México, 20 de septiembre
de 1914.
Señor don Manuel Palafox.
Cuartel General del Ejército Libertador.
Cuernavaca, Mor.
Muy distinguido señor mío:
Con gran interés leí su
atenta contestación, fecha 3 de los corrientes, a mi carta
del 28 de agosto próximo pasado, pues además de tener
un concepto elevado de la personalidad de usted como revolucionario,
sus opiniones e ideas, tienen actualmente positiva transcendencia
para la Patria.
Mucho me complace que tengamos una base
común, aceptada por usted y por mí, para aquilatar nuestras
ideas secundarias; esa base es el Plan de Ayala, en lo que se refiere
al PROBLEMA AGRARIO; mas como juzgo que la presente carta tiene un
carácter muy preciso, antes de entrar en materia, considero
un deber de lealtad entre hombres y máxime cuando ideas y relaciones
amistosas los liguen, aunque a distancia, como acontece entre usted
y yo, hablar con entera franqueza; así pues no debo ocultarle,
que la voz pública y aun precisada en la prensa, señala
a usted como la rémora para un arreglo satisfactorio entre
la Revolución del Sur y la del Norte. Sin guiarme a mi ninguna
pasión política, como que no aspiro a ningún
cargo público, conforme tuve la honradez de indicarle bajo
mi firma al Señor General Don Emiliano Zapata, en el párrafo
final de la carta que tuve el gusto de enviarle fechada en 26 del
próximo pasado agosto; tengo la completa convicción
de que usted es un hombre de perfecta buena fe y de que los errores
que noto en sus juicios, no proceden sino de cierta falta de preparación
en los asuntos sociológicos, que son los más difíciles
que se ofrecen a la inteligencia humana, por su enorme complexidad;
pero que por eso mismo debe usted cuidarse muchísimo al formular
dichos juicios con respecto a la Revolución del Sur, porque
sin pretenderlo, ni mucho menos quererlo, podría suceder que
le acarrease males irreparables a la Causa y especiales al Caudillo
Suriano, su muy personal amigo.
Ahora bien, el Plan de Ayala es bueno;
pero se necesita comprenderlo en toda su extensión para deducir
de él las aplicaciones prácticas que requiere la política
nacional, a fin de realizarlo de la manera más pura y más
exacta.
Permítame decirle que usted se
olvida del Plan de Ayala, cuando se trata de aplicar la Expropiación
a que él se refiere, como un medio del Gobierno para adquirir
tierras divisibles entre colonos nacionales y extranjeros.
Usted dice en su carta: "......
y solamente habrá que desembolsar cortas cantidades de dinero
para indemnizar a los extranjeros que deba expropiárseles sus
fincas rústicas por utilidad pública y esto se hará
únicamente con los extranjeros que no se hayan mezclado en
los asuntos políticos".
Ahora bien, el Plan de Ayala al hablar
de la expropiación por causa de utilidad pública, no
tiene en cuenta para nada que los expropiados puedan ser extranjeros
o mexicanos y la razón es clara, pues tanto unos como otros
tienen que ceder en sus derechos personales, cuando se trata del derecho
general, del derecho nacional, que es precisamente lo que significan
las palabras: "POR CAUSA DE UTILIDAD PUBLICA".
Si el PLAN DE AYALA hubiera querido
someter a todos los mexicanos al único procedimiento de la
confiscación de sus bienes, hubiera expresado con claridad
la idea, diciendo por ejemplo: "todos los fundos rústicos
serán confiscados por el Gobierno emanado de la Revolución,
menos los pertenecientes a extranjeros, cuyo valor se pagará
a los propietarios que no hayan tomado participación en la
lucha contra la Revolución".
De lo anterior se deduce que el Plan
de Ayala acepta de una manera expresa que la expropiación por
causa de utilidad pública puede aplicarse también a
los fundos pertenecientes a los mexicanos, QUE NO HAYAN TOMADO PARTE
ALGUNA EN LA LUCHA COMO ENEMIGOS DE LA REVOLUCION.
En consecuencia, usted restringe en
su criterio, la extensión que el Plan de Ayala quiso dar al
procedimiento de EXPROPIACION, para que el Gobierno revolucionario
tenga las tierras suficientes para dotar a los campesinos mexicanos
de ellas.
Si usted, como he dicho, restringe a
los extranjeros la EXPROPIACION, da en cambio a la CONFISCACION una
extensión que nunca le dió el PLAN DE AYALA. En efecto,
en su estimable carta se lee esto:
"Usted no me negará que
los HACENDADOS DE LA REPUBLICA, en su mayoría han hostilizado
a la Revolución y hasta ayudado pecuniariamente a los GOBIERNOS
PASADOS, por lo que es de justicia que se les aplique el artículo
octavo del PLAN DE AYALA, aun cuando usted diga que este sistema no
es noble; pero sí es necesario para darle de comer a la millonada
de mexicanos desheredados y por humanidad es preferible que se mueran
de hambre miles de BURGUESES y no millones de proletarios, pues es
lo que aconseja la sana moral".
Si el legislador que formuló
el PLAN DE AYALA hubiera creído que la sana moral aconsejaba
dar semejante extensión a la CONFISCACION, no hubiera incluido
en el mismo Plan como medio de dotar de tierras al proletariado la
REIVINDICACION.
Para qué investigar si tal o
cual BURGUES tiene tierras mal habidas, cuando habremos de CONFISCARLOS
A TODOS, matar de hambre a miles, para salvar de la misma muerte a
millones de proletarios?
Lo que pasa en la mente de usted es
que divide a los mexicanos en dos grupos: BURGUESES Y PROLETARIOS,
de los cuales los primeros deben perecer, para que los otros, los
PROLETARIOS, vivan.
Yo supongo que los que mueren por un
PLAN revolucionario no tienen ningún interés en hacer
un gasto inútil de palabras y hablar de EXPROPIACIONES y de
REIVINDICACIONES cuando se está decidido a acabar por medio
de la CONFISCACION con los burgueses, o sea con todos, ABSOLUTAMENTE
TODOS los que no han vivido en nuestro País, exclusivamente
del salario; resulta una falta de franqueza inexplicable en quienes
se juegan la vida día a día durante años por
realizar un ideal, no hacerlo constar terminantemente, sino de manera
muy velada dada la interpretación de usted del PLAN DE AYALA.
Lo repito, si el ideal de los revolucionarios
del Sur consiste en matar de hambre a los burgueses por qué
no decirlo? Si usted piensa y admite que este y no otro es el ideal
del proletariado, se ha hecho muy mal en no indicarlo claramente en
el PLAN DE AYALA, pues de haberlo hecho, ya se hubieran levantado
como un solo hombre los millones de proletarios, para acabar pronto
con los miles de burgueses; mientras que de la poca franqueza del
Plan ha resultado, que millones de proletarios hayan permanecido del
todo indiferentes a una Revolución que no satisfacía
ese sentimiento de profundo odio, que usted supone a los proletarios
en contra de los burgueses. No les han hecho la guerra, porque no
se les llamó decididamente a matarlos.
Con lo anterior creo haber demostrado
que usted concibe un PLAN DE AYALA muy distinto del que circula en
periódicos y hojas sueltas, y si éste es apócrifo,
yo quisiera conocer el verdadero y deber a su bondad este servicio.
En los libros que usted ha leído
se llama BURGUÉS al propietario de algo, DE POCO O DE MUCHO,
eso no importa, con tal que ese individuo, gracias a sus propiedades,
no tenga absoluta necesidad para vivir, de sujetarse a ganar un salario.
En el Plan de Ayala que yo he leído,
no se usa jamás del término BURGUÉS, lo que reduce
mucho el campo de los enemigos del Ejército Libertador, quienes
(según la opinión general, fundada en el texto de ese
mismo PLAN DE AYALA) no son sino los terratenientes y gentes burguesas
o propietarias, que hayan ayudado a los Gobiernos en contra del mismo
Ejército, desde que se comenzó a organizar (hace poco
menos de cuatro años) pero no conceptúa como enemigos
a todos los que fueron partidarios del General Díaz antes de
1910 y de Maximiliano, Juárez y Lerdo que gobernaron al País
desde 1857 hasta 1876, de los cuales partidarios todavía viven
muchos y ayudaron, como usted dice, a esos Gobiernos pasados pecuniariamente
y de otros muchos modos. ¿A TODOS ELLOS DEBERA APLICARSE la
Ley del Hambre en que usted sintetiza el PLAN de AYALA?
Repito que creo en la perfecta buena
fe de usted y que sólo lo considero con poca preparación
en los asuntos dificilísimos por su extremada complexidad,
relacionados con la sociología y la política.
Usted me indica en su apreciable carta,
que considero INNOBLE la confiscación; al contrario, la reputo
de una santa justicia, cuando se aplica a enemigos positivos de la
REVOLUCION, convictos de su culpa ante un tribunal imparcial aunque
muy severo, como lo exige la crueldad conque esos enemigos han procedido,
en contra de quienes desean que leyes justas, eviten la muerte por
miseria a miles de proletarios que sin duda tienen derecho a la vida.
Pero la CONFISCACION aplicada al burgués
porque es burgués, al hombre que posee, sencillamente porque
posee, me parece no sólo innoble sino reveladora de un desequilibrio
mental, digno del manicomio, y más cuando se considera tal
CONFISCACION como significado último del PLAN de AYALA, por
la sencilla razón de que si el Plan de Ayala condena a muerte
a miles de burgueses por ser burgueses y al mismo tiempo trata de
convertir a millones de proletarios en burgueses al hacerlos propietarios,
el PLAN DE AYALA resulta algo INAUDITO, monstruoso, que supera a todas
las aberraciones relatadas por la dolorosa historia de la pobre humanidad.
Burgués es el propietario, así es que por gran burgués
se entiende al hombre que posee mucho y por PEQUEÑO BURGUÉS
al hombre que posee poco.
Yo entiendo y usted también así
lo entiende, que el movimiento del Sur trata de suprimir por varios
medios (Reivindicación, Expropiación y Confiscación)
al gran burgués propietario de latifundios, para hacer propietarios
a miles y hasta a millones de proletarios de hoy, es decir, para convertirlos
en pequeños BURGUESES con propiedad territorial suficiente
sin embargo, para procurarles, mediante el trabajo de sus propios
brazos, una vida de civilización para ellos y sus familias.
El Plan de Ayala no odia en consecuencia
al pequeño burgués y si lo odia, ha cometido la mayor
de las locuras al pretender aumentar su número a millones,
para darse el gusto mañana de matarlos de hambre por la confiscación,
en castigo del enorme delito de ser propietarios, es decir, burgueses.
Yo entiendo el PLAN DE AYALA del modo
siguiente:
Si triunfa y sin duda triunfará,
la Revolución que tiene por grito de guerra ese Plan, se formará
un Gobierno justo y severo en el cual EL PODER JUDICIAL será
temido y respetado por grandes y pequeños, por ricos y pobres,
por desvalidos y poderosos.
Ese PODER JUDICIAL restituirá
al pobre lo que se le hubiere robado, lo mismo que al rico víctima
de los poderosos y astutos, porque ese rico bien puede ser un anciano,
un incapaz por enfermedad, un niño, una dama, un ausente.
Por esto el PLAN DE AYALA que ha surgido
del imborrable fondo de gran justicia que existe en el alma del pueblo,
ha proclamado la reivindicación para calmar el hambre de quienes
la tienen de justicia ante todo, más aún que de pan.
El Plan de Ayala que es justo, proclama
la confiscación, porque de cierto, muchos hombres (aunque no
tantos como usted se imagina) han opuesto a la justicia de la revolución
agraria, toda la fuerza de que es capaz su egoísmo que cuenta
con un Ejército y dinero en abundancia, para conservar el fruto
de sus rapiñas y de sus crímenes seculares.
A esos hombres es necesario nulificarlos
para el combate, quitándoles por la fuerza su arma más
poderosa que es el dinero, el capital; porque con él compran
todas las demás armas y hasta a miles de hombres para que las
usen en contra sus hermanos; de esos miles convertidos en sicarios
de los poderosos hay unos culpables y otros simplemente desventurados,
que no han podido librarse de la opresión; los últimos
son inocentes y deben ser respetados en su vida y propiedades.
Entre los culpables hay unos que lo
son en grado extremo, otros en grado menor o mínimo, aquéllos,
deben ser castigados muy severamente, hasta con la muerte, los segundos
y terceros basta herirlos en sus propiedades y mortificar algo sus
personas, en las cárceles y el destierro.
La confiscación debe hacerse
previa sentencia condenatoria de un tribunal tan justo como la Revolución
de que emana.
Aunque haya precedido la ocupación
a la CONFISCACION, ésta tiene que ser el resultado de un juicio
y los juicios suelen prolongar su duración por varias generaciones.
De esto resultará que el ocupante
u ocupantes de una tierra no tengan la tranquilidad y la perfecta
seguridad que se requieren para cultivarla con todo empeño
y todo amor.
Si suponemos ocupadas y en vías
de ser confiscadas todas las tierras del País tendremos que
atravesar por un periodo muy largo de agricultura rudimentaria, con
daño incalculable para el progreso general de la Patria.
Por esto he dicho en cartas anteriores
dirigidas al insigne agrario General Zapata, que la confiscación,
sólo aplicable de un modo rápido y seguro a los connotados
enemigos de la Revolución, es un procedimiento de importancia
secundaria, para convertir en propietarios a todos los hombres mexicanos
del campo, capaces de serlo, puesto que esos enemigos connotados son
en realidad pocos y sus bienes raíces insuficientes para una
vasta y rápida transformación agraria del País,
tal cual la necesitamos para cimentar la paz orgánica y la
supervivencia nacional.
Más diré, lo que usted
llama CONFISCACION no es Constitucional y siempre, aun sentenciados
los enemigos de la Revolución a esa pena por los tribunales
respectivos, los poseedores de los bienes raíces confiscados
no gozarán de plena seguridad, porque las reacciones no son
imposibles y si suceden, los bienes confiscados hoy, volverán
a sus antiguos dueños tan luego como éstos tengan a
la sombra de cualquier partido político, poder suficiente para
devolver agravio por agravio, daño por daño.
La Revolución Francesa de la
cual está usted perfectamente enterado, confiscó sus
bienes raíces a los nobles y clérigos que coaligados
con el extranjero pretendieron vencerla y si los bienes repartidos
perduraron en poder de sus poseedores, consistió en que tanto
el Imperio Napoleónico como el Gobierno de la Restauración,
consideraron como asunto de salud pública sostener a la propiedad
raíz en la forma que le había dado la Revolución
y lo hicieron INDEMNIZANDO por varios procedimientos a los antiguos
nobles propietarios o a sus herederos, así es que las reivindicaciones
que favorecieron a esos nobles fueron muy contadas y al resto de ellos
en realidad se les EXPROPIÓ, se les pagaron sus propiedades,
para no arrebatarlas al PUEBLO con grandes probabilidades de lanzarlo
de nuevo a una lucha formidable.
Pero dejemos ésto, ya que acepto
como bueno el procedimiento de la confiscación, sólo
que la estadística y una noción inquebrantable de justicia,
no me permiten considerarlo como el más fecundo en bienes para
el proletariado y mucho menos se puede admitir que deba ser el único,
según se deduce lógicamente de los asertos contenidos
en la carta de usted, a que contesto.
Tal vez para hablar de la EXPROPIACION
me bastaría referirme a la extensa carta que dirijo al señor
General Zapata; pero quiero reforzarla ante el criterio de usted mediante
consideraciones del todo diversas a las hechas en esa carta.
Bastaría conque el Gobierno lograse
imponer las contribuciones sobre bienes raíces rústicos
con perfecta equidad, para obtener la MILLONADA que usted dice, sin
sacrificio de nadie, ni siquiera de los mismos que pagasen el impuesto.
En mi folleto número 3 verá
usted que los propietarios de tierras sólo pagarán el
CINCO AL MILLAR, sobre el valor que ellos mismos hayan declarado que
corresponde a sus propiedades. Como la riqueza territorial rústica
es cuando menos de DIEZ MIL MILLONES DE PESOS, resulta que año
por año el Gobierno recaudaría con toda justicia y sin
gravamen ruinoso para nadie, cincuenta millones de pesos.
También en ese folleto expuse,
que con esos cincuenta millones se pagarán los réditos
correspondientes a doscientos cincuenta millones de dólares
que nos prestará el extranjero y también se amortizaría
lentamente el capital.
Esa cantidad serviría para fundar
el BANCO AGRICOLA NACIONAL que emitiera setecientos cincuenta millones
de dólares en billetes o sea MIL QUINIENTOS MILLONES DE PESOS.
Este dinero se prestaría con
un rédito bajísimo de TRES Y MEDIO POR CIENTO ANUAL
tanto a los particulares como a las Empresas que se propusiesen, entre
otras aplicaciones del dinero, dividir parcialmente la tierra sobre
la cual tendrían el derecho de EXPROPIACION, con ese sólo
fin de dividirla y colonizarla.
Yo hablo principalmente de colonizarla
con agricultores mexicanos, precisamente hasta que los hechos nos
demostrasen que teníamos un considerable sobrante de tierras,
sobrante que ya se podría colonizar con extranjeros.
Es cierto que el Gobierno obtendría
los cincuenta millones, base de todas estas operaciones de los propietarios
o del PUEBLO, pues yo no los excluyo de la nacionalidad ni de la Patria;
pero esto sería sin sacrificarlos, sino únicamente impidiendo
que sigan robando dichos propietarios al resto del pueblo contribuyente,
por medio de la ocultación del verdadero valor de sus propiedades.
El impuesto debe pesar proporcionalmente
sobre cada quien que lo paga y es claro que si los hacendados nunca
han pagado el que les corresponde, los otros contribuyentes suplen
para la satisfacción de las necesidades públicas lo
que a los hacendados les correspondería pagar.
Luego han cometido un robo a la Nación,
que el Gobierno está en obligación de evitar en lo sucesivo
y desde el momento en que el avalúo de las tierras se haga
de acuerdo con el SISTEMA SALA.
Se necesita tan sólo una pequeña
parte de esos un mil quinientos millones de pesos de que el GOBIERNO
dispondría sin sacrificar a nadie, para dividir tierras en
la cantidad suficiente paga que todos los campesinos capaces de ser
propietarios las obtengan.
Vea usted cómo es cierto. Entre
los tres millones de campesinos adultos, apenas si un diez por ciento
tiene las facultades que se requieren para utilizar como propietarios
una tierra; pero supongamos que la tercera parte de ellos tiene tal
aptitud. Es decir, habrá que convertir en propietarios a UN
MILLON de hombres y para esto necesitamos diez millones de hectáreas
o sea diez hectáreas por individuo.
Diez millones de hectáreas bastan
para cambiar por el momento, a la situación agraria del País
y para obtenerlas, el Plan de Ayala da los medios.
Parte se adquirirá por las reivindicaciones,
aunque poco; en virtud de que es muy difícil que quienes se
consideren con derecho a ellas, puedan probar su justicia.
Por la confiscación se obtendrá
otra parte, que no puede tampoco ser muy abundante, pues resultará
que de cada cien propietarios que hayan ayudado a los gobiernos antirrevolucionarios,
podrán probar 80 ó 90 por lo menos que lo hicieron a
causa de FUERZA MAYOR, es decir, sin delito, y por tanto no se les
podrá imponer la pena de confiscación.
Queda para subsanar lo que falte de
tierras la expropiación, único medio que podrá
seguirse indefinidamente en el porvenir sujetándolo al SISTEMA
SALA, por ser del todo evolutivo y porque la Revolución de
hoy se convertirá en Gobierno, que necesariamente adoptará
los sistemas evolutivos para el progreso del País.
Las Empresas particulares estarán
en aptitud de hacer la colonización extranjera, porque de ella
obtendrán mayores y más seguras ganancias. El Gobierno
nada tendrá que ver con esa colonización por de pronto,
lo que le dejará libre acción para impulsar la colonización
por nacionales, refaccionando una parte tal vez muy pequeña
de los capitales necesarios e invirtiendo siempre el dinero del Banco
Agrícola Nacional en muy buenas hipotecas que aunque nada le
dejasen directamente, el progreso agrícola del país
será un manantial inagotable de recursos muy cuantiosos, aprovechables
en variadas actividades que eleven y extiendan el progreso no sólo
material, sino el intelectual y moral del PUEBLO.
Usted no ha tenido en cuenta en sus
cálculos, al aseverar que el Gobierno tendría que hacer
sacrificios enormes para consumar la división de las tierras
por medio de la EXPROPIACION, las maravillas del crédito, las
de la asociación privada, las del aumento en los productos
del suelo por el cultivo intensivo y científico y piensa que
el Gobierno quita de las manos de los pobres el dinero, para ponerlo
en manos de los ricos propietarios actuales y que los nuevos propietarios
al ser sacrificados por el GOBIERNO, seguirían comiendo su
escaso maíz, tan faltos de esperanza y de medios de progreso
como actualmente se hallan.
Permítame usted que le diga,
que al convertirse en propietarios algunos cientos de miles de proletarios,
necesariamente el salario de los campos se elevaría, así
es que aun los que siguieran prestando sus servicios como asalariados,
su condición cambiaría de modo radical.
El salario de los campos es el que determina
el de las ciudades, así es que por un fenómeno reflejo,
que encontrará usted explicado en cualquier libro de Economía
Política, la condición de todo el proletariado de la
República se habría hecho hasta envidiable para los
proletarios extranjeros, dadas la dulzura de nuestros climas y los
mil frutos preciosos y exquisitos de nuestros campos.
En el campo revolucionario, circulan
sin duda las teorías anárquicas que marcan un camino
para el progreso humano; pero si están aún lejanas en
su aplicación para la vieja Europa, entre nosotros no pueden
ser otra cosa que ensueños por los cuales nadie medianamente
cuerdo, impondrá el sacrificio de la vida a sus conciudadanos.
Nosotros aun tendremos Gobiernos para
rato, por más convencidos que nos hallemos de la facilidad
con que se corrompen y de los males que ocasionan a los hombres, una
vez que una larga Paz y el sentimiento de la irresponsabilidad los
ha podrido; pero los revolucionarios del Sur quieren el Poder, porque
su buen criterio les dice que sólo organizados en Gobierno,
pueden hacer fecundo su triunfo sobre la Dictadura de Huerta.
En resumen considero que el Plan de
Ayala es viable concebido así:
La EXPROPIACION siguiendo el SISTEMA
SALA.
La REIVINDICACION por medio de procedimientos
fáciles, rápidos y general para toda la República.
Esos procedimientos necesitan ser hallados por los intelectuales de
la Revolución de Morelos; pero nunca debe aceptarse practicar
las reivindicaciones por los procedimientos que señalan las
leyes vigentes, aun cuando las aplicasen tribunales especiales, o
sea que se ocupasen exclusivamente de esos asuntos; porque aun así,
los juicios respectivos durarían largos años.
La CONFISCACION buscando también,
como para las REIVINDICACIONES, el procedimiento más fácil
y rápido. En ese orden de ideas habría que derogar dos
leyes famosas de la época de la Dictadura del General Díaz
y restablecer la Oficina de Nacionalización de Bienes del Clero
que, auxiliada por las Jefaturas de Hacienda en los Estados y demás
oficinas federales, Notarías y Oficinas del Registro Público,
conozca de todos los asuntos concernientes a la nacionalización.
Esta oficina deberá ser de carácter autónomo.
Para el caso de las tierras que están
ocupando (no en propiedad) por las huestes de Morelos, estoy absolutamente
seguro de que sus actuales dueños legales, cederían
las extensiones necesarias para que los individuos de dichas huestes
formen colonias, a razón de diez hectáreas por cada
soldado; pero advirtiendo de un modo CLARO y PRECISO, que no bastará
el que dichos soldados reciban la tierra, sin pago de ningún
género, para creer que la felicidad les venga como el nacimiento
de la yerba, sino que será necesario e indispensable seguir
el "Modelo de Colonia en lugares deshabitados de bosques vírgenes
en la tierra caliente, según proyecto del señor Antenor
Sala'', observando lo expuesto en la explicación sintética
del plano y tomando muy en consideración los Anexos A. y S.,
de lo contrario el tiempo se encargaría de probar que se va
a un fracaso cierto.
Es fácil presentar y prometer
grandes cosas en los Planes, Programas, Convenios, etc., y todo ello
de la mejor buena fe; pero si antes de que las Revoluciones lleguen
a ser Gobierno, no se tiene el imprescindible cuidado de buscar y
encontrar los procedimientos para cumplir las promesas, se presentan
después ¡nsuperables dificultades o por lo menos se pasa
mucho tiempo, para encontrar las fórmulas adecuadas a efecto
de llevar a la práctica lo prometido o pactado y de allí
el descontento de los partidarios; cuando lo racional habría
sido ante todo, que Caudillo y partidarios, contratantes de un pacto,
etc., formulasen primero su Plan, Programa, Convenio, etc., y en seguida
buscar y encontrar los medios que más les acercasen a sus ideas
o conveniencias, a fin de realizar prácticamente las promesas.
Así como el señor General
Zapata puede cristalizar en su personalidad un SIMBOLO NACIONAL, también
podrá suceder con mucha facilidad que se esfume esa figura,
pues todo va a depender del camino que se trace en el momento decisivo.
Me es grato quedar como siempre a sus
muy respetables órdenes como su afectísimo y atto. S.
S.
Antenor Sala (rúbrica).