Los suscritos, jefes y oficiales del
Ejército Libertador que lucha por el cumplimiento del Plan
de Ayala, adicionado al de San Luis.
CONSIDERANDO: que en estos momentos
en que el triunfo de la causa del pueblo es ya un hecho próximo
e inevitable, precisa ratificar los principios que forman el alma
de la Revolución y proclamarlos una vez más ante la
nación, para que todos los mexicanos conozcan los propósitos
de nuestros hermanos levantados en armas.
CONSIDERANDO: que si bien esos propósitos
están claramente consignados en el Plan de Ayala, estandarte
y guía de la Revolución, hace falta aplicar aquellos
principios a la nueva situación creada por el derrocamiento
del maderismo y la implantación de la dictadura huertista,
toda vez que el Plan de Ayala, por razones de la época en que
fue expedido, no pudo referirse sino al régimen creado por
el General Díaz y a su inmediata continuación, el gobierno
maderista, que sólo fue la parodia de la burda falsificación
de aquél.
CONSIDERANDO: que si los revolucionarios
no estuvimos ni pudimos estar conformes con los procedimientos dictatoriales
del maderismo y con las torpes tendencias de éste, que sin
escrúpulos abrazó el partido de los poderosos y engañó
cruelmente a la gran multitud de los campesinos, a cuyo esfuerzo debió
el triunfo, tampoco hemos podido tolerar, y con mayor razón
hemos rechazado, la imposición de un régimen exclusivamente
militar basado en la traición y el asesinato, cuya única
razón ha sido el furioso deseo de reacción que anima
a las clases conservadoras, las cuales, no satisfechas con las tímidas
concesiones y vergonzosas componendas del maderismo, derrocaron a
éste con el propósito bien claro de substituirlo por
un orden de cosas ya sin compromiso alguno con el pueblo, y sin el
pudor que a todo gobierno revolucionario impone su propio origen,
ahogase para siempre las aspiraciones de los trabajadores y les hiciese
perder toda esperanza de recobrar las tierras y las libertades a que
tienen indiscutible derecho.
CONSIDERANDO: que ante la dolorosa experiencia
del maderismo, que defraudó las mejores esperanzas, es oportuno,
es urgente, hacer constar a la faz de la República que la Revolución
de 1910, sostenida con grandes sacrificios en las montañs del
Sur y en las vastas llanuras del Norte, lucha por nobles y levantados
principios, busca, primero que nada, el mejoramiento económico
de la gran mayoría de los mexicanos, y está muy lejos
de combatir con el objeto de saciar vulgares ambiciones políticas
o determinados apetitos de venganza.
CONSIDERANDO: que la Revolución
debe proclamar altamente que sus propósitos son en favor, no
de un pequeño grupo de políticos ansiosos de poder,
SINO EN BENEFICIO DE LA GRAN MASA DE LOS OPRIMIDOS Y QUE, POR TANTO,
SE OPONE Y SE OPONDRA SIEMPRE A LA INFAME PRETENSION DE REDUCIRLO
TODO A UN SIMPLE CAMBIO EN EL PERSONAL DE LOS GOBERNANTES, del que
ninguna ventaja sólida, ninguna mejoría positiva, ningún
aumento de bienestar ha resultado ni resultará nunca a la inmensa
multitud de los que sufren.
CONSIDERANDO: que la única bandera
honrada de la Revolución ha sido y sigue siendo la del Plan
de Ayala, complemento y aclaración indispensable del Plan de
San Luis Potosí, pues sólo aquel Plan consigna principios,
condensa con claridad los anhelos populares y traduce en fórmulas
precisas las NECESIDADES ECONOMICAS Y MATERIALES DEL PUEBLO MEXICANO,
para lo cual huye de toda vaguedad engañosa, de toda reticencia
culpable y de esa clase de escarceos propios de los políticos
profesionales, hábiles siempre para seducir a las muchedumbres
con grandes palabras, vacías de todo sentido y de tal modo
elásticas, que jamás comprometen a nada y siempre permiten
ser eludidas.
CONSIDERANDO: que el Plan de Ayala no
sólo es la expresión genuina de los más vivos
deseos del pueblo mexicano, sino que ha sido aceptado, expresa o tácitamente,
por la casi totalidad de los revolucionarios de la República,
como lo comprueban las cartas y documentos que obran en el archivo
del Cuartel General de la Revolución.
CONSIDERANDO: que sería criminal
apartarse a última hora de los principios para ir, una vez
más, en pos de las personalidades y de las mezquinas ambiciones
de mando.
CONSIDERANDO: que la reciente renuncia
de Victoriano Huerta no puede modificar en manera alguna la actitud
de los revolucionarios, toda vez que el presidente usurpador, en vez
de entregar a la Revolución los Poderes Públicos, sólo
ha pretendido asegurar la continuación del régimen por
él establecido al imponer en la Presidencia, por un acto de
su voluntad autócrata, al licenciado Francisco Carbajal, persona
de reconocida filiación científica y que registra en
su obscura vida política el hecho, por nadie olvidado, de haber
sido uno de los principales instigadores de los funestos Tratados
de Ciudad Juárez, lo que lo acredita como enemigo de la causa
revolucionaria.
CONSIDERANDO que la Revolución
no puede reconocer otro Presidente Provisional que el que se nombre
por los jefes revolucionarios de las diversas regiones del país
en la forma establecida por el artícuo 12 del Plan de Ayala,
sin que pueda transigir en forma alguna con un presidente impuesto
por el usurpador Victoriano Huerta ni con las espurias cámaras
legislativas nombradas por éste.
CONSIDERANDO: que por razón de
la debilidad del Gobierno y la completa desmoralización de
sus partidarios, así como por el incontenible empuje de la
Revolución, el triunfo de ésta es únicamente
cuestión de días, y precisamente por esto es hoy más
necesario que nunca reafirmar las promesas y exigir las reivindicaciones,
los suscritos cumplen con su deber de lealtad hacia la República
al hacer las siguientes declaraciones, que se obligan a sostener con
el esfuerzo de su brazo, si es preciso aun a costa de su sangre y
de su vida.
Primera.- La Revolución ratifica
todos y cada uno de los principios consignados en el Plan de Ayala
y declara solemnemente que no cesará en sus esfuerzos sino
hasta conseguir que aquéllos, EN LA PARTE RELATIVA A LA CUESTION
AGRARIA, QUEDEN ELEVADOS AL RANGO DE PRECEPTOS CONSTITUCIONALES.
Segunda.- De conformidad con el artículo
3o. del Plan de Ayala, y en vista de que el ex General Pascual Orozco,
que allí se reconocía como Jefe de la Revolución,
ha traicionado villanamente a ésta, se declara que asume en
su lugar la Jefatura de la Revolución el C. Gral. Emiliano
Zapata, a quien el referido artículo 3o. designa para ese alto
cargo, en defecto del citado ex General Orozco.
Tercera.- La Revolución hace
constar que no considerará concluida su obra sino hasta que,
derrocada la administración actual y eliminados de todo participio
en el poder los servidores del huertismo y las demás personalidades
del antiguo régimen, se establezca un gobierno compuesto de
hombres adictos al Plan de Ayala que lleven desde luego a la práctica
las reformas agrarias, así como los demás principios
y promesas incluidos en el referido Plan de Ayala, adicionado al de
San Luis.
Los suscritos invitan cordialmente a
todos aquellos compañeros revolucionarios que por encontrarse
a gran distancia no se hayan aun expresamente adherido al Plan de
Ayala, a que desde luego firmen su adhesión a él, para
que la protesta de su eficaz cumplimiento sirva de garantía
al pueblo luchador y a la nación entera, que vigila y juzga
nuestros actos.
Reforma, Libertad, Justicia y Ley.
Campamento Revolucionario en San Pablo
Oxtotepec
19 de junio de 1914
Generales: Eufemio Zapata, Francisco
V. Pacheco, Genovevo de la O, Amador Salazar, Ignacio Maya, Francisco
Mendoza, Pedro Saavedra, Aurelio Bonilla, Jesús H. Salgado,
Julián Blanco, Julio A. Gómez, Otilio E. Montaño,
Jesús Capistrán, Francisco M. Castro, S. Crispín
Galeana, Fortino Ayaquica, Francisco A. García, ingeniero Angel
Barrios, Enrique Villa, Heliodoro Castillo, Antonio Barona, Juan M.
Banderas, Bonifacio García, Encarnación Díaz,
licenciado Antonio Díaz Soto y Gama, Reynaldo Lecona. Coroneles:
Santiago Orozco, Jenaro Amezcua, José Hernández, Agustín
Cortés, Trinidad A. Paniagua, Everardo González, Vicente
Rojas.