República Mexicana.
Ejército Libertador.
Cuartel General.
MANIFIESTO AL PUEBLO Y A LOS REVOLUCIONARIOS
MEXICANOS
Para llevar a feliz término y
dejar totalmente consumada la labor unificadora, cuyas bases quedaron
planteadas en los manifiestos de 15 de marzo y de 25 de abril del
año próximo pasado, sólo hacía falta designar
la persona que debiera asumir la jefatura suprema de todo el movimiento
revolucionario.
Nosotros no quisimos entonces hacer
obra artificial ni anticiparnos a los dictados de la opinión
pública, sino que preferimos esperar a que ésta se manifestara.
Hoy, que la prensa independiente de
la capital, con laudable valor civil, y a propósito de posibles
candidaturas presidenciales, ha pasado ya revista a las personalidades
de mayor relieve político con que cuenta la República,
señalando unas veces sus inconvenientes y defectos, haciendo
resaltar otras sus virtudes, y aquilatando siempre y poniendo en parangón
los merecimientos de los hombres discutidos; hoy, que ha habido tiempo
sobrado ya para que la opinión revolucionaria se fije y se
defina, creemos llegado el instante de señalar a nuestros compañeros
de lucha, la individualidad prestigiada en que nos hemos fijado para
aquella alta investidura.
Quien se haga cargo de la jefatura de
la Revolución, debe adunar a una inmaculada reputación
como revolucionario y como hombre de principios, condiciones indiscutibles
de seriedad, inteligencia y aptitud que sean una garantía para
todos.
Se trata nada menos que de orientar
por adecuados rumbos los destinos de la República, y para ello
no puede considerarse idónea una personalidad vulgar, sin experiencia
política, sin talento comprobado, sin el tacto exquisito que
requiere la solución de los arduos problemas, de las mil y
mil dificultades, grandes y pequeñas; que a cada instante le
saldrán al paso y pondrán a prueba su capacidad y su
energía.
Será preciso, por otra parte,
que el hombre a quien se llame para ponerse al frente de todo el movimiento
revolucionario, sea amplia y ventajosamente conocido por toda la República,
un hombre de prestigio verdaderamente nacional, una personalidad ante
cuyo mérito se inclinen todos los elementos revolucionarios;
desde el humilde campesino, que contribuye con su brazo y con su vida,
hasta el jefe o el caudillo regional, que con su habilidad y su pericia,
controla una extensa comarca.
Debe tratarse, en fin, de una personalidad
que de tal manera sobresalga de la talla común, que se presente
a todas las miradas como el lazo de unión y el natural y genuino
director de elementos tan múltiples como son los que forman
la gran masa revolucionaria.
Todas estas condiciones tan variadas
como necesarias, las reúne en su persona el hombre que hoy
proponemos para la jefatura suprema de la Revolución. El señor
Doctor don Francisco Vázquez Gómez, revolucionario anterior
a 1910, hombre de carácter que fue de los primeros en enfrentarse
a la dictadura porfiriana, caudillo de prestigio y uno de los prohombres
de la primera revolución; eficaz e inteligente colaborador
de Madero, cuyos yerros constantemente señaló; político
sagaz que se opuso a la celebración de los funestos tratados
de Ciudad Juárez, causa y origen de todos los trastornos ulteriores
y de las sangrientas conmociones que, después se han sucedido;
el Doctor Vázquez Gómez honrado a carta cabal, talentoso
y previsor; inquebrantable en sus principios, mesurado en sus procedimientos,
que siempre y en todas ocasiones se ha conservado limpio e intachable;
que no se hizo cómplice de la prevaricación maderista,
ni se manchó con los crímenes de Huerta, y si ha sabido
mantenerse constante y sistemáticamente alejado de las vergüenzas
del carrancismo; es el hombre naturalmente indicado para dar unidad
e imprimir acertada dirección al movimiento Revolucionario.
La Revolución ha entrado en un
período trascendental y definitivo, en el que cada paso debe
ser meditado y cada dificultad sorteada con habilidad exquisita. El
mundo europeo, libre ya de las angustias del terrible conflicto nos
estudia y nos observa; nuestros vecinos del Norte, guiados por el
suspicaz y talentoso Presidente Wilson, están pendientes, los
mismo que nuestros extravíos que de nuestros esfuerzos meritorios
y de las posibilidades que tiene el pueblo mexicano de regenerarse
y de erguirse. Los momentos son críticos y no puede dejarse
la nave de la Revolución a merced del acaso, ni ponerse en
manos de un piloto inexperto o alocado.
Hoy más que nunca hacen falta
las capacidades y las energías bien conducidas; hoy más
que nunca precisa que en la orientación general y en el arreglo
de cada detalle, se vean seguridad, firmeza, exacta apreciación
de los tiempos y de las circunstancias, que en todo y por todo se
deje sentir la influencia de un espíritu de previsión
y correcto análisis, en vez de un impulso caótico que
se lanza a ciegas por encima de los obstáculos y a través
de las más peligrosas crisis.
En estas condiciones, es indispensable
que el hombre que se haga cargo de la situación, inspire confianza
a propios y extraños, merezca la estimación y el respeto
de toda la República, a la vez que sea garantía de orden
y de firmeza, para los intereses nacionales y extranjeros.
No hay que olvidar en efecto, que una
de las causas que motivan la bancarrota del carrancismo, es su completo
desprestigio en el exterior y su absoluta falta de crédito
ante los gobiernos extranjeros, por causa de las innumerables torpezas
y desaciertos que aquel ha cometido en las relaciones internacionales,
así como de las injustificadas agresiones y groseros atentados
de que ha hecho víctima al capital extranjero.
En cambio, sin dificultad puede verse
que la Revolución obtendrá el apoyo moral de esos mismos
gobiernos y alcanzará su estimación y su confianza si
con hechos demuestra que sabe respetar los intereses extranjeros y
conducirse con honradez y cordura en sus relaciones con las potencias.
El Doctor Vázquez Gómez,
perfectamente relacionado en las cancillerías extranjeras,
que en él reconocen al político de altas y relevantes
prendas, es entre todos los hombres de la Revolución, el más
capacitado en los actuales momentos, para atraer en favor de aquélla,
toda la adhesión y todas las simpatías de dichos gobiernos.
El es también, por su honradez, por su circunspección
y por su tacto, no menos que por sus tendencias sinceramente encaminadas
a la redención del pueblo, el llamado a honrar y servir eficazmente
a la Revolución Mexicana, si ella se fija en él, como
ya ha empezado a fijarse, para poner en sus manos la realización
de sus ideales y la consolidación de sus conquistas.
El Doctor Vázquez Gómez
se ha dado siempre a conocer como decidido partidario de la reforma
agraria, y por lo tanto ofrece completas seguridades y garantías
a los indígenas y campesinos, o sea a la inmensa mayoría
de la población mexicana. Se ha mostrado también simpatizador
en todo tiempo, de la clase obrera, la que mucho tiene que esperar
de su perfecto conocimiento de la cuestión social que agita
al mundo, no menos que de su amor al pueblo trabajador, de cuyo seno
ha salido, para elevarse después, mediante su personal esfuerzo.
Sus antecedentes revolucionarios lo
abonan como hombre de ideas avanzadas. incapaz de transigir con los
retardatarios y los obscurantistas, como lo demostró sobradamente
en la discusión de los célebres tratados de Ciudad Juárez,
en donde las maniobras de los [científicos] tropezaron con
su inquebrantable firmeza.
Ningún revolucionario de buena
fe, ajeno a pasiones y a prejuicios, podrá pues, dudar de los
propósitos verdaderamente reformistas que animan al Doctor
Vázquez Gómez, ni de su sólida fé en la
regeneración de la patria, mediante el abandono de los sistemas
autocráticos de gobierno el último de los cuales ha
sido y será el de Carranza.
Basta asomarse al programa de reformas
que ofrece a la nación el Doctor Vázquez Gómez
y que va anexo al presente manifiesto, para convencerse de que aquel
se da perfecta cuenta de las necesidades del país, de sus aspiraciones
y de la mejor y más práctica manera de satisfacerlas.
Por ese documento puede verse -y lo
ha demostrado el Doctor en todos los actos de su vida- que él
no es un jacobino ni un demagogo, y que está muy lejos de abrigar
insensatos radicalismos, propensos por su propia naturaleza, a provocar
formidables oposiciones y. conflictos continuos.
El Doctor Vázquez Gómez
patrocinará e impulsará cuantas reformas sean prudentes
y justas, cuantas medidas de mejoramiento sean reclamadas por el progreso
patrio y por el espíritu de los tiempos; pero no es ni será
un atolondrado ni un sectario; a nadie molestará por razón
de sus ideas o de sus convicciones, sabrá ser tolerante y justiciero
con los hombres que piensen de distinta manera que él, y de
ningún modo se convertirá en el sistemático perseguidor
de una confesión religiosa o en el enconado adversario de determinada
clase social.
El Doctor Vázquez Gómez,
en una palabra, será un vínculo de unión para
los mexicanos. Dentro de su actuación francamente liberal y
verdaderamente revolucionaria, podrán desenvolverse libremente
todas las energías, todas las fuerzas productoras y todas las
sanas aspiraciones hacia el progreso y hacia el mejoramiento. De él
no tendrán nada que temer los hombres de empresa, los industriales
ni los capitalistas honrados, en una palabra, los caracteres batalladores
que quieran consagrarse al desarrollo de sus intereses privados y
al fomento de las riquezas nacionales.
El Doctor Vázquez Gómez,
repetimos, será un lazo de unión entre los revolucionarios,
y una figura atrayente para campesinos, obreros, intelectuales y hombres
de empresa y de iniciativa.
El no es amigo de intransigencias absurdas
ni de sectarismos odiosos, y por lo tanto no formará en torno
suyo una camarilla o un circulo cerrado a todas las influencias de
afuera. Aceptará y llamará a su lado, a todos los revolucionarios
de buena fe, cualquiera que sea su filiación política;
lo mismo a los que desde un principio han comprendido la falsía
de Carranza, que a los que se han separado de él o en lo sucesivo
se separen por comprender que es un perfecto autócrata y un
traidor, convicto y confeso, a la causa revolucionaria.
En tal concepto, y habiendo entrado
de lleno a la lucha del señor Doctor Vázquez Gómez,
sin más ambición que la muy sana de evitar un posible
conflicto internacional, motivado por la criminal política
carrancista, que siempre se ha caracterizado por su ciega adhesión
al hoy derrocado kaiserismo y su hostilización sistemática
a las potencias aliadas, la Revolución del Sur, que ha luchado
sin descanso, desde hace ocho años, por la implantación
de los principios que proclama el Doctor Vázquez Gómez;
ha considerado un deber imperioso, el reconocerlo como jefe Supremo
de la Revolución Mexicana, pues comprende que ha llegado el
momento de que los servicios de este eminente luchador revolucionario
postergado torpemente en anteriores ocasiones, sean aprovechados en
bien de la Revolución y de la República.
El Sur, al obrar de esta suerte, no
hace otra cosa que dar cima a los esfuerzos que en pro de la unificación
viene realizando desde hace tiempo, y reparar hoy, en un acto de justicia,
el error cometido en 1911, cuando por el capricho de hombres obcecados,
fué rota la popular fórmula "MADERO VAZQUEZ GOMEZ"
que había servido de bandera al movimiento libertador.
El Sur, libre de personalismo y ajeno
a ambiciones, da hoy el ejemplo a sus compañeros de lucha,
y espera de ellos, dejándose guiar por el mismo espíritu
de desprendimiento y de justicia, eleven a la suprema jefatura revolucionaria,
al hombre que por todos conceptos lo merece.
Aceptar un civil de esa talla como el
jefe de la Revolución, para que esta aparezca unida y coherente,
bajo la enérgica y activa dirección de un hombre sin
mancha que puede representarla ante el mundo; es una necesidad más
urgente que nunca, en presencia de los grandes peligros que amenazan
a nuestra nacionalidad, comprometida en sus más caros intereses
por la criminal torpeza de un gobierno que se identificó en
todo y por todo, con los procedimientos y las tendencias kaiserianas.
El que así no quiera verlo, será
responsable ante la historia, de las consecuencias que se deriben
de su obcecación, de sus ambiciones o de estrecho criterio.
Por comprenderlo así, por percibir con toda claridad las muy
especiales circunstancias del actual momento histórico, en
que la terminación de la guerra europea plantea sobre el tapete
de la cuestión internacional, el llamado "caso México"
con todas sus complicaciones; varios jefes del Norte de la República,
entre ellos los Generales Francisco Villa, Felipe Angeles, Antonio
I. Villarreal, Francisco Coss y otros varios, han decidido obrar de
acuerdo con el Doctor Vázquez Gómez, a quien es seguro
reconocerán como jefe supremo, respondiendo a la presente invitación
que el Sur se honra en hacer, a ellos lo mismo que a los demás
revolucionarios.
Para la salvación de la República,
para el buen nombre del pueblo mexicano, para la conservación
de su decoro ante las potencias extrañas, es preciso bajo todos
conceptos, que la Revolución en la que se encarnan los anhelos
de ese pueblo, sepa unificarse bajo una sola elección, austera,
inteligente y firme, que dé honra a la Patria y sea augurio
de prosperidad y de paz para la nación mexicana.
Ella, que tiene el derecho de hacerlo,
exige a sus hijos discernimiento, abnegación, sensatez y un
acendrado patriotismo que los hará renunciar a toda clase de
ambiciones y poner por encima de todo, el supremo interés de
la nacionalidad y los fines sacrosantos de la raza.
REFORMA, LIBERTAD, JUSTICIA Y LEY.
Cuartel General en el Estado de Morelos,
a 10 de febrero de 1919.
El General en jefe,
Emiliano Zapata [Rúbrica]
PROGRAMA DE LA REVOLUCION MEXICANA
1o. Restaurar el imperio de la Constitución
de 1857 con sus adiciones y reformas, tal como regia el 19 de febrero
de 1913, en lo que no se oponga a los principios contenidos en este
programa, y realizar esos principios, que son los ideales de la Revolución
Mexicana, claramente consignados enseguida. Al efecto, se organizará
el gobierno civil en todo el país, y en su oportunidad se gestionará
la reforma de aquella Constitución, en el sentido de las reivindicaciones
revolucionarias.
2o. Tan luego como sea posible, los
jefes revolucionarios designarán por mayoría de votos
un Presidente provisional que sea civil y de convicciones revolucionarias
y quien después de tomar posesión de su cargo, procederá
a organizar el gobierno, así como la administración
civil de los Municipios, Distritos y Estados, según lo permitan
las circunstancias y lo exijan las necesidades públicas. Además,
el gobierno provisional procederá desde luego a poner en práctica
el programa de la Revolución según consta en el artículo
sexto, en términos que satisfagan las justas aspiraciones de
todos los mexicanos.
3o. Los miembros del ejército
revolucionario reconocerán, apoyarán y obedecerán
al gobierno que se designe y no entorpecerán la acción
de las autoridades civiles, pues reconocen que este es el mejor medio
de asegurar la reconstrucción y la salvación de la Patria.
4o. El gobierno provisional otorgará
completas garantías de vida, de libertad y de propiedad a todos
los habitantes de México.
5o. Una vez organizado el gobierno provisional,
este publicará un manifiesto dirigido a todos los mexicanos
que estén fuera del país, invitándolos a que
vuelvan a su patria con toda libertad y sin requisito alguno, cualquiera
que haya sido o sea su filiación política, declarando
que en el terreno libertado por la revolución, gozarán
de toda clase de garantías.
6o. Que las reformas exigidas hoy por
la revolución iniciada en 1910, y que el gobierno provisional
debe poner en práctica desde luego, para satisfacer los anhelos
nacionales y hacer la paz, consisten en lo siguiente:
A. Facilitar la formación de
la pequeña propiedad rural o agrícola, haciéndola
extensiva a todos los mexicanos que lo deseen. Al efecto, el gobierno
provisional podrá disponer de las tierras de la propiedad federal
o de las que adquiera de particulares por compra o por expropiación,
indemnizando a sus dueños.
B. Restituir desde luego a los pueblos,
conforme a los títulos respectivos, los terrenos, montes y
aguas de que han sido despojados. Los particulares que se crean con
derecho a esas propiedades lo deducirán ante los tribunales
competentes, sin perjuicio de que los pueblos entren en inmediata
posesión de aquellos.
C. Como consecuencia del contenido de
los incisos anteriores, iniciar y llevar a la práctica, hasta
donde lo permitan las circunstancias, la construcción de caminos,
de obras de irrigación y el establecimiento de escuelas elementales
de agricultura en todo el país. Para obtener mejor éxito,
se estimulará por todos los medios lícitos, la iniciativa
individual o privada, para que preste su concurso en esta obra humanitaria
y patriótica.
D. Establecer bases justas y equitativas
para evitar o solucionar los conflictos entre el capital y el trabajo,
reconociendo las Uniones y el día de ocho horas para los adultos
como el medio de evitar el agotamiento y la degeneración de
la raza. Dictar las medidas necesarias para evitar los accidentes
del trabajo, y asegurar una compensación racional a las víctimas
o a sus familiares; establecer reglas tendentes a proveer pensiones
para los envejecidos en el trabajo, como justa y merecida compensación
a quienes han contribuído con su labor a la prosperidad del
país, siendo objeto de una atención especial todo lo
relativo a la higiene y a la reglamentación del trabajo de
la mujer y de los hombres de edad, teniendo siempre en cuenta que
de su salud y prosperidad dependen la salud y la felicidad de la patria.
Siempre que sea posible se establecerán escuelas técnicas
elementales o departamentos anexos a las escuelas comunes.
E. Fomentar y difundir la educación
pública en todos sus grados y en todo el país, sobre
la base de la libertad de enseñanza consagrada por la Constitución
de 1857, reservándose el derecho que tiene todo gobierno de
velar por la higiene física, moral e intelectual de los educandos.
F. Favorecer el desarrollo del comercio,
de la agricultura, de la minería, de la industria petrolera
y de todas las que sean posibles y necesarias para el bienestar y
prosperidad del país, eliminando las trabas y los obstáculos
que hasta hoy han impedido su desarrollo y procediendo siempre de
manera que resulten justa y equitativamente beneficiados así,
el interés nacional como el de los particulares, sea cual fuere
su nacionalidad.
G. Reformar nuestro sistema de impuestos,
estableciéndolo sobre bases justas y equitativas y favorecer
el desarrollo económico nacional, tomando como base la libertad
bancaria reglamentada y vigilada por el gobierno.
7o. Los soldados revolucionarios y las
viudas y huérfanos de los muertos en campaña, recibirán
un lote de tierras sin costo alguno, según se establezca en
la reglamentación respectiva.
8o. Una vez hecha la paz en todo el
país, el gobierno provisional convocará a elecciones
generales para la elección de funcionarios federales según
la Constitución, sin perjuicio de dirigir las elecciones de
Estados y Municipios, a medida que lo vayan permitiendo las circunstancias.
Por medio del voto secreto será garantizada la libertad electoral
de todos los ciudadanos.
9o. Es deber ineludible de las fuerzas
revolucionarias tratar a los prisioneros de guerra conforme se acostumbra
en las guerras civilizadas. Igual tratamiento se otorgará a
los miembros de las instituciones humanitarias que tengan por misión
especial atender a los enfermos y heridos del enemigo a aliviar las
calamidades que ocasiona toda guerra a los habitantes pacíficos.
10o. Entre tanto se organizan las finanzas
del gobierno provisional, los jefes revolucionarios pueden obtener
de los civiles lo estrictamente necesario para el gasto y el aprovisionamiento
de sus fuerzas, otorgando siempre el recibo correspondiente con el
fin de que todo sea pagado en su oportunidad.
República Mexicana Ejército
Libertador.