UNA SESIÓN MUY
INTERESANTE
A las 10 de la mañana del 27
de octubre, el Teatro Morelos estaba lleno a reventar. El público
se amontonaba en las plateas, palcos y galerías, invadiendo
los pasillos. El secretario, coronel Marciano González, pasó
lista. Luego adelantándose hasta las candilejas del escenario,
lanzó con voz sonora la palabra:
- ¡Firmes!
Todos se pusieron de pie. En aquellos
momentos apareció un delegado empuñando la histórica
bandera de la Convención, seguido por otros que formaban la
guardia de la enseña patria.
El asta bandera fue sujetada a uno de
los barrotes de la tribuna, hacia el lado izquierdo de la misma, que
se destacaba muy alta, cerca de las candilejas y a la izquierda del
escenario.
BIENVENIDA A LOS ZAPATISTAS
La presidencia de la asamblea designó
a los delegados González Garza, Rodríguez Cabo y Eduardo
Hay para que introdujeran a la comisión del Ejército
Libertador.
Los veintiséis individuos que
la integraban hicieron su entrada en medio de una ovación clamorosa.
Fueron colocados en sillas que se habían puesto de antemano
en el lado izquierdo del escenario.
El presidente, general Villarreal, saludó
a los comisionados con las siguientes palabras:
- Interpretando los sentimientos de
la Convención, doy a los señores comisionados del Ejército
Libertador la más cordial bienvenida, y espero que se impresionarán
favorablemente del ambiente que aquí impera, y que abrigarán
la convicción de que quienes nos hemos reunido en esta asamblea
tenemos el propósito de atraer a todos los elementos activos
que hicieron la revolución en México, para que, unidos
en fraternal consorcio, deliberemos sobre los asuntos nacionales y
procuremos resolverlos haciendo la paz orgánica en nuestro
país y otorgando a éste un porvenir de libertad y grandeza.
"Reciban ustedes, señores,
nuestros parabienes y nuestros deseos de que con nosotros laboren,
de que con nosotros tengan acuerdos que redunden en beneficio de nuestra
nacionalidad en beneficio de los intereses humanos. (Aplausos nutridos.)"
EL JEFE DE LA DELEGACIÓN SURIANA
Apagados los aplausos, podía
escucharse el vuelo de una mosca. En medio de aquel silencio se levantó
el presidente de la delegación del Ejército Libertador,
el viejo y ameritado periodista Paulino Martínez, anciano de
tez cobriza, algo picada de viruelas, bigote cano, baja estatura,
sonrisa maliciosa y faz de zorro viejo. Enfundado en un jacquet lustroso,
con voz atiplada y dirigiéndose al Presidente de la asamblea,
dijo:
- La comisión que me honro en
presidir da las más expresivas gracias al señor Presidente
de esta asamblea por la cordial bienvenida que nos ha dispensado;
en seguida me permito suplicarle tenga la bondad de permitirme ocupar
la tribuna, para explicar a la Nación los motivos que ha tenido
este grupo revolucionario para venir hasta hoy a esta asamblea.
LOS MOTIVOS DEL ZAPATISMO
Ascendió ágilmente a
la tribuna, y allí leyó un largo discurso que procuraremos
extractar con la mayor fidelidad posible:
Habló sobre las razones que
"aquellos insurgentes de la montaña" tuvieron para
asumir la actitud que hasta aquellos momentos guardaban, "con
el arma al brazo, y listos para defender los principios que forman
su criterio revolucionario".
Hizo historia de la dictadura del general
Porfirio Díaz, quien durante treinta y cinco años había
arrebatado a las clases pobres, a los hijos del pueblo, a los ciudadanos
mexicanos todas sus libertades públicas, y con ellas, el pan
con que deberían alimentar a sus familias; es decir, "la
falta de pan y de justicia fueron las causas principales que obligaron
al pueblo a levantarse en armas
".
Expresó que algunos de los caudillos
de la revolución iniciada el 20 de noviembre de 1910, creyeron
que con las palabras hermosas de "sufragio efectivo" y "no
reelección", derrocando sencillamente al general Díaz,
quedaba todo arreglado.
Censuró con acritud los tratados
de Ciudad Juárez, a los que calificó de farsa y de traición.
Mencionó como una consecuencia
de tales tratados el cuartelazo de la Ciudadela, para decir que los
titanes de esa lucha homérica estaban en el Sur y en el Norte
de la República: "sus genuinos representantes eran el
general Emiliano Zapata, en el Sur, y el general Francisco Villa,
en el Norte". (Aplausos.)
Agregó que Zapata y sus soldados
se negaron a reconocer los tratados de Ciudad Juárez, y siguieron
luchando por el Plan de San Luis, exigiendo su cumplimiento, "hasta
que cristalizaron sus ideales en el Plan de Ayala, bandera pura y
sin mancha que han venido sosteniendo hasta hoy y que están
resueltos a defender hasta conseguir el triunfo de todos sus ideales".
APOLOGÍA DEL PLAN DE AYALA
Y el viejo don Paulino Martínez,
con voz atiplada que resonaba con ecos extraños en aquel recinto
lleno de gente ansiosa, prosiguió, textualmente:
-¿Y qué es el Plan de
Ayala?, preguntarán los que no lo conocen. El Plan de Ayala
es la condenación de la infidencia de un hombre que falta a
sus promesas, y el pacto sagrado, la nueva alianza de la revolución
con el pueblo, para devolver a éste sus tierras y sus libertades
que le fueron arrebatadas desde hace cuatro siglos, cuando el conquistador
hizo pedazos la soberanía azteca, más que con la punta
de su espada con las hondas divisiones que debilitaron la fuerza de
aquella raza indómita.
"Tierra y libertad, tierra y justicia,
es lo que sintetiza el Plan de Ayala, para fundamentar la libertad
económica del pueblo mexicano, base indiscutible de todas las
libertades públicas; no sillones presidenciables para los ambiciosos
de mando y de riqueza; no sinecuras para los que empuñaron
las armas con deseos de substituir al verdugo de hoy, improvisando
nuevos caciques con la punta de la espada, para crearse un seguro
político de vida, rehusando volver a las tierras para fertilizarlas
o a los talleres para transformar la materia en artículo, por
medio del trabajo de hombres libres, no asalariados, que llevan a
la boca un pan empapado con el sudor de una frente altiva; no privilegios
para determinado grupo social sin igualdad política ni bienestar
colectivo para los habitantes de la República; un hogar para
cada familia, una torta de pan para cada desheredado de hoy, una luz
para cada cerebro en las escuelas granjas que establezca la revolución
después del triunfo, y tierra para todos, porque la extensión
del suelo mexicano puede albergar y sustentar noventa o cien millones
de habitantes... (Aplausos.)"
REQUISITORIA CONTRA CARRANZA
Habló de que todo gobierno que
no está representado por la voluntad del pueblo, se convierte
en gendarme de la plutocracia para explotar a los de abajo en beneficio
de los que están arriba, agregando que por esa consideración,
las legiones del Ejército Libertador del Sur no reconocieron
ni reconocerían como Presidente Provisional de la República
al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.
Lamentó la división entre
los revolucionarios; manifestó que los surianos no deseaban
la continuación de una lucha fratricida, pero agregó
que estaban dispuestos a continuar la lucha, "que ruja el cañón
repercutiendo con su horrísono trueno en el espacio, para que
la gangrena de las injusticias y de los privilegios que nos ha dividido
hasta hoy, desaparezca y quede purificado nuestro cuerpo social
"
PLANES DIVERGENTES
E irguiéndose sobre la tribuna,
don Paulino Martínez, prosiguió:
--Examinemos detenidamente, sin pasión
alguna, las banderas que enarbola cada campamento. El Ejército
Constitucionalista enarbola el Plan de Guadalupe; el Ejército
Libertador, el Plan de Ayala; aquél tiene por principal objeto
---y me atengo a lo escrito--- elevar un hombre al poder, atropellando
la autoridad del pueblo y los derechos indiscutibles de otros grupos
revolucionarios; el Plan de Ayala tiene por principal objeto elevar
los principios al rango de leyes, para redimir a una raza de la ignorancia
y de la miseria, a fin de que los mexicanos tengan su propio hogar,
abundante pan con qué alimentarse y escuelas libres; y si esto
es así, como los hechos lo demuestran, los campos están
deslindados ya: 'luchadores de buena fe, escoged...
"... Si queréis que la Historia
os señale mañana como personalistas, únicos responsables
de la continuación de la guerra, seguid defendiendo el Plan
de Guadalupe; si sois libertarios, amantes del progreso y del bienestar
del pueblo mexicano, si deseáis la redención de la raza
oprimida por cuatro siglos de injusticias, adheríos sin vacilar
al Plan de Ayala, y entonces, todos unidos, lucharemos contra el enemigo
común de nuestras libertades: clero, militarismo y. plutocracia...
".
Don Paulino fue estruendosamente ovacionado.