Ejército Libertador
de la República Mexicana.-
Cuartel General.
MANIFIESTO AL PUEBLO MEXICANO
La criminal ambición de Venustiano
Carranza sigue dando sus frutos. Como si no bastasen las dificultades
ya existentes, nuevos y muy grandes conflictos amenazan a la República,
así en lo interior como desde el punto de vista internacional.
Intransigente y exclusivista para las
cuestiones interiores, pérfido y falaz en su política
extranjera; lleno de dobleces y de hipocrecías; en todo falso,
para todos desleal; ha concluido Carranza por atraerse el odio de
todos sus compatriotas, aun de los que en un principio lo apoyaron;
así como los rencores y las animosidades de las naciones extrañas.
Su política se ha caracterizado
por el más insolente suficientismo; y por la sistemática
exclusión de todo grupo, de toda personalidad que no estuviesen
prontos a servirle de instrumentos para sus tortuosos designios.
Desde que en 1914 desconoció
a la Convención Revolucionaria que el mismo convocara; desde
entonces con sin igual audacia consagró la afirmación
de su personalidad por encima del interés revolucionario y
de las exigencias nacionales; desde esa época para acá,
sus tendencias autocráticas y exclusivistas han ido acentuándose
en progresión escandalosa.
Declaró fuera de la ley a todos
sus adversarios, privó del voto activo y pasivo en las elecciones,
no sólo al elemento reaccionario, sino también a cuantos
hubiesen servido a la Convención, al villismo o la Revolución
del Sur. Quiso gobernar, no con la opinión pública,
no con la voluntad popular, sino sólo con su grupo, y no conforme
con esto, después y gradualmente, ha ido reduciendo y estrechando
el propio círculo de sus partidarios y de sus amigos.
Incontables son los revolucionarios
que se han ido separando de Carranza, convencidos de su falsía
y de su traición a la Revolución. Muchos son los que
han tomado las armas, siguiendo el ejemplo de Francisco Coss, Luis
y Eulalio Gutiérrez, Luis Caballero, Eugenio Gómez y
tantos otros jefes que, indignados por los procedimientos de Carranza,
se han rebelado contra él.
Pero hay algo más, como si todos
estos hechos no hablaran ya por si solos con sobrada elocuencia, Carranza
se ha empeñado en ahondar el abismo abierto entre él
y la opinión genuinamente revolucionaria. Todavía están
frescos en la memoria de todos, aquellos debates del Congreso carrancista,
durante los cuales la oposición, representada por el Partido
Liberal Constitucionalista, trató de poner coto a los atentados
de Carranza y obligar a éste a que encaminara sus pasos en
el sentido de las reformas anheladas por el pueblo.
Bien de manifiesto se puso la obstinación
de Carranza, que lejos de atender a los dictados de la opinión
revolucionaria, declaró guerra; a muerte al grupo oposicionista,
lo atacó implacablemente por medio de sus periódicos
y consiguió al fin que el partido Liberal Constitucionalista
le volteara la espalda y renunciasen sus miembros a todo empeño
de enderezar la torpísima obra gubernativa.
Hoy los miembros de ese partido están
proscriptos, sus candidaturas para el Congreso fueron en todas partes
aplastadas por la consigna oficial y la llamada representación
popular se reduce hoy a un confuso y anodino conglomerado de amigos
incondicionales del dictador.
Con ellos cuenta Carranza para completar
su obra de ambición y de altanero engreimiento. Está
reformando a su gusto la novísima Constitución de 1917,
apenas acabada de expedir. De ella está quitando todo lo que
le desagrada o lo que no le conviene, y de seguir así las cosas,
un código que tuvo visos de radicalismo, quedará reducido
al conjunto de preceptos que sirvan para fundamentar la autocracia
y el reaccionarismo de Carranza.
Ya propuso éste que se limitara
a los trabajadores el derecho de huelga. Ya propuso también
que en lo sucesivo sea ley todo proyecto que no sea discutido por
las Cámaras en el plazo perentorio que a él le plugo
fijar....
Con éstas y futuras innovaciones,
hechas por el simple antojo de Carranza, ¿qué quedará
del tan traido y llevado Código de 1917?
Así es como Carranza se aisla,
así es como se distancia cada vez más de la opinión
y se aleja más cada día de los que fueron sus partidarios.
En vez de buscar un arreglo con las
facciones opuestas, con los partidos de oposición o con los
grupos militares que profesan opiniones diversas de las suyas, a todos
ellos los rechaza y los repudia de plano.
Sólo él sabe pensar, sólo
él tiene el don de acertar, sólo él sabe como
se deben resolver el problema agrario, el problema obrero, el problema
político y las cuestiones internacionales.
Para él no existen partidos,
ni otras facciones, ni centro alguno intelectual o núcleo cualquiera
de opinión que deban ser escuchados. Lo que él dice
es la verdad suprema, y lo que él resuelve debe imperar sobre
todos los intereses, sobre todos los partidos, sobre todas las convicciones
de los ciudadanos de la República.
Con ese criterio pedantesco y exclusivista
ha logrado producir la ruina del país; y con él igualmente
ha desquisiado la posición de México ante las potencias
extranjeras.
Ha querido ser intransigente contra
la justicia, la razón y el derecho representados por la causa
de los aliados, y ya vemos hasta donde lo ha conducido ese prurito
de ser en todo arrogante y del todo maquiavélico.
Protegió los intereses del kaiserismo,
llamándose neutral; amparó a los agentes del espionaje
teutón, puso bajo el control alemán todas las instalaciones
radiotelegráficas del país, desató contra los
aliados una furiosa propaganda periodística, recibió
fuertes préstamos de casas alemanas, y para completar su obra
ha querido y quiere caldear el espíritu público, excitar
a la opinión del país contra nuestros poderosos vecinos
del norte, con lo que no ha hecho otra cosa que imitar a su antesesor
Victoriano Huerta, y repetir la maniobra puesta en práctica
por éste, cuando vió en peligro, tambalearse el poderío.
¡Así ha observado Carranza
la neutralidad y así ha cumplido imperiosos altos deberes internacionales,
en el más grande de los conflictos que recuerda la historial
En este conflicto, Carranza abiertamente
se puso del lado contra el derecho, de parte del imperialismo, contra
la democracia, a favor del gobierno militar contra las libertades
populares. Apoyó al Kaiser que representaba el pasado, que
simbolizaba jerarquías aristocráticas y los partidos
vetustos, que constituían una amenaza para las libertades de
Europa y del mundo. Mintiendo neutralidad conspiró contra la
justicia, en unión de ese hombre que fue el azote de su propio
pueblo, de ese gran pueblo tan diverso de sus tiranizadores, que supo
sacudir el yugo del megalómano insufrible, tan pronto como
se le presentó ocasión para ello, y que con su rebeldía
y con sus hechos está demostrando que no confunde a su patria,
a la patria de sus antepasados, con mezquina y proterva personalidad
del que por algún tiempo logra imponerse con el más
insolente de los monarcas y el más intolerable de los amos.
La obstrucción de Carranza a
los propósitos y a los intereses de las potencias aliadas,
se ha revelado en todos sus actos. Atentó contra el capital
francés y el británico, saqueando impúdicamente
los bancos fundados con dinero de los nacionales de esos países.
En materia de petróleo, dictó leyes elaboradas de acuerdo
con el Ministro alemán, por medio de las cuales se intentó
privar de esta indispensable materia prima a las industrias y a las
escuadras de Inglaterra y sus aliadas.
Si después de ésto, surgen
conflictos y se suscitan dificultades para nuestro país, nadie
sino Carranza será el gran culpable. Como tal lo denunciamos
desde ahora, ante la Nación y ante la Historia. Como tal tendrá
que responder él y sólo él, de sus intrigas,
de sus falsedades, de sus dobleces y de sus felonías. Cuando
así se ven comprometidos por la maldad de un hombre los intereses
de toda una nacionalidad, cuando así
peligra el fuero de la patria mexicana, urge estar prevenidos contra
el pérfido gobernante que indignamente ha abusado de su investidura.
A todos los revolucionarios honrados,
a todos los mexicanos dignos, dando desde ahora la voz de alerta.
Hoy más que nunca hay que unirnos contra el causante de las
desgracias nacionales; hoy como nunca, precisa poner término
a la situación vergonzosa, en la cual el capricho de un hombre
se substituye a la voluntad de todos los mexicanos.
Derrocado el tirano, seremos otra vez
dueños de nuestros destinos y podremos asumir ante el mundo
las responsabilidades que realmente nos correspondan; no las que ha
querido arrojar sobre nosotros un usurpador que jamás ha representado
a la República y si sólo a los intereses de la camarilla.
La gravedad del actual momento histórico
exige, por lo mismo, que todos los revolucionarios conscientes observemos
una conducta serena y reposada, que no nos dejemos sorprender por
las interesadas mentiras de la prensa oficial y que obrando en todo
con la prudencia y la entereza que el bien de la República
clama, sepamos conservar la cohesión y la unidad de criterio
que nos permita afrontar cualquiera situación que sobrevenga
por difícil que ella sea.
Que caiga el intrigante y el perverso
para así mañana podernos presentar ante los países
cultos, sin el rubor en la frente y con la plena conciencia de nuestra
rectitud justiciera.
REFORMA, LIBERTAD, JUSTICIA Y LEY.
Cuartel General en Tlaltizapán,
Mor, 1o. de enero de 1919. El General en jefe,
Emiliano Zapata.