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La Difusa Vida de Marciano Silva.
De
Marciano Silva Peralta lo único preciso es la vaguedad y lo contradictorio de los datos de su biografía.
Las autoridades y los pobladores de Tilzapotla,
municipio de Puente de Ixtla, en el estado
de Morelos se adjudican el honor de ser los coterráneos del trovador.
Esta información aparece también asentada en una placa conmemorativa
que se encuentra en una casa de la calle de Ignacio Maya, en la ciudad
de Cuautla, Morelos, la placa en cuestión reza lo siguiente:
MARCIANO
SILVA
cantador – cronista
zapatista morelense
de la Revolución del Sur
nació en Tilzapotla,
Puente de Ixtla,
en 1849
vivió y murió en
esta casa
el 6 de febrero de 1944
sus restos reposan en
el Panteón Municipal
de esta ciudad.
H. H. Cuautla, Morelos, 17
de mayo de 1999.
MOVIMIENTO NACIONAL PLAN DE
AYALA.
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Aunque hay quienes aseguran que Marciano
Silva nació en la Hacienda de
Treinta, municipio de Tlaltizapán, el testimonio de
doña María de Jesús Franco Silva, nieta de Marciano, nos aclaró
que su abuelo fue oriundo de Tilzapotla.
Con
respecto a la fecha de nacimiento del compositor existen de nuevo datos
encontrados. La placa conmemorativa citada indica que Marciano Silva
nació en 1849 y que murió en 1944 lo cual quiere decir que, al morir,
el cantante contaba los noventa y cinco años de edad. Sin embargo, el
acta de defunción indica que don Marciano Silva falleció a los ochenta
y siete años de edad lo que implicaría que el año de su nacimiento se
remitiría a 1857. De nuevo el testimonio de doña María de Jesús Franco
nos aclara que su abuelo, al morir tenía más de noventa años.
No
se sabe que hombre y mujer, de apellidos Silva y Peralta, respectivamente,
fueron los padres del compositor y
tampoco se sabe específicamente
qué actividades desarrolló durante toda su vida, aparte de la composición
y la interpretación de bolas surianas. Se supone que Marciano silva
vivió y laboró, junto con sus progenitores y, tal vez, con sus hermanos,
en la mencionada hacienda de El Treinta.
Los primeros y tal vez los únicos años
en que Marciano silva asistió a una escuela fueron en la Hacienda de
El Treinta. Según Catherine Heau, estos: “le
han dejado algunos rudimentarios conocimientos de la Biblia, de la historia
antigua y de la mitología clásica” occidental (CATHERINE HEAU. Para discutir sobre el corrido, p. 21). Esto explicaría el hecho de
que, en muchas de las composiciones de Marciano Silva se haga alusión a personajes mitológicos y deidades de la Grecia
Clásica, ante lo que habría que preguntarse si su público haría las
correspondientes relaciones con
los personajes y situaciones que
Silva usó, sobre todo en sus símiles poéticos.
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En una injusta descalificación, Lola
Elizabeth Boyd aseguró que: “Marcianito Silva,
cantor de las glorias del zapatismo, no sabía él mismo escribir y, al
ver que otro apuntaba la letra de sus composiciones, dejaba de cantar;
como consecuencia, estas se han perdido casi en su totalidad” (LOLA
ELIZABETH BOYD. Emiliano Zapata
en las Letras y el Folklore Mexicano, pp.119 a 120). Al ver la cantidad
de hojas sueltas publicadas que
tienen el crédito de autor de Marciano Silva se puede verificar que
el medio fundamental de comunicación de Silva fue la escritura, labor
que desarrolló hasta los últimos días de su vida. Al respecto doña María
de Jesús Franco Silva nos dice: “Mi abuelito tenía una libreta grande
de pasta gruesa que se perdió, porque la empeño mi tío, pero él salía
al patio a escribir y me decía: - no me muevas ni me hables- y él a
puro escribir y escribir, eso era lo que hacía, a eso se dedicaba. (...)
Llegaba mucha gente a que les enseñara, casi siempre personas mayores,
él se salía al frente de la calle. Había un amate con sus raizotas afuera
de la tierra y allí se agarraba y se sentaba y allí cantaba, para muchos
amigos... muchos amigos, abajo del amate se ponían a cantar” (MARIA
DE JESÚS FRANCO SILVA/ Antonio Avitia, Cuautla,
Morelos, 2002)
De
la formación musical de Silva no se tiene referencia alguna y se puede
suponer que, de entre los trovadores morelenses, logró Silva obtener
los conocimientos de ritmo, armonía y composición
poética del formato de bolas surianas, danzas y recuerdos sureños
que explotaría en la redacción e interpretación de sus propios
corridos y canciones. Se ha consignado que Silva participaba activamente
en las reuniones de corridistas durante las
ferias regionales, o en los días de tianguis (mercado semifijo)
que eran aprovechados por los trovadores para intercambiar experiencias,
opiniones, creaciones e ideas en el muy regional arte de tañer el bajo
quinto y entonar las décimas, corridos, saludos, recuerdos y bolas.
Todo ello, según el trovador Miguel Bello Moreno era el
gusto, esa entrega vital y creadora al canto que gozan quienes;
con ganas y por el puro placer musical, invirtiendo vida e ingenio,
fuera del sistema de mercado, desarrollan sus talentos creativos e interpretativos.
De
acuerdo con el crédito asentado en una
buena cantidad de hojas sueltas y la referencia que dan los corridistas
en sus composiciones, se puede deducir que el trovador Juan Montes ejerció
una fuerte influencia entre la sociedad de los poetas populares morelenses,
de manera tal que, a su muerte, ocurrida en 1901, varios corridistas
publicaron sus laudatorios versos en honor al ingenio de Juan Montes.
Marciano
Silva compuso dos corridos en homenaje a su maestro Juan Montes, para
entonces Silva podría tener entre
52 y 44 años de edad.
Si
se toma en cuenta la data del suceso narrado en la Bola Suriana de Lorenzo Caspeta, cuya hoja
suelta ostenta el crédito de Marciano Silva, y en la que se canta la
forma en que Caspeta,
acusado de pertenecer a la banda
de Nicolás Parras (¿Páez?), fue fusilado por los policías montados
dirigidos por Manuel Alarcón, el 4 de febrero de 1879, se puede inferir
que Marciano Silva es compositor y publicista de bolas surianas desde
los treinta años de edad. Es decir, desde la octava década del siglo
XIX. Aunque también se puede suponer que la primera composición de tipo
histórico conocida de Marciano Silva es el Corrido
de Maximiliano de Austria, que
también tiene impreso el crédito de Silva.
Celedonio Serrano Martínez y Catherine Heau adjudican
a Silva una versión del famoso Corrido
del Descarrilamiento de Temamatla. Ocurrido
el 28 de febrero de 1895 y publicado en hoja suelta por la Imprenta
Popular de Antonio Vanegas Arroyo,
con grabados de José Guadalupe Posada. Aunque en el mencionado corrido
no se consigna quién es el autor, si se cotejan las características
poéticas del mismo se puede asegurar que si pertenece a Silva y el hecho
de que no apareciese su crédito en la hoja suelta obedece a que entonces
apenas se empezaba a hablar de derechos autorales
y que el escamoteo y el plagio eran prácticas comunes.
De
cualquier manera, en estas composiciones ubicadas en el siglo XIX y
principios del XX, se descubre a Silva como émulo de Homero y de manera afortunada su talento narrativo
y poético sería aprovechado para la relación de la historia versificada y cantada de la Revolución Zapatista, cuando
ya estaba en la plenitud de la vida, es decir
cuando contaba con más de cincuenta años de edad.
Así,
mientras que Montes El de la Guaripa y Raymundo
Muros componían sus tragedias en el estado de Durango, Marciano Silva, Federico Becerra, Joselito Mariaca y Juan Montes,
entre otros, componían e interpretaban las bolas del sur. En el Bajío se cantaban los corridos y en los límites
de Zacatecas, Jalisco, Nayarit y Durango se
iniciaba la composición de esos melódicos
corridos conocidos como mañanas.
Era evidente que, en diversas regiones
del país, se generaba la producción de formas propias y originales de
lírica narrativa, mientras que en el sur de los Estados Unidos de América
y en Sudamérica, los corridos, las milongas, los repentes, y otras formas de lírica narrativa conformaban paulatinamente
el acervo de los folklores nacionales , con las canciones narrativas
populares que, en sus contenidos, respondían a los diversos grupos de
poder y de resistencia, así como a las diversas ideologías.
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