
Si usted adopta el SISTEMA SALA como
procedimiento para llevar a cabo la EXPROPIACION, que usted ha proclamado
ya, aceptándose la Reivindicación y la Confiscación
para que esa trinidad sirva de procedimiento para adquirir la tierra
para los pobres, como lo señala el Plan de Ayala y es esto
lo que procura que se le garantice por los Constitucionalistas, para
que unidos trabajen por la pacificación del país y su
ulterior progreso, la obra de usted será grandiosa y la Historia
de la Humanidad tendrá que destinarle páginas brillantes.
Si usted lucha por cualquier otro anhelo,
aun triunfando, habrá sido en este caso un Caudillo más
o menos afortunado; pero no un salvador de su Patria, ni un Redentor
de las razas indígenas, no sólo de México, sino
de toda la América y aun de los oprimidos en el Mundo.
Los momentos son decisivos para usted,
señor General. Oiga la voz desinteresada y leal de un hombre
que admira sus grandes intuiciones y su valor heroico y que se ha
preocupado por encontrar medios para que realice una obra verdaderamente
grande, positivamente admirable.
Exija usted el cumplimiento del Plan
de Ayala por el SISTEMA SALA, conservándose también
la REIVINDICACION y la CONFISCACION, y no se preocupe sino de buscar
sólidas garantías en este sentido.
Lo demás, es decir, el Poder
para usted y para sus colaboradores, vendrá por sí mismo,
será el resultado necesario de la gratitud que a la Patria
inspire su conducta.
Me es grato reiterarle las seguridades
de mi más alta estimación, quedando su affmo. atto.
amigo y S. S.
Antenor Sala (rúbrica).