México, 20 de
julio de 1914.
Señor General Emiliano Zapata.
Cuartel General en Morelos.
Glorioso Caudillo:
Por fin creo realizar hoy, lo que
deseaba hace mucho tiempo: ponerme en comunicación directa
con usted, para expresarle la admiración que le profeso y
mis simpatías por la gran obra que se ha propuesto llevar
a cabo, digna de un corazón heroico, pues sólo con
valor supremo y grandes abnegaciones, se conseguirá librar
al pobre labrador de nuestra Patria, de la esclavitud en que hace
cuatro siglos está hundido, por obra de la violencia y de
la perfidia de quienes debieron ser sus hermanos.
La primera vez que intenté
establecer correspondencia con usted, estuve a punto de perder la
vida en manos de nuestros comunes enemigos, de Huerta y de Urrutia
que desempeñaba la Secretaría de Gobernación
en el Gobierno del usurpador. Supongo que los periódicos
pondrían a usted al corriente de lo que entonces me pasó,
así como a las personas a quienes comisioné para poner
en manos de usted algunos papeles y hacerle presente mi adhesión
a la causa del humilde peón y de los pobres trabajadores
en general.
Trabajamos por obtener el mismo resultado,
aunque en campos muy diversos. En el de usted se expone la vida
a cada paso, y en el mío, aun cuando aparentemente no existe
el peligro, se juega sin embargo la tranquilidad y se suele no estar
muy lejos del mismo peligro, pues también hay inquina contra
los hombres que se atreven a pensar por sí mismos y que buscando
el bien de sus semejantes, señalan los abusos, las torpezas
y las infamias de los
Poderosos.
El MACHETE y el TIZON acabarán
con los principales obstáculos que se han opuesto y se oponen
aún, a que la inmensa mayoría de nuestros compatriotas
gocen ya no de riquezas, sino de pan suficiente, del natural descanso
y de respeto y justicia para su hogar, para lo que es suyo por el
honrado trabajo y para su propia persona.
Pero una vez vencidos por usted y
por los que como usted comparten peligros y gloriosos triunfos,
los principales autores de la inmensa desventura nacional, los defensores
de los errores, de las mentiras, de las tiranías y de las
perversidades del pasado y del presente, será necesario poner
en planta algunas medidas de Gobierno, para que los provechos de
la victoria labren la ventura de las mayorías y para asegurarles
el goce de ella contra las tentativas de arrebatárselas,
tentativas que son de esperarse y de temerse, pues la clase de los
tiranos renacerá como las malas yerbas, de las propias cenizas
acumuladas por el fuego de nuestra gloriosa Revolución.
Las medidas a que me refiero, pueden
ser indicadas por los que estudiamos el problema de la división
de tierras entre los hombres que las cultiven con sus propios brazos;
pero sólo podrán ser implantadas con el apoyo de la
voluntad enérgica y del fuerte brazo, de quienes han luchado
por ese generoso ideal en los campos de batalla. Debemos en consecuencia
estar unirlos, conocernos mútuamente también, estar
convencidos de nuestra sincera lealtad hacia la causa sagrada del
engrandecimiento de nuestra Patria, por el engrandecimiento de todos
y cada uno de sus hijos, no por la esclavitud de los mas a los caprichos
y codicias de las minorías, como hasta hoy ha sucedido.
Un excelente y común amigo
nuestro, pondrá en manos de usted la presente y como perfecto
conocedor de mi situación y tendencias, pondrá a usted
al corriente de mi ardiente deseo de servir a la causa de la reforma
agraria que usted simboliza, así como de mis medios de acción,
medios que usted puede utilizar como mejor le parezca, pues yo recibiré
con verdadero placer sus indicaciones, esforzándome por ser
útil a la causa y a usted en lo personal, por ser usted la
personificación de los justos anhelos del pueblo y el símbolo,
lo repito, de su heroísmo y esfuerzos por realizar su propio
bien y el de la Patria.
Creo que cada día serán
más fáciles y seguras las comunicaciones y por mi
parte, no perderé oportunidad de ponerlo al tanto de cuanto
considere importante para el triunfo definitivo de la causa, a que
usted ha destinado su vida y a la que yo he consagrado mi tiempo,
mi trabajo y mi acción.
Con verdadero placer me pongo a sus
órdenes y me complazco en asegurarle que tiene usted en mí
un admirador y un amigo.
Antenor Sala (Rúbrica)