A LOS REVOLUCIONARIOS DEL
SUR
La Revolución del sur acaba de
dar un gran paso, acaba de obtener un hermoso resultado, más
importante que cien victorias en los campos de batalla, al ponerse
de acuerdo en la elección de un General en jefe, de un Director
Militar a la vez que político.
Con ese nombramiento el Sur confirma
y consolida su unidad, pues está en peligro con la muerte de
nuestro jefe inolvidable el C. General Emiliano Zapata. La revolución
cobra con esto nuevos alientos, adquiere la fuerza moral que necesitaba,
y de hoy en adelante ya no podrá decirse de ella que a la muerte
del jefe Zapata, ha quedado como una colectividad desorganizada, como
un cuerpo sin cabeza.
Hoy se verá que el Sur sigue
siendo como antes de la muerte de su caudillo, un movimiento organizado,
que guiado por altos ideales, fuerte por la unión y consiente
de sus finalidades marcha sin titubear hacia su noble objeto: la emancipación
de los campesinos por medio de la conquista de la tierra.
Tierra y libertad, sigue siendo el grito
de los surianos; tierra y libertad siguen siendo sus más gratos
anhelos; hoy como ayer, agrupados en torno del Plan de Ayala, fieles
a la memoria y al ejemplo del ilustre muerto, ardorosos y entusiastas
por alentar en sus almas la convicción de tener la justicia
de su parte, los agraristas del sur serán los incansables defensores
de los ideales del humilde, los paladines del derecho desconocido
por los poderosos, los hermanos firmemente unidos por el amor a sus
principios, por el recuerdo de sus luchas, del Ejército Libertador,
que tuvo por jefe al más grande de los morelenses y al primero
de los mexicanos.
Gildardo Magaña el hombre que
hoy substituye al General Zapata, no tendrá su gloria, pero
tuvo su confianza y es digno de ella. Los que a su lado hemos trabajado,
lo hemos visto siempre -ahora -y antes consagrado a la causa, activo
y empeñoso, prudente y hábil, conciliador y ecuánime,
honrado y justiciero, velando por la pureza de los principios, afanándose
por el triunfo de ellos, dedicando todo su esfuerzo y toda su energía
a hacer más amplia y más extensa la obra de la Revolución,
a aumentar el número de sus afiliados, a extender cada día
más la esfera de su influencia.
Y en lugar de encerrarse en una política
egoísta y pasiva, exclusivista y absorbente, como lo fué
la del funesto Palafox, vemos al General Magaña, lo hemos visto
todos, esforzándose por ganar simpatizadores para la Causa
Suriana, aumentar la fuerza y el prestigio de la Revolución,
por medio de la unificación de sus diversos elementos, dar
a conocer en todas partes (en la República y en el extranjero)
la justicia y la alteza de nuestros ideales y hacer, en fin, que nuestro
grupo, antes aislado y orgullosamente recluido en las montañas,
sea hoy, conocido y respetado por los otros grupos revolucionarios
del pais y por las colectividades concientes de los pueblos extraños.
Gildardo Magaña, el hombre de
la unificación, era el hombre indicado en estos momentos para
guiar y conducir al triunfo a los agraristas del Sur. ¡Nada
de exclusivismos, nada de discolerías, nada de discordias y
de ambiciones impuras!
Llamar al seno de la Revolución
Agrarista a todos los mexicanos, a todos los hombres capaces de comprender
la justicia del ideal campesino; hacernos fuertes con el apoyo y con
el concurso de todos los demás revolucionarios de la República,
escoger y no rechazar a todos los individuos que quieran ayudar al
pueblo a redigirse; en una palabra substituir la antigua política
palafoxiana de selvático aislamiento por una sana y fecunda
política de atracción y de concordia; tal es, ha sido
y será la obra del General Magaña; tal es uno de los
más grandes deberes de los agraristas surianos, de todos los
que quieran ver convertidas en realidades las aspiraciones de nuestro
jefe, C. General Zapata.
Para esto necesitamos primero que nada,
la unión; la unión bajo una sola bandera y bajo un sólo
jefe. De nada servirán cien victorias, si estamos desunidos,
si unos a otros nos vemos como adversarios y como enemigos. Las discordias
han impedido hasta aquí el triunfo del Sur. Que la nueva era
de unión, y de hermandad que hoy solidamente se inicia, pueda
conducirnos al triunfo de modo rápido y seguro.
Es este el mayor deseo de los subscriptos,
que al felicitar a sus hermanos por el triunfo alcanzado, los exhortan
a que sigan por todo y en todo el ejemplo, las instrucciones de honradez,
de seriedad y de firmeza, y el glorioso camino que nos dejó
trazado el ya inmortal Emiliano Zapata.
REFORMA, LIBERTAD, JUSTICIA Y LEY.
Campamento Revolucionario en el Edo.
de Morelos, septiembre 5 de 1919.