Sr. General Genaro Amezcua
La Habana, Cuba
Estimado amigo:
Me refiero a las gratas de usted fechadas
el 1o. y 15 de enero último.
Por ellas veo que ha continuado usted,
con actividad y con éxito la ardua labor de propaganda, que
la revolución le ha encomendado. Veo también con gusto
que en esa tarea es usted eficazmente ayudado por entusiastas e inteligentes
colaboradores, que fungen ya como agentes de propaganda.
Por los recortes que se sirve adjuntarme,
quedo impuesto de la benévola acogida que en la prensa de esa
capital han tenido las declaraciones hechas por usted, acerca de las
finalidades que perseguimos, lo que es indicio cierto de que la intelectualidad
cubana se da cuenta de la importancia de este movimiento regenerador
y simpatiza con él abiertamente, al reconocer su indudable
justicia.
Verdaderamente, celebro que en ese interesante
país hermano del nuestro, repercutan vigorosamente y dejen
hondas huellas las reivindicaciones gallardamente sostenidas por el
pueblo campesino de esta república de México.
Era de esperarse que así sucediera;
era de augurarse esa cordial hospitalidad para nuestros anhelos de
reforma y para nuestros empeños de radical renovación,
pues lo mismo tienen que pensar y que sentir los pueblos de igual
historia que sufren y han sufrido idénticos males; que en su
seno sienten agitarse los mismos problemas, y que, es lógico,
por lo mismo alienten análogos ideales y vibren con los mismos
entusiasmos.
Mucho ganaríamos, mucho ganaría
la humana justicia, si todos los pueblos de nuestra América
y todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa
del México revolucionario y la causa de la Rusia irredenta,
son y representan la causa de la humanidad, el interés supremo
de todos los pueblos oprimidos.
Aquí como allá hay grandes
señores, inhumanos, codiciosos y crueles que de padres a hijos
han venido explotando hasta la tortura, a grandes masas de campesinos.
Y aquí como allá, los hombres esclavizados, los hombres
de conciencia dormida empiezan a despertar, a sacudirse, a agitarse,
a castigar.
Mr. Wilson, el presidente de los Estados
Unidos, ha tenido razón al rendir homenaje, en ocasión
reciente, a la revolución rusa, calificándola de noble
esfuerzo por la consecución de libertades, y sólo sería
de desearse que a este propósito recordase y tuviese muy en
cuenta la visible analogía, el marcado paralelismo, la absoluta
paridad, mejor dicho, que existe entre ese movimiento y la revolución
agraria de México.
Una y otro van dirigidos contra lo que
León Tolstoy llamara "el gran crimen": contra la
infame usurpación de la tierra, que siendo propiedad de todos,
como el agua y como el aire, ha sido monopolizada por unos cuantos
poderosos, apoyados por la fuerza de los ejércitos y por la
iniquidad de las leyes.
No es de extrañar, por lo mismo,
que el proletariado mundial aplauda y admire la revolución
rusa, del mismo modo que otorgará toda su adhesión,
su simpatía y su apoyo a esta revolución mexicana al
darse cabal cuenta de sus fines.
Por eso es tan interesante la labor
de difusión y de propaganada emprendida por usted en pro de
la verdad; por eso deberá acudir a todos los centros y agrupaciones
obreras del mundo, para hacerles sentir la imperiosa necesidad de
acometer a la vez y de realizar juntamente las dos empresas: educar
al obrero para la lucha y formar la conciencia del campesino.
Es preciso no olvidar que en vrtud y
por efecto de la solidaridad del proletariado, la emancipación
de l obrero no puede lograrse si no se realiza a la vez la liberación
del campesino.
De no ser así, la burguesía
podría poner estas dos fuerzas, la una frente a la otra, y
aprovecharse, por ejemplo, de la ignorancia de los campesinos para
combatir y refrenar los justos impulsos de los trabajadores citadinos;
del mismo modo que, si el caso se ofrece, podrá utilizar a
los obreros poco conscientes y lanzarlos contra sus hermanos del campo.
Así lo han hecho en México,
Francisco I. Madero en un principio y Venustiano Carranza últimamente;
si bien aquí los obreros han salido ya de su error y comprenden
ahora perfectamente que fueron víctimas de la perfidia carrancista.
Todo lo que usted haga para obtener
la colaboración de los centros obreros de Europa y América,
será poco, si se considera la trascendencia de la labor y la
magnitud del resultado.
Debe usted excitar a estas agrupaciones
a que propaguen en sus respectivos países los ideales del agrarismo;
el programa de la revolución mexicana y los grandes triunfos
alcanzados en el terreno de las realidades con nuestros modestos luchadores
indígenas, incansables y firmes después de ocho años
de lucha.
Una gira de propaganda por Sudamérica
y Europa, sería muy útil a no dudarlo, y ojalá
que usted pudiera realizarla, pero para ello sería preciso
el apoyo de algún sindicato o corporación obrera de
ese país, pues todavía no es posible para la revolución
sufragar los gastos consiguientes, si bien todo hace suponer que muy
pronto tendrá fondos bastantes.
Le adjunto una credencial para sus trabajos
cerca de las organizaciones obreras, así como varios ejemplares
de EL SUR y otros documentos de propaganda.
La revolución netamente popular
y agraria ha ganado considerable terreno, y hoy domina no sólo
en Morelos, Guerrero, Tlaxcala, México y Puebla, sino también
en Hidalgo, Guanajuato, Michoacán, Jalisco, San Luis Potosí,
Zacatecas, Durango y Coahuila y en la parte sur de la república,
además de haberse extendido a Veracruz y Oaxaca ha penetrado
en el fondo de los estados de Tabasco y Chiapas, quizá los
más oprimidos del país.
Saluda a usted y le desea todo bien
su amigo y atto. s.s.
Emiliano Zapata