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I.- Esos Corridos que se llaman
Bolas. En la mayoría de las civilizaciones del mundo, los artistas populares
han creado un buen acervo de lírica narrativa, histórica y de ficción
que, independientemente del nombre genérico que reciban (poema épico,
saga, cantar de gesta, huehuetlatolli, itoloca,
balada o corrido entre otros) tiene como objeto el relato y el canto
en verso de la historia o los mitos y fantasías,
como parte del imaginario colectivo de las culturas en que se generan. En el caso específico de las civilizaciones
que han habitado el territorio
de Mesoamérica, la composición de lírica narrativa
ha sido práctica común desde
la época prehispánica con la particularidad, entre los primeros pueblos,
de que se usaba, para la construcción de los poemas, de lo que se conoce
como metros trocaicos, en los cuales la irregularidad y disparidad en
la cantidad de silabas entre verso y verso es la constante. El arribo de los europeos, con los tiempos
del dominio de los peninsulares criollos y castas coloniales, trajo
consigo el intento de imposición hegemónica de los metros europeos octosilábicos
del romance, en la creatividad constructiva de la lírica narrativa
de los novohispanos mestizos e indígenas. Entre el siglo XIX y el XX la evolución
de la música, los instrumentos y las formas, así como la adopción
de múltiples ritmos y estructuras melódicas y poéticas abrieron un
amplio abanico de posibilidades creativas y de interpretación. Entre los estudiosos del folklore mexicano
se ha suscitado una apasionada polémica por determinar la paternidad
y el origen indígena prehispánico o europeo de la abundante lírica narrativa
mexicana. Sin embargo, los intentos por dar carta de naturalización
a los múltiples y diversos estilos
y formas de creación de lírica narrativa que se producen en cada periodo
de la historia del país, incluyendo la prehispánica, y en cada porción
regional del territorio nacional, que muestran grandes diferencias entre
si, de acuerdo a sus específicas necesidades y configuraciones culturales,
resulta tarea forzada y sin ningún posible logro en sus comprobaciones,
al intentar unificar o dar clasificación integrada a creaciones como
el romance, el corrido, el itoloca y el huehuetlatolli y sus derivados que, aunque pertenecientes a
un mismo género, son de diferente familia. Al echar un somero vistazo al acervo
de la lírica narrativa histórica mexicana, se hacen evidentes las diferencias
formales de métricas, rimas y
construcciones poéticas, así como de los sonidos musicales y las dotaciones
instrumentales en la interpretación. De igual manera, se hacen evidentes
las diferencias en el uso de
los vocablos y de la lengua en general. Al no existir relación previa a la conquista
entre las civilizaciones americanas y las europeas, las expresiones
culturales, como la lírica narrativa de unos y otros tampoco tuvo relación
alguna y sólo la paulatina vinculación de americanos, europeos y demás
elementos étnicos que integran la multirracialidad
mexicana producirían la creación de las expresiones culturales propias de cada región del país. Resulta interesante como en la mencionada polémica que se suscitó entre la cuarta y novena década del siglo XX, había quienes, como el folklorista Vicente T. Mendoza y sus seguidores, en la propuesta de una tesis hispanista sobre el origen de la lírica narrativa mexicana, aseguran que el corrido es un producto derivado directamente del romance español y que la métrica de su construcción en general; es y debe ser octosilábica, al tiempo que el estudioso Celedonio Serrano Martínez y sus seguidores, en su propuesta al respecto del mismo tema, adoptando una versión indigenista, aseguran que el origen directo del corrido es el de los cantos guerreros prehispánicos de los náhuas y otras étnias prehispánicas nacionales. Por su parte Ángel María Garibay Kintana, en una meditada
integración evolutiva de ideas, sobre las formas de lírica narrativa
que en Mesoamérica
han sido, aseguraba que: “El cotejo de los cantos guerreros con los anales, crónicas y códices daría una excelente visión histórica, como actualmente lo hace el corrido, en coincidencia con los acontecimientos y en estrecha relación con el público escucha, transformándose en un valioso modo de comprensión de la poética histórica popular mexicana” (ÁNGEL MARÍA GARIBAY KINTANA. Historia de la Literatura Náhuatl, México, Ed. Porrúa, Colección Sepan Cuantos #626, pp.218, n.1.) Entre hispanistas e indigenistas hubo quienes se pronunciaron por la tesis del origen mestizo del corrido y otros más por una más lógica y coherente opción teórica que implica el origen múltiple, regional y plural de las composiciones poéticas narrativas y musicales llamadas corridos, al ver su carácter multiforme, polimétrico y polirrítmico, así como la diversidad de nombres con que, de acuerdo a su forma y región productora se designa a las composiciones poético narrativas mexicanas, a saber: tragedias, mañanas, bolas surianas, recuerdos, versos, danzas, saludos y corridos, entre otras. Abusando de la paciencia del lector y haciendo un símil taxonómico. Así como los tlacoyos, los totopos, las tlayudas, las tortillas, las pellizcadas, los sopes, las gorditas, a pesar de sus diferencias de forma, contenido y sabor, son genéricamente tortillas de maíz y no panes de trigo. De la misma manera, esas composiciones poéticas que se cantan y que se llaman: tragedias, mañanas, corridos, bolas surianas, recuerdos, saludos, versos y danzas, independientemente de su diversidad de forma, dotación instrumental, métrica y ritmo, son genéricamente corridos. De acuerdo con lo anterior y tomando en consideración que una buena cantidad de composiciones de lírica narrativa no tienen música propia, nunca la tuvieron, o la que se usa para su interpretación corresponde a otra composición, se puede decir que el corrido es un género lírico narrativo de temática múltiple, que puede ser cantado o no, y que es usado para narrar historias reales o ficticias que expresan el punto de vista del bando, o las ligas, afectivas o ideológicas a que está afiliado el autor y cuya construcción obedece a la creatividad del mismo y a las formas poéticas populares que prevalecen en la región donde se produce. La bola suriana es un caso especial
en el terreno de la lírica narrativa mexicana, por su construcción poética,
su métrica, su ritmo, su dotación instrumental y su música que se diferencia
de las demás que se producen en el país.
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. Antonio Avitia Hernández.
Las Bolas Surianas: Históricas, |