Sr. lic. Don Miguel Díaz
Lombardo
Washington, D.C.
Estimado señor licenciado:
Aunque no tengo el gusto de conocer
a usted personalmente, las referencias que de su personalidad me llegan,
todas ellas en alto grado favorable, me inducen a dirigir a usted
la presente, para testimoniarle mi estimación.
A la penetración y al claro talento
de usted no se escapará el percibir hasta qué punto
es trascendental el momento por el que atraviesa la revolución.
Ante el desprestigio carrancista, la
reacción trabaja incansable día por día, para
apoderarse de la situación y triunfar con artimañas,
ya que no por la fuerza.
Su prensa y sus agentes no desmayan;
halagan a la opinión, dirigen sus críticas contra la
revolución, confundiéndola malévolamente con
el carrancismo, que no es más que su falsificación y
su parodia; asedian a los diplomáticos y políticos extranjeros,
y por todos los medios procuran hacer prevalecer sus pérfidas
intenciones y dar el triunfo a sus hábiles maniobras.
El carrancismo se debate en las ansias
de la agonía, y todo el mundo, especialmente, en el extranjero,
se pregunta ansiosamente qué vendrá después de
él.
Hay que demostrar a propios y extraños
que después del desastre carrancista vendrá la victoria
de la revolución fuerte por la unión de sus miembros
y la virtualidad de sus principios.
La revolución unificada se ganará
el asentimiento de todos, y prestará sólidas garantías
para el establecimiento de un gobierno honrado y respetable.
Por eso nosotros, dentro de nuestra
esfera de acción trabajamos con todo empeño por la unificación
de los elementos revolucionarios, sobre la base del Manifiesto que
me honro en adjuntar a usted, y el cual deberá ser firmado
por todos los revolucionarios del país.
Ya se han mandado comisiones a los principales
jefes revolucionarios para recoger sus firmas, en obvio de moratorias,
sería de desearse que usted se sirviera valerse de los conductos
de que dispone, para obtener en el más breve plazo posible
la firma del general Villa (a quien ya me he dirigido por otro conducto)
y de otros jefes revolucionarios con quienes usted esté en
comunicación.
Mr. Williams Gates, distinguido americano
que lleva estrecha amistad con el presidente Wilson, nos aseguró
en reciente visita, que la revolución sería reconocida
como beligerante, si demostrábamos que ella estaba unificada.
La mejor prueba de ello sería
proporcionada por medio del repetido manifiesto, que por lo mismo,
urge dejar listo cuanto antes. Ya nos hemos dirigido con ese fin a
los generales Caballero, López Coss, Gutiérrez y a otros
jefes en el norte; a Síntora, García Chávez,
Figueroa, Altamirano y demás revolucionarios en Michoacán;
a Cejudo, Peláez Garibay, Galán, Panuncio Martínez
y demás jefes de Veracruz, a los Cedillo en San Luis Potosí,
a los revolucionarios de Hidalgo, Guerrero, Oaxaca y otros estados
del extremo sur; pero como todo eso demanda tiempo, estimo que por
lo pronto sería bastante que usted y el señor Dr. Francisco
Vázquez Gómez, mi agente confidencial en ese país,
unieran sus esfuerzos para demostrar al gobierno de Washington que
la revolución forma un solo todo, organizado y coherente.
Como ya escribo al señor doctor
en ese sentido, muy facil será para ustedes ponerse de acuerdo
y realizar una rápida y fecunda labor.
Para la perspicacia de usted basta con
lo dicho, para dejar fundada la urgencia del paso a que me refiero,
y por lo mismo sólo resta enviar a usted mi cortés saludo
y suscribirme su muy atento y afmo. s.s.
Emiliano Zapata