México, 26 de agosto
de 1914.
Señor General Don Emiliano Zapata.
Primer Jefe de la Revolución Agraria en Morelos.
Cuartel General en Yautepec,
Mor.
Muy estimado señor General:
Mi amigo el señor Lic. don José
Ferrel me ha entregado su muy expresiva y atenta carta fecha 14 de
los corrientes, la que recibí con mucho agrado por estar plenamente
seguro de que procedía de usted; lo que no ha sucedido con
otras que desde hace tiempo he tenido en mis manos, de las que he
dudado. ya por su contenido, ya por el conducto, pues la policía
aquí se valía de sus agentes para que entregasen cartas
falsas, con el objeto de investigar las ligas que tina persona pudiera
tener con la Revolución o con sus Jefes. Como se jugaba la
vida, era necesario ser prudente y hasta desconfiado.
Ahora he sabido por el mismo amigo enviado,
que dos de esas cartas cuando menos, sí eran de usted; pero
una de ellas la recibí sin que el emisario me presentase la
contraseña que él mismo entregó a usted y que
por lo tanto había quedado convenida entre nosotros y además
la firma no parecía auténtica comparada con una anterior
de usted dirigida al mismo Ferrel, y la otra la recibí por
conducto de la señora doña Juana B. G. de Mendoza de
quien dudaba yo mucho y con mayor razón por no haber traído
la contraseña, pues hubo persona que me diera muy malos informes,
asegurándome que desde hacía veinte años por
lo menos, esa mujer prestaba servicios especiales a la policía.
Mi prisión ocasionada por denuncia de la mismísima doña
Juana B. G. de Mendoza a la policía de esta Capital aumentó
mis desconfianzas; pero mi falta de comunicación con usted
no disminuyó mis simpatías por la Revolución
Agraria en ese Estado, ni mi admiración por usted y sus soldados
que la han sostenido con verdadero heroísmo y grandes sufrimientos
soportados con abnegación.
Lleva usted casi cuatro años
de luchar y la campaña no parece tener término, a pesar
de los continuos triunfos del Ejército que está bajo
su digno mando, lo que consiste según creo, en que desde usted
hasta sus más jóvenes soldados saben muy bien lo que
quieren, esto es, la división de las tierras en lotes que basten
para proporcionar una vida de hombres civilizados, a cada uno de los
trabajadores que los cultiven como propietarios, sin tener más
patrón que su propia razón y el amor a su familia y
esto es bueno, es justo y por fuerza se realizará; pero no
hay acuerdo entre todos los que se ocupan actualmente en el Problema
Agrario, sobre los medios que deberán usarse para llegar lo
más pronto posible a obtener el noble y justo fin indicado.
El Plan de Ayala, bueno como expresión
clara y sencilla, de ese deseo general de los soldados de usted, de
ser propietarios de un lote de tierra, que trabajado con todo esfuerzo
les proporcione el bienestar, no es ni podría ser completo
en cuanto al modo de adquirir esa tierra y al procedimiento no sólo
necesario para repartirla, sino también para que la conserve
en el porvenir, por hoy, mañana y por siempre el primer soldado
que la obtuvo, sus hijos y los sucesores de éstos, indefinidamente.
El Plan de Ayala se refiere a tres maneras
de adquisición de la tierra en sus cláusulas 6, 7 y
8 que son la REIVINDICACION, es decir, la devolución a los
pueblos y ciudadanos de los terrenos que les fueron usurpados por
hacendados, científicos y caciques; la EXPROPIACION, que consiste
en obligar a vender a los poderosos propietarios las tierras y aguas
indispensables, para que los agricultores puedan trabajarlas y vivir
de ellas como propietarios, no como peones y, por último, la
CONFISCACION, es decir, el apoderamiento por la fuerza de aquellas
tierras que pertenezcan a los enemigos de la Revolución o sea
a los hacendados, científicos o caciques que se opongan directa
o indirectamente a ella.
Ahora bien, las REIVINDICACIONES y las
EXPROPIACIONES que se quieran obtener por los procedimientos judiciales
conocidos, es decir, por juicios o procesos o por ambos a la vez,
se tardan en el resultado definitivo años y años, como
se lo dirá a usted cualquier abogado de buena fe a quien consulte.
Precisamente por las enormes dificultades
que presenta en la práctica el realizar cualesquiera expropiación,
de conformidad a los procedimiento legales establecidos, comprendí
que era necesario encontrar otro medio que por rápido, se apropiase
a la necesidad imperiosa en el Problema Agrario, de efectuar las expropiaciones
de una manera automática e igual en toda la extensión
del territorio nacional y por eso fué que, dándome a
pensar en el asunto, llegase a idear la expropiación a que
se refiere el Plan de Ayala, creando al caso el "SISTEMA SALA",
el cual tiene por base precisamente la expropiación de las
tierras en general como una causa de utilidad pública.
El "SISTEMA SALA" ha quedado
completo con el procedimiento en virtud del cual se podrá crear
el Banco Agrícola Nacional, es decir, da el consejo y el tostón,
o en otros términos, dice cómo debe adquirirse de modo
rápido y sin pleitos la tierra y proporciona el dinero necesario
para trabajarla.
En resumen ha sucedido, que habiéndome
entregado el Plan de Ayala como una criatura en cueros, ahora la desconoce
porque se la devuelvo aderezada para poderla presentar en público.
El asunto tiene gracia, señor General.
En cuanto a la CONFISCACION, sí
da resultados inmediatos y por desgracia es necesario recurrir a ella,
mientras que los grandes terratenientes combatan a la Revolución
y no quieran tener con ella transacción alguna. Mis estudios
justifican completamente ese procedimiento que usted y todos los revolucionarios
sinceros se han visto y se verán obligados a seguir y no sólo
lo justifican ante las personas de buen sentido en la Nación,
sino ante el mundo entero, pues esos estudios han sido tomados en
consideración por el Presidente de los Estados Unidos de América
y por el Profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Buenos
Aires, República Argentina, como está demostrado en
alguno de los documentos que ya le remití y el cuaderno procedente
de esa República de Sur América que ahora le envío.
En uno de mis estudios, llego hasta
indicar a usted los procedimientos para formar COLONIAS de agricultores-soldados
en las tierras confiscadas a los enemigos de la Revolución.
He remitido a usted los planos de una de esas COLONIAS, plano que
con pequeñas variantes puede seguirse en todo el Estado de
Morelos o en cualquier parte de la República, acompañado
de la explicación sintética y llegando hasta la minuciosidad
de los detalles para la habilitación de cada colono y su familia.
Es cierto que su valiente Ejército
está posesionado de todo el Estado de Morelos y de muy grandes
regiones de otros Estados; pero como no se han formado las COLONIAS,
los campos permanecen incultos y nadie puede considerarse propietario
ni del terreno que pisa. Otra cosa sucedería si usted hubiese
formado ya varias COLONIAS de dos mil familias cuando menos cada una,
a fin de que se pudieran defender por sí mismas del enemigo,
mientras que el resto de los guerreros de usted fueran a la conquista
de otra región, levantando al paso nuevos soldados para ir
más adelante y así seguir estableciendo más y
más COLONIAS de soldados-agricultores propietarios, listos
para defender sus propias casas y campos, para auxiliar en caso necesario
a los vecinos y también al Ejército que trata de adquirir
nuevas tierras, con el mismo fin de dividirlas entre los soldados
más antiguos, para que los nuevos siguieran invadiendo tierras
y esto podría continuar así, hasta que los terratenientes,
convencidos de que habrían de perderlo todo, se resolviesen
a aceptar la expropiación de la tierra por el "SISTEMA
SALA", para dividirla en parcelas pequeñas suficientes
para la vida cómoda de una familia; porque la simple razón
natural hace comprender, señor General, que ese sistema de
CONFISCACION deberá cesar algún día, por no ser
conforme con las prácticas mundiales de adquirir la propiedad
de la tierra y ante todo terminaría, si haciendo un pequeño
esfuerzo de imaginación llegásemos a suponer que existe
eso toda la República, la cantidad exagerada de dos millones
de individuos aptos del proletariado campesino, para recibir su pequeña
parcela de diez hectáreas en perfecta propiedad privada, resultando
entonces de esa magnífica división de la tierra, un
estado económico-social de tal manera tranquilo por constitución
agrario-orgánica, que evitaría imperiosamente erigir
en SISTEMA la CONFISCACION y tan cierto es lo anterior, que aun tratándose
de las parcelas otorgadas por la Revolución a cada uno de los
soldados de las COLONIAS, usando para ello de la confiscación,
habría la ineludible necesidad en tiempo oportuno, de regularizar
la propiedad privada de cada una de dichas parcelas.
No está en pugna mi "SISTEMA
SALA" con el PLAN DE AYALA, sino que por el contrario, lo complementa
y amplifica y lo único de que no trato en mi sistema es de
la adquisición de tierras por las REIVINDICACIONES, por la
razón ya indicada de que éstas dan resultado a los diez,
quince o veinte años de haberse intentado, siendo así
que el Pueblo, los guerreros que hoy militan bajo la bandera de usted
y los miles y miles que continuarán militando, desde que el
establecimiento de la PRIMERA COLONIA de soldados-agricultores propietarios
les probase, que luchan por algo positivo y no por cosas muy lejanas
y de realización muy dudosa.
EL PLAN DE AYALA es un valiente grito
de guerra, mi "SISTEMA SALA" hace posibles las justas aspiraciones
que ese grito revela.
Ya he dicho que sus soldados han conquistado
mucha tierra; pero ¿acaso pueden ya cultivarla sin sobresaltos
ni temores de ser atacados hoy, mañana o cualquier día
por los Ejércitos que levanten los terratenientes apoyados
por los Gobiernos establecidos? No, no puede ningún soldado
agrario cultivar su campo y por lo mismo esto equivale a que la Revolución
Agraria hubiese sido derrotada o a que no comenzase todavía.
Yo nunca he pretendido representar a
usted o a su Ejército o a la Revolución Agraria de Morelos
en las negociaciones que se vayan a verificar, pues ignoro que tal
cosa se intente; yo he querido otra cosa bien distinta y es que yo,
rodeado de un grupo de hombres inteligentes traduzca ante nuestra
sociedad, las naciones y el mundo entero, las aspiraciones revolucionarias
de los Ejércitos de usted, probar que tales aspiraciones son
justas y hacerlas aceptar por el resto de los mexicanos, so pena de
continuar hasta el triunfo una guerra de exterminio, a la que no estarán
dispuestos los mismos hacendados actuales y siendo las condiciones
propuestas aceptadas por todos, acabará la guerra y comenzará
el período de realización efectiva de las justas aspiraciones
revolucionarias.
Yo le remití a usted mi PROBLEMA
AGRARIO y sus numerosos anexos, con la idea de que usted se proclamase
sostenedor de mi "SISTEMA SALA" con las armas en la mano;
yo y el círculo de hombres que me rodeasen, sostendríamos
ante la NACION y ante el mundo la justicia que asistía a usted
y a sus guerreros y propondría al país la aceptación
lisa y llana de las Leyes contenidas en el cuaderno número
5 en estos términos: El señor General Zapata, es el
sostenedor de estas leves, si la NACION MEXICANA las acepta y pone
en ejecución, inmediatamente habrá cesado la guerra,
si no las acepta, el señor General Zapata CONFISCARA las tierras
que vaya necesitando para establecer COLONIAS no menores de DOS MIL
habitantes adultos capaces de defenderlas con las armas y así
marchará desde Morelos hasta el río Bravo del Norte
y hacia el Sur hasta el Suchiate, ayudado por los siete u ocho millones
de campesinos y además el proletariado de las ciudades, a quienes
hace cuatro siglos explotan y matan de hambre los terratenientes de
nuestro País.
Tal sería mi idea y creo que
todos la encontrarían muy conveniente, para transformar la
CONFISCACION en una EXPROPIACION racional, como yo la propongo en
mi SISTEMA contenido en el cuaderno número 3.
Si usted procede de otro modo, cualquiera
que este sea, alcanzaría la victoria en una y otra batalla;
pero al fin perderá la campaña, es decir, no llegarán
nunca sus tropas a sembrar y cosechar en las tierras que hayan adquirido
con el esfuerzo de sus armas y al precio de su sangre. Vencidos unos
enemigos, vendrán otros y otros a luchar contra los soldados
de usted, que si siempre triunfan, supongamos, al fin y al cabo irá
disminuyendo su número en las montañas y llanuras de
Morelos y demás tierras hasta hoy conquistadas por ellos, hasta
ser vencidos cuando sean muy pocos.
Los soldados de usted destruyen al enemigo;
pero nada construyen hasta hoy, para consolidar sus conquistas, éstas
estarán, si así se continúa, sujetas a las alternativas
de la guerra, sin ventaja alguna para los soldados de usted que mueren
hoy heroicamente y de los que morirán mañana hasta extinguirse,
hasta tener que aceptar cualquier condición por tal de no perderlo
todo, ante sus enemigos continuamente renovados.
Yo trato de CONSTRUIR, de hacer aceptar
a nuestra Patria, condiciones que ya le parecen justas en teoría,
no sólo a ella. sino también al mundo civilizado. Un
edificio no resulta de amontonar piedras, ni una revolución
se realiza con amontonar victorias militares. Es necesario en ambos
casos el plan y su lenta realización. Usted ya tiene el PLAN
DE AYALA; yo tengo y le propongo a usted, para que lo sostenga con
las armas en la mano hasta que sea necesario, el procedimiento para
la realización de ese PLAN.
Yo lo necesito a usted y usted a mí,
pues como la Revolución política del Norte concluyó
con la entrada del Ejército Constitucionalista a esta Capital,
necesariamente tendrá que convertirse en revolución
social, por ser esa la tendencia nacional ineludible y por consiguiente
yo estoy seguro de que aparecerán paladines para sostener mi
"SISTEMA SALA"; pero desearía que usted fuese el
primero de ellos, porque abrigo la convicción de que no sería
necesario otro, para que la REVOLUCION AGRARIA quedase realizada.
Yo no he querido representar a usted
ante nadie, sino REPRESENTAR a los PRINCIPIOS DE LA REVOLUCION ante
el mundo entero, ante la sociedad de nuestra Patria principalmente
y poder decir: hay algunos miles de hombres bajo las órdenes
del heroico General Zapata, dispuestos a derramar su sangre por realizar
los ideales agrarios, de una manera sensata y eficaz.
En esta obra de construcción
es en la que estoy dispuesto a gastar hasta el último centavo
de mi capital, porque ella requiere no un periódico como usted
me indica, sino VEINTISIETE cuando menos, uno en cada Estado de la
República y no necesita de algunos miles de pesos, sino de
algunos millones, que yo sabría encontrar cuando nos pusiésemos
en un acuerdo absoluto y terminante.
Yo no he prescindido de ponerme en relaciones
con usted, a pesar de los términos en que rechaza mi SISTEMA
en su última carta, pues atribuyo su actitud a que usted no
penetra bien la esencia del "SISTEMA SALA", ni conoce suficientemente
mi personalidad. Procuro hablarle por conducto de hombres que creo
pueden inspirarle a usted confianza; pero me sería muy grato,
hablar y persuadir a cualquiera persona que usted comisionase para
ello, teniendo usted la seguridad de que esa persona no habría
de quererlo engañar e incapaz por su buena inteligencia de
dejarse engañar por mí, aunque yo lo intentase.
Ruego a usted se sirva considerar atentamente
cada uno de los diversos asuntos que contiene esta correspondencia,
porque ellos encierran el problema capital de la Patria, cuya solución
determinará su porvenir y, por tanto, los hombres que mejor
concurso presten para esa solución, ya con sus actos, ya con
sus ideas, ocuparán lugar preferente en nuestra historia, como
benefactores del Pueblo si aciertan, como sus peores enemigos, si
el error o la pasión los extravían. Además, este
documento que hoy le envío tal vez ocupe alguna página
de la Historia, pues en él resumo conceptos que tarde o temprano,
pero de modo necesario, tendrán que basar la resolución
del PROBLEMA AGRARIO, ineludible origen de nuestro avance político.
Manifiesto a usted, para terminar, lo
que constantemente y, del modo más solemne he repetido a quienes
he comunicado mis tendencias como ciudadano amante del progreso nacional
y es lo siguiente: No aspiro ni aceptaré ningún puesto
público, porque en primer lugar, no me deslumbra la gloriola
de una reputación como político, y en segundo, porque
siendo como soy un hombre honrado y completamente satisfecho de mi
posición pecuniaria, el desempeño de los puestos públicos,
lejos de producirme ventajas materiales, me perjudicarían hondamente
en mis intereses.
Además, tengo el firme propósito
de encabezar una generación de hombres que sirvan a la Patria,
por la ambición pura y noble de la grandeza y poderío
de ella y no por la tendencia mezquina y peligrosa de imponerse a
sus conciudadanos desde las esferas del Poder.
Con toda sinceridad, me es muy grato
repetirme su admirador, amigo atto. y S. S.
Antenor Sala.
(rúbrica)